Top 3 Anime

Cuando has visto cierta cantidad de anime es difícil nombrar a tus favoritos, a lo mucho puedes nombrar el que más te gusta de entre toda la lista de series que has visto. No obstante, yo tengo tres que se han mantenido inertes en el podio de preferidas desde el momento en que las vi. Y eso no significa que el resto de obras animadas me gusten menos, simplemente que me gustan por elementos muy específicos o por pertenecer a un conjunto de obras en particular. Por ejemplo, me encantan las obras de Ghibli, las animaciones de Makoto Shinkai, las obras de Ciencia Ficción de Studio 4°C y el Cyberpunk de Otomo. Pero me gustan justamente porque al ser parte de un estudio o director tienen un estilo definido, que en parte es lo que me atrae de ellas. Pero las tres series de las que les voy a hablar a continuación me gustan por ellas mismas, por su historia, su estructura y, sobre todo, por esos elementos profundos y complejos que sólo observaremos si prestamos especial atención al trasfondo argumental.

NÚMERO 3: BOKURANO

Sin duda la serie más fuerte, dramática y crítica que puede existir dentro del género Mecha (ese de los robots gigantes). En Bokurano unos niños deben pelear contra otros robots, si ganan se mantienen vivos, si pierden, se mueren, así de simple. Esa pequeña regla impulsa a la serie hacia una subsecuente tanda de análisis sobre la solidaridad y lo éticamente correcto, entre muchos otros de los que hablaré cuando la reseñe como es debido.

Bokurano no sólo es una serie de Ciencia Ficción, es una serie que cuestiona de una forma tan brutal —que incluso puede ser incómodo— la humanidad de las personas, el valor de una vida y la capacidad de sacrificarla por mantener con vida a otras personas que quizás nunca sabrán lo que hiciste. Además de eso, los personajes tienen un desarrollo tan bien pensado que resulta triste ver cómo se sacrifican, sobre todo porque muchos de ellos tenían vidas por demás difíciles. Una belleza que demuestra que el género de los robots gigantes también puede ser dramático, pero que lamentablemente nunca ha recibido la atención que se merece.

Bokurano 4

NÚMERO 2: ERGO PROXY

La entrada en la que hablo a profundidad sobre Ergo Proxy es una de las más populares del blog, desde hace varios años aparece sin falta en el top semanal de las entradas más visitadas, y no es para extrañarse, pues la complejidad argumental que presenta es suficiente para rompernos la cabeza por un rato tratando de descifrar qué está pasando.

Ergo Proxy es una serie Cyberpunk, pero con una estética y temática que se salen de la zona de confort a la que el Cyberpunk clásico y visceral (como el de Otomo) nos tiene acostumbrados. Y si bien sí presenta esa deshumanización causada por la tecnología, aprovecha la presencia de androides para llevar su historia a terrenos más complicados y abordar la cuestión filosófica de la identidad. Una intrincada genialidad que nos demuestra que el Cyberpunk pude ser pulcro y estilizado (y entonces convertirse en Nanopunk) y más complejo de lo que ya era.

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NÚMERO 1: NEON GENESIS EVANGELION

La indiscutible e insuperable número uno de mi lista. Evangelion fue la primera serie que vi teniendo conciencia de que ese tipo de animación era japonesa y se llamaba anime. La primera vez que la vi, que fue toda la serie de corrido y en un día, quedé tan impresionado que entré en una especie de letargo por varios días mientras mi cerebro procesaba lo que acababa de ver. Me gustó tanto esta serie que irremediablemente terminé sumergido en este mundo del anime y el frikismo.

NGE ha significado tanto para mí que lamentablemente siempre me ha costado trabajo expresar lo grandiosa que me parece, siempre tengo la sensación de que me quedo corto. Pero es difícil no decir algo que ya todos sepan sobre la historia, la construcción psicológica de los personajes, las innumerables referencias y los complejos que aún hoy (a 20 años de su estreno) siguen resultando sus argumentos. Esa mezcla de Ciencia Ficción, misticismo teológico, contexto apocalíptico y personajes impresionantes no han sido superada por ninguna otra obra de animación japonesa. De hecho, la única obra que me ha hecho sentir esa emoción de la primera vez que vi Evangelion fue Rebuild 3.0. Sencillamente lo más grande que ha existido y existirá (para mi).

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Disfrutando el Anime con Kill la Kill

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Cuando Vossk reseñó Kill la Kill hace algunos meses, se dedicó a hostigarme insistiéndome en que la viera, algo que actualmente agradezco, pues hace mucho tiempo, quizás años, que no había disfrutado de una serie como lo hice durante las semanas que me tomó terminarla. La serie no es sólo el despliegue brutal de batallas, poderes y giros argumentales inesperados que te dejan con cara de “¿qué acaba de pasar aquí?”, sino que su calidad técnica, la rareza de su argumento y los inverosímiles personajes que rayan en lo absurdo, te dejan pegado al televisor desde el primer capítulo. Sin embargo, no fue el hecho de que la serie sean tan grandiosa lo que me permitió disfrutarla como hace mucho no disfrutaba el anime, sino la libertad que tuve para verla sin tener que prestar atención a cada detalle para reseñarla en el blog.

