Título Original: 攻殻機動隊 (Kôkako Kidôtai). Género(s): Ciencia Ficción/Cyberpunk/Wirepunk, Seinen. Director: Mamoru Oshii. Estudio: Production I. G. Emisión: 1995. Duración: 82 minutos. Extras: Ghost in the Shell: Innocence, Ghost in the Shell: SAC, Ghost in the Shell SAC 2nd Gig, Ghost in the Shell: SAC Solid State Society.
Basada en la manga homónimo de Masamune Shirow, Ghost in the Shell es una de las películas más representativas del Cyberpunk animado a nivel mundial. Su estética, sus personajes y la poética forma de abordar la dicotomía entre la realidad y la virtualidad son sencillamente impresionantes.
Ghost in the Shell no sólo es uno de los anime de culto más importantes de las últimas décadas, también es la perfecta concretización del Cyberpunk, el Nanopunk y el Wirepunk en una sola obra. El filme fluctúa entre la frontera de esos tres géneros y retoma algunos de sus elementos más esenciales, lo que la hace una referencia obligada para todo amante de la Ciencia Ficción, no por nada ha sido inspiración para muchas obras del género, como la saga Matrix de los hermanos Wachowski.
La calidad de animación es tan impactante que aún hoy luce vigente. El estilo gekiga usado en los personajes es excelso, pues la rudeza de estos logra reflejar la violencia de ese mundo distópico y tecnológico. La música es bellísima y ambienta de manera sublime cada una de las escenas, generando una atmósfera lúgubre y siniestra.
El diseño de escenarios es uno de los aspectos más sobresaliente, pues no sólo hace uso de esa estética oscura, industrial y sobresaturada propia del Cyberpunk, también nos muestra elementos más delicados y minimalistas que coquetean con el Nanopunk. La detallada urbe logra un aspecto visceral y hacinado pero sin abusar del neobrutalismo, lo que resulta sumamente atractivo. Sus escenarios están inspirados, sin duda, en la ciudad de Kowloon, Hong Kong, el lugar con la mayor densidad demográfica en el mundo hasta su destrucción en 1993.
La historia gira en torno a la teniente Motoko Kusanagi, una cyborg que trabaja para el departamento policial en el área de delitos tecnológicos, conocida como “sección 9”. Los problemas comienzan cuando su unidad es encomendada para atrapar a un pirata cibernético, el “Maestro de Marionetas”, quien se ha infiltrado en el “fantasma” de algunas personas con el fin de crear conflictos políticos.
Todo se complejiza cuando Kusanagi descubre que dicho criminal es en realidad una inteligencia artificial surgida del océano de información que hay en la red. Dicha entidad se reconoce a sí misma como una nueva forma de vida y exige asilo político.
La historia toma lugar en un futuro en donde los cerebros de todas las personas están interconectados en una red mundial. Asimismo, muchos humanos han modificado su cuerpo a tal punto que lo único humano que queda de ellos es su “fantasma”, que podemos denominar como conciencia o alma, y que les permite diferenciarse de los androides.
Los temas que trata la obra son muchos y muy complejos, pero en esencia, todo puede resumirse al conflicto filosófico de la realidad, que resulta ser el tema principal en las obras wirepunk, sobre todo cuando hablamos del mundo natural en contraposición con la vida artificial creada por los humanos. La película se plantea sobre qué nos hace humanos, qué es real y cómo debemos redefinir al “ser vivo” en una era en la que existe una vida 2.0.
Hablando sobre qué nos hace humanos, tenemos que si el cuerpo artificial de un cyborg puede simular las mismas funciones que las de un cuerpo humano, entonces los atributos fisiológicos dejaran de ser un distintivo entre ambos. Si la inteligencia artificial puede reproducir, sentir y pensar las mismas cosas que un humano entonces dónde estará la diferencia entre uno y otro. El “fantasma” es esa delgada línea que separa lo natural de lo artificial, pero si lo artificial crea sus propios “fantasmas” entonces ya no existirá diferencia.
Los empiristas dicen que la realidad es todo aquello que percibimos con nuestros sentidos y que podemos recordar. Sin embargo, el filme nos muestra que las experiencias pueden ser simuladas o haber sufrido alteraciones y que nuestros recuerdos pueden ser implantados. Todo esto redefine lo que somos, pues nuestra identidad se construye con base en lo que hemos vivido pero no tendremos forma de comprobar si esto fue real.
Finalmente, si una inteligencia artificial toma conciencia de sí misma, reproduce las mismas emociones y experiencias que un humano y supera el conflicto sobre su origen pues se reconoce como nacida de un cúmulo de información destinado a evolucionar, entonces cuáles serán los argumentos para no considerar viva a esa entidad. Posiblemente no nació como un organismo biológico, pero sus procesos de crecimiento y desarrollo, pese a no ser físicos, siguen el mismo patrón que el de cualquier otro ser viviente.
Ghost in the Shell es una obra magnífica, con temáticas de una profundidad abismal en lo que respecta al ámbito científico, político y filosófico. Nos cuestiona sobre aquello que nos define como humanos y como individuos únicos, nos pone en alerta sobre lo que consideramos realidad y nos deja pensando sobre si un ser vivo debe ser forzosamente un ente orgánico.
Termina el 2013 y el blog refleja los estragos de un abandono que no había sido previsto, pero que era inevitable y tarde o temprano iba a suceder. Pero no, no dejare de publicar, aunque en ésta ocasión no me comprometo a mantener un ritmo constante como había estado haciendo. En los primeros años de blogueo publicaba hasta nueve entradas por mes, recientemente he disminuido esa cantidad a cinco, aunque ahora si bien me va logro tener una.
Un último semestre de carrera, prácticas finales y el inicio de la tesis me han quitado tiempo, aunque no el suficiente para dejar de escribir para el blog. Sin embargo, un nuevo proyecto (un libro que nació como una simple propuesta para escribir relatos breves y gracias al ánimo de Vossk se complejizó hasta convertirse en novela) me ha absorbido el poco tiempo libre que antes dedicaba a ver animación y escribir las reseñas. Pero bueno, para este 2014 pretendo dedicar todo el tiempo que pueda a la tesis, el dichoso libro y al blog.
No me queda más que agradecer a todos los lectores: los que nos leen esporádicamente, los que recién nos leen, los fieles suscriptores que siempre están al pendiente de las nuevas publicaciones y los que comentan. Gracias también a mi colaborador Mike, a quien no he podido aportarle contenido recientemente pero espero hacerlo pronto, y uno de mis mejores y más querido amigos de toda la vida, el buen Vossk, gracias por los aportes, las correcciones y las ideas, siempre es un placer colaborar con usted.
¿Qué viene para éste año? Pues más reseñas, más artículos sobre teoría de géneros y mucha animación. Básicamente lo mismo de todos los años, pero —con suerte— con mayor frecuencia que en los últimos meses. Y claro, algunas sorpresas que ya verán en su momento.
Buen año a todos. Recuerden visitarnos, comentar, hacernos propaganda y decirnos que tipo de contenido les gustaría que se publicara con más frecuencia. Denle “Me Gusta” a la página de Facebook y suscríbanse.
Dentro de los géneros japoneses más famosos en occidente, dos de ellos han creado escuela y han estigmatizado, para bien y para mal, al cine nipón. Así que aprovechemos este ensayo para introducir al lector al mundo de los grandes monstruos y los robots gigantes, géneros que ya abordaré a profundidad en futuros post.
