Godzilla: Planeta de Monstruos (parte 1)

Título Original: 怪獣惑星 (Gojira: Kaiju Wakusei)
Género(s): Kaiju, Ciencia Ficción.
Director: Kôbun Shizuno, Hiroyuki Seshita.
Estudio: Polygon Pictures.
Emisión: 2017.
Duración: 88 minutos.
Extras:

Netflix ha empezado a producir sus propias series o dado la oportunidad de que muchas se entrenen en su plataforma de streaming, y dada la popularidad que el “Rey de los Monstruos” ha tenido en los últimos años debido a la película estadounidense de 2014 y a la maravillosa Shin Gojira de Hideaki Anno, el portal de video decidió estrenar a nivel mundial la más reciente producción de Toho, que es la película número 32 del Kaiju, la 30 producida por la compañía japonesa y la primera película animada, que constará con un total de tres partes.

La animación es muy buena y el grado de detalle es fantástico, pues refleja los años de decadencia que ha sufrido la humanidad en el espacio debido al ataque del kaiju. Sin embargo, a mí personalmente no agrada el estilo tan digital que tiene, pues me parece demasiado artificial, fuera de eso tiene un apartado técnico formidable, aunque el diseño de Godzilla tampoco me encantó y siempre luce algo acartonado. El apartado musical, por otro lado, es muy bueno, y en lo personal me gustaron muchos los ritmos alegres que maneja.

La historia inicia el último año del siglo XX con la repentina aparición de kaijus que atacan a la humanidad sin motivo aparente, nadie sabe de dónde vienen y cada vez son más poderosos (un poco a lo Pacific Rim). Los humanos logran resistir el embate de las criaturas, hasta que aparece una bestia más poderosa que todas las anteriores y capaz de destruir a humanos y kaijus por igual, lo llaman Godzilla (Gojira). Ante la colosal e inexpugnable bestia parece no haber oportunidad, todos los ataques fallan y no parece haber forma de que nuestra especie sobreviva.

Con la humanidad diezmada por la imponente bestia, una raza de extraterrestres llega a la tierra, se hacen llamar los Exifs, errante espaciales que profesar una peculiar religión y cuyo mensaje hacia la humanidad es que la extinción es inminente. Casi a la par llega otra raza de humanoides, los Bilusaludos, cuyo planeta fue destruido y piden asilo en la Tierra a cambio de derrotar a Godzilla. Los humanos aceptan el trato y los Bilusaludos inician la activación de Mechagodzilla, pero ni siquiera con la tecnología de las tres especies logran derrotarlo. Humanos, Exifs y Bilusaludos escapan de la tierra y vagan por el espacio por 22 años, hasta que la falta de recursos y la filtración de una estrategia para derrotar a Godzilla los hacen regresan a nuestro planeta.

El inicio es un tanto rápido y no da tanto tiempo de introducir a las bestias, pero a estas alturas me parece que ya no hace falta. Al principio salta casi directo a la acción pero luego da paso al drama, y tampoco se explica del todo la relación con las dos especies de humanoides, aunque poco a poco se van mostrando las intenciones de cada grupo, aunque sin desarrollarlas por completo en esta primera parte. La historia se centra en Haruo Sakaki, un capitán que se subleva ante la decisión de los altos mandos de deshacerse de los viejos mandándolos a una misión suicida.

Luego de dos décadas en el espacio, la nave se empieza a quedar sin recursos, la gente muere o enloquece por las terribles condiciones que han tenido que soportar. Para palear un poco el problema los líderes han decidido que se debe reducir la población, así que las personas mayores tendrán que abandonar la nave. Haruo no logra detenerlos y los ancianos mueren, pero el capitán logra filtrar en la red una investigación sobre cómo derrotar a Godzilla. La falta de recursos obliga a la nave a regresar a la tierra, en donde han pasado casi 20 mil años, luego de tanto tiempo, todos esperan que Godzilla haya muerto.

Los líderes deciden usar el plan de Haruo y mandan un equipo a la tierra, ya que si no logran recuperar el planeta las tres especies enfrentarán la extinción, pues entre todos quedan menos de 4 mil sobrevivientes. Sin embargo, al llegar al planeta encuentran que todo ha cambiado, la atmósfera ya no es apta para la vida humana y las criaturas que habitan la superficie (plantas y animales) parecen tener alguna similitud celular con Godzilla, quien por cierto aún domina el planeta.

