Otaku no Video

Título Original: おたくのビデオ (Otaku no Video)
Género(s): Comedia, Drama, Documental.
Director: Takeshi Mori.
Estudio: Gainax.
Emisión: 1991.
Duración: 50 minutos.
Extras: More Otaku no Video.

Cuando uno inicia en el mundo del anime (o al menos en mis tiempos) solemos buscar algunos de los clásicos más afamados entre los fans, entre ellos el inigualable Neon Genesis Evangelion, lo que nos hace conocer al maestro Hideaki Anno, y eso eventualmente nos conduce a Gainax y al resto de sus obras. Una de ellas es una mezcla de mediometraje animado y documental conocido como Otaku no Video, que retrata la vida de esos extraños personajes apasionados por las cosas de ficción durante las décadas de los 70 y 80.

Otaku no Video se divide en dos partes. Una de ella es una historia animada por Gainax en la que seguimos el paso de Kubo, nuestro protagonista, para convertirse de un popular joven jugador de tenis y con novia (alguien normal) a un friki rechazado social. La historia inicia cuando Kubo se encuentra a Tanaka, un antiguo amigo de la escuela, quien le habla de sus pasatiempos relacionados con el anime, el manga y la Ciencia Ficción. Kubo no le presta mayor atención hasta que vuelve a encontrarse con Tanaka y sus amigos, entre ellos una chicha que hace un sexy cosplay de Lum Invader. A partir de ese momento se ve un poco interesado y termina conociendo al resto de compañeros.

Tanaka lleva a Kubo a su guarida, un departamento donde él y el resto de sus colegas pasan el tiempo viendo series, leyendo historietas, fabricando disfraces, publicando fanzines, analizando efectos especiales y juntando figuras coleccionables. Cada uno es un experto en algo, el fan de las armas y las cosas militares, el conocedor del anime y manga, el experto en Ciencia Ficción, la ilustradora y demás especialidades.

La nueva afición hace que Kubo descuide el resto de sus actividades, desde su forma física hasta sus relaciones personales. Kubo engorda, deja de cuidar su aspecto y descuida a su novia al grado de perderla. Digamos que el protagonista se apasiona tanto por la cultura Otaku que cae en una debacle y termina sumergido en un mundo de personas incomprendidas y discriminadas. Al percatarse de esa segregación que sufren los Otakus por seguir su afición se enoja y decide que si la sociedad no puede aceptarlo entonces se convertirá en el Otaku de Otakus, el Otaking.

La calidad es muy buena aún para el año en que se produjo y los escenarios están llenos de referencias a muchas de las obras de anime que fueron populares durante los 80. Además de que en cierta forma se basa en la vida de algunos de los integrantes de Gainax, quienes formaron parte de grupos de investigación de manga o Ciencia Ficción cuando eran jóvenes. Otro aspecto importante es que va dando fechas de estrenos de animes y el uso de un lenguaje muy “técnico” sobre el mundillo friki, palabras que se van explicando al protagonista durante su entrada en esta afición (aunque conviene ver una versión donde el subtitulador agregue anotaciones pertinentes para entenderlas).

Creo que la parte animada, al explicar muchas de esas cosas frikis, podría resultar una introducción interesante para quienes recién se sumergen en el mundo del anime e incluso para quienes no conocen nada al respecto. No obstante, si bien hay un obvio reflejo de la mala fama que tiene los Otakus en Japón, el hecho de que el personaje fuera una persona “normal” al principio del filme nos invita a reflexionar sobre el porqué algunas personas son discriminadas por sus pasatiempos y otras no.

La segunda parte son una serie de entrevistas a Otakus del anime, el manga, el cosplay, las cosas militares y la pornografía, cada uno fan de una cosa en particular. Las entrevistas fueron entrevistas reales (aunque por momentos parecen algo arregladas) ha adultos alrededor de los treinta años, en promedio, donde se les pregunta sobre su pasado en la preparatoria y universidad, cuando pertenecieron a algún grupo Otaku. En los relatos que hacen los entrevistados se observan principalmente dos cosas: (1) la añoranza de un tiempo pasado cuando eran más felices y podían dedicar tiempo a su afición, y (2) el intento de ocultar de cierta forma esos gustos por lo que pudiera decir la gente ahora que son adultos trabajadores (la mayoría Salaryman).

