Godzilla: Ciudad al filo de la batalla

Título Original: GODZILLA 決戦機動増殖都市 (Gojira: Kassen Kidô Zôshoku Toshi).
Género(s): Kaiju, Ciencia Ficción.
Director: Kôbun Shizuno.
Estudio: Polygon Pictures.
Emisión: 2018.
Duración: 100 minutos.
Extras: Godzilla: Planeta de Monstruos, Godzilla: El devorador de Planetas.

Siguiendo con el interés por Godzilla, me decidí a ver la segunda entrega de la más reciente saga animada del Kaiju más famoso del cine. Cuando se anunció que Netflix entrenaría una serie de películas animadas sobre Godzilla me emocioné bastante, sobre todo porque se trataría de una producción Japonesa y estábamos aún con el hype por Shin Gojira. Sin embargo, lo que la plataforma de streaming nos mostró fue algo bueno pero no suficiente.

La primera película tuvo sus momentos pero no fue la gran cosa, con eso en mente no esperaba algo sobresaliente de la segunda parte. Además de que el formato de hacer una obra muy larga y dividirla en películas no termina de gustarme. No obstante la vi y pasé un rato agradable aunque el filme llega sólo a palomero a lo mucho. Y el tipo de animación tan digital nunca me ha gustado, aunque al final ya no me parecía tan malo.

La historia continúa con los eventos donde se quedó Planeta de Monstruos, y nos muestra a los sobrevivientes del ataque de Godzilla siendo capturado y curados por una tribu nativa que al parecer ha logrado sobrevivir al titán ocultándose bajo la superficie. Esos humanoides si bien tienen rasgos parecidos a los humanos y una sociedad tribal como la de los primeros grupos sedentarios parecen no ser descendientes directos de nosotros, pues algunas de sus características físicas los emparentan con los insectos. Los Houtua, nombre que se da la tribu, parecen ser enemigos de Godzilla y deciden liberar a los humanos, bilusaludos y exifs que sobrevivieron para que pelen contra el monstruo.

Los bilusaludos descubren que las lanzas que usa la tribu están hechas con lo que parece ser nanometal, el material del que estaba construido Mechagodzilla, aunque ahora es diferente, pues al parecer ha evolucionado durante todos estos años en algo más fuerte y capaz de derrotar el enemigo. Con la esperanza de poder derrotar a Godzilla los sobrevivientes deciden quedarse a pelear y buscar el origen del nanometal, así llegan hasta una enorme ciudad. Tan parece que la cabeza de Mechagodzilla sobrevivió a lo largo del tiempo y construyó una ciudad entera para pelear contra su enemigo.

Los bilusadulos toman el control de la ciudad para enfrentar a Godzilla y hacen un plan para capturarlo. Haruo comanda al resto de sobreviviente y todos se preparan para la batalla final. Sin embargo, Metphies ve con malos ojos el plan de los bilusaludos. Al parecer los exif tienen un modo muy espiritual de ver el mundo, mientras que los bilusaludos son netamente lógicos y confían en la tecnología, dejando a los humanos en un punto medio. La batalla comienza pero Godzilla resulta ser más fuerte de lo que esperaban, sin embargo, él no es la mayor amenaza del universo, sino un ente aún más temible, Ghidorah.

La película es mala, tiene un par de momentos aceptables pero gran parte es letárgica y tediosa. Elementos como el nanometal y Mechagodzilla son interesantes, pero no logran destacar realmente y todo se queda en un resultado mediocre en el que ni siquiera la decisión de seguir peleando contra Godzilla es netamente justificable. El pasado de los exif parece interesante, pero solamente intenta engancharnos con la inminente llegada de Ghidorah sin jugar un papel más importante. El resto de personajes es igualmente desangelado y salvo las gemelas de la tribu Houtua que nos dan la esperanza de que Mothra pudiera llegar a escena, lo cual no pasa, el resto no tienen ningún aporte.

Hay un punto sobre la instrumentalización cuando los bilusaludos se fusionan con el nanometal para aportar su cuerpo a algo más grande. Al parecer al fusionarse pierden las restricciones que un cuerpo físico impone y pueden aportar su mente para el control de la ciudad, pero tampoco se explota este tema lo suficiente. En general los elementos que plantea son muy buenos pero mal ejecutados.

El último punto es que si bien Godzilla es el centro en todo momento, en las conversaciones y decisiones que toman los personajes, me parece que está muy relegado de la pantalla, lo vemos muy poco y la destrucciones que esperaríamos ver en una película sobre este Kaiju es sustituida por el conflicto entre los protagonistas, las disputas entre las razas y en escenas con diálogos aburridos. Una película totalmente olvidable que no le hace justicia el rey de los monstruos, está bien para ver en esas ocasiones en las que no queremos prestar total atención a la pantalla pero nada más, y quizás la promesa de que en la tercera película salgan más bestias es lo más interesante.

