El final de todo

Título Original: How it ends.
Género(s): Drama, Ciencia Ficción apocalíptica.
Director: David M. Rosenthal.
Emisión: 2018.
Duración: 113 minutos.
Extras:

Ahora con esto de la pandemia es difícil no sentir la necesidad de ver películas sobre el apocalipsis. Y es que el fin del mundo es algo que genera en nosotros un extraño morbo, es algo que todos queremos ver pero que en la realidad no quisiéramos experimental, aunque de alguna forma lo experimentamos un poco todos los días, aunque sin darnos cuenta. Ya sea por una pandemia como la que azota al mundo en estos momentos, el inminente y quizás imparable cambio climático o la contaminación por plástico, la extinción de algunas especies es inevitable. Difícilmente el mundo se va a acabar, pero la historia registra que desde que existe vida en la Tierra han ocurrido extinciones masiva que casi han terminado con la vida en nuestro planeta y muy probablemente alguna de ellas podría acabar con nuestra especie.

Confiando en el algoritmo de Netflix que me había recomendado El Círculo con más de 90%, decidí que si está película tenía un valor similar seguro terminaría por gustarme tanto con el filme antes mencionado, pero si bien me entretuvo, no me pareció una maravilla. Aunque debo aceptar que los efectos están bien, la música y la ambientación son muy buenas (quizás lo más destacado de todo el filme) y las actuaciones cumplen pese a los aspectos débiles de la historia que no les dejan más remedio que convertirse en clichés.

La historia sigue la travesía de un padre y su yerno, quienes al parecer no tienen una buena relación. Will es el esposo de Sam y esperan a su primer hijo; Tom es el padre de Sam, un hombre serio y frio ex militar. Will y Sam se han mudado a Seattle para vivir independientes, lo que ha molestado a Tom. Mientras Will está de visita con sus suegros en Nueva York, un extraño incidente ocurre al otro lado de país, las comunicaciones se cortan, la luz se va, los vuelos son cancelados y las carreteras son cerradas por los miliares. Nadie sabe que pasa pero todo parece haber iniciado en la costa oeste, así que Tom y Will deciden ponerse en marcha para atravesar el país en buscan de Sam.

En el camino enfrentarán los típicos problemas familiares hasta resolver su relación y tomarse algo de cariño, a la vez que intentan sobrevivir a los extraños eventos que están ocurriendo y que nadie sabe explicar. Sismos, tsunamis, incendios, feroces tormentas y algo tóxico en el aire que empieza a matar a las personas. Luego de sufrir un accidente, ambos llegan a una reserva india, donde conocer a Ricki, una chica mecánico que acepta acompañarlos para arreglar el auto. Así los tres se ponen en marcha, pero como es de esperarse no es sólo la catástrofe el principal peligro que acecha en el camino, sino las personas que al ver el caos y al desaparecer la ley se tornan en unos salvajes supervivientes dispuestos a matar por algunos recursos.

La película es entretenida pero hasta allí, me parece que está bien para pasar la tarde pero tampoco es la gran obra apocalíptica, sobre todo porque es completamente de fórmula y tiene una cantidad brutal de clichés y lugares comunes que le borran todo atisbo de originalidad. Además de que muchos personajes que pudieron tener un desarrollo interesante simplemente salen de pantalla sin mayor explicación, como Ricki.

Uno de los clichés más obvios es la de la típica relación disfuncional entre Will y Tom, que se plantea desde un inicio, así como la curiosa casualidad de que Tom fuese militar, lo que le otorga conocimiento y entrenamiento para solventar muchas de las dificultades que encuentran en el camino. Además de que mientras se plantea las diferencias entre ambos, que seguramente deberán dejar a un lado para rescatar a la mujer que aman, el inicio resulta lento y la acción tarda en empezar, ese preludio queda incluso al borde de lo aburrido, aunque una vez iniciada la catástrofe ya se pone emocionante.

Lo que sí me gusta, y estoy seguro que a muchos no, es la forma en que se plantea el evento apocalíptico. Al perderse la comunicación nadie sabe qué está pasado y todos generan sus propias hipótesis que van pasando de voz en voz, desde el fin del mundo hasta un ataque por parte de los Chinos, las compras de pánico inician y la desconfianza a los extraños de apodera de todos. Y eso es justamente lo que en realidad pasa. Si aun viviendo en la era de la comunicación donde científicos y gente conocedora del tema nos han explicado a detalle todo lo que saben del coronavirus, las noticias falsas se dispersan más, ahora imaginemos el caos resultante si todos los medios de comunicación callaran, no tendríamos mayor conocimiento que aquello que escucháramos por la calle.

Además de eso, lo que me encanta es que nunca se explica en lo más mínimo qué estaba pasando realmente. A mí sí me gustan las obras donde un grupo de personas deban sobrevivir a una catástrofe de proporciones apocalíptica sin saber qué está pasando ni cómo deberían actuar, pues hace de la supervivencia algo más real, ya que es justo esa desinformación lo que incrementa el peligro. Aunque por lo que he visto, a muchas personas no les gusta quedarse sin una explicación sobre cuál fue la causa de lo que estaba pasando.