Además de Godzilla, lo que respecta a la decadencia humana en el espacio me pareció maravilloso, pues se refleja muy bien la falta de recursos que están llevando a la nave al colapso inminente. Esa problemática social se ve, además, perfectamente aderezada con un trasfondo con planes secretos y conspiraciones entre las tres especies, ya que cada una tiene sus propios intereses.

Algo que me gusta mucho y es propio de las producciones japonesas sobre Godzilla es que a pesar de que él no salga en pantalla y se aborden cuestiones políticas o un drama personal, siempre está presente, al menos así pasa el Shin Gojira. Y eso es algo que no se ve en las producciones estadounidenses donde los momentos dramáticos se enfocan en el protagonista y desarrollan sus propios conflictos personales olvidando por unos momentos a la magnífica criatura que es la razón de haber visto dicho filme. Aquí siempre tendremos la imagen de Godzilla como un detonante que genera todas las acciones y decisiones de los personajes.

Como es de esperarse las cosas se complican y Godzilla revela ser un enemigo mucho más poderoso de lo que se habría podido predecir. Al final (luego de los créditos) el filme nos deja con un cliffhanger que dará paso a una segunda parte muy interesante. Sin duda una buena recomendación para quienes sean fans del cine de grandes monstruos y sobre todo con esa narrativa tan propia de los japoneses.

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Shin Gojira (Podcast)

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El rey Kaiju ha regresado a la pantalla grande luego de varios años. Porque sí, hace dos años se estrenó Godzilla (2014) pero no, Gojira es sólo japonés y los filmes de hechura nipona tienen un feeling muy especial que los diferencia de sus contrapartes estadounidenses. Ese estilo de botarga, ese simbolismo sobre las fuerzas imparables que asolan a la humanidad, sean naturales o bélicas, y esa fama ganada a pulso durante 62 años son logros indiscutiblemente japoneses.

Godzilla Resurge, como fue nombrada en México, llegó este año a los cines de nuestro país, siendo la película número 31 de este emblemático Kaiju y la número 29 producida por Toho. A diferencia de lo ocurrido en otros países, nosotros pudimos disfrutarla sin cortes que mutilaran la historia y con un doblaje bastante decente que nos recordará, junto al estilo general del filme, a la obra magna de su director, Neon Genesis Evangelion.

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Una obra magnífica, un retorno al origen y significado real de Gojira, un diseño muy maléfico y aterrador y un desarrollo que si bien por momentos es algo lento y burocrático, nunca cae en lo aburrido, es lo que nos esperan al ver Shin Gojira. Sin historias románticas de fondo, sin los excesos hollywoodenses que se vuelven tediosos, esta es una de las películas imperdibles para los fanáticos del cine japonés, del cine de los grandes monstruos y para los fieles seguidores de Hideaki Anno.

Los dejamos pues con este podcast (uno de nuestros favoritos hasta ahora) donde desglosamos a fondo el filme y además hacemos un breve análisis y comparación con sus predecesoras norteamericanas que también tuvimos la oportunidad de ver hace algunos años. Es conveniente advertir que la segunda parte del podcast es full spoiler, así que están advertidos.

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Volver al pasado

Volver al pasado

En la primera entrada del año hablé de varios acontecimientos que se esperaban para este 2015 según la Ciencia Ficción. El más conocido de ellos es sin duda el viaje en el tiempo de Volver al Futuro. Pues bien, en una escena de dicha película, Marty McFly es sorprendido por el holograma publicitario de la decimonovena entrega del primer blockbuster del cine Hollywoodense, Tiburón (Jaws). Ya en los años 80 Spielberg vislumbraba lo que sería el futuro del séptimo arte, las sagas cinematográficas y los remakes.

Este año puede ser catalogado como el año de los regresos, cinematográficamente hablando, aunque no es un evento único del 2015, pues en los años reciente hemos visto el regreso de muchas otras franquicias, algunas con más éxito que otras, pero todas retomando historias o personajes icónicos del cine. Y es al parecer una constante que también veremos en los próximos años.

Tiburón

En lo que va de la década hemos visto regresar a los X-men, a Superman, a Spiderman, a Fredy Krueger, al Juez Dreed, a las pirañas, a los personajes de la Tierra Media, a los Simios, a Conan, a Robocop, a La Cosa, a Tintín, a los Muppets, a los Pitufos, al Xenomorfo favoritos de todos (Alien), a Django, al Enterprise, a Carrie, a Jerjes, a Godzilla, a Gokú, a las Tortugas ninja y a Drácula, sin olvidar a Mad Max, Jurassic World, Terminator y Star Wars, ni a las futuras Poltergeist o Los Casafantasmas III.