EN LA VISIÓN DE DEL TORO
En vísperas del estreno de Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013), muchos aficionados del anime y férreos seguidores de Evangelion iniciaron una campaña de desprestigio contra dicha película, acusándola de plagiar el argumento y los diseños de la mencionada serie. Por su parte, la prensa especializada únicamente se enfocó en promover el trabajo de un “mexicano exitoso”, como si los logros individuales y ajenos fuesen motivo de celebración nacional.
Pero más allá de todo eso, el estreno de Titanes del Pacífico tiene un significado muy sintomático para el cine de occidente. En primera, no se trató de un plagio como muchos dijeron, sino de un homenaje —muy digno— a los dos géneros que dieron a conocer a la cinematografía japonesa en éste lado del mundo. Por otra parte, el hecho de que sea una producción estadounidense, dirigida por un mexicano, nos da fe del impacto que las producciones asiáticas han tenido en nuestra cultura.
Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013)
Pero la grandeza de Titanes no termina ahí. En diversas ocasiones los gringos han tratado de emular a las producciones japonesas sin los mismos resultados. El más reciente remake de Gojira, Godzilla (Ronald Emerich, 1998), es un claro ejemplo de ello. La película está tan “agringada” que pierde toda la esencia de lo que el género de los grandes monstruos debe ser y termina por convertirse en mera propaganda sobre la supremacía americana protectora del mundo.
La obra de Del Toro vino a mejorar todo esto, pues si bien no reinventa el género ni hacer aportes valiosos (de hecho está plagada de clichés) si nos muestra lo que cualquier fanático del manganime esperaría ver en un Live Action de cualquier serie Mecha. Los monstruos suenan a lo que deben sonar semejantes bestias y los robots suenan a lo que un armatoste de metal debe sonar.
Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013)
Sí, probablemente el soundtrack es lo mejor de toda la obra, pero los pequeños detalles y las puntuales referencias a las series clásicas, la hacen aún más entrañable. El filme tiene tantos elementos que se queda corto y no logra explotar ni la cuarta parte de todo su potencial; la mitad de los Jeager son destruidos casi de inmediato y ninguna batalla es tan épica como podría haberlo sido.
Pero la no sobre explotación de sus elementos es quizás la clave de su éxito, pues a pesar de que la historia podría prestarse para una saga, el desenlace que Guillermo nos muestra no da oportunidad a ello. Es un filme de una sola entrega y en mi opinión así debería quedarse, pues fantasear con las infinitas posibilidades de un universo con robots y kaijus en lucha constantes es mucho más enriquecedor que limitar nuestra imaginación a una historia preestablecida.
Pacific Rim es buena no sólo porque contiene todo lo que el género Mecha y el género de los Kaijus deben tener, sino porque logra integrarlos de manera perfecta y hace que ambos parezcan uno, resultado que sólo había sido logrado por los nipones.
Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013)
DE KAIJUS
Hablar de kaijus es hablar de Japón, es remontarse a los estragos de la Segunda Guerra Mundial y observar el miedo colectivo de una sociedad devastada por dos bombas atómicas. Aquellos gigantescos monstruos fueron el medio catártico mediante el cual los espectadores pudieron reflexionar sobre la devastación a gran escala y observar a una fuerza imparable atacar a una sociedad empeñada en hacerle frente.
Como medio reflexivo, el género funcionó muy bien, pero también como medio propagandístico de adoctrinamiento social. Después de los estragos dejados por la guerra, no había otra forma de sacar a la sociedad a flote que imponiéndole orden, dándole héroes y mostrándole que podría salir adelante si todos sus miembros trabajaban juntos por una causa común, incluso si el enemigo medía decenas de metros de alto.
Godzilla vs King Ghidorah (Kazuki Omori, 1991)
El género simbolizó la esperanza de una sociedad que aún ante el embate de una amenaza superior podía reconstruirse de sus propias cenizas. Tenerle miedo a una bestia colosal era inevitable, pero el miedo no evitaría que la sociedad luchase por preservar su propia existencia.
El kaiju es el chico malo, es el enemigo, es la maldad que tomó forma en una enorme mole que toca el cielo; no razona, no tiene clemencia y no se detendrá hasta exterminarnos. Los orígenes del kaiju son irrelevantes, pudo ser la radiación, los extraterrestres, el resultado de experimentos o Dios mismo quien le dio origen. El hecho es que si no le hacemos frente no sobreviviremos, y eso es lo que la sociedad japonesa debía entender y poner en práctica para sacar a su país adelante después de perder la guerra.
Godzilla, Mothra and King Ghidorah: Giant Monsters All-Out Attack (Shūsuke Kaneko, 2001)
DE MECHAS
En el otro extremo tenemos los mechas: gigantescos robots pilotados por humanos, nacidos del intelecto humano y resultado de la conquista científica sobre la naturaleza. Los grandes robots simbolizan la supremacía tecnológica, pero también critican la excesiva dependencia que actualmente tenemos de ella. Con ellos el miedo desaparece y podemos enfrentar incluso a la bestia más imponente, pero sin ellos la humanidad está perdida.
A diferencia de los kaijus, que tiene un único discurso con dos finalidades, los mechas sí tiene un doble mensaje. En el primero las máquinas se muestran como las salvadoras de la humanidad, demostrando que la ciencia y la tecnología han sido, son y serán las herramientas indispensables para la sobrevivencia de nuestra especie, desde aquel primer hueso blandido como arma por nuestros ancestros primates, hasta los robots de 40 metros diseñados para el combate.
Pero no todo en la ciencia ha sido bueno, las armas de destrucción masiva se han convertido en una de las más atroces invenciones humanas. De la misma forma, la maldad intrínseca de algunas personas las ha llevado a transformar esos guardianes de metal en armas para dominar el mundo. Así, los mechas simbolizan el triunfo del intelecto humano pero nos ponen en alerta sobre el uso que podemos darle a nuestras propias creaciones. Un arma sirve para defender pero también para atacar.
Eureka 7
SIMBIOSIS
En muchas de las obras cinematográficas y televisivas, es frecuente encontrar ambos géneros al mismo tiempo, combatiendo uno contra otro. Sin embargo, el género de los Kaijus es todo aquel que presente monstruos gigantes que atacan la tierra, desde los clásicos japoneses (Gojira, Gamera, Ghidora y Mothra) hasta las producciones americanas como The Giant Claw (Fred F. Sears, 1957) o Cloverfield (Matt Reeves, 2008). Por su parte, el género Mecha hace referencia únicamente a las producciones donde uno o varios Robots gigantes luchan para proteger o atacar a la humanidad, como Mazinger Z o Eureka 7.
Con base en la naturaleza y complementariedad de los dos géneros podemos tener tres combinaciones: (1) Uno o varios kaijus atacando a la humanidad o peleando entre ellos, (2) un mecha protegiendo a la humanidad de otros mechas o (3) un mecha protegiendo a la humanidad de uno o varios kaijus.
En Godzilla vs King Ghidorah (Kazuki Omori, 1991) y Godzilla, Mothra and King Ghidorah: Giant Monsters All-Out Attack (Shūsuke Kaneko, 2001), tenemos kaijus enfrentándose entre ellos. Por su parte, en Mazinger Z tenemos a los mechas buenos del Profesor Kabuto enfrentar a los mechas malos del Dr. Hell.