La película tiene emoción, pero aunque el evento apocalíptico no es explicado y eso me gusta, éste queda relegado por el desesperante cliché de que las personas son más peligrosas que el fin del mundo en sí, como le ha pasado a las películas de zombis últimamente (The Walking Dead dejó de ser una serie sobre muertos vivientes desde la tercera temporada). El viaje en carretera y la unión de dos personas que se llevan mal por salvar a alguien que aman también está ya muy visto y lo peor es el final de fórmula y súper obvio donde (spoiler) Will encuentra a Sam y ambos son felices y se aman, luego ocurren un par más de cosas y todo queda en un final abierto pésimo.

En conclusión la película es palomera, bien para pasar una tarde viendo algo sobre el fin del mundo ahorita que están de moda y que el panorama mundial genera un buen ambiente para verla, pero no es nada espectacular, sus puntos buenos y malos están equilibrados haciéndola una película que pueden ver más de una vez, sobre todo en esas ocasiones en las que no quieres prestar mucha atención a lo que está pasando en pantalla.

Maggie

Título Original: Maggie.
Género(s): Drama, Ciencia Ficción.
Director: Henry Hobson.
Emisión: 2015.
Duración: 95 minutos.
Extras:

El género de los zombis había mostrado de todo, desde los lentos muertos vivientes de Romero hasta los enjambres imposibles de contener en Guerra Mundial Z, pero creo que muy pocas veces habían tomado el tema de una epidemia zombi como un simple recurso ambientador para desarrollar un excelente drama familiar que enternece por su crudeza y nos muestra un panorama posiblemente más real de lo que en verdad pasaría sin los virus pudieran convertir a las personas el zombis.

La calidad técnica es buena, no refleja mucho presupuesto pero logra arreglárselas con lo que tiene, además de que al centrarse en el drama de la historia, y no en los grandes efectos, la falta de escenas visualmente impactantes no es necesaria. Las actuaciones también me sorprendieron, pues aunque Abigail ha demostrado ser una buena actriz, el cliché del hombre poderoso que Arnold arrastra desde su juventud siempre le ha dado poca credibilidad en papeles serios, aunque es esta ocasión al papel de padre vulnerables que interpreta le ha quedado muy convincente.

Protagonizada por Arnold Schwarzenegger y Abigail Breslin, el filme nos sitúa en un Kansas atemporal, con elementos del pasado que lo hacen ver como de los 90. La sociedad se encuentra en decadencia luego de que el virus Necroambulante arrasara con gran parte de la población mundial. El virus provoca que las personas se conviertan en zombis y empiecen a atacar a otros para devorarlos, pero la infección es lenta y los zombis no representan un peligro mortal, por lo que la sociedad convive con los infectados hasta que la infección avanza a su etapa final, momento en el que los enfermos son llevados a cuarentena para pasar sus últimos días. Como en una pandemia real.

Maggie (Abigail Breslin) es una joven que vive en una zona rural de Kansas, un día escapa a la ciudad y es mordida por un infectado contrayendo la enfermedad. Wade (Schwarzenegger), su padre, va en busca de ella. A pesar de que Maggie no quería que la buscaran es convencida por su padre para regresar a casa. Allí la esperan sus medios hermanos y su madrastra. Los pequeños son enviados con una tía para evitar que Maggie los contagia, mientras que su padre y madrastra tratar de vivir una vida normal mientras esperan el inevitable desenlace.

Mientras avanza la enfermedad de Maggie vamos conociendo un poco sobre la epidemia y vemos el drama familiar  que enfrenta la chica y su padre, los recuerdos de su madre fallecida muchos años antes y la normalidad perdida entre los habitantes del pueblo. El drama se incrementa con forme la infección se esparce y Wade debe decidir si enviar a su hija a cuarentena a morir sola, encerrarla en casa con el peligro de que escape e infecte a otros una vez convertida en zombi o tomar las cosas en sus manos y acabar rápidamente con el sufrimiento de su hija.

El filme nos muestra un apocalipsis lento, brutal y dramático, pero no violento. La perspectiva del fin del mundo llega a nosotros desde una mirada rural, alejada del ajetreo de las grandes urbes, por lo que es apacible e incluso con un aroma familiar. No obstante, al ser una historia de zombis no olvida por completo el terror y se da el tiempo para desarrollar muy buenas escenas de suspenso, suspendo igualmente tranquilo, sin el susto de la sorpresa intempestiva pero con toda la ambientación necesaria a nivel visual y sonoro.

La trasformación lenta hace que los zombis no merodeen por millones en las calles, pero genera una pandemia más prolongada y por ende más cruda emocionalmente hablando, pues ver morir a tus seres queridos y convertirse en zombis en segundos no es lo mismo que el poder pasar con ellos sus últimos días viendo como poco a poco dejan de ser ellos mismos. La película podrá ser de bajo presupuesto, pero logra demostrar que la falta de recursos y grandes efectos puede palearse perfectamente con un buen guion, buenas actuaciones y una gran ambientación.

