Extinción y el dilema moral de los sintéticos

Advertencia Spoilers: si no han visto la película Extinción y desean hacerlo no continúen leyendo esta entrada.

Esto lo escribo únicamente porque me quedé con ganas de externar ese giro argumental del que hablé en la reseña de Extinción. Cuando el trasfondo se descubre nos enteramos de que los invasores extraterrestres no son seres espaciales, sino humanos y que los protagonistas que creíamos humanos en realidad son personas sintéticas (androides) que habían borrado su memoria para no vivir con miedo.

Al parecer los sintéticos habían crecido tanto en población que estaban empezando a desplazar a los humanos y se estaban convirtiendo en un peligro. Los humanos trataron de erradicarlos llevando a cabo un genocidio, pero los sintéticos ganaron la guerra y los humanos fueron expulsados del planeta, teniendo que vivir en Marte durante 50 años hasta que tuvieron los recursos para regresar a reclamar lo que había sido su hogar.

No voy a analizar a profundidad ninguno de estos temas, simplemente quiero mencionarlos para demostrar el potencial que una historia de este tipo podría haber llegado a tener. El primero de ellos es el cambio de rol, entendido como el humano como invasor, ya habíamos visto esto en películas donde los humanos llegan a otros planetas y exterminan a la población nativa, Avatar (James Cameron, 2009) es un buen ejemplo. Sin embargo, aquí el humano no es el invasor, sino la victima que perdió la guerra, el humano no está invadiendo, está tratando de recuperar lo que le fue quitado.

El humano tratando de recuperar su planeta nos lleva al segundo punto, los derechos de los sintéticos. En obras como El Segundo Renacimiento de Animatrix vemos tratar este tema a la perfección, iniciando con la discusión de si los sintéticos deben tener derechos o no, y si por el hecho de que nosotros los creamos tenemos el poder de decidir todo sobre ellos y destruirlos sin nos da la gana. El tratar de erradicarlos me hace pensar en los genocidios que la humanidad ha llevado a cabo con la finalidad de acaban con una población que profesa otra religión, la famosas limpiezas raciales.

La guerra que expulsó a los humanos inició cuando los sintéticos se defendieron, es decir, cuando actuaron en legítima defensa para salvaguardar su existencia (vida), presas del miedo generado por su inminente erradicación. Esto se hace aún más complejo si le metemos Teoría de Géneros, pues en esencia, a partir del pasado, la obra puede considerarse Ciencia Ficción Social (vista desde el conflicto por sus derechos) y Ciencia Ficción Revolucionaria (visto desde el levantamiento en armas por parte de los sintéticos).

Pero la razón de la rebelión es lo más interesante. Para que un sintético quiera defender su vida debe sentir miedo de perderla, eso implica una evolución en la conciencia por parte de estos seres artificiales, similar a lo que se menciona en Yo Robot o Ghost in the Shell. Pero creo que el universo que más se relaciona sería Blade Runner (Ridley Scott, 1982), donde los replicantes al igual que los sintéticos de Extinción fueron hechos para hacer las tareas pesadas, aunque eventualmente superaron a los humanos en conciencia, fuerza e inteligencia tratando de buscar su libertad.

El punto anterior nos lleva al último que quiero abordar en este ensayo, y es el tema más clásico de la Ciencia Ficción pues nación con ella, me refiero al Complejo de Frankenstein. El miedo que los humanos tienen de ser superados y remplazados por sus creaciones, en este caso las máquinas, existe desde tiempos inmemoriales, incluso desde un punto de vista religioso, los humanos (la creación) destruyeron a su creador (Dios). Pero este miedo a la creación tiene actualmente una doble lectura desde un punto de vista político, ya que no es de gratis que el actor protagonista sea de ascendencia mexicana. Un hispano ocupando puestos que los estadounidense temen perder a manos de los inmigrantes, punto medular del discurso de Doland Trump.

Como podemos ver, los temas ocultos en la trama del filme son sumamente complejos, aunque la película sólo hace un breve y simplón boceto de ellos quedándose en algo sumamente superficial lleno de clichés, pero como pudimos constatar con este ensayo, incluso una obra llena de estereotipos sobreexplotados por el cine hollywoodense puede ser analizada a mayor profundidad.