La cultura del remake y los reboots se han convertido en la estrategia perfecta para el reciclaje de ideas debido a dos factores, (1) la exigencia de los fans por más de sus historias favoritas y (2) el aplicar una fórmula que ya sabemos da resultados y ganancias y que consiste en dosificar una obra dividiéndola en partes. Hay muchas películas que a mí sí me encantaría ver de nuevo, algunas por poder disfrutarlas con la calidad visual que nos regalan los efectos actuales, otras sólo por la nostalgia de lo que llegaron a significar para mí en los años de infancia (como Jurassic Park), lamentablemente, la gran mayoría sólo serán una sombra que intentará colgarse del éxito de la obra original.

De Kaijus y Robotos

Dentro de los géneros japoneses más famosos en occidente, dos de ellos han creado escuela y han estigmatizado, para bien y para mal, al cine nipón. Así que aprovechemos este ensayo para introducir al lector al mundo de los grandes monstruos y los robots gigantes, géneros que ya abordaré a profundidad en futuros post.

EN LA VISIÓN DE DEL TORO

En vísperas del estreno de Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013), muchos aficionados del anime y férreos seguidores de Evangelion iniciaron una campaña de desprestigio contra dicha película, acusándola de plagiar el argumento y los diseños de la mencionada serie. Por su parte, la prensa especializada únicamente se enfocó en promover el trabajo de un “mexicano exitoso”, como si los logros individuales y ajenos fuesen motivo de celebración nacional.

Pero más allá de todo eso, el estreno de Titanes del Pacífico tiene un significado muy sintomático para el cine de occidente. En primera, no se trató de un plagio como muchos dijeron, sino de un homenaje —muy digno— a los dos géneros que dieron a conocer a la cinematografía japonesa en éste lado del mundo. Por otra parte, el hecho de que sea una producción estadounidense, dirigida por un mexicano, nos da fe del impacto que las producciones asiáticas han tenido en nuestra cultura.

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Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013)

Pero la grandeza de Titanes no termina ahí. En diversas ocasiones los gringos han tratado de emular a las producciones japonesas sin los mismos resultados. El más reciente remake de Gojira, Godzilla (Ronald Emerich, 1998), es un claro ejemplo de ello. La película está tan “agringada” que pierde toda la esencia de lo que el género de los grandes monstruos debe ser y termina por convertirse en mera propaganda sobre la supremacía americana protectora del mundo.

La obra de Del Toro vino a mejorar todo esto, pues si bien no reinventa el género ni hacer aportes valiosos (de hecho está plagada de clichés) si nos muestra lo que cualquier fanático del manganime esperaría ver en un Live Action de cualquier serie Mecha. Los monstruos suenan a lo que deben sonar semejantes bestias y los robots suenan a lo que un armatoste de metal debe sonar.

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Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013)

Sí, probablemente el soundtrack es lo mejor de toda la obra, pero los pequeños detalles y las puntuales referencias a las series clásicas, la hacen aún más entrañable. El filme tiene tantos elementos que se queda corto y no logra explotar ni la cuarta parte de todo su potencial; la mitad de los Jeager son destruidos casi de inmediato y ninguna batalla es tan épica como podría haberlo sido.

Pero la no sobre explotación de sus elementos es quizás la clave de su éxito, pues a pesar de que la historia podría prestarse para una saga, el desenlace que Guillermo nos muestra no da oportunidad a ello. Es un filme de una sola entrega y en mi opinión así debería quedarse, pues fantasear con las infinitas posibilidades de un universo con robots y kaijus en lucha constantes es mucho más enriquecedor que limitar nuestra imaginación a una historia preestablecida.

Pacific Rim es buena no sólo porque contiene todo lo que el género Mecha y el género de los Kaijus deben tener, sino porque logra integrarlos de manera perfecta y hace que ambos parezcan uno, resultado que sólo había sido logrado por los nipones.

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Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013)

DE KAIJUS

Hablar de kaijus es hablar de Japón, es remontarse a los estragos de la Segunda Guerra Mundial y observar el miedo colectivo de una sociedad devastada por dos bombas atómicas. Aquellos gigantescos monstruos fueron el medio catártico mediante el cual los espectadores pudieron reflexionar sobre la devastación a gran escala y observar a una fuerza imparable atacar a una sociedad empeñada en hacerle frente.