A lo largo de los 95 minutos vemos buenos momentos de drama y buenos momentos de tensión y algo de suspenso. Y si bien la historia puede ser lenta no se torna aburrida en ningún momento, aunque hay que tener bien presente que lo que estamos viendo es un drama que toma a la pandemia zombi como un simple recurso ambientador, como mero fondo en el cual se desarrolla la historia de un padre que ve morir a su hija poco a poco sin que pueda hacer nada para evitarlo.

En ese sentido me recordó mucho a la película Another Earth, en donde el trasfondo de Ciencia Ficción también es sólo un pretexto para contar el drama personal de una chica. Honestamente me gusta mucho que algunos autores se arriesguen a hacer este tipo de obras, pues ver una película de zombis donde un grupo de amigos se reúne por última vez antes de regresar a la escuela no para disfrutar sus últimos días libres, sino para, sin decirlo abiertamente, despedir a sus compañeros infectados pues saben bien que por mucho que se esfuercen por actuar como si no pasara nada seguramente aquella sea la última noche que la pasen juntos, y eso es desgarrador.

No sé si otra película ya hubiese hecho esto antes con el tema de los zombis, yo personalmente no había visto este tipo de manejo hasta ahora, pero me encantó que la película rompiera con el paradigma cada vez más exagerado del zombi moderno, es más, no sólo lo rompe, lo transgrede y nos deja en claro que una pandemia zombi real, de poder ocurrir, sería más cercano a esto que a una horda de muertos vivientes escalando un muro sin nada que pueda contenerlos.

La historia es triste y dramática porque todo en su conjunto es una gran despedida, la despedida de un padre y su hija, y los personajes lo sabían, trataban de actuar como si todo fuera a resolverse pero en el fondo ambos estaban conscientes del desenlace. Pensar en esos últimos momentos que pasaron juntos y en esas últimas muestras de cariño entre ambos es verdaderamente enternecedor y tanto Breslin como Schwarzenegger lo hacen perfecto. Creo que la edad ha hecho que el imponente hombre de acción que fue Arnold hace tres décadas de paso a un padre amoroso que ver consumirse a su hija y su actuación resulte más convincente.

Una buena película que se sale del canon taquillero que ha sobreexplotado a los zombis en las últimas dos décadas y nos muestra una nueva forma de vivir el apocalipsis. Sin duda recomendable para quien guste de historias lentas y dramáticas, pero no para aquellos que sólo quieren ver a cientos de zombis perseguir a un grupo de supervivientes en una ciudad en ruinas. La obra se arriesga a contarnos una historia distinta con un tema cliché y eso es justamente lo que hace que valga la pena. En tiempos del Covid donde muchas personas ya no pudieron despedirse de sus parientes enfermos debido a la capacidad infecciosa del propio virus, es que este tipo de historias cobran mayor relevancia.

El Círculo

Título Original: Circle.
Género(s): Ciencia Ficción, Drama, Thriller.
Director: Aaron Hann y Mario Miscione.
Emisión: 2015.
Duración: 102 minutos.
Extras:

Después de El Hoyo estaba deseoso de ver otra película tipo experimento social o alguna película de Ciencia Ficción y Space Opera. Luego de varios minutos buscando en Netflix elegí por azar El Círculo, pues la breve sinopsis parecía promete lo que se figuraba como un experimento social con mucha carga moral, ética y psicológica. Honestamente no esperaba nada bueno, pero ese 90% que según la plataforma de streaming establecía como recomendación para mí fue cierto y el filme superó por mucho mis expectativas.

La historia inicia cuando un grupo de 50 personas despiertan en una extraña habitación, parados en círculos rojos y formando un círculo concéntrico. Frente a ellos unos triángulos en el suelo apuntan a cada persona y en el centro de la habitación hay una especie de orbe. Las personas entran en pánico al no saber cómo llegaron allí ni por qué, pero rápidamente descubre que si tocan a alguien o se salen del círculo son asesinados por un rayo proveniente de aquel orbe.

Luego de algunos asesinatos, algunos integrantes descubren que los triángulos señalan a las personas y ellos pueden elegir a uno de los otros, quien reciba más votos morirá. Sabiendo que la decisión de quién vive y quien muere está en ellos, pronto inician las discusiones sobre por quién deberían votar. Los primeros en sufrir las consecuencias son los más viejos, pero después de algunos turnos cada persona intenta dar su postura del porque debería vivir, aunque todos están de acuerdo que la mujer embarazada y la niña que conforman el grupo deberían vivir.

Con forme los turno avanzan más gente va muriendo, algunos por mala suerte y otros por un voto deliberado de sus compañeros quienes consideraron que sus acciones o pasado les hacía valer menos. Al final, el extraño experimento fungía como una suerte de juego, de reallity show al estilo El Rival Más Débil. Así que nada te garantizaba tu supervivencia, sólo tu inteligencia y la forma en que lograras manipular al resto para que no votaran por ti.