The Giant Claw (Fred F. Sears, 1957)
Un caso curioso y mal interpretado es el de Evangelion. En dicha serie tenemos a los Evas (que no son mechas) enfrentando ángeles (kaijus). Como la naturaleza de los evas no es de robots —pues fueron creados a partir del ADN humano y el de Adam, que es un ser divino y eso los hace técnicamente semidioses— resulta incorrecto catalogarla como mecha. Neon Genesis pertenece únicamente al género de los Kaijus, pero se le denomina mecha porque (a excepción del origen de los evas) presenta todas características de dicho género, además, resulta mucho más atractivo para el público asociarlo como tal.
Mechas y kaijus son completamente distintos, aunque comparte un origen común; el primero pertenece a la Ciencia Ficción mientras que el segundo puede surgir de distintos géneros. A lo largo de la historia han ido de la mano jugando indistintamente el papel de buenos o malos, nos han aterrado y asombrado con su despliegue de poder, y nos han forzado a reevaluar nuestros miedos colectivos.
Título Original: 学校の怪談 (Gakkō no Kaidan) Género(s): Shônen, Comedia, Terror, Drama, Sobrenatural. Director: Noriyuki Abe. Estudio: Pierrot. Emisión: 22 de Octubre de 2000 – 25 de Marzo de 2001 Duración: 20 Capítulos.
Hace ya varios años, Cartoon Network solía tener un segmento que comenzaba a medianoche dedicado a trasmitir anime en nuestro idioma, Toonami. Este bloque nos permitió asomarnos un poco al ámbito de la animación japonesa y trasmitía, además de los eternos Dragon Ball Z y Pokemon, varias series más de las que solo alcancé a mirar un par de episodios antes de su completa desaparición. Sólo hubo una serie que logré ver completa, en gran medida debido a que era la primera del bloque: Historias de Fantasmas.
La trama gira en torno a Claire Miyanoshita (Satsuki en el original), una alumna de quinto grado que perdió a su madre hace varios años. Un buen día se muda junto con su padre y hermano a un pequeño pueblo en las montañas para vivir en la misma casa donde creció Kayako, su madre fallecida, y a la vez asistir a la misma escuela. Allí conocen a otros tres compañeros de clase: Ben, Nicole y Paul, este último confiesa ser un dedicado investigador de lo paranormal.
Desconocido para todos, Kayako poseía un poder especial que le permitía interactuar con el otro mundo y durante su juventud se dedicó a cazar espíritus malignos. Utilizando gran variedad de conjuros, consiguió adormecer a los fantasmas dentro de la vieja escuela y otros lugares emblemáticos del pueblo, anotando las instrucciones para derrotar a cada uno en su diario. Sin embargo, las obras públicas destinadas a modernizar el viejo pueblo perturban el descanso de los espectros más poderosos después de 28 años.
Los rumores comienzan a correr por todo el lugar creando numerosas leyendas urbanas entorno a la vieja escuela abandonada. En un rápido giro de eventos cotidianos, los cinco chicos terminan en el interior de este tenebroso edificio. Una vez ahí, Claire descubre haber heredado el poder especial de su madre y usando el Diario de Fantasmas oculto en la habitación del director, consigue derrotar al primero de ellos, Amanojaku, encerrándolo en el cuerpo del gato de su hermano debido a un conjuro incompleto.
A partir de aquí, Claire y su amigos deben enfrentar a los demás espíritus malignos mientras investigan los peligrosos acontecimientos paranormales que ocurren en el pueblo. Amanojaku, aunque en un principio arrogante, termina tomando cariño por los humanos y en ocasiones presta valiosa asistencia o los salva de una muerte segura, sabiendo que sin su ayuda, no podrá ser liberado del cuerpo del gato una vez que todos los fantasmas hayan sido encerrados.
El grupo de protagonistas enfrenta a un amplio repertorio de espíritus chocarreros y entidades demoníacas sacados del folclore japonés, cultura que ha sabido preservar sus creencias y trasladarlas a la actualidad a través de leyendas urbanas como Kuchisake-onna, Jinmenken, Hanako-san y TekeTeke; pero también agrupan espectros de otras culturas como el río Estigia de la antigua Grecia, zombies, el Jinete sin Cabeza y el fantasma de Beethoven, e incluso los adaptan a las entonces nuevas tecnologías como un portal de internet maldito.
Los episodios siguen una estructura muy similar donde un fantasma es perturbado por las «investigaciones» de Paul cada cierto tiempo. Por azares del destino, los protagonistas deben actuar para adormecer al mal y evitar que más personas, o ellos mismos, resulten eliminados de la existencia. El fabuloso demonio encerrado en el gato Kaya, proporciona frescura a la fórmula con sus excelentes diálogos, pistas y apariciones oportunas.
Es posible que debido al tremendo avance de la tecnología, en estos momentos muchos de los temores y artefactos presentes en la serie nos parezcan superados, obsoletos o hasta cómicos, ya que es un trabajo creado a inicios de siglo, cuando el internet y los teléfonos móviles eran lo más avanzado del planeta. El doblaje al español, aunque de calidad más que aceptable y basado en la versión original sin censura, heredó los nombres occidentales dados a muchos personajes, provocando un sentimiento extraño al escuchar nombres americanos mezclados con nombres japoneses.
Con una animación excelente, un estilo desenfadado y una trama simple pero efectiva, Historias de Fantasmas es un trabajo que se disfruta bastante a pesar de su corta duración, y se ha ganado un lugar entre los favoritos de aquellas personas que tuvieron la oportunidad de verlo en Toonami. El horario nocturno le sentaba de maravilla debido a su temática escalofriante, dosis suficientes de comedia e incluso un poco de drama que llegaba a colarse en los episodios finales.
Título Original: 地獄少女 (Jigoku Shôjo). Género(s): Sobrenatural, Thriller, Horror, Drama, Suspence, Seinen. Director: Takahiro Omori. Estudio: Studio DEEN. Emisión: Octubre 2005 – Abril 2006 Duración: 26 Episodios. Extras: –
Una extraña flor iluminando el cielo, el leve vaivén de la canoa te despierta para encontrar a Enma Ai escoltándote al infierno, es lo último que verás pues ya estás muerto. Con una animación fabulosa, personajes entrañables y una crítica social mordaz, llega Jigoku Shôjo, una de las mejores series animadas de los últimos años, que explora las fronteras del miedo y el odio desde una perspectiva poco convencional, teniendo a la venganza como principal objetivo.
La calidad de animación es buena en todos los aspectos, pero el diseño de personajes y escenarios es un tanto genérico, con rasgos usados por gran parte de las series en los últimos años. La banda sonora es espléndida y quizás sea el elemento técnico mejor logrado. Sin embargo, lo que destacar realmente es la complejidad de los personajes a un nivel psicológico, pues resulta sumamente atractivo ver los miedos y frustraciones tanto de los personajes incidentales como de los protagonistas, cuyos tormentos influyen directamente en el desarrollo de la historia.
La historia gira en torno a una serie de personajes incidentales que se ven atormentados por problemas de todo tipo, al punto de llevarlos a la desesperación y obligarlos a contactar con la chica del infierno, quien a cambio de su alma tomará venganza en su nombre. Y mientras las afligidas víctimas esperan la media noche para contactar con Enma Ai, un joven periodista y su hija intentan descubrir los misterios detrás de aquel correo infernal, tratando de convencer a los usuarios de desistir de su venganza.