Las entrevistas dejan ver en claro ese estigma que se tienen de los Otakus como fanáticos extremos de algo en particular, tanto que incluso la voz de los hombres es modificada y su rostro censurado, como si no quisieran que sus jefes y compañeros de trabajo se enteraran de las cosas que les gustaban cuando eran jóvenes. Todos ellos pertenecieron a algún grupo friki durante la universidad o la preparatoria, pero ahora parece que sólo se dedican a su trabajo. El termino Otaku durante los años 90 era totalmente peyorativo (aún lo es en Japón) y el documental refleja lo difícil que fue para esa generación poder disfrutar de su pasatiempo.

El documental tiene un poco el sesgo, al igual que la parte animada, de mostrar al Otaku como un perdedor, como un fracasado sin vida que prefiere la seguridad de la ficción a la intensidad de la vida real, y para algunos entrevistado realmente era así. Y a pesar de toda la discriminación que sufrieron cuando jóvenes, esa época friki fue la mejor en la vida de todos ellos, pues al crecer tuvieron que asumir las responsabilidades de los adultos y ya no pudieron dedicar tiempo a esas aficiones que los hacían tan felices. Quizás hoy sea más sencillo para nosotros seguir disfrutando de ver anime ya de adultos, pero para los adolescentes de los 80 no lo fue, y considero que es una parte de la historia que todos los amantes de la animación deberíamos conocer.

La forma en que los entrevistados narran sus vivencias resulta algo nostálgica, incluso a mí, que no viví en los 80, me hizo sentir algo de añoranza por esa época y, sobre todo, me recordó mi época de preparatoria, cuando (en lugar de fanzines) decidí iniciar un blog para tener un espacio donde hablar de lo que tanto me gustaba, la animación japonesa (de eso ya hace más de diez años). El remontarme a mi época de bachiller me hizo pensar que esa etapa fue la más apreciada por esos japoneses pues fue cuando tuvieron mayor posibilidad para dedicar su tiempo libre a lo que ellos disfrutaban, algo que sabían iban a perder cuando entraran al mundo laboral.

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Podcast, Primer Aniversario

DeFicciones

Se cumple un año desde la emisión del primer podcast, un año en el que hemos aprendido a editar audio, a hablar más coherentemente, conocido nuevas personas y subido cerca de 10 horas en archivos a Internet. Cuando empecé el podcast veía muy lejos esta fecha, ahora está aquí y de momento no puedo imaginarme qué le deparará el futuro a DeFicciones, pero una cosa es cierta, seguiremos haciendo esto mientras tengamos tiempo y voz para hacerlo. A corto plazo se vienen cambios buenos y muy vistosos, temas aún más frikis y nuevos invitados, así que estén atentos.

El podcast de hoy es para conmemorar este primer aniversario y además hablar de un tema que creíamos había sido superado hace ya algunos años por parte de la sociedad pero que al parecer no ha sido así: la satanización de la cultura Otaku como algo que daña la mente de los jóvenes. Los tiempos en que se consideraba al anime como algo perverso, violento y dañino no han quedado atrás, aún hoy hay sectores de la sociedad que consideran al gusto por la animación japonesa, al manga y demás derivados como algo perjudicial para la juventud, ideas que tiene su origen en el desconocimiento total de este fenómeno cultural.

animedeldiablo

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El día que Genshiken se volvió real y llegó a México

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Todo buen friki con estudios de bachillerato e interés por estudiar a nivel profesional ha soñado con estudiar algo relacionado a su hobby (animación en la mayoría de los casos), o en dado caso de que ya sea profesionista, desarrollar una investigación (dígase tesis) sobre su pasatiempo. Cuando iba en la preparatoria decidí no estudiar algo concerniente a la animación o la escritura por dos razones, la primera era la falta de talento artístico en ambos rublos y la segunda era que no quería terminar odiando mi afición favorita cuando esta se convirtiera en mi trabajo (como le está pasando al Ral-Negas). Así que opté por la segunda cosa que más me gustaba y que no me importaría odiar si en algún momento me frustraba trabajar en ello. No obstante, como los lectores más fieles sabrán, si hubiese existido una escuela para estudiar Ciencia Ficción habría estudiado allí (en realidad quizás tampoco pues esa pasión por dicho género se me desarrolló ya en la licenciatura).

Mientras estudiaba la carrera y viendo lo laxa que puede ser la antropología en cuanto a los temas de estudio (es decir, puedes estudiar prácticamente cualquier cosa mientras esté vinculado con las sociedades humanas y tenga rigor científico), me pregunté muchas veces si alguien ya se habría interesado por el anime, el manga o la Ciencia Ficción como temas de estudio; así como esa serie de Genshiken y su Sociedad por el Estudio de la Cultura Visual Moderna. Si algo así podía pasar era muy factible que fuera en ENAH.