Cuando empecé a escribir reseñas lo hacía a partir de lo poco que recordaba de las series que había visto, algunas de las primeras fueron escritas hasta con un año de diferencia entre la fecha en que la vi y el día en que se publicó, lo cual hacía que muchos de los aspectos esenciales quedaran sin mencionar. Actualmente cuando veo una serie o película lo hago con pluma en mano, una libreta al lado y el control remoto listo para pausar en caso de que necesite detener la acción para apuntar algo importante o volver a ver algo que no me quedó claro. Por supuesto, esto me impide reseñar obras que haya visto en el cine o en la televisión, pues no tengo la facilidad para apuntar ideas que considero importantes en el momento que surgen.

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Cuando tenía diecisiete años veía dos o tres serie de anime al mes, actualmente veo cuatro o cinco por año. La diferencia es que para ofrecer a los lectores contenido de calidad tengo que poner más atención de la que normalmente cualquier persona poner al ver televisión, lo que termina por ser agotador teniendo en cuenta el tipo de historias que me gusta abordar. Esa manía por escribir reseñas que no copien lo que ya existen en miles de blogs ha hecho que deje de disfrutar el ver anime como lo hacía antes, como cuando estaba en preparatoria y no me preocupaba por desglosar los trasfondos argumentales.

Ver Kill la Kill me remontó a esos años de adolescencia, a los tiempos donde sólo me preocupaba el dejarme atrapar por la historia y no el analizar cada aspecto de esta. Estar sentado en el sillón, sin la presión de leer cada diálogo o tratando de que ninguna escena pase inadvertida fue de lo más reconfortante que he experimentado en los últimos años con lo que respecta a mi experiencia como telespectador. Agradezco a Vossk el obligarme a verla y exhorto a los lectores a que le den una oportunidad a tan genial obra animada, que sin duda, pasará a ser una de las mejores animaciones japonesas de esta década.

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Evangelion y mi inmersión en el anime

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Cuando iba en la escuela secundaria (2002-2005), teníamos en la familia una vieja computadora Windows 98 de esas armadas que eran muy comunes en la década de los noventa. Nadie de mi familia sabía aprovecharla realmente, nos limitábamos a usarla como máquina de escribir. En ese entonces prácticamente nadie tenía internet en sus casas y sólo un par de cafés-internet brindaban ese servicio; yo no tenía idea de cómo navegar en la red, ni tenía correo electrónico y lo más que sabía hacer para obtener información era consultar las viejas y hoy extintas versiones de Encarta. Lo que hacíamos en ese entonces para compartir información, imágenes, videos y juegos era quemar nuestros propios CD o intercambiar los viejos discos de 3½ (eran esos que hoy sólo pueden verse en el ícono de “guardar” de Word). Y sí, sé que para esas fechas ya todos escuchábamos música en discos y sólo algunos de nuestros padres guardaban sus viejos casetes (aunque a mí todavía me tocó tener walkman e incluso de pequeño llegue a escuchar discos de acetato, nací en 1990), pero en lo que respecta a la computación, México siempre ha estado un par de décadas por detrás de los países más desarrollados.

Como mi computadora ya era muy arcaica, se descomponía casi cada fin de semana; la impresora tenía la manía de desconfigurarse cada que yo tenía que imprimir una tarea de la escuela. Tratando de palear los desperfectos, frecuentábamos un café internet que además ofrecía servicios de reparación, regenteado por uno de esos técnicos en informática cuyo nivel de conocimiento era comparable al de cualquier chavo actual de preparatoria. En una de tantas, el tipo ese le metió un montón de imágenes y un juego súper genial del que me volví un fanático y que me dejó muchas horas de diversión con mis amigos de preparatoria, Age of Empires II. Entre las imágenes habían muchas de Dragon Ball y otras series que había visto, pero de otras no tenía ni idea. Sin embargo, dos imágenes llamaron mi atención de entre los cientos que ahora tenía mi computadora. La primera de ellas era una imagen de Asuka Langley tocando el violín con las leyendas “Asuka” y “nostalgia” (La segunda imagen de este post), la otra era una imagen del álbum Der Mond de Yasuhiro Yoshiura donde se ve al Eva 02 de fondo en una ciudad derruida con Asuka en primer plano (la tercera imagen del post); también había otras imágenes de Evangelion parecidas a la que encabeza esta entrada, donde se ven tanto a los tres pilotos como a sus respectivos Evas. En ese entonces yo imaginaba que se trataba de una serie donde los Evas (que yo no sabía que se llamaba así) era extraterrestres que invadían la tierra y los niñitos (Rei, Asuka y Shinji) tenían poderes y los combatían.

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El tiempo trancurrió y la vieja computadora pasó a mejor vida. Afortunadamente, en un aguinaldo de 2004, mi mamá decidió comprarme una computadora nueva, pues no quería estar batallando cuando entrara a preparatoria el año siguiente. Así fue como obtuve mi primera PC de marca, una HP con Windows XP que aún hoy conservo con mucho cariño pese a no usarla más. Ya que entré a la preparatoria también contratamos servicio de internet, pero no con wifi como ahora, sino con las tarjetas prepagadas de Todito que requerían conexión mediante vía telefónica (Dial-up) e impedían usar el teléfono cuando estabas conectado. Sí, era ese que se conectaba haciendo una llamada y generando un peculiar sonido que muchos recordamos con nostalgia. Con ese internet que corría a 56k pude buscar la palabra “Asuka”, pues era lo único que recordaba de aquel grupo de imágenes que tanto me impactó. Descubrí que la serie se llamaba Neon Génesis Evangelion y que en nada tenía que ver con lo que yo imaginaba.