Sólo podía haber un ganador, aquel que sobreviviera al final, pero elegir quien debería serlo desata una enorme polémica ética y moral sobre las razones para votar o no por alguien. Al parecer dicho experimento es resultado de una abducción alienígena, pero nada es certero, lo único que los participantes saben es que si en los próximos dos minutos nadie recibe más votos que ellos, morirán.

El hecho de tener en tus manos la vida de otras personas y los argumentos que puedes dar para que alguien más muera es un experimento social muy interesante y refleja poco a poco la naturaleza de todos los participantes, aquellos que quieren vivir a toda costa, quienes prefieren sacrificarse en lugar de matar a alguien o quienes por la lógica de lo que es socialmente correcto eligen a la niña o a la embarazada para vivir.

No tardan en aparecer los líderes morales dentro del grupo o aquellos que apelan a la inteligencia y la razón para tomar las decisiones, pero también están los manipuladores que usan los prejuicios sexuales, sociales, raciales, étnicos, económicos, religiosos, familiares o emocionales para tratar de convencer a otros que hay persona que valen más que otras y por ende merecen vivir más. Al final, todo es una lucha por sobrevivir o morir haciendo lo correcto.

La historia me recordó dos animes muy buenos, el experimento social que simula un juego y la parte de los extraterrestres me recordó a Gantz y la ambigüedad moral sobre el vivir o morir a costa de otros inevitablemente me remitió a Bokurano, uno de mis animes favoritos de todos los tiempos, que también se asemeja en la diversidad de personajes, la cual es buena y lo suficientemente diversa como para lograr una gama de personalidades y situaciones interesante, pues tenemos desde el inmigrante mexicano ilegal, hasta el pandillero, el joven universitario, el hombre de negocios, el rico, el discapacitado, la lesbiana, el militar, entre muchos otros, y eso le da un juego muy agradable y permite ir rotando el protagonismo entre los diferentes personajes con forme otros van muriendo.

Una cosa que se debe destacar muchísimo es el hecho de que toda la película transcurre por completo dentro de ese cuarto, los actores ni siquiera se mueven salvo cuando mueren y sus cuerpos son arrastrados fuera de la habitación, aun así logran transmitir la personalidad que su personajes les exige y te permiten amarlos u odiarlos en cuestión de minutos. Y eso da pie a un peculiar fenómeno, pues como espectadores seguramente decidiríamos votar por alguno de ellos si fuéramos parte de ese experimento tan sólo por su forma de pensar o la manera de dirigirse hacia los otros.

En lo personal me encantó la película, no es un tema original pues esa cuestión moral de cómo poder decidir quién vive y quién muere cuando nuestra propia supervivencia está en riesgo ya se ha abordado otra veces en el cine, aunque sin duda es un tema del que podemos hablar largo y tendido y espero hacerlo en algún momento en el futuro, pues aunque no lo creamos nuestras decisiones cotidianas pueden llegar a afectan a otros a ese nivel.

Un perfecto ejemplo de lo que acabo de decir que la crisis sanitaria que estamos viviendo. Para cuando esto se publique, seguramente ya estaremos en la fase 3 de la cuarenta por la pandemia de Covid-19, y si las medidas de contención fracasan no podremos pasar toda la vida encerrados en casa, pues la economía colapsaría provocando un caos mayor, obligando a los gobierno a optar por la “inmunidad de manada” y esperar que vivan los que logre reponerse a la enfermedad, aunque eso implique condenar a las personas que están dentro de los grupos de riesgo a una muerte casi segura. Sin ir más lejos, para el momento en que escribo esto (27 de marzo) en países como Italia o España la atención médica ya sólo se está brindando a las personas con mayor probabilidad de sobrevivir, pues sus sistemas de salud están colapsados.

Sin duda el tema de la vida y la muerte como una decisión personal es muy interesante y si bien ésta película no es la más grandiosa obra de la cinematografía, supera por mucha las expectativas que uno podría tener de ella, pues logra hacer que te cuestiones sobre cómo decidirías tú y que tan egoísta o heroico podría llegar a ser. Además de que el hecho de que toda la película transcurra por completo en un espacio cerrado y aun así logre generarte esa emoción, sin grandes efecto ni música de fondo (aunque con una muy buena ambientación sonora), tan sólo con las actuaciones y la propia complejidad del tema es algo para albar. Una película que obviamente recomiendo sobre todo sin son fans de género.

Golden Time

Título Original: ゴールデンタイム (Gôruden Taimu).
Género(s): Drama.
Director: Takuya Inaba
Estudio: Robot Communications Inc.
Emisión: 2014.
Duración: 21 minutos.
Extras:

Golden Time hace referencia al horario estelar en la televisión japonesa, y ya que la historia trata  sobre un viejo televisor que es desechado, el nombre no podría haberle quedado mejor. A primera vista el corto nos muestra un estilo retro, algo artesanal que me recordó inmediatamente el bellísimo anime de Tsumiki no ie, que resulta ser de la misma casa productora, y que luce un poco como una peculiar animación europea.

