Chicuarotes

Título Original: Chicuarotes.
Género(s): Drama.
Director: Gael García Bernal.
Emisión: 2019.
Duración: 96 minutos.
Extras:

El término Chicuarote hace referencia a los habitantes del barrio de San Gregorio Atlapulco en la alcaldía de Xochimilco en la Ciudad de México, una de las zonas más afectadas por los pasados sismos de septiembre de 2017, escenario en el cuál se desarrolla la segunda película dirigida por Gael García Bernal.

La película nos muestra la precaria vida de “el Cagalera” y “el Moloteco”, dos jóvenes que tratan de ganar algo de dinero con rutinas de payasos en los microbuses de la ciudad, sin embargo, ante el bajo apoyo que reciben de los usuarios su frustración por no tener dinero los lleva a asaltar a los pasajeros. Uno de sus amigos les cuenta que uno de sus tíos puede conseguirles una plaza en la compañía de luz, pero primero tienen que pagar 20 mil pesos, para tratar de salir de la miseria en la que viven, deciden aceptar las propuestas que les llegan para comer más delitos a fin de juntar dinero.

 

“El Cagalera” está harto de la vida que lleva, pues no tienen dinero para comprar ni siquiera comida decente, además de que la violencia familiar que vive en su casa está llegando a límite insoportables, sin hablar de la precariedad y el hacinamiento en que él, sus dos hermanos, su mamá y el alcohólico de su padre viven. Deseoso de conseguir el dinero para comprar su plaza y por fin salir de pobre, decide secuestrar al hijo del carnicero, el hombre más acaudalado del pueblo. Sin embargo, las cosas no salen como esperaba y su plan termina en un linchamiento público.

La película tiene dos elementos a destacar, en primera el grandioso desarrollo de los barrios lumpen que me hicieron recordar por un momento a la película Atroz, pues la marginación, la pobreza, la falta de recursos y el bajo nivel educativo son los ingrediente para que las personas queden atrapadas en una situación que se vuelve cada vez más difícil. La pobreza lleva a los hombres al alcoholismo y con ello a ejercer violencia hacia sus esposas e hijos, estos últimos replican esa violencia con otros niños y el círculo se vuelve infinito.

El aspecto de la violencia está muy bien desarrollado, pues no es que los chicos sean malos, sino que su situación precaria los lleva a un límite en el que sólo desean escapar de allí, salir de sus casas o de sus pueblos en busca de una vida mejor. Y muchas veces esos intentos los llevan a cometer delitos, caer en las drogas o involucrarse con personas muy peligrosas. Este aspecto, aunado a la perfecta selección de las locaciones logró un excelente desarrollo de esos barrios bajos de la ciudad de México, que adquieren un tono más rural al estar filmados en los canales de Xochimilco.

El segundo elemento importante es la construcción de los personajes, sobre todo por retratar perfectamente la diversidad de personalidades que es posible encontrar en un pueblo como este, así como los apodos, la forma de hablar, la forma de relacionarse entre ellos y los mecanismos mediante los cuales se reproduce la violencia.

El Cagalera” tenía como novia a una chica de su edad llamada Sugheili, quien vivía con sus padres y trabajaba en una estética atendida por dos transexuales. El Carnicero era un hombre adinerado (para los estándares del pueblo) y que tenía los medios para contratar a personas que lo apoyaran a buscar a su hijo, como “el Chillamil”, un loco y asesino. El padre del protagonista “el Baturro” era un alcohólico que empezaba a sufrir los estragos de la cirrosis, mientras que su mamá se muestra como la típica madre abnegada que soporta las golpizas de su marido pero que es capaz de hacer lo que sea por sus hijos.

Los hermanos del “Cagalera” también son interesante, su hermana es una chica de secundaria que anda de novia con un chavo de otra colonia, razón por la que su hermano se enoja pues anda de “fácil”. Su otro hermano es un homosexual de closet que trata de mostrar interés con el cine y la literatura, añorando, al igual que sus hermanos, salir de ese pueblo, pero sin el valor para hacer algo por lograrlo. Finalmente, “el Moloteco” fue mi personaje favorito, pues nos muestra a un joven leal y acomedido que la miseria le ha llevado a hacer lo que ha hecho, él no es malo, su situación no le ha dejado otra opción, de hecho tiene una personalidad bastante retraída y ya que viveo sólo es notoria la falta de afecto que debió padecer de niño.

La temática de los barrios lumpen en la ciudad de México es algo que siempre me ha llamado la atención, las condiciones de vida en las hacinadas y precarias vecindades que pululaban en la década de los 80 me resulta atractiva, pues me remite a una versión más real y contemporánea de lo que es el Ciberpunk, aunque sin la tecnología ni las extremidades biónicas, en el fondo la vida de las clases más desfavorecidas siempre está plagada de sufrimiento, violencia y desprecio por parte de quienes no deben soportar las mismas condiciones que ellos.

La película me gusto por sus personajes y la construcción del contexto social y urbano en el que se desarrolla, y aunque la historia no es la gran cosa creo que logra darnos un buen reflejo de los barrios bajos de la capital del país, sus problemáticas y las razones por las cuáles es muy difícil para sus habitantes salir de esa situación, pues finalmente el sistema sociopolítico genera un círculo que les impide escapar, como si a propósito buscaran mantener aisladas dentro de los barrios más desfavorecidos a las personas con menos capacidad adquisitiva.

Kong: La Isla Calavera

Título Original: Kong: Skull Island.
Género(s): Monstruos.
Director: Jordan Vogt-Roberts.
Emisión: 2017.
Duración: 118 minutos.
Extras:

El universo de los grandes monstruos reiniciado en 2014 con la nueva versión estadounidense de Godzilla trae de vuelta a otro de los grandes clásico del este tipo de cine y sin duda uno de los más queridos, King Kong, el gran simio. Kong: La Isla Calavera es la segunda película que integra el nuevo Monsterverso del Kaiju rey, y se inserta en la misma trama a través de Monarca, la entidad gubernamental secreta encargada de investigar a los grandes monstruos del pasado.

La serie toma lugar en la década de los 70, al final de la Guerra de Vietnam. Un grupo de científicos descubre una isla en el Pacífico y deciden volar hasta ella para investigarla antes que los rusos. Aprovechando la expedición, un grupo financiado por el gobierno estadounidense llamado Monarca se une a ellos y a los militares que los adentrarán en la isla para realizar investigaciones geológicas. Sin embargo, lo que Monarca realmente quiere es comprobar su teoría de la Tierra Hueca y la existencia de gigantes criaturas que habitan en las profundidades.

La mítica isla está cubierta por un sistema de tormenta perpetuo que la había mantenido oculta hasta ahora, así que sólo pueden entrar usando los helicópteros militares. Las fuerzas armadas servirán además para proteger a los investigadores que cualquier amenaza, aunque desconocen totalmente las intenciones de Monarca y la existencia de los monstruos. Además de ellos, se unen a la expedición una hermosa reportera, Mason Weaver, y un experto en supervivencia y rastreo en entornos hostiles, James Conrad.

