El Rey de los Monstruos

Esta no es la acostumbrada reseña de una película que suelo hacer, es más que nada una reflexión personal a manera de ensayo sobre el fenómeno que significa Godzilla y Gojira, para mantener la distinción entre las películas de hechura norteamericana y las japonesas.

La semana pasada Vossk y yo fuimos a ver la segunda película de la más reciente saga de Godzilla: King of Monsters, la cual pretende conjuntarse con la película de King Kong para regalarnos un universo más basto sobre los daikaijus nipones clásico, pero con una hechura estadounidense. Y si bien la franquicia de Gojira no ha tenido a bien presentarnos una saga como tal, moda que permea en el cine Hollywoodense donde actualmente todos son sagas enormes que duran años, sí continua vigente en la cultura popular del séptimo arte, sobre todo con su más reciente aparición a manos del maestro Hideaki Anno.

 

Es difícil que Gojira desaparezca de la cultura popular, es ya un miembro icónico que lo que representa el cine y la Ciencia Ficción, por eso mismo los intentos norteamericanos por crear una serie de películas adaptadas a su mercado difícilmente satisfacen a los fans más puristas. Y no es de extrañarse, la fórmula del blockbuster gringo termina por sobajar la tradición nipona del gran monstruo.

Personalmente he visto muy pocas películas japonesas de Gojira, espero algún día ponerme al corriente. Por esa razón he crecido más de cerca con los olvidables intentos estadounidenses por occidentalizar al Rey de los Monstruos, quien es hijo del sol naciente y no podremos cambiar eso por muchos que la industria del séptimo arte trate de agringarlo.

Debo admitir que no vi Kong: Skull Island (2017) pero al parecer sí hay una coherencia que une a la saga y va generando las típicas referencias entre películas, fórmula que ya demostró su éxito con Avengers. Retomando la película inicial, debo confesar que me entretuvo, tuvo sus momentos aceptables pero no me gustó en realidad, y puedo comparar la leve emoción que me produjo con el deleite que fue ver Shin Gojira. Los efectos están bien y la bestia es brutalmente enorme, pero eso no es suficiente para lograr una buena película de Godzilla, siempre será necesaria esa chispa nipona que los americanos nunca podrán darle.

Con ese referente iba con muy pocas expectativas para esta segunda entrega, no esperaba nada bueno y por esa razón no me decepcionó, no siquiera la aparición de algunos de los más emblemáticos Kaijus como Mothra, King Ghidorah y Rodan fue suficiente para generarme ese hype que a muchos les hizo desilusionarse. A mí no me desilusionó ni me quedó a deber, me entregó justo lo que esperaba, que era casi nada. La película me entretuvo, las batallas fueron muy buenas y ver a más de un monstruos luchar mientras destruyen ciudades fue muy agradable. Pero más allá de eso no hay algo que sea sobresaliente.

No obstante, esperando tan poco, lo que terminó por entregarme fue más de lo que esperaba, aunque aún mantiene el peor de los defectos que hacen que el primer filme sea tan malo, el tedioso drama familiar. En Shin Gorija tenemos largas escenas de política, pero ni siquiera el ver discutir a los funcionarios es tan aburrido como el innecesario drama familiar que ambas películas gringas tienen. Sí, es menos tedioso en ésta que en la primera, pero si tienes a varias bestias gigantes destruyendo el mundo, ¿no es eso suficiente para mantenerte pegado a la pantalla en vez de poner como trasfondo un drama familiar que es un cliché más visto que las veces que Nueva York ha sido destruido en las películas?

Ahora bien, hay un aspecto que sí le reconozco al filme y este es el respeto que le tiene a las películas originales. Por una parte, tenemos a un japonés con un papel importante, actos heroicos y un entendimiento y respeto por Godzilla mayor que cualquier otro personaje, lo cual contrasta con la versión caricaturizada y xenófoba con la que los extranjeros eran representados en las películas gringas, sobre todo luego de la segunda guerra mundial.

El otro punto es el respeto a los nombre originales. El personaje japonés siempre lo llama Gojira, Rodan y Ghidorah también mantienen sus nombres y Mosura es llamado así en varias ocasiones. Debemos entender que es una película destinada al público americano y es entendible la adopción de varios elementos por eso el que hagan pequeños guiños a la tradición de las películas de daikaijus es un buen toque.