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El Rey de los Monstruos

Esta no es la acostumbrada reseña de una película que suelo hacer, es más que nada una reflexión personal a manera de ensayo sobre el fenómeno que significa Godzilla y Gojira, para mantener la distinción entre las películas de hechura norteamericana y las japonesas.

La semana pasada Vossk y yo fuimos a ver la segunda película de la más reciente saga de Godzilla: King of Monsters, la cual pretende conjuntarse con la película de King Kong para regalarnos un universo más basto sobre los daikaijus nipones clásico, pero con una hechura estadounidense. Y si bien la franquicia de Gojira no ha tenido a bien presentarnos una saga como tal, moda que permea en el cine Hollywoodense donde actualmente todos son sagas enormes que duran años, sí continua vigente en la cultura popular del séptimo arte, sobre todo con su más reciente aparición a manos del maestro Hideaki Anno.

 

Es difícil que Gojira desaparezca de la cultura popular, es ya un miembro icónico que lo que representa el cine y la Ciencia Ficción, por eso mismo los intentos norteamericanos por crear una serie de películas adaptadas a su mercado difícilmente satisfacen a los fans más puristas. Y no es de extrañarse, la fórmula del blockbuster gringo termina por sobajar la tradición nipona del gran monstruo.

Personalmente he visto muy pocas películas japonesas de Gojira, espero algún día ponerme al corriente. Por esa razón he crecido más de cerca con los olvidables intentos estadounidenses por occidentalizar al Rey de los Monstruos, quien es hijo del sol naciente y no podremos cambiar eso por muchos que la industria del séptimo arte trate de agringarlo.

Debo admitir que no vi Kong: Skull Island (2017) pero al parecer sí hay una coherencia que une a la saga y va generando las típicas referencias entre películas, fórmula que ya demostró su éxito con Avengers. Retomando la película inicial, debo confesar que me entretuvo, tuvo sus momentos aceptables pero no me gustó en realidad, y puedo comparar la leve emoción que me produjo con el deleite que fue ver Shin Gojira. Los efectos están bien y la bestia es brutalmente enorme, pero eso no es suficiente para lograr una buena película de Godzilla, siempre será necesaria esa chispa nipona que los americanos nunca podrán darle.

Con ese referente iba con muy pocas expectativas para esta segunda entrega, no esperaba nada bueno y por esa razón no me decepcionó, no siquiera la aparición de algunos de los más emblemáticos Kaijus como Mothra, King Ghidorah y Rodan fue suficiente para generarme ese hype que a muchos les hizo desilusionarse. A mí no me desilusionó ni me quedó a deber, me entregó justo lo que esperaba, que era casi nada. La película me entretuvo, las batallas fueron muy buenas y ver a más de un monstruos luchar mientras destruyen ciudades fue muy agradable. Pero más allá de eso no hay algo que sea sobresaliente.

No obstante, esperando tan poco, lo que terminó por entregarme fue más de lo que esperaba, aunque aún mantiene el peor de los defectos que hacen que el primer filme sea tan malo, el tedioso drama familiar. En Shin Gorija tenemos largas escenas de política, pero ni siquiera el ver discutir a los funcionarios es tan aburrido como el innecesario drama familiar que ambas películas gringas tienen. Sí, es menos tedioso en ésta que en la primera, pero si tienes a varias bestias gigantes destruyendo el mundo, ¿no es eso suficiente para mantenerte pegado a la pantalla en vez de poner como trasfondo un drama familiar que es un cliché más visto que las veces que Nueva York ha sido destruido en las películas?

Ahora bien, hay un aspecto que sí le reconozco al filme y este es el respeto que le tiene a las películas originales. Por una parte, tenemos a un japonés con un papel importante, actos heroicos y un entendimiento y respeto por Godzilla mayor que cualquier otro personaje, lo cual contrasta con la versión caricaturizada y xenófoba con la que los extranjeros eran representados en las películas gringas, sobre todo luego de la segunda guerra mundial.

El otro punto es el respeto a los nombre originales. El personaje japonés siempre lo llama Gojira, Rodan y Ghidorah también mantienen sus nombres y Mosura es llamado así en varias ocasiones. Debemos entender que es una película destinada al público americano y es entendible la adopción de varios elementos por eso el que hagan pequeños guiños a la tradición de las películas de daikaijus es un buen toque.