Al llegar empiezan sus investigaciones, para ello usan cargas sísmicas que les permitirán medir la composición del subsuelo. Las explosiones provocan el enojo de Kong, un gigantesco gorila que destroza a la armada en un santiamén. Dispersos, heridos y con múltiples bajas, los sobrevivientes tratar de escapar de la isla, aunque el Teniente Presto Packard está decidido a vengar las muertes de sus hombres y destruir a ese gorila a como dé lugar.

Mientras vagan por la isla se encuentra con Hank Marlow, un piloto estadounidense sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial que se estrellara en la isla muchos años atrás. Él lleva a los sobrevivientes a la aldea de los Iwi, los nativos habitantes de la isla, quienes veneran a Kong como un dios. Allí entienden la importancia que tiene el simio para mantener intacto y vivo aquel exótico ecosistema.

Hank explica que Kong en realidad es un protector, pues cuida la isla y a sus habitantes de la verdadera amenaza, los skullcrawlers, unas criaturas que vienen de las profundidades de la tierra. Al ver la ferocidad de esas criaturas, Conrad, Weaver y Marlow intentarán evitar a toda costa que Packard logre su cometido, pues sin Kong en la superficie, las criaturas del inframundo emergerán y acabarán con todo.

La película se aleja un poco de algunos elementos clásicos del universo de Kong, pero la acción, variedad de criaturas y su unión con el universo de Godzilla son suficientes para hacerla entretenida. Y aunque el principio es algo lento, las escenas de acción son buenas y te mantienen enganchado a la pantalla, aunque los personajes sean completos clichés y algunos de ellos, como Packard y su obsesión militar, resulten frustrantes. Por otra parte, Marlow aporta ese toque de comedia absurdo que en realidad es innecesario pero que le queda, mientras que Weaver a pesar de ser intrépida y decidida, no deja de ser el simple atractivo visual. Lo que más me gustó fue ese trasfondo folclórico que los Iwi le dan a los orígenes de Kong.

Sin duda una película obligada para quienes se haya hecho fans del Monsterverso iniciado en 2014 y para quienes gusten de seguir las distintas adaptaciones cinematográficas del simio rey. A mí personalmente la película me gustó más que la primera entrega de este nuevo universo de Godzilla, pues si bien es simple y plagada de estereotipo me resultó bastante entretenida.

El año de la peste

Título Original: El año de la peste.
Género(s): Ficción Especulativa.
Director: Felipe Cazals.
Emisión: 1979.
Duración: 109 minutos.
Extras:

Hace cuarenta años, el directo Felipe Cazals presentaba la película El año de la peste, con guion de Gabriel García Márquez. Dicho filme, al parecer basado en El Diario de la Peste de Daniel Dafoe, nos presenta una historia ficticia sobre una extraña enfermedad que empieza a propagarse por alguna ciudad de México y cuyas similitudes con lo ocurrido en este 2020 con la pandemia de Covid-19 son extrañamente perturbadoras.

En filme nos narra la historia de dos médicos que notan la presencia cada vez más frecuentes de enfermos de neumonía, cuyos síntomas son tos, dolor de cabeza y fiebre, lo que eventualmente deteriora la salud de algunos debido a una trombosis pulmonar que los lleva a la muerte. Al principio parecen casos aislados, pero pronto se dan cuenta de que el brote tiene el potencial de volverse epidémico y dan aviso a las autoridades.

Las autoridades por su parte, temerosos por lo que el pánico pueda causar en la población, deciden ocultar el asunto. Para ellos hace uso de los medios de comunicación para acallar toda noticia relacionada con la enfermedad y justificar las acciones del gobierno con otras cosas. Por ejemplo, decir que los edificios evacuados han sido por fugas de gas y no por enfermos. No obstante, la magnitud de la epidemia escala tanto que llega el momento en el que resulta imposible seguir ocultado la verdad.

Una de las medidas para ocultar el problema y tratar de frenar el avance de la enfermedad fue adelantar las vacaciones de semana santa dos semanas y así tener al sector educativo fuera de las calles por un mes. Se empezaron a emitir frecuentes boletines por diversos medios sobre medidas de higiene como hervir el agua, lavar todos los alimentos y, principalmente, lavarse las manos. Sin olvidar la recomendación para evitar las multitudes y mantenerse, sobre todo a los enfermos, en aislamiento.

Luego de algunos casos, los médicos creen que se trata de la peste, como la que azotó a Europa durante la Edad Media, pero no de la misma enfermedad exactamente. Todo indicaba que se enfrentaba a una peste neumónica, que provocaba una infección bronquial aguda, pero que alrededor del 70% de los enfermos lograrían recuperarse sin problemas.

Eventualmente la enfermedad se sale de control y llega a Noruega, con lo cual el gobierno se ve obligado a dejar de ocultar el problema. Hombres enfundados en vistoso trajes amarillos rocían la ciudad con una espuma desinfectante, gente asustada hace sacrificios en Teotihuacán rogando a los dioses parar la epidemia, la gente rica con acceso a buenos servicios médicos pide se prohíba la entrada a los pobres porque podrían infectarlos, el personal médico no se da abasto y al final sólo quedan voluntarios atendiendo los nosocomios, el gobierno analiza si debe o no usar al ejército para calmar los disturbios y los camiones de basura recogen cuerpos sin vida de los miles, si no es que millones, de fallecidos por la peste.

Es interesante observar las proféticas similitudes con lo que está pasando actualmente en México debido a la pandemia de Covid-19 que afecta al mundo entero. Sobre todo en lo socioeconómico, en el hecho de algunos no creen que la peste sea real o en la falta de recursos para afrontarla, sin olvidar los agravantes como el hacinamiento, las colonias sin servicios básicos o el gobierno tratando de ocultar algo que hace mucho se le salió de las manos con la complicidad de los medios de comunicación, y obviamente la tremenda desigualdad económica que provoca una mayor cantidad de muertos.

Hace tiempo ya les había comentado por qué yo nunca he considerado a las películas sobre virus o desastres naturales como Ciencia Ficción, sino como Ficción Especulativa, que se basa en la pregunta ¿qué pasaría si…?, por ejemplo, ahora estamos viviendo en carne propia qué pasaría si una nueva pandemia ocurriera en la realidad. Las obras de Ficción Especulativa se basan en eventos que ya han ocurrido o que podrían ocurrir, como las pandemias o los desastres naturales, por eso se les conoce también como Ficción de Anticipación, y creo que El año de la peste anticipó muy bien lo que podría pasar en México si tuviera que enfrentar una epidemia.