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Cine para mí

Las Fantasías de Lila

Este blog nació como una bitácora personal para tener un registro de todas las series de anime que veía, posteriormente pasó a ser un registro donde reseñaba toda obra de ficción que veía en cine o televisión. Sin embargo, no reseño el 100% de todo lo que veo, algunas obras no me motivan tanto como para querer analizarlas y escribir sobre ellas, otras las consumo simplemente por consumir, pero hay otras que reservo para mi disfrute personal. Son series o películas que me gustan mucho, pero que he decidido no reseñar, al menos no luego de la primera vez que las veo, porque prefiero sentarme con tranquilidad a disfrutarlas sin la presión de tener que escribir sobre ellas.

Como quizás los lectores asiduos sepan, cuando veo algo de lo que voy a escribir en el blog lo hago con una pequeña libreta al lado (hasta el momento llevo tres, recién inicié la cuarta) para anotar datos que considero importantes mencionar. Eso hizo que en algún momento escribir en el blog se tornara pesado e incluso frustrante, sobre todo porque me hacía disfrutar menos las obras que veía. Sin embargo, superé esa etapa hace ya un par de años y hoy en día disfruto ver para reseñar, incluso lo que ahora veo está determinado por el calendario del blog, si llevo tiempo sin reseñar anime, por muchas ganas que tenga de ver algo en imagen real, elegiré una serie animada.

Another Earth

El blog se ha vuelto parte importante de mi vida, y no es para menos tomando en cuenta que llevo escribiendo aquí más de ocho años, once si tomamos en cuenta la primera etapa del blog. Pero aún con todo eso hay obras de las que prefiero no escribir, que elijo guardarme para mí a pesar de que en el fondo realmente deseo hablar de ellas o comentar lo buenas que son o por qué me han gustado tanto. Eventualmente lo haré, en algún momento me daré el tiempo para ver con mirada crítica cada una de esas obras, pero no antes de disfrutarlas para mí una buena cantidad de veces.

Hoy escribo esto pues hace unas horas terminé de ver la que considero mi película erótica favorita, la cual vi hace unos doce años, o quizás más, y cuyo DVD tengo desde hace unos ocho o nueve años, pero que no había vuelto a ver. Las Fantasías de Lila (Lila dit ça, 2004) es una obra bellísima que explora el erotismo de la insipiente sexualidad de una jovencita de dieciséis años. Sin desnudos y sin escenas de sexo logra formar un aura erótica y sensual, por eso es mi película favorita en su género. La historia de cómo la conocí la dejaré para cuando la reseñe, pero pensar en el hecho de que quiero escribir sobre ella me llevó a pensar el por qué no he escrito sobre muchas otras obras que igualmente me encantan.

The Grand Budapest Hotel

Una razón es la falta de tiempo, sobre todo con series largas que necesitan varias horas, así que por muchos que quiera, las entradas de Death Note o Fullmetal Alchemist tendrán que esperar un tiempo. Otra razón es la desidia, enmascarada con la excusa de un momento adecuado para verlas, pues con el tiempo que he invertido en otras cosas ya habría podido reseñar todo lo que me falta, como Bokurano, por mencionar alguna. Aunque es verdad que hay veces en las que no estás de humor para ver a detalle algo que te gusta.

La última razón es por decisión personal. Cuando una obra es tan buena que requiere que te des el tiempo necesario para digerirla, saborearla y disfrutar esa intimidad que el buen cinéfilo experimenta cuando ve algo de su agrado. Intimidad que se pierde cuando ves algo con la responsabilidad de escribir al respecto en un blog. Las sensaciones que una obra cinematográfica te hace sentir se diluyen cuando las escribes en una pequeña libreta para no olvidarlas cuando escribas la reseña más tarde.