Como conclusión puedo decir que la película es regular, no me decepcionó personalmente porque en realidad esperaba que fuera peor. Los efectos son bueno y ver a los titanes pelear es emocionante, pero no es la gran película, mucho menos para los puristas, aunque considero que el que exista esta saga es muy necesario pues mantiene vigente al Rey de los Monstruos entre las nuevas generaciones, y al menos lo hace mejor que la lamentable entrega de los noventa, aquí al menos sí es el todopoderoso Godzilla y no una iguana gigante.

Godzilla: Planeta de Monstruos (parte 1)

Título Original: 怪獣惑星 (Gojira: Kaiju Wakusei)
Género(s): Kaiju, Ciencia Ficción.
Director: Kôbun Shizuno, Hiroyuki Seshita.
Estudio: Polygon Pictures.
Emisión: 2017.
Duración: 88 minutos.
Extras:

Netflix ha empezado a producir sus propias series o dado la oportunidad de que muchas se entrenen en su plataforma de streaming, y dada la popularidad que el “Rey de los Monstruos” ha tenido en los últimos años debido a la película estadounidense de 2014 y a la maravillosa Shin Gojira de Hideaki Anno, el portal de video decidió estrenar a nivel mundial la más reciente producción de Toho, que es la película número 32 del Kaiju, la 30 producida por la compañía japonesa y la primera película animada, que constará con un total de tres partes.

La animación es muy buena y el grado de detalle es fantástico, pues refleja los años de decadencia que ha sufrido la humanidad en el espacio debido al ataque del kaiju. Sin embargo, a mí personalmente no agrada el estilo tan digital que tiene, pues me parece demasiado artificial, fuera de eso tiene un apartado técnico formidable, aunque el diseño de Godzilla tampoco me encantó y siempre luce algo acartonado. El apartado musical, por otro lado, es muy bueno, y en lo personal me gustaron muchos los ritmos alegres que maneja.

La historia inicia el último año del siglo XX con la repentina aparición de kaijus que atacan a la humanidad sin motivo aparente, nadie sabe de dónde vienen y cada vez son más poderosos (un poco a lo Pacific Rim). Los humanos logran resistir el embate de las criaturas, hasta que aparece una bestia más poderosa que todas las anteriores y capaz de destruir a humanos y kaijus por igual, lo llaman Godzilla (Gojira). Ante la colosal e inexpugnable bestia parece no haber oportunidad, todos los ataques fallan y no parece haber forma de que nuestra especie sobreviva.

Con la humanidad diezmada por la imponente bestia, una raza de extraterrestres llega a la tierra, se hacen llamar los Exifs, errante espaciales que profesar una peculiar religión y cuyo mensaje hacia la humanidad es que la extinción es inminente. Casi a la par llega otra raza de humanoides, los Bilusaludos, cuyo planeta fue destruido y piden asilo en la Tierra a cambio de derrotar a Godzilla. Los humanos aceptan el trato y los Bilusaludos inician la activación de Mechagodzilla, pero ni siquiera con la tecnología de las tres especies logran derrotarlo. Humanos, Exifs y Bilusaludos escapan de la tierra y vagan por el espacio por 22 años, hasta que la falta de recursos y la filtración de una estrategia para derrotar a Godzilla los hacen regresan a nuestro planeta.

El inicio es un tanto rápido y no da tanto tiempo de introducir a las bestias, pero a estas alturas me parece que ya no hace falta. Al principio salta casi directo a la acción pero luego da paso al drama, y tampoco se explica del todo la relación con las dos especies de humanoides, aunque poco a poco se van mostrando las intenciones de cada grupo, aunque sin desarrollarlas por completo en esta primera parte. La historia se centra en Haruo Sakaki, un capitán que se subleva ante la decisión de los altos mandos de deshacerse de los viejos mandándolos a una misión suicida.

Luego de dos décadas en el espacio, la nave se empieza a quedar sin recursos, la gente muere o enloquece por las terribles condiciones que han tenido que soportar. Para palear un poco el problema los líderes han decidido que se debe reducir la población, así que las personas mayores tendrán que abandonar la nave. Haruo no logra detenerlos y los ancianos mueren, pero el capitán logra filtrar en la red una investigación sobre cómo derrotar a Godzilla. La falta de recursos obliga a la nave a regresar a la tierra, en donde han pasado casi 20 mil años, luego de tanto tiempo, todos esperan que Godzilla haya muerto.

Los líderes deciden usar el plan de Haruo y mandan un equipo a la tierra, ya que si no logran recuperar el planeta las tres especies enfrentarán la extinción, pues entre todos quedan menos de 4 mil sobrevivientes. Sin embargo, al llegar al planeta encuentran que todo ha cambiado, la atmósfera ya no es apta para la vida humana y las criaturas que habitan la superficie (plantas y animales) parecen tener alguna similitud celular con Godzilla, quien por cierto aún domina el planeta.