Me encantó la película por esa cuestión de haber anticipado muy bien su ficción a la realidad, pero fuera de eso la película es mala, muchos personajes están de más, a mitad de la cinta ocurren eventos que no tienen razón de ser ni aportan nada, hay excesos constantes y lamentablemente tiene algo de lo que creo que todas las películas de los 70 y 80 hacen uso: una o dos escenas musicales donde un cantante medio famosos del momento (o amigo del algún productor) interpreta uno de sus “éxitos” completo. Esos minutos de música no aportan nada y para una película de este género le resta muchísimo, pero es algo tan recurrente en el cine mexicano de aquellos años que considero puede incluso ser un elemento para caracterizar dicha época. Y ya para terminar, el final es mediocre e inconcluso.

A manera de conclusión puedo decir que la película resulta interesante por las similitudes que logró con la realidad vivida en este 2020, también por el hecho de abordar aspectos importantes en relación a cómo afecta una epidemia a nivel social, económico y político, incluso religioso, aunque le faltó lo de las compras de pánico. Película recomendable para esta cuarentena sin duda, más por el tema que por su calidad general y sobre todo por el mensaje que da sobre el manejo de éste tipo de crisis: informar con veracidad siempre será mejor que ocultar las cosas.

Atroz

Título Original: Atroz.
Género(s): Thriller policiaco, Snuff, Found Footage, Gore.
Director: Lex Ortega.
Emisión: 2016.
Duración: 80 minutos.
Extras:

Sabemos que el cine mexicano vivió su época de oro a mediados del siglo pasado, por lo que no es de extrañarse que sean muy pocas las obras y los directores que están creando un cine nuevo, con un estilo propio y que no abogan por el humor absurdo y estúpido de la mayoría de las producciones naciones que se han estrenado en las últimas dos décadas. Entre ellos el cine fantástico y de ficción es el más olvidado, con uno que otro genio (como Isaac Ezban) creando cosas interesantes. Mucho menos podemos esperar que el cine ultraviolento tenga un lugar en la pantalla grande (ni en la chica, ni en ninguna otra), por lo que esto convierte a la opera prima de Lex Ortega, en efecto, en la película más violenta filmada en México.

La realidad mexicana de la marginación, la violencia, el desempleo y la falta de oportunidades en las que viven las clases más bajas del país (los famosos barrios lumpen) son el escenario de fondo en el cual surgen los monstruos, personas sin empatía, ética, moralidad ni escrúpulos que sólo viven para saciar sus más bajos instintos. Ese es el contexto en el cual son presentados nuestros protagonistas, dos asesinos seriales que se regodean en sus brutales y sádicos placeres, al amparo del olvido, la ineficacia y la corrupción de las autoridades, hasta que un accidente los pone en manos de un agente policiaco más brutal que ellos.

La historia sigue a Goyo y a su amigo Dax “Gordo”, quienes gustan de visitar burdeles y tener sexo con prostitutas y travestis. Sin embargo, no es el sexo lo que más disfrutan, sino la sádica tortura que infringen a sus víctimas cuando se salen de control, principalmente cuando algunas de las sexoservidoras no los complace como a ellos les gusta. Goyo gusta de practicar la asfixia erótica, la coprofagia, el travestismo e incluso, aunque no se dice abiertamente, probablemente la necrofilia. Su ola de crímenes llega a su fin cuando sufren un percance automovilístico y son detenidos por la policía.

Dentro de su vehículo, el comandante Juárez encuentra un video snuff donde los dos rufianes han filmado todas las atrocidades que le hicieron a una travesti; la tortura, mutilaciones y vejaciones con las que gozaron hasta hacer añicos su cuerpo. Los policías los capturan y para interrogarlos les propician una tortura tan brutal como la que ellos han ejercido a sus víctimas, lo que nos muestra que para cazar monstruos muchas veces hay que convertirse en uno.

Los videos que la policía va encontrando en su investigación se nos presentan como un found footage, y corresponden a los primeros cortometrajes que Lex hizo hace años y que ahora combina en su primer largometraje. La parte policiaca es sólo un pretexto para mostrarlos. Dichos videos son extremadamente explícitos y muy bien logrados en su aspecto técnico para mostrar un nivel de violencia grotesco, desgarrador e incómodo. Claro que por bien logrados no me refiero a que se vean bien o tengan gran calidad visual, de hecho se ven mal apropósito para simular justamente que son videos caseros como los snuff (videos de asesinatos y torturas aparentemente reales).

No obstante, al ser el primer largometraje de su director (logrado a partir de una campaña de crowdfunding) tiene ciertos errores, el principal es que la mezcla de lo snuff con lo policiaco no es del todo orgánica, aunque eso responde a las necesidades argumentales para que los videos snuff que componen la película se transformaran en parte de una historia policiaca con más trasfondo y no fuesen simple videos de violencia extrema.

Otro elemento débil es el flashback al pasado del protagonista, en donde se intenta explicar el origen de su sadismo, lo cual a mí no terminó de gustarme pues diluye muchísimo esa hiperviolencia que vemos en un inicio, pues nos muestra que fue abusado por sus padres y eso permite, hasta cierto punto, reivindicar la conducta del protagonista como una forma para desahogar la violencia sufrida en casa. Sus padres, en todo caso, eran los verdaderos monstruos.

Esa explicación sobre el pasado de Goyo nos genera una pregunta: ¿son las condiciones socioeconómicas quienes engendran a los monstruos de la sociedad? Yo creo que no del todo, los monstruos están allí, en todos nosotros, el contexto en que vivamos y nos desarrollemos únicamente servirá para desatar, o no, lo más brutal de cada uno. Aunque lo reafirmo, para mí, el reivindicar al malo con un pasado de abusos diluye mucho esa violencia inhumana que vemos al principio.

Y si bien para algunos la película podría hacer una apología de la violencia en una época en la que la violencia doméstica y los feminicidios cada vez están más lejos del control de las autoridades, el giro que le da al final nos demuestra que no hay personas maleadas por los golpes de la vida, que es la sociedad la que está podrida de raíz y es dentro de los núcleos familiares donde se gestan este tipo de abominaciones humanas. Claro, la película busca otorgar un motivo socialmente aceptable para las atrocidades cometidas por el protagonista, pero sin entrar a debatir el tema de la violencia social ni muchos menos tratar de explicar cuáles son sus orígenes.

Algunas escenas pudieron aprovecharse mejor, hacerlas todavía más violenta y abominables, quizás el propio director tiene sus límites, y por ello resulta curioso que las escenas de tortura y mutilaciones sean tan explícitas pero las escenas sexuales no lo sean. El filme pudo haber jugado de manera excelsa con la pornografía hardcore y retomar elementos estéticos del grindporn y el goregrind, pero realmente se suaviza mucho en la parte sexual. No obstante, no deja de ser tan violenta como el mismísimo infierno. Además de que algunos de esos “defectos de origen” en la cámara en mano se ven muy artificiales.

Sin duda no es una película para estómagos sensibles, es una recomendación para un tipo muy particular de consumidores que ya tengan una buena cantidad de horas recorridas en el mundo del gore, la hiperviolencia explícita y el snuff, pues inevitablemente se sentirán incómodos al ver este filme y no lo podrán valorar más allá de una grotesca cantidad de escenas violentas en pantalla. Para aquellos más experimentados, pasado el shock de la violencia inicial, la segunda mitad realmente no está tan fuerte. Y cabe destacar es que es el propio Lex quien interpreta al protagonista.