Interstellar

Las Fantasías de Lila es un ejemplo de esas obras que primero decidí disfrutar yo sólo, y lo mismo pasó con Interstellar (2014) y Fury Road. De las primeras dos aún no hay reseña y la última tardó varios años en tener su propia entrada. Pero han habido más filmes que yo planeaba reseñar pero que al momento de verlos decidí dejar mi papel de bloguero y ser simplemente un espectador más. Another Earth (2011), Django Unchained (2013) o el mismísimo Cloud Atlas han sido series que se ganaron ese tiempo de intimidad conmigo. Otras me tomaron más por sorpresa, pues en un principio ni siquiera tenía intenciones de reseñarlas, pero luego de verlas decidí que lo haría luego de disfrutarlas para mí un par de veces más, es el caso de The Grand Budapest Hotel (2014) o The Great Gatsby (2013).

Ver películas es mi gran pasatiempo, al igual que escribir en este blog, pero llega un punto en que sin importar lo mucho que disfrute reseñar lo que veo, hacerlo se convierte en una especie de obligación, aun cuando esto no es un trabajo para mí. A pesar de la completa libertad que tengo para escribir lo que yo quiera en este espacio, hacerlo se convierte en una rutina que a veces es bueno romper viendo películas sólo por el disfrute de hacerlo, sin la presión de tener que reseñarlas, sobre todo cuando uno descubre pequeñas joyas que vale la pena disfrutar con calma y saborearlas a solas más de una vez antes de contarles a los demás sobre ellas; como un pequeño y sensual secreto, igual a esos que Lila le contaba a Chimo en la cinta que me inspiró a escribir esto.

The Great Gatsby

Ir al cine

A cabo de ver un video en YouTube donde cierta persona de la televisión abierta cuenta cómo era la experiencia de ir al cine cuando él era niño, hace más de 40 años. Y la verdad me recordó algunas de las primeras experiencias de ir al cine cuando era niño y tomando esos recuerdo como pretexto hoy me he propuesto contarles algunas cosas sobre mis visitas al cine.

Como todos los seguidores del blog sabrán soy un gran apasionado de las películas, pero no precisamente de ir al cine. La verdad pocas veces he disfrutado ir a ver películas al cine, en algún punto de mi infancia los disfrutaba más, actualmente ir al cine es más el pretexto para pasar tiempo con los amigos o alguna chica, pero no para disfrutar del filme como me gusta, analizando y viendo a detalle. La verdad para disfrutar la historia como tal prefiero la tranquilidad de mi casa, sin personas hablando o niños golpeando en el respaldo del asiento.

La primera vez que fui al cine, o mejor dicho la primera vez que recuerdo haber ido al cine fue cuando iba en el Kinder (Jardín de Niños), mi mamá y mis tías nos llevaron a mí y a mis primos a ver la película de los Power Rangers, los de la primera serie que se emitió entre 1993 y 1995. No recuerdo nada al respecto del filme, pero sí que fuimos a los Cinemas Gemelos que estaban cerca de la casa y contaban con dos salas, esas salas que al iniciar la función estaban completamente oscuras y para encontrar tu lugar (porque en ese tiempo no estaban numeradas las butacas como ahora) debías pedirle a un chico que trabajaba como acomodador que te guiara con su lamparita.

De ahí pasó un buen tiempo y esos cines independientes fueron sucumbiendo al peso de las franquicias. La primera en llegar fue Cinemex y en donde yo vivo ese cine fue uno de los primeros de dicha empresa en la zona. La primera película que vi fue Tornado (1996). Recuerdo que estaba muy nervioso y tenía miedo, aunque ya había visto películas antes. En fin, a pesar del terror que tenía por entrar a ver dicha película la disfruté bastante. Y ahora que recuerdo una de las cosas por las cual me daba miedo ir al cine (y viajar en metro) cuando era niño fue por causa de la película Volcano (1997), en primera porque Cinemex emitía un anuncio antes de la película donde al final explotaba un volcán y viviendo en el área metropolitana de la CDMX los volcanes son un peligro real, estamos rodeados de ellos y la segunda fue obviamente por esa escena en la que la lava fluye por los tuenes del metro.