Además de Godzilla, lo que respecta a la decadencia humana en el espacio me pareció maravilloso, pues se refleja muy bien la falta de recursos que están llevando a la nave al colapso inminente. Esa problemática social se ve, además, perfectamente aderezada con un trasfondo con planes secretos y conspiraciones entre las tres especies, ya que cada una tiene sus propios intereses.

Algo que me gusta mucho y es propio de las producciones japonesas sobre Godzilla es que a pesar de que él no salga en pantalla y se aborden cuestiones políticas o un drama personal, siempre está presente, al menos así pasa el Shin Gojira. Y eso es algo que no se ve en las producciones estadounidenses donde los momentos dramáticos se enfocan en el protagonista y desarrollan sus propios conflictos personales olvidando por unos momentos a la magnífica criatura que es la razón de haber visto dicho filme. Aquí siempre tendremos la imagen de Godzilla como un detonante que genera todas las acciones y decisiones de los personajes.

Como es de esperarse las cosas se complican y Godzilla revela ser un enemigo mucho más poderoso de lo que se habría podido predecir. Al final (luego de los créditos) el filme nos deja con un cliffhanger que dará paso a una segunda parte muy interesante. Sin duda una buena recomendación para quienes sean fans del cine de grandes monstruos y sobre todo con esa narrativa tan propia de los japoneses.

Shin Gojira (Podcast)

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El rey Kaiju ha regresado a la pantalla grande luego de varios años. Porque sí, hace dos años se estrenó Godzilla (2014) pero no, Gojira es sólo japonés y los filmes de hechura nipona tienen un feeling muy especial que los diferencia de sus contrapartes estadounidenses. Ese estilo de botarga, ese simbolismo sobre las fuerzas imparables que asolan a la humanidad, sean naturales o bélicas, y esa fama ganada a pulso durante 62 años son logros indiscutiblemente japoneses.

Godzilla Resurge, como fue nombrada en México, llegó este año a los cines de nuestro país, siendo la película número 31 de este emblemático Kaiju y la número 29 producida por Toho. A diferencia de lo ocurrido en otros países, nosotros pudimos disfrutarla sin cortes que mutilaran la historia y con un doblaje bastante decente que nos recordará, junto al estilo general del filme, a la obra magna de su director, Neon Genesis Evangelion.

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Una obra magnífica, un retorno al origen y significado real de Gojira, un diseño muy maléfico y aterrador y un desarrollo que si bien por momentos es algo lento y burocrático, nunca cae en lo aburrido, es lo que nos esperan al ver Shin Gojira. Sin historias románticas de fondo, sin los excesos hollywoodenses que se vuelven tediosos, esta es una de las películas imperdibles para los fanáticos del cine japonés, del cine de los grandes monstruos y para los fieles seguidores de Hideaki Anno.

Los dejamos pues con este podcast (uno de nuestros favoritos hasta ahora) donde desglosamos a fondo el filme y además hacemos un breve análisis y comparación con sus predecesoras norteamericanas que también tuvimos la oportunidad de ver hace algunos años. Es conveniente advertir que la segunda parte del podcast es full spoiler, así que están advertidos.

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Volver al pasado

Volver al pasado

En la primera entrada del año hablé de varios acontecimientos que se esperaban para este 2015 según la Ciencia Ficción. El más conocido de ellos es sin duda el viaje en el tiempo de Volver al Futuro. Pues bien, en una escena de dicha película, Marty McFly es sorprendido por el holograma publicitario de la decimonovena entrega del primer blockbuster del cine Hollywoodense, Tiburón (Jaws). Ya en los años 80 Spielberg vislumbraba lo que sería el futuro del séptimo arte, las sagas cinematográficas y los remakes.

Este año puede ser catalogado como el año de los regresos, cinematográficamente hablando, aunque no es un evento único del 2015, pues en los años reciente hemos visto el regreso de muchas otras franquicias, algunas con más éxito que otras, pero todas retomando historias o personajes icónicos del cine. Y es al parecer una constante que también veremos en los próximos años.

Tiburón

En lo que va de la década hemos visto regresar a los X-men, a Superman, a Spiderman, a Fredy Krueger, al Juez Dreed, a las pirañas, a los personajes de la Tierra Media, a los Simios, a Conan, a Robocop, a La Cosa, a Tintín, a los Muppets, a los Pitufos, al Xenomorfo favoritos de todos (Alien), a Django, al Enterprise, a Carrie, a Jerjes, a Godzilla, a Gokú, a las Tortugas ninja y a Drácula, sin olvidar a Mad Max, Jurassic World, Terminator y Star Wars, ni a las futuras Poltergeist o Los Casafantasmas III.