La importancia de este filme no radica en su tema ni en lo violenta que es, sino en el hecho de que un director mexicano se atreviera a hacer este tipo de cine tal vilipendiado por los cineastas y críticos más snob (no confundir con snuff) del medio. Y eso hace que ésta no sólo sea la película más violenta jamás filmada en México, sino el mejor y más digno representante de un género que ni siquiera existe como tal en el underground mexicano y tan sólo por esa razón el buen Lex Ortega ha pasado a la historia del cine nacional, la historia oculta de la que no se habla, pero a la historia al fin y al cabo.

El final de todo

Título Original: How it ends.
Género(s): Drama, Ciencia Ficción apocalíptica.
Director: David M. Rosenthal.
Emisión: 2018.
Duración: 113 minutos.
Extras:

Ahora con esto de la pandemia es difícil no sentir la necesidad de ver películas sobre el apocalipsis. Y es que el fin del mundo es algo que genera en nosotros un extraño morbo, es algo que todos queremos ver pero que en la realidad no quisiéramos experimental, aunque de alguna forma lo experimentamos un poco todos los días, aunque sin darnos cuenta. Ya sea por una pandemia como la que azota al mundo en estos momentos, el inminente y quizás imparable cambio climático o la contaminación por plástico, la extinción de algunas especies es inevitable. Difícilmente el mundo se va a acabar, pero la historia registra que desde que existe vida en la Tierra han ocurrido extinciones masiva que casi han terminado con la vida en nuestro planeta y muy probablemente alguna de ellas podría acabar con nuestra especie.

Confiando en el algoritmo de Netflix que me había recomendado El Círculo con más de 90%, decidí que si está película tenía un valor similar seguro terminaría por gustarme tanto con el filme antes mencionado, pero si bien me entretuvo, no me pareció una maravilla. Aunque debo aceptar que los efectos están bien, la música y la ambientación son muy buenas (quizás lo más destacado de todo el filme) y las actuaciones cumplen pese a los aspectos débiles de la historia que no les dejan más remedio que convertirse en clichés.

La historia sigue la travesía de un padre y su yerno, quienes al parecer no tienen una buena relación. Will es el esposo de Sam y esperan a su primer hijo; Tom es el padre de Sam, un hombre serio y frio ex militar. Will y Sam se han mudado a Seattle para vivir independientes, lo que ha molestado a Tom. Mientras Will está de visita con sus suegros en Nueva York, un extraño incidente ocurre al otro lado de país, las comunicaciones se cortan, la luz se va, los vuelos son cancelados y las carreteras son cerradas por los miliares. Nadie sabe que pasa pero todo parece haber iniciado en la costa oeste, así que Tom y Will deciden ponerse en marcha para atravesar el país en buscan de Sam.

En el camino enfrentarán los típicos problemas familiares hasta resolver su relación y tomarse algo de cariño, a la vez que intentan sobrevivir a los extraños eventos que están ocurriendo y que nadie sabe explicar. Sismos, tsunamis, incendios, feroces tormentas y algo tóxico en el aire que empieza a matar a las personas. Luego de sufrir un accidente, ambos llegan a una reserva india, donde conocer a Ricki, una chica mecánico que acepta acompañarlos para arreglar el auto. Así los tres se ponen en marcha, pero como es de esperarse no es sólo la catástrofe el principal peligro que acecha en el camino, sino las personas que al ver el caos y al desaparecer la ley se tornan en unos salvajes supervivientes dispuestos a matar por algunos recursos.

La película es entretenida pero hasta allí, me parece que está bien para pasar la tarde pero tampoco es la gran obra apocalíptica, sobre todo porque es completamente de fórmula y tiene una cantidad brutal de clichés y lugares comunes que le borran todo atisbo de originalidad. Además de que muchos personajes que pudieron tener un desarrollo interesante simplemente salen de pantalla sin mayor explicación, como Ricki.

Uno de los clichés más obvios es la de la típica relación disfuncional entre Will y Tom, que se plantea desde un inicio, así como la curiosa casualidad de que Tom fuese militar, lo que le otorga conocimiento y entrenamiento para solventar muchas de las dificultades que encuentran en el camino. Además de que mientras se plantea las diferencias entre ambos, que seguramente deberán dejar a un lado para rescatar a la mujer que aman, el inicio resulta lento y la acción tarda en empezar, ese preludio queda incluso al borde de lo aburrido, aunque una vez iniciada la catástrofe ya se pone emocionante.

Lo que sí me gusta, y estoy seguro que a muchos no, es la forma en que se plantea el evento apocalíptico. Al perderse la comunicación nadie sabe qué está pasado y todos generan sus propias hipótesis que van pasando de voz en voz, desde el fin del mundo hasta un ataque por parte de los Chinos, las compras de pánico inician y la desconfianza a los extraños de apodera de todos. Y eso es justamente lo que en realidad pasa. Si aun viviendo en la era de la comunicación donde científicos y gente conocedora del tema nos han explicado a detalle todo lo que saben del coronavirus, las noticias falsas se dispersan más, ahora imaginemos el caos resultante si todos los medios de comunicación callaran, no tendríamos mayor conocimiento que aquello que escucháramos por la calle.

Además de eso, lo que me encanta es que nunca se explica en lo más mínimo qué estaba pasando realmente. A mí sí me gustan las obras donde un grupo de personas deban sobrevivir a una catástrofe de proporciones apocalíptica sin saber qué está pasando ni cómo deberían actuar, pues hace de la supervivencia algo más real, ya que es justo esa desinformación lo que incrementa el peligro. Aunque por lo que he visto, a muchas personas no les gusta quedarse sin una explicación sobre cuál fue la causa de lo que estaba pasando.

La película tiene emoción, pero aunque el evento apocalíptico no es explicado y eso me gusta, éste queda relegado por el desesperante cliché de que las personas son más peligrosas que el fin del mundo en sí, como le ha pasado a las películas de zombis últimamente (The Walking Dead dejó de ser una serie sobre muertos vivientes desde la tercera temporada). El viaje en carretera y la unión de dos personas que se llevan mal por salvar a alguien que aman también está ya muy visto y lo peor es el final de fórmula y súper obvio donde (spoiler) Will encuentra a Sam y ambos son felices y se aman, luego ocurren un par más de cosas y todo queda en un final abierto pésimo.

En conclusión la película es palomera, bien para pasar una tarde viendo algo sobre el fin del mundo ahorita que están de moda y que el panorama mundial genera un buen ambiente para verla, pero no es nada espectacular, sus puntos buenos y malos están equilibrados haciéndola una película que pueden ver más de una vez, sobre todo en esas ocasiones en las que no quieres prestar mucha atención a lo que está pasando en pantalla.