Así es como vemos una serie de historias independientes en las que el odio, el miedo, la injusticia y la sed de venganza adquieren un papel protagónico. Enma conducirá al destinatario al infierno, pero a cambio tu alma también será tomada cuando llegue tu muerte. Un trato aparentemente justo, la peor venganza a un costo elevado, para muchos una exageración, para otros es el mínimo comparado con el infierno que viven actualmente.
Si bien la crítica social es el punto fundamental de la historia, pues nos muestra cómo las acciones aberrantes de algunas personas tienen graves repercusiones en otras al punto de convertir su vida en un verdadero infierno y obligarlos a desear el peor castigo a sus enemigos, no es éste el único mensaje de la serie, pues también nos invita a reflexionar sobre qué tan válido es tomar venganza y qué le está pasando a nuestra sociedad para que dichas acciones sean cada vez más frecuentes.
En un mundo que va tan rápido y está tan comunicado, qué tan tristes podemos sentirnos y qué tan solos podemos estar para llegar a pensar que no tenemos otra salida más que la peor de las venganzas. Por otro lado, qué tanto podemos lastimas a otros por el simple placer de hacerlo o por obtener una ventaja. Jigoku Shôjo nos expone ambos lado de la moneda, nos introduce en el sufrimiento de la víctima al grado de desear con ella todo el mal para los agresores y nos enseña que las malas accione siempre conllevan un castigo.
Más allá de lo bueno y lo malo, la serie te invita a reflexionar a un nivel más profundo. En ocasiones vivimos situaciones que nos resultan insoportables y desearíamos dejar de sufrirlas a cualquier costo, pero muchas veces las cosas termina por solucionarse o superarse con el tiempo, sólo es cuestión de soportarlas lo suficiente. Nada dura para siempre, ni los buenos momentos ni los malos, el problema es que los malos momentos se recuerdan más y es complicado deshacerse de ellos.
Pero donde la crítica moral tiene su cúspide y radica la grandeza de la serie es en su capacidad para generar empatía. En ocasiones la serie te hará desear la venganza justo como si tú fueras la víctima, pero en otras estarás consiente de que vengarse no es lo correcto. Y es allí donde la serie te hace ver que ni todo es blanco ni todo es completamente negro.
La serie refleja lo enferma que puede estar la sociedad y lo hace de una manera soberbia. Al principio inicia con casos racionales, en los cuales la persona ya vive un infierno y es entendible que desee tomar venganza, pero al pasar los capítulos la venganza se hace obtusa, pues es usada como salida fácil, por el simple placer o el odio irracional.
Además de la crítica social y la reflexiona moral, la obra está perfectamente aderezada con buenas dosis de misterio, secretos sin revelar y un trasfondo relacionado con Enma que te dejará impactado. Debido a que el ritmo de la serie es lento y monótono, esto podemos advertirlo en los primero capítulos, me parece que fue un gran acierto incluir a Hajime y Tsugumi, periodista e hija interesados por descubrir quién está detrás de aquellos asesinatos, encontrando en su búsqueda un secreto que no hubiesen imaginado.
La dupla padre e hija es genial, pues Hajime es el guía moral que ve de forma negativa la venganza, mientras que Tsugumi entiende porque las victimas desean hacerlo. La combinación del aspecto periodístico con el misterio innato que maneja la serie generan un Thriller lleno de suspenso, y pese a que la historia no es de terror como tal, si logra generarnos algo de miedo al mostrarnos las atrocidades de las que son capaces algunas personas; te hace temerle al mal que había dentro de nosotros.
Otro aspecto a destacar es la forma en que la obra logra adaptar elementos ancestrales de la cosmovisión y el folclor japonés —como los Tsukumogami y los Yôkai— con el mundo moderno, el hecho de que el medio de comunicación con Ai sea mediante correo electrónico nos da un perfecto ejemplo de ello. Finalmente, debemos recordar que Enma no es mala, simplemente cumple un trabajo que se le fue asignado. Si ya tu vida es un infierno, no vale la pena pasar por ese sufrimiento dos veces, menos si uno de ellos será eterno.
Al igual que lo hice con otros géneros, la siguiente es una breve introducción al mundo de los géneros de miedo. Antes de entrar de lleno en el Terror, el Horror y el Suspece, de los que ya hablaré a profundidad en otra ocasión, enfatizaré las características que los distinguen con la finalidad de evitar su incorrecto uso como sinónimos.
Si bien existen muchas teorías para diferenciar un género de otro, la siguiente propuesta, que está diseñada para los medios audiovisuales, pretende distinguir los géneros a partir de un único elemento: las amenazas.
DE LO ANGLO A LO HISPANO
Iniciemos situando etimológica y regionalmente las palabras Terror y Horror. En el idioma inglés ambas son sinónimas y no existe una diferencia sustancial en su significado, razón por la cual son usadas indistintamente para referirse a un sector de películas determinado, incluso la palabra horror es usada con mayor frecuencia dentro de la industria cinematográfica.
De forma contraria, en la lengua española las palabras sí tienen diferencia, la principal es que horror tiene una forma reflexiva, mientras que terror no. Es decir, podemos horrorizarnos a nosotros mismos pero no podemos aterrorizarnos a nosotros mismos, pues el terror siempre lo causa un agente externo.
Si bien el significado de ambas es muy similar, en nuestro idioma existe una clara distinción entre el sujeto que nos causa miedo. Es por ello que cuando hablamos de cine —y lo hacemos en español— resulta esencial hacer dicha distinción, a pesar de que en inglés denominen horror a todas las películas en general. En su idioma es correcto pero en el nuestro no.
Ahora bien, conocer el significado y la diferencia entre ambas palabras es sólo la primera parte para poder diferenciar un género de otro, recordemos que el significado de una palabra no necesariamente corresponderá con las características del género. Los mismo pasa cuando hablamos de plataformas distintas, las definiciones que abordaremos aquí podrían diferir con los géneros literarios.
Nosferatu ( Friedrich Wilhelm Murnau, 1922)
AMENAZAS
Hablar de miedo forzosamente nos obliga a remontarnos a los antecedentes culturales, a la historia por la supervivencia y al legado cognitivo que miles de años de evolución han dejado cincelado en nuestra psique.
El miedo procede del temor a lo desconocido, del no saber qué se oculta en la oscuridad o qué pasa más allá de donde logramos ver, escuchar y sentir. En otras palabras, el miedo es generado por una amenaza, sea ésta real, imaginaria, directa o indirecta. En cualquier caso, solemos temer cuando desconocemos algo, pues ignorar nos impedirá actuar y tomar el control de la situación.
Al ser las amenazas la clave de nuestra angustia, son éstas las que nos permitirán diferenciar de forma sencilla (al menos en teoría) entre los tres géneros a tratar. Así que desmenucemos y clasifiquemos las distintas amenazas que el séptimo arte puede presentarnos.
Rear Window (Alfred Hitchcock, 1954)
Real. Cualquier amenaza de nuestro mundo real, debe ser tangible y existir o haber existido (si la obra transcurre en un contexto temporal diferente al nuestro). Una amenaza real puede ser directa o indirecta y su objetivo será causarnos daño. Por ejemplo: un perro rabioso.
No real. Cuando la amenaza no existe en nuestro mundo o cuya existencia no puede ser (o no ha sido) comprobada, como los zombis o los extraterrestres. Se trata de un ser tangible que puede causarnos un daño físico directo.