La cultura del remake y los reboots se han convertido en la estrategia perfecta para el reciclaje de ideas debido a dos factores, (1) la exigencia de los fans por más de sus historias favoritas y (2) el aplicar una fórmula que ya sabemos da resultados y ganancias y que consiste en dosificar una obra dividiéndola en partes. Hay muchas películas que a mí sí me encantaría ver de nuevo, algunas por poder disfrutarlas con la calidad visual que nos regalan los efectos actuales, otras sólo por la nostalgia de lo que llegaron a significar para mí en los años de infancia (como Jurassic Park), lamentablemente, la gran mayoría sólo serán una sombra que intentará colgarse del éxito de la obra original.

De Kaijus y Robotos

Dentro de los géneros japoneses más famosos en occidente, dos de ellos han creado escuela y han estigmatizado, para bien y para mal, al cine nipón. Así que aprovechemos este ensayo para introducir al lector al mundo de los grandes monstruos y los robots gigantes, géneros que ya abordaré a profundidad en futuros post.

EN LA VISIÓN DE DEL TORO

En vísperas del estreno de Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013), muchos aficionados del anime y férreos seguidores de Evangelion iniciaron una campaña de desprestigio contra dicha película, acusándola de plagiar el argumento y los diseños de la mencionada serie. Por su parte, la prensa especializada únicamente se enfocó en promover el trabajo de un “mexicano exitoso”, como si los logros individuales y ajenos fuesen motivo de celebración nacional.

Pero más allá de todo eso, el estreno de Titanes del Pacífico tiene un significado muy sintomático para el cine de occidente. En primera, no se trató de un plagio como muchos dijeron, sino de un homenaje —muy digno— a los dos géneros que dieron a conocer a la cinematografía japonesa en éste lado del mundo. Por otra parte, el hecho de que sea una producción estadounidense, dirigida por un mexicano, nos da fe del impacto que las producciones asiáticas han tenido en nuestra cultura.

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Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013)

Pero la grandeza de Titanes no termina ahí. En diversas ocasiones los gringos han tratado de emular a las producciones japonesas sin los mismos resultados. El más reciente remake de Gojira, Godzilla (Ronald Emerich, 1998), es un claro ejemplo de ello. La película está tan “agringada” que pierde toda la esencia de lo que el género de los grandes monstruos debe ser y termina por convertirse en mera propaganda sobre la supremacía americana protectora del mundo.

La obra de Del Toro vino a mejorar todo esto, pues si bien no reinventa el género ni hacer aportes valiosos (de hecho está plagada de clichés) si nos muestra lo que cualquier fanático del manganime esperaría ver en un Live Action de cualquier serie Mecha. Los monstruos suenan a lo que deben sonar semejantes bestias y los robots suenan a lo que un armatoste de metal debe sonar.

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Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013)

Sí, probablemente el soundtrack es lo mejor de toda la obra, pero los pequeños detalles y las puntuales referencias a las series clásicas, la hacen aún más entrañable. El filme tiene tantos elementos que se queda corto y no logra explotar ni la cuarta parte de todo su potencial; la mitad de los Jeager son destruidos casi de inmediato y ninguna batalla es tan épica como podría haberlo sido.

Pero la no sobre explotación de sus elementos es quizás la clave de su éxito, pues a pesar de que la historia podría prestarse para una saga, el desenlace que Guillermo nos muestra no da oportunidad a ello. Es un filme de una sola entrega y en mi opinión así debería quedarse, pues fantasear con las infinitas posibilidades de un universo con robots y kaijus en lucha constantes es mucho más enriquecedor que limitar nuestra imaginación a una historia preestablecida.

Pacific Rim es buena no sólo porque contiene todo lo que el género Mecha y el género de los Kaijus deben tener, sino porque logra integrarlos de manera perfecta y hace que ambos parezcan uno, resultado que sólo había sido logrado por los nipones.

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Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013)

DE KAIJUS

Hablar de kaijus es hablar de Japón, es remontarse a los estragos de la Segunda Guerra Mundial y observar el miedo colectivo de una sociedad devastada por dos bombas atómicas. Aquellos gigantescos monstruos fueron el medio catártico mediante el cual los espectadores pudieron reflexionar sobre la devastación a gran escala y observar a una fuerza imparable atacar a una sociedad empeñada en hacerle frente.