En diciembre de 2006 yo caminaba hacia mi casa cuando al pasar por un puesto de videojuegos y anime pirata vi una portada que decía Evangelion, me detuve de inmediato y compre la bolsita de plástico con su disco al interior, los veinte pesos mejor gastados de mi vida (aunque de hecho ya no recuerdo cuánto costó en realidad). Esa misma tarde, en punto de las 18 horas, empecé a verla y no me detuve hasta terminar el capítulo 26 a eso de las 2 de la mañana. La serie era la versión original con el doblaje original en español, y además incluía las dos películas (Death and Rebirth y The End of Evangelion) aunque en español de España, que vi la mañana siguiente en compañía de un primo que casualmente llegó a mi casa y que al igual que yo quedó impactado con las imágenes que tenía en pantalla. Ver toda la serie de corrido me resultó tan impactante que desde ese momento quedé inmerso en el mundo de la animación hasta el día de hoy.

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Con el paso del tiempo empecé a leer todo lo que encontraba sobre Evangelion en internet y a recopilar todas las imágenes que podía (actualmente tengo una carpeta con más de cinco mil imágenes distintas entre capturas, artwork y fanart). Como consideraba a la serie algo maravilloso, creí que no necesitaría ver nada más el resto de mi vida, antes de terminar el año ya la había visto unas tres veces. Sin embargo, al llegar enero ya buscaba en los café internet, pues habíamos dejado de usar Todito, información sobre Love Hina, la segunda serie de anime que vi; la tercera fue Elfen Lied y la cuarta Serial Experiments Lain.

La densidad argumental y la calidad de esas primeras series me llevaron a interesarme por la Ciencia Ficción y el Cyberpunk. Para junio de 2007 había visto tantas series que decidí abrir un blog para reseñar todo lo que veía y poder recordar de qué trataba cada obra, como una especie de bitácora personal pero compartida con todos los internautas; también asistí a mis primeras convenciones en compañía de mi primo, quien al igual que yo empezó a ver anime gracias a Evangelion, aunque después de cuatro o cinco veces me arté de que cada convención fuera lo mismo y dejé de asistir. Así caí, sin quererlo y gracias a un no tan buen reparador de computadoras, en el mundo del frikismo y la animación.

Anime de media noche

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La industria del anime se ha convertido en años recientes en un fenómeno de la cultura pop que es difícil no notar. Desde las series televisadas y enfocadas en el público infantil, hasta las convenciones llenas cosplayers y actores de doblaje, sin olvidar los centros comerciales repletos de piratería donde muchos hemos comprado series, juegos y mercancía diversa. Pero ese fenómeno no es reciente, se ha vuelto evidente gracias al internet y la globalización en general, pero ha existido desde hace un par de décadas.

Los frikis (no me gusta el término Otaku y considero que friki engloba Gamers, Geeks y demás) han existido desde la segunda mitad de siglo pasado, principalmente desde las décadas de los 70 y 80. En aquellos años, para conseguir series e informarse de las noticias más recientes tenían que acudir a los puestos ambulantes, comprar revistas o asesorarse con amigos y proveedores más informados. Las noticias corrían más lento y muchos de los descubrimientos sobre cosas niponas (o estadounidenses) se hacían por mera casualidad.

Pues bien, pese a ser un nativo de 1990 he tenido la oportunidad de ser asombrado por casuales descubrimientos animisticos en la televisión abierta mexicana; series que realmente me da gusto que sean televisadas en nuestro país. El problema es que la programación y publicidad ha sido pésima, lo cual  ha hecho que para aquellos menos involucrados en el mundo del anime, descubrir dichas emisiones sea equiparable a descubrir una de aquellas viejas series de culto. Y pese a que esto puede sonar romántico y bueno, no lo es.

Canal 22 se ha lucido con sus espectadores en los últimos años al traer algunas series de anime que difícilmente podríamos ver fuera del mentado canal cultural, pero muchas de ellas no recibieron la difusión debida y los televidentes las pasaron por alto, más aún cuando los horarios rondaban “el filo de la media noche”, como incluso fueron publicitadas.

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El primer anime que vi en Canal 22 fue A Tree of Palme, una excelente versión de Pinocho que no tenía la fortuna de conocer. Pero no la vi por gusto, sino porque extrañamente mi televisor se encendió justo en ese canal cuando la película tendría unos 20 minutos de haber empezado (y sí, así ocurrió aunque suene poco creíble). Aquella peculiar aunque afortunada falla de mi televisor rondó las once de la noche y algunos minutos, y como vi el resto de la película me dormí pasada la media noche.