La primera película de “terror” que vi fue La Momia, quería ir a verla pero me daba miedo, así que mi mamá invitó a un primo y los tres fuimos a verla en la primera función, como a eso de las 12 pm, según yo porque si era de día no me daría tanto miedo. Salvo la escena donde Imhotep es momia el resto me resultó bastante normalita. El Cinemex de mi cuidad fue el primero que conocí y por muchos años el único, aunque también tuve la oportunidad de visitar dos cines que no eran de la franquicia cuando viví en provincia. En uno de ellos vi Titanic (1997), que era tan larga que tuvo intermedio, de hecho muchas de las primeras películas que vi todavía tenían intermedio. La película termino como a la 1 am y la sala estaba tan abarrotada que había gente de pie y ratas, no era el mejor cine del mundo. El segundo fue un cine de pueblo en donde vi dos películas Monster Inc. (2001) y 8 Mile (2002), el biopic de Eminem.

De regreso al área metropolitana, tuve la oportunidad todavía de entrar a un cine con permanencia voluntaria. Hacía algunos años que eso había desaparecido pero ese era el último cine que no pertenecía a una franquicia que sobrevivía y trataban de ganar clientela con esa oferta. Recuerdo haber entrado a la mitad de la función de Rugrats: La Película (1998) y me quede hasta que volvió a empezar para ver la primera parte. Siendo honesto recordar la decadencia de aquel cine me resulta muy triste.

Cinemex y Cinépolis se apoderaron del mercado y en un tiempo mi primo, con el que fui a ver La Momia, y yo sacamos nuestra tarjeta de invitado especial en Cinemex y acumulamos muchos puntos, tratábamos de conseguir la tarjeta dorada que te daban si iban más de doce veces al año. No lo logramos, nos quedamos a tres películas de ello. Aunque eso sí, fue la época donde usábamos unos chalecos grandes llenos de bolsas para meter papitas y refresco a escondidas, creo que una vez hasta unas hamburguesas logramos pasar.

Con el paso de los años y ya en preparatoria el cine fue una de las principales actividades que hacíamos con los amigos. Una tradición, ahora desaparecida, es que Vossk y yo llegábamos antes al cine y nos poníamos a jugar Yugi mientras esperábamos al resto de nuestros compañeros. El cine con los amigos dio paso al cine con alguna chica en donde no precisamente ibas a ver la película aprovechando la oscuridad de la sala. Recuerdo que incluso en una ocasión me picó una abeja ya dentro de la sala arruinando la cita.

Actualmente no voy mucho al cine, en primera porque en ocasiones no tengo con quien ir, todos los que podría acompañarme están ocupados y ya es más difícil ponerse de acuerdo con los viejos amigos para juntarse. No me gusta ir sólo al cine, me resulta muy deprimente, y por eso voy menos de lo que quisiera, aunque no disfruto tanto la película como verla solo en casa. Solamente una vez en mi vida he ido al cine solo y eso porque la película era parte de una tarea, fui a ver la de Charlie y la Fábrica de Chocolate (2005). Actualmente cuando sale algo digno de reseñar en el blog o hacer podcast Vossk y yo vamos al cine el domingo en la primera función, así hemos visto muchas de las cintas de las que hemos hablados en los últimos años.

Ver películas en el cine es algo que disfruto, ir al cine no tanto, o al menos no desde mi lado cinéfilo, pero como una actividad para compartir con alguien sí me gusta. Y me pasa los mismo al ver anime, me gusta verlo solo, no me siento cómodo viendo anime con otras personas y eso, para alguien que lleva más de diez años escribiendo en un blog sobre animación japonesa y películas creo que es bastante raro. De cualquier forma, y como dice la frase, el cine se ve mejor en el cine y es verdad.

Madurez según Grey

Los veía tan grandes y ahora tengo su edad (la edad de los internos en la primera temporada).

Cuando iba en la preparatoria (2005-2008) iniciaban en la televisión abierta las series. No es que no existieran series antes, sólo que no se concebían como tal, con finales de temporada y una emisión semanal como ahora se acostumbra, además de que los programas (porque en los 90 eran programas y no series) solían emitirse de lunes a viernes y tenían varios años de retraso en comparación con la emisión original en Estados Unidos (porque de allí es de donde casi siempre llegan las series).