Como medio reflexivo, el género funcionó muy bien, pero también como medio propagandístico de adoctrinamiento social. Después de los estragos dejados por la guerra, no había otra forma de sacar a la sociedad a flote que imponiéndole orden, dándole héroes y mostrándole que podría salir adelante si todos sus miembros trabajaban juntos por una causa común, incluso si el enemigo medía decenas de metros de alto.

Godzilla vs King Ghidorah
Godzilla vs King Ghidorah (Kazuki Omori, 1991)

El género simbolizó la esperanza de una sociedad que aún ante el embate de una amenaza superior podía reconstruirse de sus propias cenizas. Tenerle miedo a una bestia colosal era inevitable, pero el miedo no evitaría que la sociedad luchase por preservar su propia existencia.

El kaiju es el chico malo, es el enemigo, es la maldad que tomó forma en una enorme mole que toca el cielo; no razona, no tiene clemencia y no se detendrá hasta exterminarnos. Los orígenes del kaiju son irrelevantes, pudo ser la radiación, los extraterrestres, el resultado de experimentos o Dios mismo quien le dio origen. El hecho es que si no le hacemos frente no sobreviviremos, y eso es lo que la sociedad japonesa debía entender y poner en práctica para sacar a su país adelante después de perder la guerra.

Godzilla, Mothra and King Ghidorah
Godzilla, Mothra and King Ghidorah: Giant Monsters All-Out Attack (Shūsuke Kaneko, 2001)

DE MECHAS

En el otro extremo tenemos los mechas: gigantescos robots pilotados por humanos, nacidos del intelecto humano y resultado de la conquista científica sobre la naturaleza. Los grandes robots simbolizan la supremacía tecnológica, pero también critican la excesiva dependencia que actualmente tenemos de ella. Con ellos el miedo desaparece y podemos enfrentar incluso a la bestia más imponente, pero sin ellos la humanidad está perdida.

A diferencia de los kaijus, que tiene un único discurso con dos finalidades, los mechas sí tiene un doble mensaje. En el primero las máquinas se muestran como las salvadoras de la humanidad, demostrando que la ciencia y la tecnología han sido, son y serán las herramientas indispensables para la sobrevivencia de nuestra especie, desde aquel primer hueso blandido como arma por nuestros ancestros primates, hasta los robots de 40 metros diseñados para el combate.

Pero no todo en la ciencia ha sido bueno, las armas de destrucción masiva se han convertido en una de las más atroces invenciones humanas. De la misma forma, la maldad intrínseca de algunas personas las ha llevado a transformar esos guardianes de metal en armas para dominar el mundo. Así, los mechas simbolizan el triunfo del intelecto humano pero nos ponen en alerta sobre el uso que podemos darle a nuestras propias creaciones. Un arma sirve para defender pero también para atacar.

Eureka 7
Eureka 7

SIMBIOSIS

En muchas de las obras cinematográficas y televisivas, es frecuente encontrar ambos géneros al mismo tiempo, combatiendo uno contra otro. Sin embargo, el género de los Kaijus es todo aquel que presente monstruos gigantes que atacan la tierra, desde los clásicos japoneses (Gojira, Gamera, Ghidora y Mothra) hasta las producciones americanas como The Giant Claw (Fred F. Sears, 1957) o Cloverfield (Matt Reeves, 2008). Por su parte, el género Mecha hace referencia únicamente a las producciones donde uno o varios Robots gigantes luchan para proteger o atacar a la humanidad, como Mazinger Z o Eureka 7.

Con base en la naturaleza y complementariedad de los dos géneros podemos tener tres combinaciones: (1) Uno o varios kaijus atacando a la humanidad o peleando entre ellos, (2) un mecha protegiendo a la humanidad de otros mechas o (3) un mecha protegiendo a la humanidad de uno o varios kaijus.

En Godzilla vs King Ghidorah (Kazuki Omori, 1991) y Godzilla, Mothra and King Ghidorah: Giant Monsters All-Out Attack (Shūsuke Kaneko, 2001), tenemos kaijus enfrentándose entre ellos. Por su parte, en Mazinger Z tenemos a los mechas buenos del Profesor Kabuto enfrentar a los mechas malos del Dr. Hell.

The Giant Claw
The Giant Claw (Fred F. Sears, 1957)

Un caso curioso y mal interpretado es el de Evangelion. En dicha serie tenemos a los Evas (que no son mechas) enfrentando ángeles (kaijus). Como la naturaleza de los evas no es de robots —pues fueron creados a partir del ADN humano y el de Adam, que es un ser divino y eso los hace técnicamente semidioses— resulta incorrecto catalogarla como mecha. Neon Genesis pertenece únicamente al género de los Kaijus, pero se le denomina mecha porque (a excepción del origen de los evas) presenta todas características de dicho género, además, resulta mucho más atractivo para el público asociarlo como tal.