Las siguientes cuatro serie que vi fueron con toda la intención. La publicidad en ésta ocasión fue oportuna (aunque restringida a un horario nocturno), pero los horarios nuevamente me hicieron trasnochar. Sin embargo, más por fetichismo que por otra cosa, no iba a perderme la emisión de Evangelion, Hellsing, Ghost in the Shell. Las dos primeras las conocía a la perfección, la tercera la conocía pero no la había visto y la cuarta era nueva para mí.

Luego de un tiempo sin series nuevas, me desligue del 22, opero ocasionalmente pasaba por allí al cambiar de canal. Fue en éstas ocasiones cuando me topé con Fantastic Children y Orphen, que no tenía idea que estaban siendo televisadas. Había escuchado sobre Orphen pero no la había visto y de Fantastic Children no sabía nada. Seguí las series por un par de capítulos pero las abandone, en parte por el poco interés que tenía de verlas y también porque es difícil interesarse en una seria ya empezada.

Hace un par de días (en realidad fue ayer para el momento en que escribo esto) me quedé viendo Cómo entrenar a tu dragón en uno de esos servicio de paga. La película —que de hecho disfruté mucho— terminó pasada la media noche. Como Hey Arnold! ya había terminado, revisé la programación por mera ociosidad antes de apagar la tele y me detuve cuando leí la palabra “Lain” en la sección de Canal 22.

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Mi primer pensamiento en ese momento fue: “¿Serial Experiments Lain en Canal 22?”. Y en efecto, Experimetal Lain (como la anunciaban) iniciaría en tan sólo 20 minutos, a la 1:00am. Por simple idolatría decidí esperarme para verla, sabría que no resistiría verla toda, pero me conformaba con ver el opening en TV abierta y escuchar la que por seis años ha estado en mi top 3 de canciones de anime favoritas, «Duvet» (sólo superada por «Kiri» de Ergo Proxy y «Uninstall« de Bokurano).

La mendiga serie inició con más de cinco minutos de retraso. Mientras esperaba, hacía cuentas de hace cuánto tiempo vi por primera vez SE Lain, al tiempo que me fascinaba el hecho de que el máximo representante de Wirepunk se estuviese emitiendo en México y por televisión abierta. Pero en ese momento comprendí que gracias al menú de la televisión de paga me reencontré con esa serie, de no haber revisado la programación nunca habría sabido que Lain se estaba emitiendo en México, como tampoco me enteré (hasta que escribí ésta entrada) que Petshop of Horrors también fue emitida por el 22. Sin embargo, lo que más me consternó fue que la serie ya estaba en el episodio 8.

Vi el opening, los primeros minutos del episodio y apague la televisión. Y mientras conciliaba el sueño reflexionaba sobre la labor de Canal 22 al traer éste tipo de series. Obviamente la oferta del canal en cuestión de anime ha sido muy buena, pero el intento es totalmente infructífero. Aquellos que sintonicen el canal a esa hora serán frikis apasionados que seguramente ya vieron dicha serie pero que por simple masoquismo desean verla en televisión, con comerciales y a altas horas de la noche. La serie no llegará al público en general, se quedará estancada en una teleaudiencia especializada y la labor por difundir la animación japonesa quedara en un loable pero inútil esfuerzo.

Pese  a ello, debemos alegrarnos pues ya empiezan a abrirse los primeros espacios en la televisión abierta para series de culto que no son para todo público pero que resultan ser pilares esenciales de la animación japonesa, pues han aportado elementos argumentales, le han incorporado elementos al género y se han consolidado como marcas de peso en el mercado asociado a la animación.

Anime 2012

En años anteriores tenía la costumbre de publicar una lista con las obras de anime que había visto y con mi personaje favorito de cada una de ellas, sin embargo, con el paso del tiempo la cantidad de obras niponas que he podido ver ha disminuido, por ese motivo decidí que la última entrada del año debía ser diferente de ahora en adelante, así que despidamos el 2012 con el balance de lo que ocurrió en el blog y lo que está por venir.

Para el blog, éste fue un año de muchos cambios, de propuestas e iniciativas que ya había pensado y planeado durante algún tiempo y otras que se me ocurrieron en el momento sobre la dinámica en el contenido que empezaría a publicar. Me alegra ver que los análisis de géneros han funcionado, a pesar de que sólo me he enfocado en lo relativo a la Ciencia Ficción, y sin duda es un gran aliciente saber que los ensayos —como la serie “Animación Basura”— resultan interesantes para algunos. Realmente no esperaba que tuvieran tan buen recibimiento, principalmente aquellos cuya temática no está directamente relacionada con la animación, los cuales escribí más por inquietud de abordar el tema que por su relación con la temática general del blog.

Este 2013 será un tanto sabático para mí, pero no en cuestión de dejar de publicar, sino que me enfocaré en terminar los ensayos y análisis de géneros pendientes antes de pensar en hacer nuevos, por esa razón las publicaciones serán más lentas y menores. Asimismo, quiero volver a ver todas las animación que reseñé en el viejo blog para poder publicarlas aquí, así que me puse como objetivo no ver nuevas animaciones —salvo algunas que ya tengo programadas— hasta haber reseñado todas las que he visto, o al menos las que así lo merezcan. Espero que eso no me tome más de un año. También quiero corregir todas esas entradas cuya sintaxis deja mucho que desear y que releyéndolas me doy cuenta de que son poco coherentes.