Directa. Esta amenaza es la más obvia, se trata de cualquier cosa o ser vivo que pueda causarnos daño sin la intervención de otros elementos. Generalmente la amenaza tratará de dañarnos, siendo esa su finalidad y objetivo dentro del filme. Por ejemplo: encontrarnos con un perro rabioso en la calle. Amenaza clásica del Terror.
Indirecta. Cuando la amenaza existe pero no hay forma de que pueda dañarnos, pues hay algo (una barrera, una ley, una situación) que se lo impide. Al igual que en la amenaza directa, su finalidad es causarnos daño, pero —pese a que la amenaza existe— no hay un motivo racional para temerle, por lo que el miedo es resultado de la sugestión, la expectativa y la incertidumbre de un ataque. Por ejemplo: un perro rabioso afuera de nuestra casa que no tiene forma de entrar para atacarnos. Amenaza clásica del Suspence.
Imaginaria. Cosas o seres creados por nuestra mente (a partir de nuestros prejuicios, educación y bagaje cultural) y cuya intención es causarnos daño. No existen ni son tangibles y por lo tanto no pueden generarnos un daño físico, su actuar se restringe al estrés psicológico. Éste es el único caso en que la amenaza puede ser la situación misma. Por ejemplo: un amigo imaginario o la fobia a los espacios cerrados. Aquí va el Horror.
Sobrenatural. Amenaza no real de origen mitológico o religioso. Es intangible y no existen en nuestro mundo, pero pueden causarnos daño físico. Por ejemplo: fantasmas, demonios, seres de ultratumba. Aquí también va el Horror, pero a mí me gusta clasificarlos en un género a parte que denomino Sobrenatural.
Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960)
CÓMO PERSONAJES O CÓMO ESPECTADOR
Si somos tan objetivos como nos resulte humanamente posible y vemos las cosas únicamente como espectadores, toda obra audiovisual cuya intención es generar miedo sería de horror, pues nada en ella es real, ni siquiera el movimiento, nuestra mente es quien nos hace ver como tal un conjunto de imágenes estáticas. En decir, nos estamos asustamos (sí, a nosotros mismos y por lo tanto nos horrorizamos) de una serie de cosas que no está ahí.
Por otra parte, si vemos las cosas desde el punto de vista del personaje, el miedo que sentimos (y que siente el personaje) es producto de amenazas y circunstancias muy diversas, algunas relacionadas con su propia mente y otras con entidades del más allá. Así que la forma correcta para clasificar estos géneros es desde la perspectiva del personaje.
El Suspence puede resultar un poco más complicado pero se sujeta a las mismas reglas. Lo que nos asusta en éste género es la tensión generada por la expectativa de ver un desenlace aterrador. Dicha incertidumbre nos predispone para sentir miedo, pero finalmente quien vive dicha situación de incertidumbre es el personaje.
The Exorcist (William Friedkin, 1973)
AMBIGÜEDADES
En teoría las cosas parecen sencillas, sin embargo, las cosas no son tan fáciles y mis ejemplos anteriores pueden llegar a la ambigüedad. Por ejemplo: en una película de zombis los muertos vivientes son una amenaza real y directa para el personaje, son una amenaza irreal e imaginaria para el espectador, pero son una amenaza no real y directa por naturaleza propia.
Desglosemos: para el personaje que vive en un mundo de ficción, todos los seres que habiten en él serán reales, como los zombis en este caso; para el cinéfilo serán imaginarios, pues ya dijimos que todas las escenas que ve en pantalla ni siquiera existen; por su parte, los zombis —de existir— serían una amenaza directa, pero hasta el momento la ciencia no ha podido crearlos (la religión sí, pero eso lo aclararé en el último apartado).
Así que como verán, dependiendo del lugar desde el cual se pretenda determinar el género serán las características que adquiera, por eso a mí me gusta hacerlo a partir de lugar del personaje. Con ello evitamos discusiones filosóficas sobre el concepto de realidad. Discusiones que también se generan en algunos tópicos de la Ciencia Ficción como los viajes en el tiempo.
The Shining (Stanley Kubrick, 1980)
DIFERENCIANDO TERROR, HORROR y SUSPENCE
Iniciamos con el Suspence, pues es quien se presta a más malinterpretaciones. No es y nunca será “suspenso”; el suspenso no existe, al menos no como género cinematográfico; el suspenso no es la traducción al español de Suspence. El Suspence en español puede traducirse como Terror Psicológico o Terror Subjetivo. Si no quieren usar la palabra Suspence puede usar cualquiera de esos dos términos, son sinónimos.
Alfred Hitchcock es conocido como el maestro del Suspence. En sus obras vemos amenazas reales pero indirectas,es decir, podrían provocarnos un daño pero no lo harán, el miedo que sentimos (o que siente el personaje) será generado a partir de esa posibilidad de peligro. Para el caso del terror tenemos que dicha posibilidad es una realidad, así de simple.
Para el caso del Horror la cosa cambia un poco. La amenaza no existe, nosotros la generamos con base en la sugestión mental detonada por nuestros miedos personales. Podemos horrorizarnos al quedar atrapados en un elevador o ante la presencia de una araña. Posiblemente no exista una razón para temerle al elevador y puede que la araña ni siquiera sea venenosa, pero nuestra mente nos hará creer que podríamos precipitarnos al vacío o que el arácnido nos envenenara si nos descuidamos. Lo que es horror para unos no lo es para otros.
Veneno para las Hadas ( Carlos Enrique Taboada, 1984)
SOBRENATURAL
Anteriormente dije que yo suelo apartar el aspecto sobrenatural de algunas amenazas (demonios, fantasmas, espíritus…) en otro género que no considero dentro de los géneros de miedo. La razón por la que hago eso es porque la naturaleza de esas amenazas es de origen mítico o religioso y es de suponer que algunas personas crean en estos seres como algo real.
Pero no es la única razón por la que aparto al género de lo sobrenatural. Al igual que el género de Monstruos (habrán notado que no he mencionado vampiros, hombres lobo ni brujas), lo sobrenatural no siempre está diseñado para causar miedo. Basta mencionar ejemplos como Gasparín o La Familia Monster, que son de comedia y para nada presentan amenazas. Algo similar pasa con el Survival-Horror, término extraído directamente de los videojuegos en inglés (pues en español y con base en lo que he propuesto más arriba sería Survival-Terror).
It (Tommy Lee Wallace, 1990)
Cuando encontramos una película como The Exorcist (William Friedkin 1973), lo mejor es catalogarla como Sobrenatural (por el demonio) y de Terror (porque para los personajes el demonio es real). Por eso las películas tienen siempre más de un género, aunque por motivos de márquetin se les encasilla en aquel que atraiga a más espectadores.
En conclusión: los únicos géneros puros de miedo son el Terror, el Horror y el Suspence. Nunca encontraremos una película de Terror cómica, en todo caso encontraremos una comedia que está satirizando el terror o un filme de terror que usa por breves momentos algunos elementos cómicos a manera de distensores para romper la tensión y relajar al espectador, preparándolo así para un nuevo susto.
Título Original: ドラゴンボールZ 神と神 (Doragon Boru Zetto: Kami to Kami) Género(s): Shônen, Comedia, Peleas, Sobrenatural, Ciencia Ficción, Henshin. Director: Masahiro Hosoda. Estudio: Toei Animation. Emisión: 30 de Marzo de 2013 Duración: 85 minutos. Extras:Dragon Ball, Dragon Ball Z.