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Un día, en clase de Cerámica (odio analizar cerámica), una amiga llegó con un folleto que, según sus palabras, “quizás me interesaría”. Dicho folleto era para apoyar llenando unas encuestas sobre Japón y el anime para un grupo llamado Círculo de Estudios sobre la Subcultura Japonesa en México (CESJM), grupo que pertenecía a mi escuela y estaba integrado por Etnólogos y Antropólogos, así como por alumnos del respectivo posgrado. “Esto es lo más cercano a Genshiken que podré conocer jamás”, me dije. Entré a su blog, llené mi encuesta y me suscribí para ver qué cosas decían sobre el anime y su influencia en México desde una perspectiva científica respaldada por una institución educativa.

Para ese momento estaba consciente de que mis capacidades no eran suficientes como para retorcer a la arqueología al punto de que pudiera hacer una tesis relaciona, así que me decidí por observar el trabajo de otros. Pero espere, y espere, y seguí esperando al punto de cancelar mi suscripción de su blog. No publicaban nada y parecía ser un proyecto fantasma del que no se hablaba en ningún lado. Para mi fortuna y gracias a un post de Ragnarok me enteré de que el CESJM seguía con vida y no sólo eso, sino que estaba organizando una serie de conferencia sobre el fenómeno Otaku en México a cargo del Antropólogo y Mangaka japonés Eiji Otsuka. Como esa semana era mi examen profesional sólo pude asistir a la primera conferencia, y quedé sorprendido de la cantidad de gente que fue, tampoco es que fuese mucha, pero si normalmente vemos menos de quince personas en los coloquios que se hacen de forma regular, ver el auditorio pequeño de la escuela casi lleno deja a las claras que hay más fans del anime en nivel superior de lo que parece. Supongo que la mayoría no sólo se queda en la prepa.

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Ya había visto cursos o conferencia sobre Ciencia Ficción y Anime en la UNAM, pero está era la primera vez que se hacía algo relacionado en mi escuela. Honestamente me alegró saber que el tema friki sí es objeto de estudio por parte de quienes nos denominamos científicos sociales. Yo desde mi trinchera estancada en el estudio de objetos de sociedades que vivieron en el pasado no puedo hacer mucho (de momento), pero es bueno saber que ya hay gente haciendo algo, y que esa gente son los ahora profesionista que fueron frikis en la preparatoria, porque quién más haría una tesis titulada El Impacto de la Animación Japonesa en México: el papel del discurso mítico en la construcción de identidades ritualizadas en jóvenes de la Ciudad de México. Álvaro Hernández es el autor de la metada tesis y un pionero en la antropología mexicana sobre este tema de estudio, un friki que logró ese sueño de estudiar lo que tanto le gustaba al grado de que ahora estudia su Maestría en la Universidad de Kobe.

Creo que si el frikismo (u otakismo, según prefieran) se canaliza en acciones como esta entonces todas esas hora viendo anime, leyendo maga o jugando videojuegos no son para nada un desperdicio de tiempo. Álvaro no es el único caso, ya en Facebook publiqué algunos títulos de tesis de maestría sobre Ciencia Ficción. Creo que es momento de retomar mi frikismo de la prepa y canalizarlo en un posgrado.

Les dejo el video de la conferencia que Eiji Otsuka presentó en mi escuela el pasado 30 de noviembre.

Evangelion y mi inmersión en el anime

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Cuando iba en la escuela secundaria (2002-2005), teníamos en la familia una vieja computadora Windows 98 de esas armadas que eran muy comunes en la década de los noventa. Nadie de mi familia sabía aprovecharla realmente, nos limitábamos a usarla como máquina de escribir. En ese entonces prácticamente nadie tenía internet en sus casas y sólo un par de cafés-internet brindaban ese servicio; yo no tenía idea de cómo navegar en la red, ni tenía correo electrónico y lo más que sabía hacer para obtener información era consultar las viejas y hoy extintas versiones de Encarta. Lo que hacíamos en ese entonces para compartir información, imágenes, videos y juegos era quemar nuestros propios CD o intercambiar los viejos discos de 3½ (eran esos que hoy sólo pueden verse en el ícono de “guardar” de Word). Y sí, sé que para esas fechas ya todos escuchábamos música en discos y sólo algunos de nuestros padres guardaban sus viejos casetes (aunque a mí todavía me tocó tener walkman e incluso de pequeño llegue a escuchar discos de acetato, nací en 1990), pero en lo que respecta a la computación, México siempre ha estado un par de décadas por detrás de los países más desarrollados.