Como medio reflexivo, el género funcionó muy bien, pero también como medio propagandístico de adoctrinamiento social. Después de los estragos dejados por la guerra, no había otra forma de sacar a la sociedad a flote que imponiéndole orden, dándole héroes y mostrándole que podría salir adelante si todos sus miembros trabajaban juntos por una causa común, incluso si el enemigo medía decenas de metros de alto.

Godzilla vs King Ghidorah
Godzilla vs King Ghidorah (Kazuki Omori, 1991)

El género simbolizó la esperanza de una sociedad que aún ante el embate de una amenaza superior podía reconstruirse de sus propias cenizas. Tenerle miedo a una bestia colosal era inevitable, pero el miedo no evitaría que la sociedad luchase por preservar su propia existencia.

El kaiju es el chico malo, es el enemigo, es la maldad que tomó forma en una enorme mole que toca el cielo; no razona, no tiene clemencia y no se detendrá hasta exterminarnos. Los orígenes del kaiju son irrelevantes, pudo ser la radiación, los extraterrestres, el resultado de experimentos o Dios mismo quien le dio origen. El hecho es que si no le hacemos frente no sobreviviremos, y eso es lo que la sociedad japonesa debía entender y poner en práctica para sacar a su país adelante después de perder la guerra.

Godzilla, Mothra and King Ghidorah
Godzilla, Mothra and King Ghidorah: Giant Monsters All-Out Attack (Shūsuke Kaneko, 2001)

DE MECHAS

En el otro extremo tenemos los mechas: gigantescos robots pilotados por humanos, nacidos del intelecto humano y resultado de la conquista científica sobre la naturaleza. Los grandes robots simbolizan la supremacía tecnológica, pero también critican la excesiva dependencia que actualmente tenemos de ella. Con ellos el miedo desaparece y podemos enfrentar incluso a la bestia más imponente, pero sin ellos la humanidad está perdida.

A diferencia de los kaijus, que tiene un único discurso con dos finalidades, los mechas sí tiene un doble mensaje. En el primero las máquinas se muestran como las salvadoras de la humanidad, demostrando que la ciencia y la tecnología han sido, son y serán las herramientas indispensables para la sobrevivencia de nuestra especie, desde aquel primer hueso blandido como arma por nuestros ancestros primates, hasta los robots de 40 metros diseñados para el combate.

Pero no todo en la ciencia ha sido bueno, las armas de destrucción masiva se han convertido en una de las más atroces invenciones humanas. De la misma forma, la maldad intrínseca de algunas personas las ha llevado a transformar esos guardianes de metal en armas para dominar el mundo. Así, los mechas simbolizan el triunfo del intelecto humano pero nos ponen en alerta sobre el uso que podemos darle a nuestras propias creaciones. Un arma sirve para defender pero también para atacar.

Eureka 7
Eureka 7

SIMBIOSIS

En muchas de las obras cinematográficas y televisivas, es frecuente encontrar ambos géneros al mismo tiempo, combatiendo uno contra otro. Sin embargo, el género de los Kaijus es todo aquel que presente monstruos gigantes que atacan la tierra, desde los clásicos japoneses (Gojira, Gamera, Ghidora y Mothra) hasta las producciones americanas como The Giant Claw (Fred F. Sears, 1957) o Cloverfield (Matt Reeves, 2008). Por su parte, el género Mecha hace referencia únicamente a las producciones donde uno o varios Robots gigantes luchan para proteger o atacar a la humanidad, como Mazinger Z o Eureka 7.

Con base en la naturaleza y complementariedad de los dos géneros podemos tener tres combinaciones: (1) Uno o varios kaijus atacando a la humanidad o peleando entre ellos, (2) un mecha protegiendo a la humanidad de otros mechas o (3) un mecha protegiendo a la humanidad de uno o varios kaijus.

En Godzilla vs King Ghidorah (Kazuki Omori, 1991) y Godzilla, Mothra and King Ghidorah: Giant Monsters All-Out Attack (Shūsuke Kaneko, 2001), tenemos kaijus enfrentándose entre ellos. Por su parte, en Mazinger Z tenemos a los mechas buenos del Profesor Kabuto enfrentar a los mechas malos del Dr. Hell.