Maggie

Título Original: Maggie.
Género(s): Drama, Ciencia Ficción.
Director: Henry Hobson.
Emisión: 2015.
Duración: 95 minutos.
Extras:

El género de los zombis había mostrado de todo, desde los lentos muertos vivientes de Romero hasta los enjambres imposibles de contener en Guerra Mundial Z, pero creo que muy pocas veces habían tomado el tema de una epidemia zombi como un simple recurso ambientador para desarrollar un excelente drama familiar que enternece por su crudeza y nos muestra un panorama posiblemente más real de lo que en verdad pasaría sin los virus pudieran convertir a las personas el zombis.

La calidad técnica es buena, no refleja mucho presupuesto pero logra arreglárselas con lo que tiene, además de que al centrarse en el drama de la historia, y no en los grandes efectos, la falta de escenas visualmente impactantes no es necesaria. Las actuaciones también me sorprendieron, pues aunque Abigail ha demostrado ser una buena actriz, el cliché del hombre poderoso que Arnold arrastra desde su juventud siempre le ha dado poca credibilidad en papeles serios, aunque es esta ocasión al papel de padre vulnerables que interpreta le ha quedado muy convincente.

Protagonizada por Arnold Schwarzenegger y Abigail Breslin, el filme nos sitúa en un Kansas atemporal, con elementos del pasado que lo hacen ver como de los 90. La sociedad se encuentra en decadencia luego de que el virus Necroambulante arrasara con gran parte de la población mundial. El virus provoca que las personas se conviertan en zombis y empiecen a atacar a otros para devorarlos, pero la infección es lenta y los zombis no representan un peligro mortal, por lo que la sociedad convive con los infectados hasta que la infección avanza a su etapa final, momento en el que los enfermos son llevados a cuarentena para pasar sus últimos días. Como en una pandemia real.

Maggie (Abigail Breslin) es una joven que vive en una zona rural de Kansas, un día escapa a la ciudad y es mordida por un infectado contrayendo la enfermedad. Wade (Schwarzenegger), su padre, va en busca de ella. A pesar de que Maggie no quería que la buscaran es convencida por su padre para regresar a casa. Allí la esperan sus medios hermanos y su madrastra. Los pequeños son enviados con una tía para evitar que Maggie los contagia, mientras que su padre y madrastra tratar de vivir una vida normal mientras esperan el inevitable desenlace.

Mientras avanza la enfermedad de Maggie vamos conociendo un poco sobre la epidemia y vemos el drama familiar  que enfrenta la chica y su padre, los recuerdos de su madre fallecida muchos años antes y la normalidad perdida entre los habitantes del pueblo. El drama se incrementa con forme la infección se esparce y Wade debe decidir si enviar a su hija a cuarentena a morir sola, encerrarla en casa con el peligro de que escape e infecte a otros una vez convertida en zombi o tomar las cosas en sus manos y acabar rápidamente con el sufrimiento de su hija.

El filme nos muestra un apocalipsis lento, brutal y dramático, pero no violento. La perspectiva del fin del mundo llega a nosotros desde una mirada rural, alejada del ajetreo de las grandes urbes, por lo que es apacible e incluso con un aroma familiar. No obstante, al ser una historia de zombis no olvida por completo el terror y se da el tiempo para desarrollar muy buenas escenas de suspenso, suspendo igualmente tranquilo, sin el susto de la sorpresa intempestiva pero con toda la ambientación necesaria a nivel visual y sonoro.

La trasformación lenta hace que los zombis no merodeen por millones en las calles, pero genera una pandemia más prolongada y por ende más cruda emocionalmente hablando, pues ver morir a tus seres queridos y convertirse en zombis en segundos no es lo mismo que el poder pasar con ellos sus últimos días viendo como poco a poco dejan de ser ellos mismos. La película podrá ser de bajo presupuesto, pero logra demostrar que la falta de recursos y grandes efectos puede palearse perfectamente con un buen guion, buenas actuaciones y una gran ambientación.

A lo largo de los 95 minutos vemos buenos momentos de drama y buenos momentos de tensión y algo de suspenso. Y si bien la historia puede ser lenta no se torna aburrida en ningún momento, aunque hay que tener bien presente que lo que estamos viendo es un drama que toma a la pandemia zombi como un simple recurso ambientador, como mero fondo en el cual se desarrolla la historia de un padre que ve morir a su hija poco a poco sin que pueda hacer nada para evitarlo.

En ese sentido me recordó mucho a la película Another Earth, en donde el trasfondo de Ciencia Ficción también es sólo un pretexto para contar el drama personal de una chica. Honestamente me gusta mucho que algunos autores se arriesguen a hacer este tipo de obras, pues ver una película de zombis donde un grupo de amigos se reúne por última vez antes de regresar a la escuela no para disfrutar sus últimos días libres, sino para, sin decirlo abiertamente, despedir a sus compañeros infectados pues saben bien que por mucho que se esfuercen por actuar como si no pasara nada seguramente aquella sea la última noche que la pasen juntos, y eso es desgarrador.

No sé si otra película ya hubiese hecho esto antes con el tema de los zombis, yo personalmente no había visto este tipo de manejo hasta ahora, pero me encantó que la película rompiera con el paradigma cada vez más exagerado del zombi moderno, es más, no sólo lo rompe, lo transgrede y nos deja en claro que una pandemia zombi real, de poder ocurrir, sería más cercano a esto que a una horda de muertos vivientes escalando un muro sin nada que pueda contenerlos.

La historia es triste y dramática porque todo en su conjunto es una gran despedida, la despedida de un padre y su hija, y los personajes lo sabían, trataban de actuar como si todo fuera a resolverse pero en el fondo ambos estaban conscientes del desenlace. Pensar en esos últimos momentos que pasaron juntos y en esas últimas muestras de cariño entre ambos es verdaderamente enternecedor y tanto Breslin como Schwarzenegger lo hacen perfecto. Creo que la edad ha hecho que el imponente hombre de acción que fue Arnold hace tres décadas de paso a un padre amoroso que ver consumirse a su hija y su actuación resulte más convincente.

Una buena película que se sale del canon taquillero que ha sobreexplotado a los zombis en las últimas dos décadas y nos muestra una nueva forma de vivir el apocalipsis. Sin duda recomendable para quien guste de historias lentas y dramáticas, pero no para aquellos que sólo quieren ver a cientos de zombis perseguir a un grupo de supervivientes en una ciudad en ruinas. La obra se arriesga a contarnos una historia distinta con un tema cliché y eso es justamente lo que hace que valga la pena. En tiempos del Covid donde muchas personas ya no pudieron despedirse de sus parientes enfermos debido a la capacidad infecciosa del propio virus, es que este tipo de historias cobran mayor relevancia.

The Thing (2011)

Título Original: The Thing.
Género(s): Terror, Survival-Horror, Ciencia Ficción.
Director: Matthijs van Heijninger Jr.
Emisión: 2011.
Duración: 102 minutos.
Extras: The Thing (1982).