Durante la primera década de este siglo las series se volvieron populares en México, La Ley y el Orden: Unidad de Victimas Especiales, Dr. House, Grey’s Anatomy, Dexter o Desperate Housewives fueron algunas de esas primeras series que vi durante mi bachillerato. Antes de Netflix todo se resumía a Televisa con Dr. House y TV Azteca con Grey’s Anatomy; cada televisora tenía una alternativa del mismo tema para la serie de la compañía rival.

En la prepa todos tenían sus series y así como en la primaria las caricaturas era uno de los principales tópicos de conversación, las series también lo fueron. Anatomía según Grey, como se tradujo en México, fue una de las series más vistas por mis contemporáneos y una de mis favoritas, que lamentablemente sufrió ese destino inevitable que sufren las series cuando se continúan por más temporadas de las que deberían. Yo recuerdo haberla visto hasta cuando entran los nuevos internos (la hermana de Meredith) y O’Malley muere.

En esos años lo que me gustaba era un poco el drama, aunque no le prestaba tanta atención, los personajes eran más de diez años mayores que yo y ni sus problemas personales ni laborales me eran familiares. Lo que a mí me gustaba era la acción médica, ver a esos cirujanos en acción salvando vidas, algo que sin duda era emocionante de ver. Los años pasaron y en algún momento alcancé la edad de los protagonistas, sin percatarme de ello empecé a recordar algunas de esas escenas memorables que vi durante mi adolescencia y sentí la necesidad de ver la serie de nuevo, aprovechando que está disponible en Netflix.

Y como me llegó a pasar con Downtown, ver una serie de mi adolescencia ahora como adulto joven me hizo apreciarla de forma distinta, entender mejor los dramas que enfrentan los personajes e identificarme con muchas de las cosas que están viviendo. Sin duda ver Grey’s Anatomy de nuevo, al menos hasta donde la vi originalmente (no me interesó ver toda la serie) fue algo que disfruté más de lo que esperaba. Y es que la serie no es sólo sobre cirujanos creyéndose dioses por salvar vidas, el sobre crecer, sobre madurar y sobre lo difícil que puede ser enfrentar la vida adulta, con las responsabilidades laborales, familiares y de pareja tomando lugar al mismo tiempo y muchas veces en el mismo lugar.

Aquí es donde continuaría hablando de cómo la serie nos muestra la forma en que las personas entran y salen de nuestra vida, modificándola de formas que nunca nos hubiéramos imaginado, justo como le pasó a la serie con la salida de muchos de sus actores, lo que la llevó a modificar la historia y buscar soluciones para quitar a los personajes. También hablaría sobre el drama de la vida o lo estúpidos que somos cuando no hacen lo que deberíamos, a pesar de que (en retrospectiva) era muy obvio lo que debíamos hacer. Otras cosas quedaron pendientes, este ensayo en realidad está incompleto.

Top Favoritos (Película y Serie)

Ya he publicado cinco tops sobre cosas favoritas: animes, openings, podcast, directores de anime y películas mexicanas, pero hoy toca hablar de mis favoritos de todos los tiempos en las dos categorías más importantes que se relacionan con el blog, mi película y mi serie favoritas. Aquí hablamos de anime, ciencia ficción y cosas por el estilo, pero eso no quiere decir que mis obras audiovisuales favoritas sean japonesas o pertenezcan a ese género. Así que quizás a algunos les sorprenda cuando les diga cuál es mi película favorita de todos los tiempos.

Mi serie favorita

Ya había hablado de ella e incluso tenemos una reseña desde hace varios años. Downtown, serie emitida por MTV a finales de los 90, es mi serie favorita tomando en cuenta tanto obras animadas como de acción real. Es una serie que puedo ver en cualquier momento y disfrutar siempre, pero en cada ocasión, con forme envejezco, he podido darle diferentes lecturas, aunque todas dentro del mismo ámbito un tanto friki en el que vive el protagonista.

Alex Hensen es un joven de 24 años muy inteligente pero poco motivado para aprovechar sus habilidades y lograr algo mejor que su empleo en un centro de fotocopiado. Además, le cuesta trabajo hablarle a la chica que le gusta y prefiere pasar el tiempo con sus amigos frikis jugando Calabozos y Dragones o recorriendo convenciones de Ciencia Ficción en busca de la última figura para su colección. En ciertos aspectos me identifiqué mucho con este personaje, pero esa no fue la única razón por la que me encantó la serie, sino por esa construcción urbana tan underground de Nueva York.