Mechas y kaijus son completamente distintos, aunque comparte un origen común; el primero pertenece a la Ciencia Ficción mientras que el segundo puede surgir de distintos géneros. A lo largo de la historia han ido de la mano jugando indistintamente el papel de buenos o malos, nos han aterrado y asombrado con su despliegue de poder, y nos han forzado a reevaluar nuestros miedos colectivos.

Opuestos y Contrarios

Nota: El siguiente ensayo es una postura personal, no es para nada un análisis social ni tampoco se intenta abordar la historia de los fenómenos o movimientos aquí mencionados.

En diversas culturas existe la aparente recurrencia de explicar el mundo a partir de dualidades, y dentro de la Ciencias Sociales, como la Antropología, muchas veces tenemos que retomar la idea de los opuestos para explicar algunos fenómenos o responder por qué —a pesar de ser contrarios— terminan por interactuar unos con otros, y no a manera de enfrentamiento, sino a manera de una respuesta distinta a un mismo problema. La contracultura, las disidencias, las transgresiones y la denominada Massive Culture (Cultura Masiva), han sido movimientos sociales, sexuales y artísticos que se han opuesto al régimen establecido de “normalidad”. Dentro de los medios audiovisuales también tenemos ejemplos perfectos de opuestos que ha surgido en la misma época y que han expuesto, de manera diferente, un mismo problema social. A continuación expongo cuatro sencillos ejemplos —no precisamente audiovisuales— que se oponen por su naturaleza pero que no dejan de reflejar la dinámica social de su época.

MALLAS VS GABARDINAS (1928- 1940)

Después de la Gran Depresión, aquella crisis económica que afectó al mundo en 1929 y principalmente a los Estados Unidos, surgieron dos fenómenos que más tarde se apoderarían del cine, las historietas y la televisión: Los Superhéroes y el Film Noir.

Debido a los múltiples problemas, frustraciones y miedos que vivía la sociedad se creó la necesidad colectiva de hacer algo que llevara un poco de esperanza a las personas, surgiendo así  Súperman en 1932 y Batman en 1939. El primero reflejaba la idealización del americano ejemplar y del país en general, pues era un tipo poderoso, extremadamente moral y de cierta forma nunca encajaba con el resto de humanos porque su propio poder lo hacía diferente; incluso los colores de su traje aluden a la bandera estadounidense. Batman, por su parte, reflejaba al ciudadano normal, sin poderes, que gracias a su fortuna e incorruptible sentido de justicia (que me recuerda a la Tolerancia Cero de las leyes gringas) hacia frente a los criminales que azolaban Gotham (Nueva York).

Si bien Súperman simboliza el ideal moral americano y Batman la violencia y corrupción que gobernaban las calles (por eso uno vestía la bandera americana mientras que otro se ocultaba en la oscuridad), lo que ambos hacían era dar esperanza a la población haciéndola soñar con un héroe que llegaría a resolver sus problemas como por arte de magia.

En el otro extremo tenemos al Film Noir, nacido en los 30 y teniendo su mayor apogeo la década siguiente. Este clásico género americano también refleja los problemas sociales que vivió aquel país, pero no desde la perspectiva idílica, ni siquiera desde la visión de las víctimas, sino que se opuso a la idea de los Superhéroes y nos contó la historia teniendo como personajes principales a los villanos y mafiosos; surgió así, a la par que el superhéroe, la figura del antihéroe. Su propio nombre (Cine Negro) nos deja ver que se trata de la visión opuesta, que sus temáticas hablarán sobre lo malo, sobre lo ilegal, sobre el bajomundo de la corrupción y el fraude que todos saben que existe pero que nadie menciona.

He aquí el primer ejemplo de dos opuestos que surgieron debido a una crisis económica pero que fueron testigos de los problemas y temores que vivió Estados Unidos hace casi 90 años. Uno era lo ideal y lo otro lo mal visto, uno era luminoso y el otro era sombras, unos usaban mallas y los otros gabardinas.

ULTRAMAN VS GODZILLA (1945-1960)

Dejando atrás la década de 1930 llegamos a la mitad del siglo, cuyo principal evento fue la Segunda Guerra Mundial. En la mitad final de los años 40 y todos los 50 la temática que permeó cine y televisión fue el Holocausto, más como mensaje antibélico que como análisis histórico. Japón, como ya mencioné en la entrada sobre Japón y sus desastres, resultó el país más afectado después de que los Estados Unidos detonaran dos bombas nucleares en su territorio. Y como es bien sabido por todos, el resultado de la psicosis colectiva de los nipones fue Godzilla, quien vio la luz en 1957. Pues bien, para la década siguiente apareció en la televisión nipona Ultraman, un peculiar superhéroe que se enfrentaba a gigantes monstruos (kaiju).