Siguiente con el interés por los extremófilos me decidí a ver la precuela de The Thing, la cual ya había visto antes pero nunca completa, así que aprovechando que también estaba en Netflix y con el aliciente de que es protagonizada por Mary Elizabeth Winsted (quien me parece muy atractiva) no esperé más y la vi de inmediato.

La historia retoma la adaptación que Carpenter hizo de la novela Who Goes There? de John W. Campbell Jr. en la que está basada el filme de 1982 y nos muestra los sucesos que ocurren en la estación de investigación noruega antes de la primera película. En ella vemos a detalle el descubrimiento que los noruegos hacen de la nave y el extraterrestre, así como el primer y letal encuentro con éste junto con el descubrimiento de su capacidad de imitar a otros seres vivos y su virtual inmortalidad. La historia termina con el inicio de las escenas en el helicóptero donde persiguen al perro y conecta perfectamente con el primer filme.

La calidad técnica es buena en el sentido de ambientación, música, escenarios y actuación, lo cual es de esperarse teniendo en cuenta que se trata de una película mucho más reciente. Lo que sí se queda muy corto y que no supera a la primera película es la criatura, pues aquí vemos a un extraterrestre construido a partir de CGI que se nota muy artificial para mi gusto. Y si bien la película tiene ya casi diez años, el tiempo no le ha hecho justicia y seguramente envejecerá muy mal. Es por este aspecto que siempre voy a preferir los efectos prácticos con utilería real.

Lo que sí es de alabar es que la película trata de cuidar, en lo posible, todos los detalles establecidos por Carpenter en el primer filme para embonar perfectamente y fungir como una secuela que se note natural, por lo cual detalles como la criatura quemada con dos rostros, el ataúd de hielo, los lentes del noruego que trata de matar al perro, la estación de investigación calcinada o el tipo que al parecer se suicidó se mantienen allí y explican adecuadamente lo que pasó antes de que MacReady y el doctor Cooper volarán hasta allí buscando una explicación.

La historia toma como protagonista a la paleontóloga Kate Llyod, experta en recuperar especímenes del hielo. Kate es contratada por un equipo noruego para recuperar los restos de un ser que fue encontrado en el hielo de la Antártida durante una expedición científica. Ella, junto a otro equipo de estadounidenses, viajan hacia el polo sur para realizar su investigación, pero lo que allí encuentran en una gigantesca nave espacial atrapada bajo un glaciar y con los resto de lo que parece ser su tripulante. Emocionados por lo que será el mayor descubrimiento científico de la historia, los investigadores se ponen manos a la obra.

No pasa mucho tiempo para que las cosas se salgan de control, pues aquel espécimen proveniente del espacio exterior no está muerto y empieza a matar y absorber a los miembros del equipo. Kate descubre que las células de la criatura tienen la capacidad para copiar las de cualquier ser vivo y transformarse en él, así que ahora no sólo deberán cuidarse del alienígena, sino de aquellos compañeros que han dejado de ser humanos. El resto de la trama es más de lo que ya conocemos, un grupo de científicos tratando de sobrevivir ante aquel monstruo.

Debido a la época en la que se realizó este filme, la dinámica para generar el terror es apelar mucho más a la impresión por sobresaltos, quizás más de lo que a mí me hubiese gustado. También, por algunos momentos la criatura queda opacada por la histeria colectiva de no saber quién ya no es humano y los antiguos compañeros se convierten en el enemigo principal, pero no de una forma que apele a ese terror psicológico como busca la primera, sino por una tradición argumental más típica de esa forma que tienen los estadounidenses para contar sus historias. Fuera de eso, la emoción se mantiene constante y las trasformaciones de la cosa, a pesar de lo artificiales que lucen debido a los efectos por computadora, siguen siendo aterradoras y muy grotescas.

La película me parece una excelente precuela por respetar y mantener los elementos propios del canon, pero no es una excelente película por sí sola. Logra entretener e incluso quizás asustar y considero que sí aportar al universo de The Thing, pero no es para nada sobresaliente ni mucho menos llegará a ser de culto como su antecesora. Sin embargo, sin les gustó la primera parte, la precuela es algo que no se deberían perder.

El Hoyo

Título Original: El Hoyo.
Género(s): Thriller, Ciencia Ficción.
Director: Galder Gaztelu-Urrutia.
Emisión: 2019.
Duración: 94 minutos.
Extras:

Hacía mucho tiempo que no veía una película de este género, una mezcla de ficción futurista y distopía thriller que debela la naturaleza humana desde una perspectiva social y critica duramente el sistema establecido de clases sociales donde los de arriba viven mejor y gozan de abundancia, mientras que los de abajo sólo pueden aspirar a que les lleguen algunas sobras para comer.

Justo como la vida misma, El Hoyo hace una fabulosa analogía de lo que un sistema económico regido por clases sociales estrictamente estratificadas genera. Y apela al confinamiento con un maravilloso uso del espacio confinado y la teoría del Centro-Periferia aplicada de modo vertical para demostraros que no importa cuánto tiempo has vivido en la miseria de ser de los de abajo, al llegar arriba no te importará nada más que ti mismo, a pesar de saber lo que significa no tener nada para comer.

La historia toma lugar en un futuro de apariencia distópica, donde prisioneros y gente que así lo desea son enviados a una especie de prisión vertical. En cada piso hay una sola celda con dos prisioneros y al centro un hoyo que permite ver hacia arriba y hacia abajo. En el nivel cero hay un ejército de empleados trabajan todo el día elaborando los más exquisitos manjares, comida cocinada perfectamente que es puesta en una mesa flotante que baja por el hoyo y se detiene durante algunos minutos en cada nivel. Mientras esté allí, los prisioneros podrán comer todo lo que deseen, sin guardarse nada o serán castigados. Al pasar el tiempo establecido la mesa baja al siguiente nivel para que los de abaja puedan comer.

Como es de esperarse, después del piso 70 prácticamente ya no queda comida, por lo que mientras más abajo estés más probable es que te quedes sin comer. Quienes están en los pisos inferiores saber que deberán buscar una forma de comer algo, lo que sea o morirán de hambre, aún si eso significa devorar a su compañero de celda. Cada mes las parejas cambian de nivel, si tienen suerte pueden subir a un nivel superior y saciar su hambre, si no es el caso pasar dos meses sin comer resultan una sentencia de muerte.

Como es de esperar, los prisioneros harán lo que sea para mantenerse vivos y llegar a los niveles superiores, lo que desata violentos enfrentamientos entre ellos. Goreng, nuestro protagonista, inicia en el piso 48 con un extraño viejo llamado Trimagasi que le explica alguna de las cosas básica y le enseña a que deberá estar dispuesto a todo para sobrevivir. La clave es saber adaptarse y aprovechar cuando puedan estar en un nivel al que llegue la comida.