Dragon Ball Z: La Batalla de los Dioses es la decimocuarta película de la saga Dragon Ball Z. Fue lanzada en los cines de Japón el 30 de marzo de 2013 y tras una larga espera, fue doblada a nuestro idioma y estrenada en las salas de cine el 27 de septiembre de este año. Es la primera película de la saga en tener un lanzamiento planeado para el cine después de 17 años.
Luego de una elaborada campaña publicitaria por parte de los estudios responsables de su realización, se reveló que el autor original, Akira Toriyama, estaba involucrado profundamente en este trabajo. De acuerdo con Toriyama, el objetivo principal de esta adaptación es “recuperar la atmósfera original, añadiendo un poco de sabor moderno; una fuente de entretenimiento maravilloso, como en los viejos tiempos”
El Dios de la Destrucción
Para mantener el equilibrio, en este universo existen Dioses que dan la vida y también Dioses que traen la muerte. Tras 39 años de letargo, Bills el Dios de la Destrucción, despierta de acuerdo a un presagio que recibió del Pez Oráculo tiempo atrás. En este día por fin enfrentará a un adversario digno de su poder. Tras enterarse de la derrota de Freezer a manos del saiyajin Son Gokú, recuerda que el adversario de la profecía pertenece a la mitología de esta raza, el Dios Super Saiyajin.
Dispuesto a encontrar a este Dios para librar un épico combate, Bills parte hacia la Tierra acompañado por su asistente Wiss. Antes hace una breve parada en el planeta del Kaio del Norte, preguntando por Son Gokú, quien se encuentra en ese lugar entrenando. Entusiasmado, y para la desgracia de Kaio, Gokú reta a un combate al Dios. Contra todo pronóstico, el saiyajin es derrotado con tan solo dos golpes, aún después de acceder a la transformación fase 3.
Gokú no fue rival para él, así que su próximo objetivo es el príncipe Vegeta en la Tierra. Al verlo, Vegeta recuerda con horror la identidad de Bills y hace todo a su alcance para evitar la furia del Dios Destructor. Por suerte, los Guerreros Z se han reunido en la Corporación Cápsula para celebrar el cumpleaños de Bulma, por lo que Vegeta hace pasar a Bills y Wiss como amigos suyos y los invita a la celebración. Ambos visitantes se muestran sorprendidos por la calidad culinaria del planeta.
Tras una sucesión de cómicos eventos desafortunados, Bills pierde la paciencia y al ser incapaz de hallar al Dios Super Saiyajin, decide destruir la Tierra. Derrota sin ningún esfuerzo a todos y cada uno de los guerreros ahí reunidos, hasta que Gokú aparece para tratar de calmar al poderoso ser. Entonces utilizan las Esferas del Dragón para que Shenlong proporcione información sobre el Dios que Bills busca. Usando un antiguo ritual que requiere la fuerza de seis guerreros saiyajin, Gokú acede momentáneamente al estado de Dios Super Saiyajin.
Esta forma le otorga a Gokú el poder suficiente para luchar contra Bills, comenzando una impresionante batalla. Sin embargo, el límite del tiempo de la transformación expira poco después sin que nuestro héroe se dé cuenta. Ambos siguen luchando hasta que Gokú queda agotado. Bills utiliza su técnica final para destruir el planeta, pero debido a un acontecimiento desconocido para ambos, Gokú absorbe el ataque y salva el mundo.
El Dios de la Destrucción se muestra satisfecho con el combate y reconoce la fuerza de Gokú, a quien llama prodigio. Revela que Wiss es su asistente y maestro por lo que es aún más fuerte que él. Bills continúa con la intención de destruir la Tierra, pero declara que se ha quedado sin energía, por lo que decide perdonar a los terrícolas y volver dentro de tres años a enfrentar a Gokú nuevamente.
Valoración
Desde su estreno, se ha notado la gran división de las críticas en cuanto a esta entrega. Por una parte, muchos de los fans critican el tono cómico que tiene la mayoría del argumento, así como el “Modo Dios” al que accede Gokú. Para ellos, hubiera sido preferible un tono más serio en la película, con un combate lleno de sangre, cadáveres, el mundo en ruinas y fatalities.
Para los fans nostálgicos (entre los que me incluyo), esta película podría considerarse como la mejor de Dragon Ball hasta la fecha. Y es que en primer lugar, no se trata de una historia predecible como las otras 13 películas, donde un personaje terriblemente malvado llega en busca de venganza, Gokú es casi eliminado por el villano, pero milagrosamente se recupera y lo derrota.
La Batalla de los Dioses recupera un argumento enfocado al humor clásico acompañado de repentinos cambios a esa seriedad característica en los combates. Fuera de las batallas, la película viene a rescatar numerosos elementos que nos permiten unir el primer Dragon Ball con Dragon Ball Z. Personajes que no veíamos desde hace tiempo regresan con un destino más alegre que el presentado por cierto spin-off mediocre.
En esta ocasión, el papel de personajes principales se lo llevan Bills y Wiss, antiguas deidades que existen desde el inicio de este universo. De nuevo, Bills no es el típico villano sumamente malvado, en su lugar está situado en una especie de zona intermedia que nos presenta un personaje gracioso e interesante, que disfruta la comida de la tierra y cuya ira se desata sólo cuando se siente ofendido.
Su increíble poder, que incluso los Kaio Shin temen, viene a poner un alto final a la continua superación de niveles que llevó a los últimos capítulos de la serie a la decadencia. Ellos dos son los seres más fuertes de este séptimo universo y nadie puede superarlos. Así mismo, el concepto de los 12 universos, la mitología de los saiyajin y su desconocida relación con Freezer y el Rey Vegeta, abren la oportunidad de explorar otras historias que pueden expandir aún más el universo de las series.
Un Vegeta más humano que se preocupa por los suyos e incluso deja a un lado su orgullo para salvarlos, un Gokú que renuncia al poder de un Dios y se rinde al ser incapaz de derrotar a su adversario y un villano benevolente que valora a un digno oponente son tres de los grandes momentos de este filme que pueden no gustar a varios seguidores, pero que son oro puro para los fans de antaño.
A lo anterior se ha de sumar el excelente trabajo que hicieron los actores de voz. Gracias a su esfuerzo y al de cientos de fans, el cast original ha regresado casi en su totalidad; esos actores de doblaje mexicano que recordamos de nuestra infancia ponen su mejor esfuerzo para darlos una experiencia inolvidable, con sorprendentes diálogos fieles a los originales como Son Gokú, Kaio Shin y Namek, en lugar de simplemente Gokú, “Supremo Kaio-sama” y “Namekusei”.
El argumento es muy bueno, las escenas de batalla lucen espectaculares con las nuevas tecnologías y ya no tienen ese horrible relleno de líneas que cruzan la pantalla rápidamente o una enorme nube de polvo. La animación, aunque podemos identificar varios detalles, es fluida y de buena calidad. El nuevo soundtrack acompaña a la perfección las escenas y ni hablar del opening/ending original traído de vuelta.
En fin, la película se disfruta demasiado una vez que buscas en lo más profundo de tu niño interior. Si el objetivo de Toriyama era darnos diversión como en “los viejos tiempos”, lo ha conseguido con creces en este trabajo. Sin duda alguna, La Batalla de los Dioses es algo que nos deleita desde el principio hasta que ha pasado el último nombre en los créditos, secuencia que por cierto, es toda una delicia para los nostálgicos.