The Giant Claw
The Giant Claw (Fred F. Sears, 1957)

Un caso curioso y mal interpretado es el de Evangelion. En dicha serie tenemos a los Evas (que no son mechas) enfrentando ángeles (kaijus). Como la naturaleza de los evas no es de robots —pues fueron creados a partir del ADN humano y el de Adam, que es un ser divino y eso los hace técnicamente semidioses— resulta incorrecto catalogarla como mecha. Neon Genesis pertenece únicamente al género de los Kaijus, pero se le denomina mecha porque (a excepción del origen de los evas) presenta todas características de dicho género, además, resulta mucho más atractivo para el público asociarlo como tal.

Mechas y kaijus son completamente distintos, aunque comparte un origen común; el primero pertenece a la Ciencia Ficción mientras que el segundo puede surgir de distintos géneros. A lo largo de la historia han ido de la mano jugando indistintamente el papel de buenos o malos, nos han aterrado y asombrado con su despliegue de poder, y nos han forzado a reevaluar nuestros miedos colectivos.

Opuestos y Contrarios

Nota: El siguiente ensayo es una postura personal, no es para nada un análisis social ni tampoco se intenta abordar la historia de los fenómenos o movimientos aquí mencionados.

En diversas culturas existe la aparente recurrencia de explicar el mundo a partir de dualidades, y dentro de la Ciencias Sociales, como la Antropología, muchas veces tenemos que retomar la idea de los opuestos para explicar algunos fenómenos o responder por qué —a pesar de ser contrarios— terminan por interactuar unos con otros, y no a manera de enfrentamiento, sino a manera de una respuesta distinta a un mismo problema. La contracultura, las disidencias, las transgresiones y la denominada Massive Culture (Cultura Masiva), han sido movimientos sociales, sexuales y artísticos que se han opuesto al régimen establecido de “normalidad”. Dentro de los medios audiovisuales también tenemos ejemplos perfectos de opuestos que ha surgido en la misma época y que han expuesto, de manera diferente, un mismo problema social. A continuación expongo cuatro sencillos ejemplos —no precisamente audiovisuales— que se oponen por su naturaleza pero que no dejan de reflejar la dinámica social de su época.

MALLAS VS GABARDINAS (1928- 1940)

Después de la Gran Depresión, aquella crisis económica que afectó al mundo en 1929 y principalmente a los Estados Unidos, surgieron dos fenómenos que más tarde se apoderarían del cine, las historietas y la televisión: Los Superhéroes y el Film Noir.

Debido a los múltiples problemas, frustraciones y miedos que vivía la sociedad se creó la necesidad colectiva de hacer algo que llevara un poco de esperanza a las personas, surgiendo así  Súperman en 1932 y Batman en 1939. El primero reflejaba la idealización del americano ejemplar y del país en general, pues era un tipo poderoso, extremadamente moral y de cierta forma nunca encajaba con el resto de humanos porque su propio poder lo hacía diferente; incluso los colores de su traje aluden a la bandera estadounidense. Batman, por su parte, reflejaba al ciudadano normal, sin poderes, que gracias a su fortuna e incorruptible sentido de justicia (que me recuerda a la Tolerancia Cero de las leyes gringas) hacia frente a los criminales que azolaban Gotham (Nueva York).

Si bien Súperman simboliza el ideal moral americano y Batman la violencia y corrupción que gobernaban las calles (por eso uno vestía la bandera americana mientras que otro se ocultaba en la oscuridad), lo que ambos hacían era dar esperanza a la población haciéndola soñar con un héroe que llegaría a resolver sus problemas como por arte de magia.

En el otro extremo tenemos al Film Noir, nacido en los 30 y teniendo su mayor apogeo la década siguiente. Este clásico género americano también refleja los problemas sociales que vivió aquel país, pero no desde la perspectiva idílica, ni siquiera desde la visión de las víctimas, sino que se opuso a la idea de los Superhéroes y nos contó la historia teniendo como personajes principales a los villanos y mafiosos; surgió así, a la par que el superhéroe, la figura del antihéroe. Su propio nombre (Cine Negro) nos deja ver que se trata de la visión opuesta, que sus temáticas hablarán sobre lo malo, sobre lo ilegal, sobre el bajomundo de la corrupción y el fraude que todos saben que existe pero que nadie menciona.