El hecho de que se cancelara antes de su último episodio y sólo cuente con una temporada la hace más mítica y de culto (en su tiempo yo la conseguí en Ares, ahora ya está en YouTube), sin olvidar que no da lugar a especulaciones y todo lo que sabemos de la serie es lo que hay dentro de los trece episodios que la integran. De alguna forma me encantan las series con finales totales en los que ya no hay posibilidades de más, pues eso te permite lograr comprender la totalidad de la obra sin preocuparte de que eventualmente habrá más contenido. Considero que Downtown es una de las mejores series jamás hechas pero que nunca recibió el reconocimiento que merecía.

Como muchos sabrán, Evangelion es mi serie de anime favorita, pero Downtown es mi serie favorita aún por sobre cualquier otra serie de mi infancia, como Malcolm el de en medio (para mencionar una de imagen real) o Hey Arnold! (para mencionar mi caricatura preferida de la infancia). Y si bien no he visto Downtown tantas veces como otras series, es una obra que me sigue fascinando por su simpleza, su naturalidad, su realismo, la construcción de sus personajes, los escenarios citadinos y esa parte friki en el protagonista con la que me he llegado a identificar.

Mi película favorita

Probablemente se sorprenderán cuando lean que mi película favorita no es una obra de animación japonesa, ni siquiera una obra animada, y mucho menos una obra Cyberpunk o de Ciencia Ficción. No, mi película favorita de todos los tiempos es una Movie Road, Slice of Life de comedia familiar con algo de drama, Little Miss Sunshine (2006).

Así es, Pequeña Señorita Sunshine es mi película favorita por sobre cualquier otra y por mucho. El por qué no lo tengo muy claro, pero quizás se deba a esa patética familia disfuncional de perdedores, la naturaleza de su interacción, los problemas que enfrentan, la tragedia y el tono cómico que está presente en todo momento. Sin olvidar el soundtrack que es maravilloso y su leve relación con Malcolm el de en medio y Breaking Bad (Bryan Cranston actúa en las tres obras y algunos eventos tienen lugar en Albuquerque donde trascurre Breaking Bad, que de hecho recién había iniciado grabaciones por lo que no es casualidad que dos de sus personajes aparezcan en el filme cuando la familia pasan por Colorado). Además de que Steve Carrell, mi actor de comedia favorito y protagónico de mi serie de acción real favorita (The Office US) actúa allí; es curioso que mi serie de acción real favorita tampoco sea de Ciencia Ficción, sino un Mockumentary (Falso Documental).

La primera vez que vi Little Miss Sunshine fue en la preparatoria en la clase de Sociología. La profesora había proyectado la película y nos había dejado de tarea entregar un reporte donde indicáramos los roles familiares, la personalidad de cada personajes y la crítica social a los concursos de belleza. Desde ese momento me fascinó la película, sobre todo por la familia misma y el personaje de Dwayne, que era un completo apático de la vida, nunca socializaba y odiaba la escuela y a todo el mundo (un poco como yo en preparatoria).

En un principio me enfoque en la estructura disfuncional de la familia y la burla (o crítica) a los concursos de belleza infantiles, pero con el paso de los años y las incuantificables veces que la he visto desde entonces, pude observar más allá del aspecto disfuncional, más allá de la etapa adolescente de Dwayne y del mensaje de unión familiar, y pude apreciar su comedia, la relación que tiene con otras series que posteriormente me gustaron y la forma de contar la aventura (por simple que fuese) que cinco personas vivieron en una combi mientras viajaban a California. Little Miss Sunshine es la única película que siempre voy a tener ganas de ver, la he llegado a ver dos o tres días seguidos e incluso más de una vez el mismo día. Cada vez que la veo no es que entienda algo distinto, no es tan profunda, pero en cada ocasión me divierte y me la paso tan bien como la primera vez que la vi.