Goreng parece no entender por qué los prisioneros de arriba no toman en consideración a los de abajo y dejan algo de comida, ni tampoco por que su compañero trata tan mal a los de abajo. La respuesta de Trimagasi es simple: “no pierdas en tiempo hablando con los de abajo, pues ellos están abajo, y no pierdas el tiempo intentando hablar con los de arriba, no te contestarán porque ellos están arriba, obvio”. Esa marcada diferencia en los estratos parece ser imposible de romper, pues a pesar de saber lo que es vivir con hambre un mes en los niveles inferiores, al llegar arriba lo único que te preocupará será saciar tu hambre sin importar que no dejes nada para los de abajo.

Es obvia la crítica social que hace el filme y se puede hablar mucho de ello, cosa que espero hacer en alguna otra entrada pues sin duda vale la pena abordar la historia más a fondo. Por ahora me limitaré a decir que ese desprecio por los de abajo, a pesar de que tú mismo estás abajo o en medio recibiendo las sobras de los de arriba, es algo que hemos podido observar en México con la cuarentena provocada por la pandemia de Covid-19. Quienes tienen las posibilidades económicas pudieron quedarse en casa evitando contagiarse, quienes además fueron presas del pánico hicieron compras indiscriminadas y vaciaron los supermercados, dejando a las personas que viven al día sin los productos básicos que no les es posible comprar en mayoreo.

Otro elemento importante y muy simbólico es justamente la comida. En países que conocen el hambre es más común encontrar puestos de comida en la calle, a diferencia de países ricos donde sólo se come en establecimientos más específicos y no en puestos o carritos callejeros. Así mismo, la parte del experimento social es brutal, pues tal parece que la empatía y el respeto por el prójimo se pierden ante la imperante necesidad de sobrevivir y eso nos permite profundizar en el aspecto del sistema de control que mantiene el status quo dentro del hoyo, sin la necesidad de vigilantes.

El sistema que el protagonista trata de romper es al parecer invisible y producto de la propia naturaleza humana individualista, pues ante el peligro de muerte la vida social pasa a segundo término y todos son enemigos. El final nos da más simbolismo de esa lucha contra el sistema, pero ya será tema para otra entrada, pues además ese desenlace queda completamente abierto a la interpretación de cada espectador.

Además de la crítica social, los diálogos son muy buenos, la música es excelente y la ambientación que logra, junto a proverbial uso del hormigón como un elemento arquitectónico opresor, frio e indiferente (que ya se había usado en películas de ciencia ficción para mostrar una sociedad apática y desligada de lazos de bondad como en Total Recall) me parecieron elementos perfectamente usados. Sin olvidar que esa estética y la parte burocrática le otorga además un toque distópico que me remite a obras como La Naranja Mecánica o 1984.

Tampoco pude evitar recordar prisiones en donde la supervivencia y la ley del más fuerte rigen todo, como la prisión donde estuvo Bane en The Dark Knight Rises o Crematoria, la prisión a la que Riddick es llevado en Las Crónicas de Riddick. Y si bien la geografía es distinta, pues aquí vemos una sociedad estratificada en niveles superior e inferior, el traro que las personas de abajo reciben es muy similar a lo que vemos en Snowpiercer, donde las personas que viajan en los vagones de enfrente tienen todos los lujos mientras que los de atrás viven en una terrible miseria.

La película es una grandiosa obra que da mucho de qué hablar, desde su parte estética y simbólica, hasta su parte distópica y social, que son sin duda las más obvias e interesantes, pues no dejan de ser un atinado reflejo de la realidad, donde las personas que menos tienen muchas veces deben recurrir a recoger las sobras de los basureros y vivir de aquello que los ricos y poderosos han desechado. Una película excelente, con una tema que ya ha sido abordado otras veces pero que logra evitar el cliché (y si no lo evita al menos a mí me encanta su forma de abordarlo) y que sin duda recomiendo ampliamente.

La Cosa

Título Original: The Thing.
Género(s): Terror, Survival-Horror, Ciencia Ficción.
Director: John Carpenter.
Emisión: 1982.
Duración: 108 minutos.
Extras: The Thing (precuela).

Sin duda, dentro del cine de terror protagonizado por criaturas peligrosas y casi imposibles de matar capaces de adaptarse a todo con tal de sobrevivir (extremófilos), The Thing o La Cosa como se conoce en Latinoamérica, es uno de los más grandes clásicos, a pesar de que en su momento no tuvo un gran éxito en taquillas, su calidad la han convertido con el paso de los años en una película de culto que ningún fan del cine de terror se puede perder.

La cinta está dirigida por el afamado John Carpenter, quien es famoso por sus películas de terror de bajo presupuesto, las cuales nos han entregado a personajes y criaturas que hoy por hoy se han ganado un lugar especial en la cultura popular, como la cosa o Serpiente Plissken de Escape de Nueva York. Además de eso, la banda sonora fue compuesta por otro grande, mejor conocido por su trabajo en películas de Spaghetti Western, Ennio Morricone. Sin olvidar que el protagónico corrió a cargo del actor fetiche de Carpenter, Kurt Russell.

La historia toma lugar en una estación de investigación científica en la Antártida. En ella trabajan un grupo de hombres, quienes ven alterada su rutina cuando un helicóptero noruego proveniente de otra estación empieza a disparar a un perro que corre por su vida. Sin saber qué pasa, los hombres repelen el ataque de los noruegos, quienes terminan muertos. Intrigados por aquel inexplicable comportamiento, el piloto MacReady y el doctor Cooper viajan a la base noruega para averiguar qué había pasado, pero sólo encuentran ruinar quemadas y en extraño cuerpo calcinado.

De regreso en su base, el doctor hace una autopsia al cuerpo y encuentra que contiene unas extrañas células capaces de asimilar células de cualquier otro organismo e imitarlas. Mientras tanto, el resto de los hombres ven las grabaciones recuperadas de los noruegos, quienes al parecer habían encontrado una nave espacial bajo el hielo y al desenterrarla despertaron algo que los atacó. Sin embargo, el cuerpo calcinado no estaba muerto, sus células seguían vivas y con ello el peligro de sufrir el mismo destino que aquellos hombres del helicóptero.

Al anochecer, aquel perro que huía es llevado a la perrera, donde se trasforma en una grotesca criatura que absorbe y asimila a los otros canes. Ahora todo parece tener sentido, aquel organismo desenterrado es capaz de asimilar otros organismos y transformarse en ellos, como lo hizo con aquel perro. Los hombres empiezan a ser atacados por la viciosa criatura que adopta distintas y asquerosas formas mientras la paranoia se empieza a apoderar de ellos al no saber si sus demás compañero aún son humanos o ya han sido absorbidos por el extraterrestre.

La historia es el clásico Survival-Horror donde un grupo de hombre se ve enfrentados a una criatura que no comprender y a la que no pueden destruir, mientras se encuentran en un espacio confinado. En este caso, el espacio confinado es manejado de forma algo distinta a lo usual, pues si bien hay un enorme campo abierto afuera de la estación, el clima les impide huir y les obliga a refugiarse al interior de la base donde son presa fácil de la cosa.