He aquí el primer ejemplo de dos opuestos que surgieron debido a una crisis económica pero que fueron testigos de los problemas y temores que vivió Estados Unidos hace casi 90 años. Uno era lo ideal y lo otro lo mal visto, uno era luminoso y el otro era sombras, unos usaban mallas y los otros gabardinas.

ULTRAMAN VS GODZILLA (1945-1960)

Dejando atrás la década de 1930 llegamos a la mitad del siglo, cuyo principal evento fue la Segunda Guerra Mundial. En la mitad final de los años 40 y todos los 50 la temática que permeó cine y televisión fue el Holocausto, más como mensaje antibélico que como análisis histórico. Japón, como ya mencioné en la entrada sobre Japón y sus desastres, resultó el país más afectado después de que los Estados Unidos detonaran dos bombas nucleares en su territorio. Y como es bien sabido por todos, el resultado de la psicosis colectiva de los nipones fue Godzilla, quien vio la luz en 1957. Pues bien, para la década siguiente apareció en la televisión nipona Ultraman, un peculiar superhéroe que se enfrentaba a gigantes monstruos (kaiju).

Resulta peculiar cómo en Japón la temática de opuestos también se hace presente, pero con una intención distinta, pues en Estados Unidos lo que intentaban era mostrar las dos caras de la sociedad, mientras que en Japón se trataba de dar un mismo mensaje: el progreso y la superación del país están en el esfuerzo de su población. Godzilla destruía los edificios, pero ellos podían volverlos a construir, mientras que Ultraman se enfrentaba a los problemas como debía hacerlo todo buen hijo del sol naciente.

PROGRESO VS DECADENCIAS (1970-1980)

De regreso a los Estados Unidos y ahora con el auge de la energía atómica pero el temor de una guerra nuclear, desencadenada por la Guerra Fría, surgen nuestros dos siguientes opuestos, que en parte se alimentaron de los movimientos sociales de la década de los 60. El primero de ellos es el Retrofuturismo Clásico, aquel que nos mostraba una sociedad utópica impulsada por la energía nuclear y que representaba el “American way of life” y el “American Dream” (Los Supersónicos es un gran ejemplo), pero que a pesar de la perfección de un esperanzador futuro ponía en evidencia la paranoia que había desatado la Guerra Fría; fue la época en la que muchas casas contaban con refugios antibombas. Y cómo quizás ya pueden imaginar el opuesto natural al Retrofuturismo fue el Cyberpunk, quien se alimentó de la corriente Anarco-Punk cuya visión del futuro era la de una sociedad deshumanizada y decadente a causa precisamente del desarrollo tecnológico, el mentado “No Future” que he mencionado en variadas ocasiones.

Por un lado teníamos el futuro perfecto donde los robots —y no los mexicanos (pongamos atención a eso)— harían los trabajos desagradables, la energía era limpia y no se dependía del petróleo de otros países; recordemos que hablamos de Estados Unidos. El marido trabajaba para mantener a la familia, los hijos era idénticos a los modelos de las campañas publicitarias, no había problemas de salud y las esposas eran felices amas de casa. Un ideal americano que deja en evidencia la idiosincrasia racista y machista de su sociedad, quizás por ello en esa misma década surgieron disidencias cómo el Feminismo (que únicamente trataba de reivindicar a la citadina ama de casa clasemediera, inaplicable al estudio de féminas en un ámbito sociocultural distinto).

En el otro extremo tenemos al Cyberpunk, un subgénero de la Ciencia Ficción que nos mostraba lo que un mal manejo de la tecnología podría provocar en la sociedad. El Cyberpunk era totalmente anarquista, no creía que el futuro nos deparará algo bueno y nos mostraba que la decadencia social no podía evitarse con máquinas avanzadas y novedosas, sino todo lo contrario. Asimismo, conviene recordar que la estética del Cyberpunk Clásico fue retomada del Film Noir, quien varias décadas antes también fungió como el opuesto que evidenciaba el lado malo de la sociedad.

Mallas vs No-muertos (Siglo XXI)

Llegamos al siglo XXI y en los últimos años hemos podido ver que los Superhéroes han regresado y se han apoderado del cine, fungiendo nuevamente como una esperanza imaginaría a los problemas de toda índole que afectan al mundo entero. Sin embargo, casi al mismo tiempo que los héroes regresaron, también lo hicieron otra serie de criaturas; los muertos regresaron de la tumba en busca de carne fresca.