Finalmente y para no hacer la entrada más larga (debo confesar que yo rara vez leo entradas tan largas como las que yo mismo escribo) no me queda más que agradecer a todo los fieles lectores que nos visitan, los que comentan, los suscriptores, los que incluso nos han promocionado, lo que corrigen mi ortografía (síganlo haciendo) y los que sólo pasan a robar imágenes (que son la gran mayoría). Y, sobre todo, gracias a los dos grandes colaboradores que tengo, Mike y mi querido y apreciado amigo Vossk; ustedes saben que un porcentaje de las visitas les pertenecen. Nos vemos el próximo año con nuevas reseñas, algunos análisis, ensayos sobre temas locos, más Ciencia Ficción, algo de Cyberpunk y mucha animación.

Devil May Cry

Título Original: デビル メイ クライ (Debiru Mei Kurai).
Género(s): Aventura, Comedia, Drama, Horror, Sobrenatural.
Director: Shin Itagaki.
Estudio: Madhouse.
Emisión: 14 de junio de 2007 – 6 de septiembre de 2007.
Duración: 12 Episodios.

Hace 2000 años hubo una cruenta guerra entre el mundo de los humanos y los demonios, guerra que los humanos hubiesen perdido de no ser por Sparda, un demonio que se apiadó de la raza humana, se puso de su parte y derrotó a los demonios encerrando al príncipe demonio que había provocado la guerra en lo más profundo de una cripta. Tras esto, Sparda convivió con los humanos y se casó con una mujer llamada Eva con la que tuvo dos hijos mitad humanos, mitad demonios.

Para evitar que el portal hacia el mundo infernal se abriese nuevamente, Sparda confinó el poder de su hechizo en dos amuletos quienes fueron entregados a sus hijos. Dante, el menor, aprovechando las habilidades demoníacas que heredó, intentó vivir una vida como caza-recompensas de fenómenos paranormales, pretendiendo ignorar su pasado demoníaco, mientras que Vergil se empecinó en aumentar sus conocimientos sobre el mundo infernal, su padre y el infinito poder que los demonios pueden llegar a poseer.

Dante, el protagonista de la saga, logró detener las ansias de poder de su hermano, sellando una vez más la entrada entre los dos mundos. En el transcurso de esta travesía, logra despertar por completo su sangre demoníaca heredada de su padre obteniendo así poder superior. Finalmente decide dedicarse a la caza de demonios y demás seres sobrenaturales en su propia agencia la cual llamó Devil May Cry.

Con esta premisa, plasmada de forma magistral en las cuatro entregas de la saga de videojuegos desarrollada por Capcom, la cual nos tiene a acostumbrados a incontables combates a gran velocidad contra bestias infernales y otros esperpentos, utilizando todo tipo de armas; no podríamos esperar menos de la adaptación al anime. Sin embargo, el resultado final nos dejará con la sensación de que algo falta.

Esta miniserie tiene lugar entre el primer Devil May Cry y Devil May Cry 4, y en cierto modo sigue la mecánica de misiones presente en los videojuegos. Nos presenta la vida cotidiana de Dante, o más precisamente «lo que hace Dante cuando no está salvando al mundo». Ese es uno de los mayores puntos negativos de este trabajo, el argumento es imperceptible, casi como si no existiera. Los capítulos son muy básicos, cada uno presenta una historia independiente en donde nuestro protagonista acepta un nuevo trabajo relacionado con lo paranormal, pero debido a la pasión que pone en lo que hace, termina siempre endeudado y volvemos al principio. Detrás de estas pequeñas historias, se desarrolla la verdadera trama de la serie, la cual sólo es perceptible en el primer y último episodio. Al final, la historia no aporta algo nuevo a lo que ya conoces si has jugado las diferentes entregas, además de una mirada un poco cómica a la vida despreocupada de Dante con su agencia de investigación.

Los personajes principales conservan sus personalidades originales. Dante cumple su papel sin contratiempos: taciturno cuando le conviene, a veces arrogante e invencible durante las batallas, despreocupado y divertido, cuya mayor afición son las pizzas y el helado de fresa, aunque cabe destacar que en ocasiones se le ve poco enérgico. Para gusto de los fans, Trish y Lady también hacen su triunfal aparición, protagonizando algunas batallas muy bien logradas que aportan mucho a la serie. Por otro lado, los personajes secundarios hacen lo suyo, pero en ocasiones sentirás que están fuera de lugar.

Las escenas de pelea tienen lugar en los últimos momentos, y están dentro de lo que cabría esperar, pero es un poco extraña la simplicidad de los enemigos. Los demonios podrían haberse hecho mejor, un poco más detallados o con otras habilidades como los que aparecen en los juegos. Otro punto que algunos encontrarán negativo es que Dante pelea únicamente usando a Rebellion y Ebony & Ivory. No hay rastro de Devil Trigger ni de otras armas, características más que necesarias en los juegos de DMC.

La animación es muy buena, la calidad de dibujo es destacada, con excelentes diseños de personajes, en conjunto con unas voces que les hacen justicia. La música es pasable y está bien dentro del todo. Los fondos de escenario son oscuros y complementan bien la trama.