El estilo es diferente y eso de la un aire de frescura y originalidad, además de que enfatiza la belleza de la historia. Los diseños tanto de los personajes como de los escenarios son muy bonitos y van perfecto con la temática nostálgica del corto. Además, la banda sonora es igualmente buena, ya que tanto lo música como los sonidos ambientales son perfectos, sobre todo estos últimos.

La historia gira en torno a un viejo televisor de 1964 y parece tomar lugar en el Japón de los años ochenta. El viejo televisor es de esos antiguos muebles grandes y pesados de madera, que maravillaran a la audiencia a mediados del siglo pasado pero que fueron desechados debido a la modernidad. El televisor es dejado en un depósito de chatarra donde reciclan metal, allí conocer a otros objetos, un muñeco de cuerda, un ventilador, una cubeta y una pequeña silla, que se han hecho amigos y se ayudan para mantenerse vivos en aquel lugar que los tiene destinados al olvido. Al parecer algunos de ellos han sido desechados por descomposturas y otros simplemente sustituidos por algo más moderno a pesar de que aún funcionan.

Nuestro televisor se reúsa en un principio a aceptar su situación y trata de escapar pero sin lograrlo. Como aún funciona trata de demostrar que puede usarse, pero eso le sale mal y únicamente logra que le quiten sus piezas útiles. Mutilado y sin esperanza deciden acabar con su vida, pero sus nuevos compañeros tratan de impedirlo. Al final, el mueble es reutilizado por un joven trabajador del depósito, dándole una segunda vida aunque muy diferente de la anterior.

Los objetos antropomorfizados con memoria y, digamos, alma suelen vivir interesantes historia algo melancólicas, pues en ellos permanece el recuerdo de tiempos pasados que fueron mejores, cuando eran la novedad y todos los querían. Nuestro televisor solía reunir a la familia y ser un objeto importante, pero ahora es sólo un viejo mueble sin futuro. Esa memoria en los objetos no es otra cosa que una alusión a nuestros propios recuerdos, a las aventuras y vivencias, buenas y malas, que hemos pasado en compañía de algunas de nuestras cosas. Cuando las cosas adquieren eso que llamamos valor emocional es justo porque forman parte de los recuerdos de nuestro pasado, y eso es justamente lo nostálgico en este corto.

Otra razón que lo hace un poco triste es la inevitable referencia a los ancianos, pues así como un televisor viejo es remplazado por las vistosas novedades de lo nuevo, las personas mayores pueden sentirse relegadas por las nuevas generaciones y, si bien ya no son tan ágiles, fuertes ni rápidas como en antaño, eso no significa que debamos hacerlas aún lado. Mantenerse activo es una forma de seguir vivo, pues nos da un propósito y eso es algo muy particular que sucede en Japón, país con uno de los índices de longevidad más altos.

El corto es muy bonito, tiene un estilo distinto que considero es necesario que todos aquellos que consumen anime sepan apreciar, pues de lo contrario quedaremos limitados a un anime genérico donde los diseños son reciclados y vemos personajes que se parece a los mismo animes de hace veinte años. La historia es igualmente buena, pues te deja un emotivo mensaje sobre el valor de las cosas y te permite reflexionar sobre la vejes de una forma indirecta. Además, el hecho de que no tenga diálogos permite que cada espectador viva una experiencia distinta y personal.

Una gran recomendación para aquellos que gustan de consumir historias diferentes en el anime y que saben apreciar el trabajo artesanal que implica hacer, contar y animar una buena historia. Sin duda uno de esos pequeños cortometrajes que a pesar de no ser tan conocidos tienen mucho valor y nunca será un desperdicio darse el tiempo para verlos.

Perdí mi cuerpo

Título Original: Jái perdu mon corpse.
Género(s): Drama.
Director: Jérémy Clapin.
Estudio: Xilam.
Emisión: 2019.
Duración: 81 minutos.
Extras:

La animación europea tiene un estilo muy particular, sobre todo la animación francesa que se ha empezado a ganar un lugar entre la animación más reconocida a nivel internacional y se está convirtiendo en un elemento identitario de ese país. Perdí mi cuerpo es una película francesa que justamente tiene toda esa esencia europea tan única y cuya historia no sólo es original y emotiva, sino que logra evocarnos cierta nostalgia que sólo el buen cine francés puede lograr.

La calidad de animación es espectacular. El diseño de personajes es muy bueno, aunque al principio no me gustó mucho pues no estoy tan acostumbrado a este tipo de estilo. Los escenarios son bellísimos, muy detallados y sumamente realistas en ciertas escenas, aunque también mantienen ese aire de magia y fantasía que sólo puede lograr la animación. Los detalles que han puesto en los escenarios les da ese toque realista, sobre todo en las escenas en blanco y negro que enfatizan aún más la nostalgia que pretende evocar el filme.