La parte técnica es muy buena. La música ambienta de manera perfecta y logra generar ese ambiente de terror y suspenso. En su tiempo algunos críticos comentaban que la película abusaba del sobresalto, pero para los estándares actuales de hecho recurre muy poco al susto por impresión, pues, a mi parecer, logra trabajar de manera muy buena y entretenida al desarrollo del pánico y el sentimiento de estar atrapados e indefensos entre los protagonistas. Aunque lo más destacable son sin duda los efectos especiales.

Como ya sabrán, soy un gran fan de los viejos efectos prácticos, a quienes prefiero mil veces más que el artificial CGI. En esta película tenemos un uso excelente de ese tipo de efectos, como protésicos, miniaturas y maquetas que lucen geniales, y que al ser reales incrementan esa sensación de asco e incomodidad que se producen al ver las aberrantes y repugnantes transformaciones de la criatura, muy diferente a la estilizada metamorfosis del Xenomorfo o a la súper estilizada metamorfosis de Calvin en Life. Personalmente es esa parte grotesca de esa criatura lo que más que encanta de todo el filme.

La historia apela a una fórmula que ya hemos visto mucho desde Alien, pero que para ese tiempo aún no estaba sobreexplotada, aun así tiene sus puntos bajos y algunos elementos que mirándonos con lupa no son muy coherentes, por ejemplo: qué hace un tipo armada en una expedición científica y por qué llevan dinamita y un lanzallamas. Fuera de esos pequeños detalles, el objetivo de entretener e impactar visualmente a la audiencia se cumple.

La emoción es contante, los efectos son buenos (aunque ya se noten un poco viejos), tiene intriga y misterios envueltos en un leve halo psicológico y es visualmente muy buena para aquel público que gusta de este tipo de obras, ya que obviamente debido justo a la visceralidad en su apartado visual no es apta para todo público. No obstante, me parece que es merecidamente una obra de culto que todo amante del cine debe ver alguna vez, pues la criatura que nos regala es otro de esos letales extraterrestres que se han ganado su lugar dentro del pedestal de la cultura popular.

Sundays

Título Original: Sundays.
Género(s): Ciencia Ficción / Cyberpunk, Postapocalíptico, Distopía.
Director: Mischa Rozema.
Emisión: 2015.
Duración: 14:30 minutos.
Extras:

Hace ya varios años que en mi lista de “cosas que debo ver o leer en internet” estaba la recomendación de este cortometraje. Cuando alguna cosa me parece interesante y está relacionada con la Ciencia Ficción, la animación o el cine suelo guardar el enlace para volver con más calma y quizás reseñar algo al respecto en el blog. Con el paso de los años he acumulado una gran lista de enlace que espero ir revisando durante este año y el primero de ellos es justamente este corto.

La principal característica del corto no es sólo el ser Ciencia Ficción ni ser Cyberpunk o tener una temática algo distópica, sino el estar ambientado en la Ciudad de México. Pues si bien las urbes son lugares frecuentemente usados para desplantar este tipo de historias, la capital de nuestro país, y en general las de toda Latinoamérica, rara vez son tomadas en cuenta, aún a pesar de que la estética de la CDMX es perfecta para este tipo de historia, como se constató desde los años 80 con el filme Total Recall.

La historia toma lugar en la Ciudad de México luego de que algún cataclismo, al parecer relacionado con una erupción solar, destruyera gran parte de la humanidad. Los sobrevivientes ahora viven en una ciudad hacinada con muchos problemas sociales y económicos, como la falta de servicios y la inseguridad. Además de eso, son vigilados por una empresa muy poderosa llamada Lenox, que observa y controla todo a través de miles de cámaras por toda la ciudad. Ben nuestro protagonista, tiene extraños recuerdos que lo atormentan, en ellos recuerda a su antiguo amor Isabelle. Ben empieza a percibir que hay algo raro en la realidad que está viviendo y que algo debió pasarle a Isabelle, así que intentando buscar respuestas se interna en el corazón de la ciudad.

La historia apela a la reflexión y a la filosofía, principalmente al concepto de realidad y por ello se notan mucho la influencia que retoma de algunos clásicos del Cyberpunk y la Distopía, sin olvidar que todos los elementos que usa están algo desperdigados y no se logran conjuntar para mostrarnos algo concreto. Como que hay muchas ideas muy buenas, ya usadas en varias obras anteriormente, pero que no logran desarrollarse a fondo, lo que da una sensación de vació o de que algo le falta. Todo se queda muy por encima.

Hay elementos típicos en este tipo de historias como la voz en off para narrar los eventos y una cantidad mínima de diálogos en los personajes, por lo que el espectador tendrá que armar su propia historia a partir de lo que ve en pantalla, y eso hace que los escenarios adquieres un papel fundamental en la breve trama. Y ese es justo el aspecto que me pareció más atractivo.

Siempre lo he dicho, la Ciudad de México es una ciudad Cyberpunk y el uso de escenarios donde las casas están aún en obra negra, sin aplanar, con calles terrosas sin pavimentos, postes de luz saturados con decenas de cables, medios de transporte rebasados, basura, contaminación y delincuencia son la descripción perfecta de cualquier urbe Cyberpunk, pero también lo es de las zonas marginales de la Ciudad de México, sobre todo en su área conurbada integrada por el Estado de México

Muchos de los escenarios usados en el corto son locaciones que conozco o que al menos ubico por dónde están. Los escenarios en general son un collage de lugares reales de la CDMX y reconstrucciones digitales que le dan ese toque postapocalíptico. Es interesante tratar de identificar a dónde pertenece cada lugar, pues hay desde el Centro Histórico y la biblioteca Vasconcelos, hasta zonas marginales en la periferia de la ciudad.

El aspecto digital se nota artificial, sobre todo en los vehículos, pero está dentro de lo aceptable a nivel de escenarios. La ciudad se presta para que estos no necesiten más que algunos retoques y ese color y folclor característicos de la capital le dan una esencia distópica, futurista y exótica, aunque a la vez familiar para quienes vivimos aquí. Me pasó algo similar a cuando vi Elysium, pues muchos de sus escenarios también toma por locación zonas marginales del Estado de México.

Finalmente, un aspecto técnico que vale la pena resaltar es la banda sonora, la edición del audio es maravillosa pues en verdad potencia muchísimo la calidad de ambientación que logra el corto. Y una razón por la cual lo logra es por usar los sonidos reales que podemos escuchar en una calle típica de clase baja, con el tráfico, los comercio y los transeúntes haciendo ruido entre el humo, los anuncios de neón y un aura gris del fin del mundo.

Los robots, el cyberware, la sociedad tecnocrática regida por una corporación sin rostro y todopoderosa, la represión policial, los problemas socioeconómicos propios de las urbes y la sociedad deshumanizada son elementos básicos en toda buena obra Cyberpunk y esta los tiene, aunque la historia no es del todo grandiosa, pero por ver a la Ciudad de México como escenario de una obra de éste tipo vale la pena.