Si bien el tema de los Zombis requiere un análisis a profundidad pues la razón de su éxito van más allá de la histeria y miedos colectivos, basta con mencionar que en la actualidad tenemos un auge de héroes que vienen a salvar el mundo y un opuesto que nos muestra que ya no hay mundo que salvar. El Survival-Horror nos ha enseñado —oponiéndose de la manera más genial a los súpers— que cuando ya no hay mundo que salvar lo único que queda es sobrevivir. Y esto es para reflexionar un poco, porque en las etapas anteriores mencionamos que los opuestos daban las dos visiones de una misma sociedad o que se oponían a las ideas impuestas por el sistema, con los opuestos actuales la cosa cambia, pues si bien aún tenemos a los héroes que nos rescatarán, en el otro extremo nos estamos jugando la vida ante un futuro de incertidumbre total, mucho más pesimista que la anárquica visión de Cyberpunk ochentero. Una cosa es que la sociedad se deshumanice y otra que deje de existir dando paso a una horda de come-cerebros y a un rebaño de humanos tratando de sobrevivir en un mundo en el que ya no queda nada. ¿Tan mal estamos que el opuesto de nuestro tiempo es el apocalipsis total?

Japón y sus desastres II: Godzilla y la Postguerra

Como es bien sabido por todos, Japón fue uno de los países más dañados por la Segunda Guerra Mundial, no sólo económicamente hablando, sino moral y ambientalmente. Los daños sufridos por las dos bombas atómicas y los costos del conflicto bélico dejaron un país en ruinas y diezmado en prácticamente todos los aspectos. Con un presente sombrío y un futuro nada alentador, los japoneses se vieron forzados a levantar de los escombros a un país devastado, pero con una herencia cultural tan arraigada que probablemente fue lo que contribuyó a reconstruir su país y posicionarlo como una de las máximas potencias mundiales.

Como los japoneses tuvieron que cambiar para enfocarse en trabajar y reconstruir su país, no es de extrañarse que muchos de los mangas de mediados del siglo pasado presenten a una sociedad trabajadora que se enfrenta a dificultades que tendrá que superar; se trataba de dar un ejemplo alentador —mediante el uso de héroes— para que la gente se esforzara aún más. Se dice que los humanos sólo pueden cambiar cuando están al borde del colapso, y el pueblo nipón es un claro ejemplo de ello, pero no es el único, la seriedad, orden y rectitud que caracteriza a los alemanes es también una secuela de dicha guerra. En México también tenemos un ejemplo de cambio social drástico, el del sismo de 1985, cuando la sociedad mexicana se organizó para realizar labores de rescate y ayudarse mutuamente, al grado de que dicha organización rebasó por mucho la del gobierno y los militares.

Después de la segunda guerra mundial, las obras de ciencia ficción japonesa empezaron a tener un gran auge dentro de una amplia plataforma de medios, como la televisión, las revistas o los videojuegos. Sin embargo, debido a los problemas políticos de la época, la cantidad de obras traducidas del inglés era muy limitada. Afortunadamente esto provocó que la industria se alimentara de obras proveniente de Francia y Rusia, y se alejara de los cánones que la industria norteamericana tenía bajo su monopolio. Lo anterior ayudó a forjar un estilo muy particular en las obras niponas, pues desde ese entonces la animación, los mangas y los videojuegos han evocado conceptos, tradiciones, mitos y demás aspectos folclóricos de la cultura japonesa. Ese núcleo cultural que han nutrido a la ciencia ficción posiblemente también ha facilitado la construcción de una identidad, pero al mismo tiempo se ha convertido en el elemento exótico que nos atrae a todos los occidentales.

Si bien el aspecto cultural resultó atractivo en occidente, también resultó difícil de entender, lo cual provocó que en la década de los 50 muchas películas fueran denigradas y consideradas como un sinónimo de baja calidad. Además de que se formó un estereotipo en el inconsciente del público occidental que no bajaba de violentas y absurdas a dichas producciones, sobre todo por la recurrencia a mostrar desastres y gigantescos monstruos. Posiblemente esa incompatibilidad cultural es lo que ha estigmatizado al anime, pues incluso en la actualidad hay quienes lo consideran violento, satánico e inmoral. Sin embargo, aunque lentamente, la popularidad de dichos filmes ha aumentado y ya cuenta con una gran cantidad de seguidores. Esto llevó a que en Estados Unidos se realizaran remakes de películas como Godzilla.