El apartado visual es sumamente bueno, pero lo que se lleva las palmas es la banda sonora, tanto a nivel musical como en el audio en general, pues logra generar el ambiente perfecto tan sólo con lo que escuchamos, incluso sin la necesidad de diálogos pues muchas de sus escenas no los tienen. Hace mucho que no veía una película que me gustara tanto por su apartado sonoro. La historia es hermosa y visualmente es preciosas, pero su banda sonora es simplemente un deleite al oído.

Los personajes están muy bien logrados, son muy humanos y lo reflejan en sus errores y miedos constantes producto de su pasado, pero también logran superar algunos de ellos al atreverse a hacer algo inesperado y cambiar con ello su futuro. La historia no es algo común, pues resulta algo gore en una primera impresión pero lo convierte todo en una historia dramática llena de nostalgia y hermosos recuerdos.

La historia toma lugar en Francia y sigue la travesía de la mano amputada de Naoufel, un joven que pierde la mano debido a un accidente laboral. La mano parece cobrar conciencia y despierta en un laboratorio del cual escapa con la finalidad de regresar a su cuerpo original. En el camino deberá enfrentar diversos peligros y en cada paso recordará distintos momentos de la vida de Naoufel relacionados con su mano.

La historia alterna entre el pasado recordado por la mano, las aventuras de la mano y los días previos a que Naoufel sufriera el accidente. Los flash-backs nos permiten conocer la infancia de nuestro protagonista, mientras que en la historia actual vemos la vida del chico, cuando trabajando como repartidor de pizzas conoce a una joven llamada Gabrielle de quien se enamora. Naoufel hace todo para reencontrarse con ella, lo que lo lleva a aceptar un trabaja como aprendiz de carpintero con el tío de la chica, gracias a lo cual inicia una bonita relación entre ambos.

La historia de la infancia de Naoufel es dramática, la de su juventud es una historia de amor, ambas son muy buenas y emotivas, pero es sin duda la historia de la mano amputada la más interesante, pues la forma en que nos muestran su travesía por regresar a su cuerpo es tan intensa que te mantiene pegado a la pantallas en cada instante. Personalmente nunca creí que ver a una mano sortear los peligros de la ciudad pudiera ser tan emocionante. La forma en que logran generar un ambiente de tensión y suspenso es asombrosa y en parte todo eso es gracias a la ambientación sonora.

La historia de la mano no me quedó clara del todo, si fue real o una alegoría en la que un miembro desprendido hace todo lo posible por ayudar una última vez a su cuerpo. El que la mano tuviera vida, conciencia e incluso memoria le da ese toque fantástico tan original, tanto que incluso me atrevería a catalogar al filme como realismo mágico. Además de que me hizo pensar en la memoria muscular y en aquellos recuerdos que podemos evocar gracias a nuestro tacto, nuestras extremidades y lo que podríamos llegar a olvidar cuando perdemos un órgano.

La película me generó una sensación de emoción y aventura que no muchas veces he podido experimentar con obras animadas. Mucho menos en algo tan simple pero, al mismo tiempo, tan único como las andanzas de una mano amputada. La tensión que te genera ver a la mano enfrentar distintos peligros, la nostalgia del trágico pasado del protagonista y la chispa de emoción que siente al enamorarse se conjuntan de manera asombrosa para generar una historia grandiosa y muy emotiva, que sin llegar a las lágrimas te hace añorar y pensar en tus propios recuerdos.

Una película maravillosa y una excelente recomendación para quien gusta de la animación para adultos y de las temáticas nostálgicas y emocionales, pero también para los amantes de la aventura y sobre todo para quienes buscan una película en la que puedan apreciar y sentirse maravillados por igual tanto por su historia como por sus apartados visual y sonoro. Por que como ya lo mencioné, creo que esta es una película para disfrutar con los ojos, la mente y el oído.

Héroes Modestos

Título Original: ちいさな英雄-カニとタマゴと透明人間 (Chîsana Eiyu: Kani to Tamago to Tomei Ningen).
Género(s): Drama, Fantasía, Slice of Life.
Director: Hiromasa Yonebayashi, Yoshiyuki Momose y Akihiko Yamashita.
Estudio: Studio Ponoc.
Emisión: 2018.
Duración: 54 minutos.
Extras:

Héroes Modestos es una de esas películas que Netflix está emitiendo y que apelan a un estilo visual que nos remite a las obras de Studio Ghibli, aunque es este caso los directores de los tres cortometrajes que integran la película trabajaron en la afamada casa productora, incluso un cuarto segmento estaba planeado para integrarse e iba a ser dirigido por Isao Tahakata, quien lamentablemente falleció antes de realizar la animación.