Probablemente sea un fenómeno de nuestra generación o alguna constante difícil de apreciar, pero la atracción que muchos adultos y jóvenes tenemos actualmente por algunos programas destinado a una audiencia infantil, parece en aumento. Dicho fenómeno no me resulta tan evidente en la gente mayor, quizás porque la brecha generacional es muy grande y el impacto de los medios audiovisuales ha sido brutal tan sólo en los últimos veinte años; lo que es seguro es que actualmente el principal mercado de consumidores de dichos programas está en los veinteañeros.
Cuando iba en la preparatoria noté éste fenómeno por primera vez, en aquellos últimos años de la primera década de éste siglo un peculiar noticiero de marionetas captó la atención de mis entonces amigos y compañeros. 31 Minutos fue la sensación de la prepa y no había alguien que no fuese fan o al menos supiera de su existencia. Todos a quienes yo conocía veían el programa y más de uno traía en su reproductor alguna de las geniales canciones del Top de Policarpo.
En ese entonces tendría 16 o 17 años y el noticiero supuestamente estaba destinado para los niños, como una especie de Plaza Sésamo pero con noticias relacionadas con la educación, el cuidado del medio ambiente y los derechos de los niños, todo desde un amable nivel preescolar y un peculiar acento chileno. Pero el éxito que tuvo con la audiencia mayor no se debió o eso, sino al trasfondo en la psique de los personajes y la inteligente crítica social que hacía.
Quién no recuerda a Calcetín con Rombos-man salvar un grupo de niños de la brutal explotación laboral por parte del Tío Pelado, o a Juan Carlos Bodoque, quien a pesar de ser un mujeriego adicto al juego, nos exponía con su Nota Verde graves riesgos medioambientales que dejaban al descubierto problemas muy delicados en la nación chilena, los cuales iban desde la falta de civilidad hasta la corrupción de los cuerpos políticos.
Los personajes también eran una joyita, pues no eran los típicos héroes rosas políticamente correctos ni moralmente ideales y los villanos tenían tantos matices que era difícil catalogarlos como totalmente malos, nadie era completamente blanco ni completamente negro. Además, las críticas más crudas y delicadas eran matizadas de tal forma que no resultaran agresivas para los pequeños.
Canal Once ha sido sinónimo de calidad en cuanto a su programación se refiere, principalmente en lo que respecta a su barra infantil. Pero no ha sido el único caso, ya Vossk nos hablaba sobre ciertos equinos venidos de la televisión de paga. Los ponis, con sus infinitos colores y sus mensajes extremadamente rosas sobre la amistad, capturaron a un público de jóvenes quienes readaptaron la serie a un nuevo universo. Los bronies habían nacido y con ellos una nueva corriente empezó a invadir las redes sociales.
Pero los casos no terminan ahí. El fenómeno más reciente y que quizás está teniendo un impacto mucho mayor es el de Hora de Aventura. Serie que actualmente es seguida por muchos de los mismos adolescentes, hoy jóvenes, que veíamos 31 Minutos.
Es muy común, al menos en mi caso, ver estudiantes de universidad vistiendo camisetas con el rostro de Jake o portando con orgullo la mochila de Finn. Hora de Aventura vino a revolucionar la animación para niños y cambió la monotonía de las animaciones que únicamente buscaban vender productos por una serie inteligente con grandes mensajes para al público infantil y un trasfondo complejo y oscuro para los adultos.
La serie tiene un diseño muy colorido y atractivo para los pequeños, su humor absurdo resulta universal y las inverosímiles aventuras de los protagonistas harán que te enamores de la serie con tan sólo ver un programa. Pero la recompensa viene después, pues únicamente cuando hemos visto una buena cantidad de episodios es que empezamos a advertir el intrincado trasfondo que maneja, la velada crítica social que hace y el misterio apocalíptico y bélico del cual surge.
Hora de Aventura se ha ganado el corazón de los televidentes y es, sin temor a equivocarme, la mejor oferta televisiva para la televisión infantil que se ha creado en lo que va del siglo. No por nada ha llamado la atención de un público maduro que ha sido educado por la televisión desde su nacimiento, que recuerda los clásico de su infancia con nostalgia y constantemente regresa a ellos, pero que también se da la oportunidad de disfrutar y consumir los nuevos productos que la buena televisión ofrece.
Título Original: Kurikou et de Sorcière. Género(s): Fantasía. Director: Michel Ocelot. Países: Francia, Bélgica, Luxemburgo. Emisión: 1998. Duración: 74 minutos. Extras: –
Basada en los teatros de sombras chinos, que le otorgan un gran contraste a la ya de por sí pulcra y detallada estética, Kiriku y la Hechicera es el primer largometraje que nos narra las aventuras del pequeño Kiriku en una desolada aldea africana.
La calidad de filme es sublime, tanto en el aspecto técnico como en el argumental. La animación es fluida, detallada y estéticamente muy agradable. La mezcla de esos tonos térreos con los contrates de luz y sombras la hacen visualmente muy atractiva. Los escenarios son simples, detallados y hermosos; la música es pegajosa y ambienta de una forma tan acorde a la historia que en verdad nos sitúa en una aldea africana; los personajes tiene un diseño tan digno que en verdad reflejan las características físicas de las tribus de la sabana y pese a estar desnudos no generan morbo alguno.
La historia gira en torno a Kiriku, un diminuto niño que vive en una aldea azolada por la maldad de la hechicera Karabá. Todo el pueblo le teme pues se dice que devora a los hombres que intentan combatirla. Sin embargo, Kiriku intentará descubrir por qué ella es tan mala y en su camino encontrará una realidad totalmente distinta a aquello que los miembros de su aldea le habían dicho.
El filme tiene una gama de matices muy amplía, pues las lecturas y simbolismos que evoca cada personajes son innumerables. Además, las metáforas que expresa nos remiten a distintos elementos de tradición cultural, tanto africanos como europeos. Tanto Kiriku como Karabá y el resto de personajes simbolizan una etapa en la lucha por el conocimiento y el perdón.
Primeramente tenemos a Kiriku, quien no era propiamente un hombre, por el contrario, representaba lo apuesto a los varones de su comunidad: eran joven, valiente, lo cuestionaba todo, era inteligente, prudente, pensaba antes de actuar, no sucumbía ante los encantos de la hechicera y al ser pequeño podía llegar a donde los mayores no. Sin embargo, tampoco era un niño como tal, pues evidenciaba mucha más madurez de la que los infantes de su comunidad tenían.
La hechicera representa el estigma, el tabú de una comunidad ignorante que teme ver más allá y cuestionarse el porqué de las cosas. Karabá estaba marcada por la comunidad y fue exiliada precisamente porque representaba todo lo apuesto a una mujer tradicional: era independiente y atraía a los hombres. Elementos que nos remiten a la tradición europea de las brujas.
Karabá y Kiriku no son opuestos ni antagonistas, en realidad son diferentes caras de una misma moneda, pues ambos son repudiados por su comunidad y se sienten solos. La diferencia es que Kiriku no juzga a las personas y por ello es capaz de ver más allá de la aparente maldad de la hechicera, mientras que el pueblo tiene miedo de ella sin realmente saber por qué. El pueblo cree lo que le dicen y los fetiches obedecen sin cuestionar, personificando ambos a la ignorancia.