En conclusión, la serie tal vez no sea la viva imagen del videojuego original, pero contiene grandes momentos de acción. Espadas, pistolas y batallas demoníacas es lo que ofrece. Muy recomendable para aquellos que jugaron la saga y para quienes buscan una historia simple de cazademonios para pasar el rato. Si buscas una historia profunda y miles de personajes detallados, no lo encontrarás aquí.

Japón y sus desastres II: Godzilla y la Postguerra

Como es bien sabido por todos, Japón fue uno de los países más dañados por la Segunda Guerra Mundial, no sólo económicamente hablando, sino moral y ambientalmente. Los daños sufridos por las dos bombas atómicas y los costos del conflicto bélico dejaron un país en ruinas y diezmado en prácticamente todos los aspectos. Con un presente sombrío y un futuro nada alentador, los japoneses se vieron forzados a levantar de los escombros a un país devastado, pero con una herencia cultural tan arraigada que probablemente fue lo que contribuyó a reconstruir su país y posicionarlo como una de las máximas potencias mundiales.

Como los japoneses tuvieron que cambiar para enfocarse en trabajar y reconstruir su país, no es de extrañarse que muchos de los mangas de mediados del siglo pasado presenten a una sociedad trabajadora que se enfrenta a dificultades que tendrá que superar; se trataba de dar un ejemplo alentador —mediante el uso de héroes— para que la gente se esforzara aún más. Se dice que los humanos sólo pueden cambiar cuando están al borde del colapso, y el pueblo nipón es un claro ejemplo de ello, pero no es el único, la seriedad, orden y rectitud que caracteriza a los alemanes es también una secuela de dicha guerra. En México también tenemos un ejemplo de cambio social drástico, el del sismo de 1985, cuando la sociedad mexicana se organizó para realizar labores de rescate y ayudarse mutuamente, al grado de que dicha organización rebasó por mucho la del gobierno y los militares.

Después de la segunda guerra mundial, las obras de ciencia ficción japonesa empezaron a tener un gran auge dentro de una amplia plataforma de medios, como la televisión, las revistas o los videojuegos. Sin embargo, debido a los problemas políticos de la época, la cantidad de obras traducidas del inglés era muy limitada. Afortunadamente esto provocó que la industria se alimentara de obras proveniente de Francia y Rusia, y se alejara de los cánones que la industria norteamericana tenía bajo su monopolio. Lo anterior ayudó a forjar un estilo muy particular en las obras niponas, pues desde ese entonces la animación, los mangas y los videojuegos han evocado conceptos, tradiciones, mitos y demás aspectos folclóricos de la cultura japonesa. Ese núcleo cultural que han nutrido a la ciencia ficción posiblemente también ha facilitado la construcción de una identidad, pero al mismo tiempo se ha convertido en el elemento exótico que nos atrae a todos los occidentales.

Si bien el aspecto cultural resultó atractivo en occidente, también resultó difícil de entender, lo cual provocó que en la década de los 50 muchas películas fueran denigradas y consideradas como un sinónimo de baja calidad. Además de que se formó un estereotipo en el inconsciente del público occidental que no bajaba de violentas y absurdas a dichas producciones, sobre todo por la recurrencia a mostrar desastres y gigantescos monstruos. Posiblemente esa incompatibilidad cultural es lo que ha estigmatizado al anime, pues incluso en la actualidad hay quienes lo consideran violento, satánico e inmoral. Sin embargo, aunque lentamente, la popularidad de dichos filmes ha aumentado y ya cuenta con una gran cantidad de seguidores. Esto llevó a que en Estados Unidos se realizaran remakes de películas como Godzilla.

Godzilla y su desenfrenada destrucción de edificios se convirtieron en el estandarte de una sociedad empeñada en reconstruir su país aun en contra de todas las dificultades. La exagerada fama que tienen los japoneses con respecto a su capacidad de reconstrucción y para reponerse de los desastres se debe en buena medida a la industria cinematográfica. De esta forma, podemos ver a los grandes monstruos del cine japonés como un reflejo del miedo colectivo que la sociedad tenía, pero también como una forma de hacerles frente y pugnar por una sociedad capaz de levantarse aún ante el ataque de Godzilla.

Todas estas obras hicieron que la ciencia ficción —en todas sus formas— se utilizara como una ventana hacia un futuro que prometía modernidad y grandes avances tecnológicos y científicos, pero que aún presentaba enormes desastres y dificultades para una sociedad en crecimiento y con fuertes traumas que le tomaría décadas superar. A diferencia de las retrofuturistas producciones norteamericanas, alimentadas por el “American Dreaming”, el “American way of life” y la paranoia de la Guerra Fría, las obras japonesas mostraban un futuro prometedor pero no utópico, sino violento y realista, características que aún podemos observar en el anime y manga actuales. Esto posteriormente coadyuvó a la construcción de un género que critica los problemas sociales, el Cyberpunk.

Japón y sus desastres I
Japón y sus desastres III
Japón y sus desastres IV

Para saber más sobre la ciencia ficción japonesa:

Robot Ghosts and Wired Dreams, Japanese Science Fiction from Origins to Anime. Christopher Bolton, Istvan Csicsery-Ronay Jr. y Takayuki Tatsumi, University of Minnesota Press, Minneapolis, 2007.