La película se integra por tres segmentos de historias independientes que muestra personajes en situaciones algo complicadas las cuales sólo podrán resolver realizando un acto heroico y no en el sentido tradicional que la ficción nos ha enseñado, pues luchar contra un enemigo no es la única forma de ser héroe, ayudar a quien lo necesita o enfrentar una enfermedad potencialmente mortal también pueden ser actos heroicos. Una grandiosa recomendación para los fans del anime que buscan historia cortas pero emotivas.

Kanini y Kanino

Es el primer cortometraje y en él vemos a dos niños diminutos que viven en un riachuelo salir a pescar junto a su padre. Los tres viven juntos mientras la madre regresa de dar a luz. Mientras los hermanos duermen, una tormenta hace que la fuerza del agua suba, arrastrando a la pequeña hermana, su hermano mayor y su padre van en su búsqueda, pero la tormenta arrastra al padre y los niños se quedan sólo, teniendo que ser valientes para sobrevivir en un mundo lleno de peligros.

La historia es muy bonita y visualmente es impresionante, nos remite mucho el estilo tradicional de Ghibli con escenarios fabulosamente detallados, tanto que por momentos se ven muy reales. La música es igualmente buena, agradable y le va perfecto al estilo visual. La historia es de Fantasía, pues los niños parecen ser diminutos y pueden vivir tanto dentro como fuera del agua. Otro aspecto interesante es que si bien los personajes hablan se limitan a decir los nombres de los otros, haciendo que el corto sea prácticamente sin diálogos y eso le da un buen toque.

Life Ain’t Gonna Lose (Samurai Eggu)

El Segundo cortometraje es el más dramático de todos, en él vemos a Shun, un niño de primaria que es sumamente alérgico al huevo, tanto que tan sólo una gota de algo que contenga este común alimento le provoca una reacción anafiláctica que podría ser mortal. En el corto vemos parte del pasado del chico desde que nación hasta la actualidad y los cuidados y previsiones que él y toda su familia deben tener para evitar que muera. Siendo el huevo un alimento tan común en nuestra sociedad en varias ocasiones en chiquillo ha terminado en el hospital.

Las historia es muy buena y algo dramática, pues vemos al niño y su mamá enfrentar diversas situaciones en las que él termina con una severa anafilaxis que lo pone en peligro, también vemos los sacrificios que la madre hace para cuidarlo y lo difícil que es para Shun vivir así, a pesar de ello no se da por vencido y decide que hará lo que sea necesario para mejorarse. La música es muy buena y ambienta perfectamente, la cantidad de drama es adecuada pero el diseño de personajes, a pesar de ser muy bonito y colorido, tiene cierta parte digital algo artificial que no me terminó de convencer, fuera de eso es una historia maravillosa con un lindo mensaje sobre no darse por vencido a pesar de enfrentar una difícil condición médica.

Invisible (Tomei Ningen)

La última historia nos muestra la difícil vida que enfrenta un hombre invisible, quien no sólo es invisible en un sentido visual, sino que además está empezando a desaparecer en todos sentidos, se está volviendo etéreo, incapaz de mantenerse en el suelo si no lleva algo pesado que le evite ser arrastrado por el aire y pasando desapercibido para todos y todo, desde sus compañeros de trabajo hasta las máquinas, sólo algunos animales y personas son capaces aún de notar su presencia.

La serie es algo triste pues vemos cómo una persona empieza a desaparecer en todos aspectos y además nos plantea una interesante interrogante sobre los problemas que una persona con la habilidad de ser perpetuamente invisible podría enfrentar. El diseño es el más sobrio de todos, con una ciudad algo decrépita y gris que acentúan el sentido melancólico de la historia, sin olvidar el formidable trabajo de ambientación que logra el apartado sonoro.

Cuatro Lunas

Título Original: Cuatro Lunas.
Género(s): Drama, cine LGBT+.
Director: Sergio Tovar Velarde.
Emisión: 2014.
Duración: 110 minutos.
Extras:

Hace años se entrenó una barra en la programación de Canal 22 llamada Zona D, en donde pasan películas sobre temática LGBT+, ya en un par de ocasiones me ha tocado ver interesantes propuestas cinematográficas sobre el tema, más por casualidad que por verdadero interés, pero la película de la que hoy escribo me pareció muy buena y he decidido comentarla.

El filme nos narra cuatro historias independientes que por momentos interactúan entre sí cuando los personajes coinciden en algún lugar, pero cada una es completamente ajena al resto. Las historias toman el nombre de las fases de la luna y representa una etapa de la vida, protagonizada por uno o dos hombres de esa edad quienes enfrentan nuevos retos concerniente a su sexualidad en un sentido homosexual.

Luna nueva. Nos narra la historia de Mauricio (Gabriel Santoyo, a quien ya había visto en El Incidente), un niño que saber perfectamente que le atraen otros niños. Pese a estar consciente de sus preferencia sexuales tiene miedo de expresarlas pues cree que es un grave pecado, sin embargo, convence a su primo de mostrarle su pene y cuando lo hace Mauricio empieza a acariciarlo, desatando una serie de agresiones hacia él por parte de otros niños de la escuela cuando se enteran.