Hay dos principales lecturas que podemos darle al personaje de Karabá. La primera es que podría tratarse de una prostituta, por ello los hombres caían presa de sus encantos (o encantamientos) y las mujeres la repudiaban; lo dice la madre de Kiriku: “ya eres como los hombres, quieres ver a Karabá la hechicera”. La segunda y más obvia es que fue violada y ese incidente la marcó como un ser no grato para la comunidad, por ello vive alejada y repudia a hombres y mujeres, los primeros por ultrajarla y las segundas por despreciarla.
Otros personajes destacables son la madre de Kiriku, quien representa la guía, y el abuelo, quien representa la sabiduría. Esto lo constatamos en otro diálogo dicho por la madre: “el sabio de la montaña explica las cosas como son. La hechicera necesita que creamos tonterías”. Son así estos dos personajes los opuestos naturales de Karabá, pero no son realmente sus enemigos directos, únicamente tiene una forma distinta de ver el mundo.
Mediante los personajes del sabio de la montaña y Karabá podemos ver la representación simbólica de una cosmovisión muy particular, la cual casualmente se repite en muchas culturas del mundo: la dualidad. Karabá es mala, oscura, mantiene la ignorancia, sufre dolor y odia a las personas, mientras que el sabio es luz, bondad, difunde el conocimiento e incita a perdonar. Tan simple como que uno es hombre y la otra mujer.
Finalmente, la obra nos invita a tres cosas: cuestionar todo constantemente para salir de la ignorancia y no creer ciegamente lo que la mayoría dice, no juzgar a los demás sin conocer la razón de sus acciones, y saber perdonar. Así, dos personajes marcados por la comunidad, uno por su tamaño y la otra con una espina, nos enseñan que son las acciones las que deben hablar por nosotros y darán fe de quiénes somos como personas.
Sin duda es una obra fabulosa con un gran mensaje para el público y una animación soberbia, que no sólo nos obliga a reflexionar, sino que nos divierte y entretiene con las aventuras del pequeño Kiriku y nos deleita con su construcción artística.
Título Original: Æon Flux. Género(s): Ciencia Ficción/Ciencia Ficción Social, Distopía. Director: Peter Chung, Howard E. Baker, Robert Valley. Estudio: MTV Animations. Emisión: 1995. Duración: 10 Episodios. Extras: 6 Cortos.
Cuatro años después y a raíz del éxito de los cortometrajes, Æon Flux se convirtió en una serie animada. En ésta ocasión los capítulos tenían una duración constante de 21 minutos y contaban con diálogos y una mejora en la calidad técnica (animación y música), pero conservando el mismo genial diseño y las peculiares e intrincadas historias que hacían de cada capítulo una pequeña obra de arte.
A diferencia de los cortometrajes, no todos los episodios de la serie fueron dirigidos por Peter Chung, lo cual proporciona una gran versatilidad a la obra, pues vemos capítulos intermedios con finales que impedirían la continuación de la serie si está tuviera una secuencia lógica, pero al parecer a los creadores no les importa matar a la protagonista y revivirla como si nada el capítulo siguiente.
La calidad de la obra es muy buena. Los escenarios nos remiten a los trabajos de Moebiussin copiarlos y constituye en sí mismos la esencia de una ciudad distópica, los personajes están perfectamente definidos y tienes tantos matices que resulta un deleite conocerlos, la música te envuelve y te engancha tanto cómo los argumentos, finalmente el diseño estético de los personajes resulta ser el sello distintivo que otorga originalidad a la obra.
Además de las características técnicas, vemos una gran cantidad de referencia a otras obras. Entre las más obvias están las que aluden a la novela 1984 de George Orwell o al filme Clockwork Orange (1971) de Staley Kubrick. Asimismo, la complejidad de los argumentos con frecuencia nos dejará desconcertados y nos obligará a cuestionarnos si lo que vimos fue parte de la realidad, un sueño o una paranoia.
La historia gira en torno a Æon Flux, una agente-espía-asesina de la nación de Mónica, la cual se encuentra en guerra con Bregna, que es gobernada por Trevor Goodchild, un manipulador personaje que representa el hedonismo en su estado más enfermo. Trevor aparenta ser un gran gobernante al cubrir todas las necesidades de los bregnianos, pero en realidad los tiene presos en la ciudad y les impide escapar ejerciendo su poder mediante el sistema militar y el control de cada aspecto de sus vidas a través del espionaje. Æon Flux intentará constantemente frustrar los planes de Trevor y derrocarlo.
Con forme avanza la historia iremos conociendo y comprendiendo más a estos dos personajes; lo mismo ocurrirá entre ellos, pues veremos que más allá de la enemistar y el espionajes se esconde una extraña y perversa relación de amor.
Mientras que la acción te atrapa, la historia de obliga a pensar, y en cada capítulo deberemos repensar lo que hemos visto, pues los giros argumentales siempre nos cambiarán el sentido que teníamos de los eventos, confundiéndonos pero atrapándonos más en cada episodio.
Esos giros argumentales no siempre se dan al final, pueden darse al principio o a la mitad de un episodio y puede haber más de uno. Además, en ocasiones la historia juego con la metaficción y eso nos dejará aún más desconcertados, sin la posibilidad de una explicación en episodios posteriores pues la obra no tiene una estructura lineal y en cada capítulo puede terminar todo para volver a empezar de nuevo en el siguiente.
La ciudad de Bregna es el elemento con más peso en toda la serie, pues en ella vemos la concretización de un estado totalitario orwelliano a través de la arquitectura, con cámaras que lo vigilan todo y un sistema de seguridad que impide escapar, pero que al mismo tiempo permite la existencia de numerosos secretos y constantes fugas.
Los conflictos fronterizos entre Mónica y Bregna también nos remiten a aquella Berlín de la Segunda Guerra Mundial dividida por un muro, aunque también podemos verlo como una alusión a la migración ilegal entre los distintos países del mundo. Finalmente, su estilo futurista y altamente distópico así como una pequeña reminiscencia de la ciencia ficción pulp la hacen lucir como un Cyberpunk sin realmente serlo.
La serie es complicada e intrincada, pues nos lleva de los surreal a lo onírico, de realidades alternas a viajes en el tiempo, de la violencia al sexo, del amor al engaño y de la lealtad al espionaje. Entre los temas que aborda están la guerra, la clonación, la modificación corporal mediante el cyberware, la vida extraterrestre y las conspiraciones.
En lo personal no creo que sea una serie para todo público, es más una serie de culto para los amantes más conocedores de la ciencia ficción, pues cada capítulo parece tener su propia historia y una estructura desligada de la trama general, pero al mismo tiempo todo está relacionado entre sí. Además, muchos capítulos no son autoconclusivos, los cual exige mucho por parte del espectador, algo atractivo para algunos pero tedioso para la mayoría, sobre todo porque numerosas veces nos quedamos sin entender que pasó realmente.
Además de los tópicos y argumentos, la trama de Æon Flux juega mucho con la estructura de su historia, pues hace uso tanto de eventos lineales sin un final claro cómo de estructuras anacrónicas que regresan una y otra vez al mismo punto de partida, tanto cronológica como espacialmente.
La serie tiene mucho contenido para pensar, analizar y profundizar en cada uno de los temas que aborda, pues la cantidad de referencias, analogías y críticas que hace son innumerables. En conclusión, podemos resumir todo en la siguiente frase: “una serie de escenas que no se entienden con música que hipnotiza y una constante por preguntarnos qué pasó aquí”.