Como conclusión puedo decir que la película es regular, no me decepcionó personalmente porque en realidad esperaba que fuera peor. Los efectos son bueno y ver a los titanes pelear es emocionante, pero no es la gran película, mucho menos para los puristas, aunque considero que el que exista esta saga es muy necesario pues mantiene vigente al Rey de los Monstruos entre las nuevas generaciones, y al menos lo hace mejor que la lamentable entrega de los noventa, aquí al menos sí es el todopoderoso Godzilla y no una iguana gigante.

De Kaijus y Robotos

Dentro de los géneros japoneses más famosos en occidente, dos de ellos han creado escuela y han estigmatizado, para bien y para mal, al cine nipón. Así que aprovechemos este ensayo para introducir al lector al mundo de los grandes monstruos y los robots gigantes, géneros que ya abordaré a profundidad en futuros post.

EN LA VISIÓN DE DEL TORO

En vísperas del estreno de Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013), muchos aficionados del anime y férreos seguidores de Evangelion iniciaron una campaña de desprestigio contra dicha película, acusándola de plagiar el argumento y los diseños de la mencionada serie. Por su parte, la prensa especializada únicamente se enfocó en promover el trabajo de un “mexicano exitoso”, como si los logros individuales y ajenos fuesen motivo de celebración nacional.

Pero más allá de todo eso, el estreno de Titanes del Pacífico tiene un significado muy sintomático para el cine de occidente. En primera, no se trató de un plagio como muchos dijeron, sino de un homenaje —muy digno— a los dos géneros que dieron a conocer a la cinematografía japonesa en éste lado del mundo. Por otra parte, el hecho de que sea una producción estadounidense, dirigida por un mexicano, nos da fe del impacto que las producciones asiáticas han tenido en nuestra cultura.

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Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013)

Pero la grandeza de Titanes no termina ahí. En diversas ocasiones los gringos han tratado de emular a las producciones japonesas sin los mismos resultados. El más reciente remake de Gojira, Godzilla (Ronald Emerich, 1998), es un claro ejemplo de ello. La película está tan “agringada” que pierde toda la esencia de lo que el género de los grandes monstruos debe ser y termina por convertirse en mera propaganda sobre la supremacía americana protectora del mundo.

La obra de Del Toro vino a mejorar todo esto, pues si bien no reinventa el género ni hacer aportes valiosos (de hecho está plagada de clichés) si nos muestra lo que cualquier fanático del manganime esperaría ver en un Live Action de cualquier serie Mecha. Los monstruos suenan a lo que deben sonar semejantes bestias y los robots suenan a lo que un armatoste de metal debe sonar.

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Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013)

Sí, probablemente el soundtrack es lo mejor de toda la obra, pero los pequeños detalles y las puntuales referencias a las series clásicas, la hacen aún más entrañable. El filme tiene tantos elementos que se queda corto y no logra explotar ni la cuarta parte de todo su potencial; la mitad de los Jeager son destruidos casi de inmediato y ninguna batalla es tan épica como podría haberlo sido.

Pero la no sobre explotación de sus elementos es quizás la clave de su éxito, pues a pesar de que la historia podría prestarse para una saga, el desenlace que Guillermo nos muestra no da oportunidad a ello. Es un filme de una sola entrega y en mi opinión así debería quedarse, pues fantasear con las infinitas posibilidades de un universo con robots y kaijus en lucha constantes es mucho más enriquecedor que limitar nuestra imaginación a una historia preestablecida.

Pacific Rim es buena no sólo porque contiene todo lo que el género Mecha y el género de los Kaijus deben tener, sino porque logra integrarlos de manera perfecta y hace que ambos parezcan uno, resultado que sólo había sido logrado por los nipones.

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Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013)

DE KAIJUS

Hablar de kaijus es hablar de Japón, es remontarse a los estragos de la Segunda Guerra Mundial y observar el miedo colectivo de una sociedad devastada por dos bombas atómicas. Aquellos gigantescos monstruos fueron el medio catártico mediante el cual los espectadores pudieron reflexionar sobre la devastación a gran escala y observar a una fuerza imparable atacar a una sociedad empeñada en hacerle frente.