Yu-Gi-Oh! 3D Bonds Beyond Time

Título Original: 10thアニバーサリー 劇場版 遊☆戯☆王 ~超融合!時空を越えた絆~ (Yu-Gi-Oh! 10th Anniversary Movie: Super Fusion! Bonds That Transcend Time).
Género(s): Shônen, Ciencia Ficción, Aventura, Juegos de Cartas.
Dirigido por: Kenichi Takeshita.
Historia por: Kazuki Takahashi.
Estudios: Studio Gallop.
Duración: 49 minutos.
Emisión: 2010-2011.

Continuando con mis aportes a este blog y estrenando el título de Colaborador, el día de hoy me dedicaré a analizar uno de los lanzamientos más recientes en la popular saga de anime Yu-Gi-Oh!. Me refiero, por supuesto, al mediometraje de décimo aniversario, creado para celebrar los diez años transcurridos desde que NAS comenzara con la producción de la primera serie. Proyectada en la pantalla grande nipona el 23 de Enero del 2010 en 3D, la película ha sufrido varias alteraciones hasta su lanzamiento para sistemas caseros en Junio de 2011, incluyendo la versión extendida estadounidense con diez minutos de material extra.

Al contrario de películas anteriores, 3D Beyonds Time tiene lugar en la misma línea temporal de las series regulares, convirtiéndose en parte del argumento general de Yu-Gi-Oh! 5D’s. Mientras Yusei Fudo se preocupa acerca del bienestar de la ciudad que acaba de salvar, sus amigos deciden retarlo a un turbo duelo para levantar los ánimos. A media batalla, un misterioso enmascarado aparece de la nada y reta a Yusei. Nuestro protagonista acepta el desafío e invoca su bestia máxima, Stardust Dragon. Sorprendentemente, el hombre misterioso logra capturar al dragón en una carta vacía y escapa, no sin antes advertir que la era de Ciudad Neo Domino está condenada a desaparecer.

Mientras Yusei y sus amigos investigan sobre la identidad de su atacante, descubren que alguien utilizó a Stardust Dragon para causar desastres en el pasado, por lo tanto el futuro ha sido alterado y la ciudad comienza a desvanecerse. Los poderes del Dragón Carmesí permiten a Yusei viajar en el tiempo para perseguir al enmascarado.

Varios años antes, en Venecia, Jaden Yuki (Judai en la versión original), está siendo atacado por versiones reales de las cartas Rainbow Dragon y Cyber End Dragon, controladas por un misterioso extraño. Jaden consigue resistir los embates de ambos dragones con la ayuda de Elemental Hero Neos y los poderes de sus espíritus guardianes, pero el forastero convoca a un tercer dragón jamás visto en esta época, Stardust Dragon. Stardust se prepara para acabar con Jaden, quien es salvado en el último momento por Yusei. Al percatarse de su aparición, el enmascarado escapa de nuevo. Jaden y Yusei deciden colaborar para perseguirlo a través del tiempo.

En el pasado, Maximillion Pegasus está patrocinando un torneo para promocionar su nuevo juego de Duelo de Monstruos. Yugi Muto también ha acudido al torneo junto con su abuelo, con la esperanza de conocer a Pegasus. De pronto, tres dragones aparecen surcando los cielos y provocan la destrucción total del lugar del torneo, junto con la muerte de docenas de personas, incluyendo a Pegasus y al abuelo de Yugi. Minutos después, Jaden y Yusei conocen a Yugi y los tres viajan en el tiempo treinta minutos antes del desastre, con el fin de evitarlo.

Se enfrentan al misterioso enmascarado, quien se revela como Paradox, y ha viajado de un futuro aún más lejano, donde el mundo ha sido destruido por la magia del Duelo de Monstruos. Para salvar su futuro, Paradox está decidido a cambiar radicalmente la historia, eliminando el juego y a su creador. Los tres protagonistas retan a Paradox a un Duelo por el destino del Mundo.

Así comienza un impresionante Duelo de tres contra uno. Paradox utiliza Malefic World para convocar su propia versión de los monstruos más poderosos de todas las épocas. Tras varios turnos, el villano invoca a sus monstruos principales, Malefic Paradox Dragon y Malefic Truth Dragon. Todo parece estar perdido, pero gracias al trabajo en equipo de los tres héroes, logran perseverar y derrotar a Paradox, quien desaparece por completo, no sin antes preguntarse si se habrá equivocado en su experimento. Todo vuelve a la normalidad, la historia y el mundo han sido salvados. Yugi, Jaden y Yusei vuelven a sus respectivas épocas, confirmando que sus ciudades aún existen, y esperando volver a reunirse algún día.

Esta película es de lo mejor (y hay muy poco) que he visto en Yu-Gi-Oh!. El apartado técnico es digno de un anime contemporáneo, con excelentes efectos de sonido, voces (incluso en inglés), banda sonora, etc. destacando ampliamente las CGI (Imágenes Generadas por Computadora) de los dragones utilizados por el antagonista y los poderosos lanzallamas o rayos galácticos disparados por los monstruos. Todos los elementos de la primera serie continúan: las combinaciones casi imposibles con las que logran sobrevivir por un turno más, las cartas que sólo aparecen en el anime, por tener efectos tan broken que estarían eternamente prohibidas y los efectos cambiados de muchos monstruos, que permiten disfrutar de la atracción principal del cortometraje como si se tratara de un capítulo más de las series de antaño.