De Akatsuki a Karl Marx

Pese a que como Arqueólogo soy Antropólogo y como Antropólogo soy Científico Social, no soy para nada un experto en cuestiones teóricas, de hecho desconozco a profundidad la mayoría de teorías y sólo en un par de ellas tengo nociones más amplias. Por lo mismo no voy a explicarles de que trata el Materialismo Histórico, o como quizás lo conozcan mejor, el Marxismo. Pero para que puedan entender un poco este ensayo no está de más dar una explicación sumamente resumida de lo que trata esta teoría.

Para el Materialismo Histórico existe un concepto llamado modos de producción, que son las formas mediante las cuales una sociedad produce los bienes materiales necesarios para su subsistencia (como el alimento, por ejemplo). Estos modos de producción integran los instrumentos de trabajo (herramientas), la técnica y la fuerza de trabajo (mano de obra) que finalmente terminan por modificar las relaciones entre los miembros de una sociedad, lo que podemos denominar como régimen económico-social.

El factor económico y todo lo que lo integra será llamado a partir de ahora la estructura. Por otra parte, dentro de una sociedad tenemos otros elementos como las leyes (lo jurídico), la política, la religión, la ideología y demás instituciones; este conjunto de elementos serán la superestructura. Para Marx, la superestructura estaba directamente determinada por la estructura, es decir, las condiciones económicas. Citando a Marx:

…en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.

Ahora bien. El plan de Akatsuki era el siguiente, según lo explica el propio Pain durante el capítulo 81: (1) el primer objetivo era hacer dinero, (2) con ese dinero crearían la primera organización de guerra por contrato, pero a diferencia de las Aldeas Shinobi no se dedicarían a hacer misiones a cambio de un pago, y (3) eventualmente se harán con el monopolio de la guerra, cobrando grandes sumas de dinero, lo cual podrán hacer gracias a que ellos tendrán el control de los mecanismos de producción (las bestias con cola). Al tener el control de la estructura, Akatsuki tendrá el control del mundo.

Aquí lo importante es notar que las Aldeas Ninja son la base de la economía de las naciones y por ende necesitan de una determinada cantidad de guerra para que el dinero fluya. La economía basada en la guerra es el modo de producción (la estructura) y la superestructura se determina en torno a la necesidad de guerras y shinobis, lo cual puede observarse en las relaciones sociales. Por eso tenemos una escuela donde los niños aprenden a ser ninjas y no ingenieros, por eso el máximo líder de la aldea ninja es un líder militar y no el señor feudal, por eso se inculca un férreo sentimiento de valor y lealtad a los shinobis para que sean capaces de dar la vida por su aldea. Todos esos elementos sociales, desde la perspectiva marxista, son determinados por la necesidad de mantener un perpetuo estado de conflicto a fin de que la principal fuente de ingresos económicos (las guerras) siempre esté presente.

Santo, el Enmascarado de Plata

El pasado 19 de septiembre teníamos programado grabar un podcast sobre el Cine de Luchadores, en conmemoración del centenario del nacimiento de Rodolfo Guzmán Huerta, mejor conocido como El Santo, luchador mexicano famoso por protagonizar un gran número de película de acción y aventura donde enfrentaba a seres de otros planetas, espectros de ultratumba y criminales dementes, con ayuda de otros héroes del ring y numerosos artilugios muy propios de esa clásica, aunque algo desvalorada, Ciencia Ficción Mexicana.

Para mí el Santo es el máximo superhéroe mexicano, muy por encima de Kalimán, Chanoc, Hermelinda Linda y el Chapulín Colorado. El Santo enfrentó de todo, quizás sólo le faltó luchar contra Godzilla. Además del curioso fenómeno cultural como deporte-espectáculo que es la Lucha Libre en nuestro país, estos héroes enmascarados se han infiltrado a tal punto en la cultura popular mexicana, que son un referente de México a nivel mundial.

Debido al sismo sufrido en México el pasado martes ya no nos fue posible grabar dicho podcast, pero como sigue dentro de los planes hacerlo hoy no ahondaré en el tema del Cine de Luchadores, simplemente mencionaré que un 23 de septiembre de 1917 nació el hombre que se convirtió en leyenda, aquel enmascarado de plata que enfrentaba a sus rivales tanto dentro como fuera del ring.