Como mi computadora ya era muy arcaica, se descomponía casi cada fin de semana; la impresora tenía la manía de desconfigurarse cada que yo tenía que imprimir una tarea de la escuela. Tratando de palear los desperfectos, frecuentábamos un café internet que además ofrecía servicios de reparación, regenteado por uno de esos técnicos en informática cuyo nivel de conocimiento era comparable al de cualquier chavo actual de preparatoria. En una de tantas, el tipo ese le metió un montón de imágenes y un juego súper genial del que me volví un fanático y que me dejó muchas horas de diversión con mis amigos de preparatoria, Age of Empires II. Entre las imágenes habían muchas de Dragon Ball y otras series que había visto, pero de otras no tenía ni idea. Sin embargo, dos imágenes llamaron mi atención de entre los cientos que ahora tenía mi computadora. La primera de ellas era una imagen de Asuka Langley tocando el violín con las leyendas “Asuka” y “nostalgia” (La segunda imagen de este post), la otra era una imagen del álbum Der Mond de Yasuhiro Yoshiura donde se ve al Eva 02 de fondo en una ciudad derruida con Asuka en primer plano (la tercera imagen del post); también había otras imágenes de Evangelion parecidas a la que encabeza esta entrada, donde se ven tanto a los tres pilotos como a sus respectivos Evas. En ese entonces yo imaginaba que se trataba de una serie donde los Evas (que yo no sabía que se llamaba así) era extraterrestres que invadían la tierra y los niñitos (Rei, Asuka y Shinji) tenían poderes y los combatían.

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El tiempo trancurrió y la vieja computadora pasó a mejor vida. Afortunadamente, en un aguinaldo de 2004, mi mamá decidió comprarme una computadora nueva, pues no quería estar batallando cuando entrara a preparatoria el año siguiente. Así fue como obtuve mi primera PC de marca, una HP con Windows XP que aún hoy conservo con mucho cariño pese a no usarla más. Ya que entré a la preparatoria también contratamos servicio de internet, pero no con wifi como ahora, sino con las tarjetas prepagadas de Todito que requerían conexión mediante vía telefónica (Dial-up) e impedían usar el teléfono cuando estabas conectado. Sí, era ese que se conectaba haciendo una llamada y generando un peculiar sonido que muchos recordamos con nostalgia. Con ese internet que corría a 56k pude buscar la palabra “Asuka”, pues era lo único que recordaba de aquel grupo de imágenes que tanto me impactó. Descubrí que la serie se llamaba Neon Génesis Evangelion y que en nada tenía que ver con lo que yo imaginaba.

En diciembre de 2006 yo caminaba hacia mi casa cuando al pasar por un puesto de videojuegos y anime pirata vi una portada que decía Evangelion, me detuve de inmediato y compre la bolsita de plástico con su disco al interior, los veinte pesos mejor gastados de mi vida (aunque de hecho ya no recuerdo cuánto costó en realidad). Esa misma tarde, en punto de las 18 horas, empecé a verla y no me detuve hasta terminar el capítulo 26 a eso de las 2 de la mañana. La serie era la versión original con el doblaje original en español, y además incluía las dos películas (Death and Rebirth y The End of Evangelion) aunque en español de España, que vi la mañana siguiente en compañía de un primo que casualmente llegó a mi casa y que al igual que yo quedó impactado con las imágenes que tenía en pantalla. Ver toda la serie de corrido me resultó tan impactante que desde ese momento quedé inmerso en el mundo de la animación hasta el día de hoy.

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Con el paso del tiempo empecé a leer todo lo que encontraba sobre Evangelion en internet y a recopilar todas las imágenes que podía (actualmente tengo una carpeta con más de cinco mil imágenes distintas entre capturas, artwork y fanart). Como consideraba a la serie algo maravilloso, creí que no necesitaría ver nada más el resto de mi vida, antes de terminar el año ya la había visto unas tres veces. Sin embargo, al llegar enero ya buscaba en los café internet, pues habíamos dejado de usar Todito, información sobre Love Hina, la segunda serie de anime que vi; la tercera fue Elfen Lied y la cuarta Serial Experiments Lain.

La densidad argumental y la calidad de esas primeras series me llevaron a interesarme por la Ciencia Ficción y el Cyberpunk. Para junio de 2007 había visto tantas series que decidí abrir un blog para reseñar todo lo que veía y poder recordar de qué trataba cada obra, como una especie de bitácora personal pero compartida con todos los internautas; también asistí a mis primeras convenciones en compañía de mi primo, quien al igual que yo empezó a ver anime gracias a Evangelion, aunque después de cuatro o cinco veces me arté de que cada convención fuera lo mismo y dejé de asistir. Así caí, sin quererlo y gracias a un no tan buen reparador de computadoras, en el mundo del frikismo y la animación.