Por supuesto, el principal atractivo del filme es el Duelo final entre Paradox y los tres protagonistas de las series. Éstos últimos solo utilizan sus cartas insignia, y realizan las mismas tácticas que utilizaron en su respectiva época. El aspecto de mayor importancia, creo yo, es el Deck de Paradox, quien utiliza los monstruos denominados Malefic («Sin», en el original), versiones trastornadas y corruptas de los mejores dragones de toda la historia, con un nuevo look blanco y negro. A diferencia del juego de cartas real, la película nos permite disfrutar del poder de los Malefic en toda su gloria, y claro, tendremos la clásica escena donde (Malefic) Blue-Eyes White Dragon acaba fácilmente con Dark Magician.

Este análisis no estaría completo sin un rápido vistazo a la versión norteamericana. Como es bien sabido por los seguidores de la serie, 4Kids Entertainment se encarga de masacrar nuestras series favoritas, añadiendo censura a más no poder y traduciendo de forma mediocre todo trabajo de animación japonesa que tiene la mala suerte de caer en sus garras, poniendo como excusa que «son series para niños y no se puede mostrar ese tipo de contenido en horarios familiares».

En cuanto a 3D Bonds Beyond Time, la famosa productora se encargó de cambiar la banda sonora original por una «más suave», y alterar el aspecto de las cartas por puro capricho. Además, algunos diálogos carecen completamente de sentido o no tienen nada que ver con el contexto en el que se desarrollan. El discurso de Paradox sobre muerte, paradojas y discriminación ha sido cambiado por palabrería vacía. Lo único rescatable es el buen trabajo que se realizó con la voz del antagonista.

En conclusión, 3D Bonds Beyond Time es un filme que disfrutarán los fanáticos tanto del anime como del juego de cartas. La casi inexistencia del relleno se agradece de verdad, y el argumento, aunque rápidamente pasa a un segundo plano, es conciso y permite que la historia fluya sin problemas. Tal vez hizo falta detallar cómo obtuvo Paradox las demás cartas de su deck, pero en general es una obra muy entretenida.

Japón y sus desastres I: Introducción

Como todos sabemos, Japón ha sido blanco de numerosos desastres a lo largo de su historia, como las dos bombas atómicas en la Segunda Guerra Mundial o los constantes terremotos y tsunamis que sufre como consecuencia de estar asentado dentro del cinturón de fuego, al igual que México.

Estos fenómenos han influido en la mentalidad japonesa en todos los aspectos, desde su ideología hasta su organización (tanto política como social), la cual se ve reflejada en la pulcritud y el orden que demuestran al momento de ayudar a sus compatriotas a salir de los escombros o mientras hacen largas filas para comprar los suministros más básicos, algo que fácilmente podemos contrastar con Haití, en donde la gente se arremolinaba y atacaba para conseguir una botella de agua.

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Nagasaki después de la bomba atómica

Las recurrentes desgracias que han afectado al país nipón han terminado por cincelar en el inconsciente colectivo una muy particular forma de actuar frente a los desastres. Quizás al que más temen actualmente es a un posible desastre nuclear, y con justa razón, pues si observamos la dificultad y el tiempo que ha tenido que pasar para sacar de los escombros a un país devastado por la guerra y posicionarlo como la segunda potencia mundial, es comprensible que no deseen volver a pasar por lo mismo. Pero inclusive aquí podemos hacer comparaciones, pues los alrededores de Chernóbil, Ucrania, aún parecen una abatida zona de guerra a diferencia de Hiroshima o Nagasaki.

Todo esto nos lleva al tema que intento abordar, que es cómo los grandes desastres han impactado en la sociedad y a su vez se han visto reflejados en los medios audiovisuales. El tema surge pues considero que la animación, la televisión y el cine son reflejo de las condiciones sociales y en ellos se ven expresados los miedos, frustraciones y problemas de la sociedad.

Terremoto de Japón 2011
Japón después del terremoto de 2011

Al igual que los superhéroes en los comic norteamericanos, quienes aparecieron como una forma de distracción y para dar esperanzas a los ciudadanos estadounidenses después de la crisis económica de 1929, los monstruos japonenses (kaiju) son un reflejo del miedo colectivo en que la sociedad nipona vivía después de la Segunda Guerra Mundial.

Muchas de las series y mangas de mediados del siglo XX se enfocaron en mostrar a una sociedad trabajadora y a héroes que pelean y derrotan a gigantescas bestias, esto con el fin de influenciar a la población en general —y más específicamente a la clase obrera— para que trabajaran, mantuvieran el orden y se esforzaran por sacar adelante a un país sumido en la miseria. Y al parecer dio resultado, pues Japón se convirtió en una de las máximas potencias económicas del mundo.

Japón y sus desastres II
Japón y sus desastres III
Japón y sus desastres IV