Esta historia nos muestra lo que pasa cuando la religión y los estigmas sociales inundan la mente de un niño, haciéndole creer que es una mala persona sólo porque le gustan los hombres. Pero sobre todo vemos que los padres tampoco están preparados para reaccionar ante este tipo de situaciones, lo que nos deja en claro que la educación sobre diversidad sexual debe ser tanto para padres de familia como para niños. La historia es tierna y a pesar de tratar temas de sexualidad infantil lo hace de manera muy inocente.

Cuarto creciente. La segunda historia nos muestra el reencuentro de dos viejos amigos de la infancia ahora en su etapa de universitarios. Leo es un joven de familia acomodada, mientras que Fito vive solo con su mamá luego de que su padre falleciera y tienen problemas financieros. Luego del reencuentro ambos terminan pasando la noche juntos y Fito le cuenta sus problemas a Leo, quien lo consuela y lo abraza. A la mañana siguiente se besan y como ambos lo disfrutar empiezan a pasar tiempos juntos e incluso tratan de tener relaciones sexuales, aunque al ser su primera vez no sale como esperaban. A pesar de ello terminan enamorándose.

Fito es quien fácilmente acepta su homosexualidad y busca expresarle su amor a Leo, pero este no quiere que se sepa nada, sobre todo por lo que su familia podría decir de él, así que mantienen su relación en secreto hasta que eventualmente las cosas empiezan a estar mal entre ellos. La historia nos muestra cómo el primer amor puede ser muy difícil cuando ambos no han aceptado su propia preferencia y se ven cohibidos por lo que la sociedad puede pensar de ellos. La historia de amor entre ambos es igualmente tierna, ya que los dos descubren su homosexualidad y luchan por aceptarla. También nos deja ver lo que puede pasar cuando las familias no apoyan a quienes tienen preferencias distintas a la heteronormatividad o, por el contrario, lo fácil que puede ser cuando sí se cuenta con el apoyo de los padres.

Luna llena. La tercera historia nos muestra una relación toxica entre dos hombres adultos, quienes llevan 10 años juntos como pareja. Hugo un chico español que gusta de los hombre masculinos y Andrés, su pareja que es un tanto afeminado. Hugo conoce a otro chico con quien empieza a mantener relaciones sexuales, lo que hace que su relación se debilite. Sin embargo, Andrés ama profundamente a Hugo y le da una oportunidad, pero Hugo no sabe si quedarse con su pareja actual y ceder ante el seductor deseo que su amante le provoca.

Lo que me gusta de esta historia es que es cruda, la relación era tóxica y a pesar del amor de uno de los protagonistas las cosas no logran funcionar ya que ambos no ponen de su parte con la misma intensidad. Al final, el desenlace que vemos me parece que es el más sano de todos y representa lo que deberíamos hacer cuando en nuestras relaciones afectivas no existe la misma confianza por parte de ambas personas.

Cuarto menguante. La última historia fue la más enternecedora, pues nos muestra a un hombre de la tercera edad que trabaja como catedrático en una universidad, escribe poesía por la cual le realizarán un homenaje, tiene esposa, hijos y nietos, sin embargo, se enamora de un joven prostituto que acude a dar servicio a un club de hombres adinerados. El maestro Joaquín trata de reunir el dinero para pasar un rato con aquel chico, al tiempo que intenta sobrevivir a la monotonía de su vida en familia.

La sexualidad en las personas mayores es algo que se ha negado socialmente desde siempre, pero ver a un hombre entrado en años, con una vida hecha y una familia tradicional emocionarse por estar con un hombre joven y sensual me pareció bastante tierno, sobre todo porque después de todo lo que ha pasado en su vida el poder expresar esos deseos homosexuales aún a su avanzada edad es interesante y además es un reflejo de lo poco que la sexualidad en adultos mayores ha sido abordad en todos los ámbitos del arte. Al final, el chico de la un honesto gesto de aprecio a Joaquín, quien sigue con su vida cotidiana.

La película me pareció maravillosa y creo que todos deberíamos poder apreciar y disfrutar de este tipo de romances incluso si no somos parte de la comunidad LGBT+, pues si bien los personajes son homosexuales, nosotros no necesitamos serlo para poder apreciar tan hermosa obra. Y la mejor parte es que las historias son realistas, crudas por momentos, enternecedoras, románticas y tiernas, como todo buen romance debería ser.

La inocencia de Mauricio ante sus preferencias pero al mismo tiempo la seguridad de saber lo que le gusta, la pasión de Fito y Leo ante su primer amor homosexual y las dificultades que salir del closet acarrean a su vida familiar, la desgarradora realidad de una relación perdida entre Hugo y Andrés que a pesar del amor no fue suficiente para arreglarse, o el vacilante deseo de un viejo buscando un último atisbo de felicidad. Sin duda una grandiosa película que nos muestra que para un buen romance no importa el género ni la preferencia sexual.