Resulta peculiar cómo en Japón la temática de opuestos también se hace presente, pero con una intención distinta, pues en Estados Unidos lo que intentaban era mostrar las dos caras de la sociedad, mientras que en Japón se trataba de dar un mismo mensaje: el progreso y la superación del país están en el esfuerzo de su población. Godzilla destruía los edificios, pero ellos podían volverlos a construir, mientras que Ultraman se enfrentaba a los problemas como debía hacerlo todo buen hijo del sol naciente.

PROGRESO VS DECADENCIAS (1970-1980)

De regreso a los Estados Unidos y ahora con el auge de la energía atómica pero el temor de una guerra nuclear, desencadenada por la Guerra Fría, surgen nuestros dos siguientes opuestos, que en parte se alimentaron de los movimientos sociales de la década de los 60. El primero de ellos es el Retrofuturismo Clásico, aquel que nos mostraba una sociedad utópica impulsada por la energía nuclear y que representaba el “American way of life” y el “American Dream” (Los Supersónicos es un gran ejemplo), pero que a pesar de la perfección de un esperanzador futuro ponía en evidencia la paranoia que había desatado la Guerra Fría; fue la época en la que muchas casas contaban con refugios antibombas. Y cómo quizás ya pueden imaginar el opuesto natural al Retrofuturismo fue el Cyberpunk, quien se alimentó de la corriente Anarco-Punk cuya visión del futuro era la de una sociedad deshumanizada y decadente a causa precisamente del desarrollo tecnológico, el mentado “No Future” que he mencionado en variadas ocasiones.

Por un lado teníamos el futuro perfecto donde los robots —y no los mexicanos (pongamos atención a eso)— harían los trabajos desagradables, la energía era limpia y no se dependía del petróleo de otros países; recordemos que hablamos de Estados Unidos. El marido trabajaba para mantener a la familia, los hijos era idénticos a los modelos de las campañas publicitarias, no había problemas de salud y las esposas eran felices amas de casa. Un ideal americano que deja en evidencia la idiosincrasia racista y machista de su sociedad, quizás por ello en esa misma década surgieron disidencias cómo el Feminismo (que únicamente trataba de reivindicar a la citadina ama de casa clasemediera, inaplicable al estudio de féminas en un ámbito sociocultural distinto).

En el otro extremo tenemos al Cyberpunk, un subgénero de la Ciencia Ficción que nos mostraba lo que un mal manejo de la tecnología podría provocar en la sociedad. El Cyberpunk era totalmente anarquista, no creía que el futuro nos deparará algo bueno y nos mostraba que la decadencia social no podía evitarse con máquinas avanzadas y novedosas, sino todo lo contrario. Asimismo, conviene recordar que la estética del Cyberpunk Clásico fue retomada del Film Noir, quien varias décadas antes también fungió como el opuesto que evidenciaba el lado malo de la sociedad.

Mallas vs No-muertos (Siglo XXI)

Llegamos al siglo XXI y en los últimos años hemos podido ver que los Superhéroes han regresado y se han apoderado del cine, fungiendo nuevamente como una esperanza imaginaría a los problemas de toda índole que afectan al mundo entero. Sin embargo, casi al mismo tiempo que los héroes regresaron, también lo hicieron otra serie de criaturas; los muertos regresaron de la tumba en busca de carne fresca.

Si bien el tema de los Zombis requiere un análisis a profundidad pues la razón de su éxito van más allá de la histeria y miedos colectivos, basta con mencionar que en la actualidad tenemos un auge de héroes que vienen a salvar el mundo y un opuesto que nos muestra que ya no hay mundo que salvar. El Survival-Horror nos ha enseñado —oponiéndose de la manera más genial a los súpers— que cuando ya no hay mundo que salvar lo único que queda es sobrevivir. Y esto es para reflexionar un poco, porque en las etapas anteriores mencionamos que los opuestos daban las dos visiones de una misma sociedad o que se oponían a las ideas impuestas por el sistema, con los opuestos actuales la cosa cambia, pues si bien aún tenemos a los héroes que nos rescatarán, en el otro extremo nos estamos jugando la vida ante un futuro de incertidumbre total, mucho más pesimista que la anárquica visión de Cyberpunk ochentero. Una cosa es que la sociedad se deshumanice y otra que deje de existir dando paso a una horda de come-cerebros y a un rebaño de humanos tratando de sobrevivir en un mundo en el que ya no queda nada. ¿Tan mal estamos que el opuesto de nuestro tiempo es el apocalipsis total?