Godzilla y su desenfrenada destrucción de edificios se convirtieron en el estandarte de una sociedad empeñada en reconstruir su país aun en contra de todas las dificultades. La exagerada fama que tienen los japoneses con respecto a su capacidad de reconstrucción y para reponerse de los desastres se debe en buena medida a la industria cinematográfica. De esta forma, podemos ver a los grandes monstruos del cine japonés como un reflejo del miedo colectivo que la sociedad tenía, pero también como una forma de hacerles frente y pugnar por una sociedad capaz de levantarse aún ante el ataque de Godzilla.

Todas estas obras hicieron que la ciencia ficción —en todas sus formas— se utilizara como una ventana hacia un futuro que prometía modernidad y grandes avances tecnológicos y científicos, pero que aún presentaba enormes desastres y dificultades para una sociedad en crecimiento y con fuertes traumas que le tomaría décadas superar. A diferencia de las retrofuturistas producciones norteamericanas, alimentadas por el “American Dreaming”, el “American way of life” y la paranoia de la Guerra Fría, las obras japonesas mostraban un futuro prometedor pero no utópico, sino violento y realista, características que aún podemos observar en el anime y manga actuales. Esto posteriormente coadyuvó a la construcción de un género que critica los problemas sociales, el Cyberpunk.

Japón y sus desastres I
Japón y sus desastres III
Japón y sus desastres IV

Para saber más sobre la ciencia ficción japonesa:

Robot Ghosts and Wired Dreams, Japanese Science Fiction from Origins to Anime. Christopher Bolton, Istvan Csicsery-Ronay Jr. y Takayuki Tatsumi, University of Minnesota Press, Minneapolis, 2007.

Japón y sus desastres I: Introducción

Como todos sabemos, Japón ha sido blanco de numerosos desastres a lo largo de su historia, como las dos bombas atómicas en la Segunda Guerra Mundial o los constantes terremotos y tsunamis que sufre como consecuencia de estar asentado dentro del cinturón de fuego, al igual que México.

Estos fenómenos han influido en la mentalidad japonesa en todos los aspectos, desde su ideología hasta su organización (tanto política como social), la cual se ve reflejada en la pulcritud y el orden que demuestran al momento de ayudar a sus compatriotas a salir de los escombros o mientras hacen largas filas para comprar los suministros más básicos, algo que fácilmente podemos contrastar con Haití, en donde la gente se arremolinaba y atacaba para conseguir una botella de agua.

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Nagasaki después de la bomba atómica

Las recurrentes desgracias que han afectado al país nipón han terminado por cincelar en el inconsciente colectivo una muy particular forma de actuar frente a los desastres. Quizás al que más temen actualmente es a un posible desastre nuclear, y con justa razón, pues si observamos la dificultad y el tiempo que ha tenido que pasar para sacar de los escombros a un país devastado por la guerra y posicionarlo como la segunda potencia mundial, es comprensible que no deseen volver a pasar por lo mismo. Pero inclusive aquí podemos hacer comparaciones, pues los alrededores de Chernóbil, Ucrania, aún parecen una abatida zona de guerra a diferencia de Hiroshima o Nagasaki.

Todo esto nos lleva al tema que intento abordar, que es cómo los grandes desastres han impactado en la sociedad y a su vez se han visto reflejados en los medios audiovisuales. El tema surge pues considero que la animación, la televisión y el cine son reflejo de las condiciones sociales y en ellos se ven expresados los miedos, frustraciones y problemas de la sociedad.

Terremoto de Japón 2011
Japón después del terremoto de 2011

Al igual que los superhéroes en los comic norteamericanos, quienes aparecieron como una forma de distracción y para dar esperanzas a los ciudadanos estadounidenses después de la crisis económica de 1929, los monstruos japonenses (kaiju) son un reflejo del miedo colectivo en que la sociedad nipona vivía después de la Segunda Guerra Mundial.

Muchas de las series y mangas de mediados del siglo XX se enfocaron en mostrar a una sociedad trabajadora y a héroes que pelean y derrotan a gigantescas bestias, esto con el fin de influenciar a la población en general —y más específicamente a la clase obrera— para que trabajaran, mantuvieran el orden y se esforzaran por sacar adelante a un país sumido en la miseria. Y al parecer dio resultado, pues Japón se convirtió en una de las máximas potencias económicas del mundo.

Japón y sus desastres II
Japón y sus desastres III
Japón y sus desastres IV