Como medio reflexivo, el género funcionó muy bien, pero también como medio propagandístico de adoctrinamiento social. Después de los estragos dejados por la guerra, no había otra forma de sacar a la sociedad a flote que imponiéndole orden, dándole héroes y mostrándole que podría salir adelante si todos sus miembros trabajaban juntos por una causa común, incluso si el enemigo medía decenas de metros de alto.

Godzilla vs King Ghidorah
Godzilla vs King Ghidorah (Kazuki Omori, 1991)

El género simbolizó la esperanza de una sociedad que aún ante el embate de una amenaza superior podía reconstruirse de sus propias cenizas. Tenerle miedo a una bestia colosal era inevitable, pero el miedo no evitaría que la sociedad luchase por preservar su propia existencia.

El kaiju es el chico malo, es el enemigo, es la maldad que tomó forma en una enorme mole que toca el cielo; no razona, no tiene clemencia y no se detendrá hasta exterminarnos. Los orígenes del kaiju son irrelevantes, pudo ser la radiación, los extraterrestres, el resultado de experimentos o Dios mismo quien le dio origen. El hecho es que si no le hacemos frente no sobreviviremos, y eso es lo que la sociedad japonesa debía entender y poner en práctica para sacar a su país adelante después de perder la guerra.

Godzilla, Mothra and King Ghidorah
Godzilla, Mothra and King Ghidorah: Giant Monsters All-Out Attack (Shūsuke Kaneko, 2001)

DE MECHAS

En el otro extremo tenemos los mechas: gigantescos robots pilotados por humanos, nacidos del intelecto humano y resultado de la conquista científica sobre la naturaleza. Los grandes robots simbolizan la supremacía tecnológica, pero también critican la excesiva dependencia que actualmente tenemos de ella. Con ellos el miedo desaparece y podemos enfrentar incluso a la bestia más imponente, pero sin ellos la humanidad está perdida.

A diferencia de los kaijus, que tiene un único discurso con dos finalidades, los mechas sí tiene un doble mensaje. En el primero las máquinas se muestran como las salvadoras de la humanidad, demostrando que la ciencia y la tecnología han sido, son y serán las herramientas indispensables para la sobrevivencia de nuestra especie, desde aquel primer hueso blandido como arma por nuestros ancestros primates, hasta los robots de 40 metros diseñados para el combate.

Pero no todo en la ciencia ha sido bueno, las armas de destrucción masiva se han convertido en una de las más atroces invenciones humanas. De la misma forma, la maldad intrínseca de algunas personas las ha llevado a transformar esos guardianes de metal en armas para dominar el mundo. Así, los mechas simbolizan el triunfo del intelecto humano pero nos ponen en alerta sobre el uso que podemos darle a nuestras propias creaciones. Un arma sirve para defender pero también para atacar.

Eureka 7
Eureka 7

SIMBIOSIS

En muchas de las obras cinematográficas y televisivas, es frecuente encontrar ambos géneros al mismo tiempo, combatiendo uno contra otro. Sin embargo, el género de los Kaijus es todo aquel que presente monstruos gigantes que atacan la tierra, desde los clásicos japoneses (Gojira, Gamera, Ghidora y Mothra) hasta las producciones americanas como The Giant Claw (Fred F. Sears, 1957) o Cloverfield (Matt Reeves, 2008). Por su parte, el género Mecha hace referencia únicamente a las producciones donde uno o varios Robots gigantes luchan para proteger o atacar a la humanidad, como Mazinger Z o Eureka 7.

Con base en la naturaleza y complementariedad de los dos géneros podemos tener tres combinaciones: (1) Uno o varios kaijus atacando a la humanidad o peleando entre ellos, (2) un mecha protegiendo a la humanidad de otros mechas o (3) un mecha protegiendo a la humanidad de uno o varios kaijus.

En Godzilla vs King Ghidorah (Kazuki Omori, 1991) y Godzilla, Mothra and King Ghidorah: Giant Monsters All-Out Attack (Shūsuke Kaneko, 2001), tenemos kaijus enfrentándose entre ellos. Por su parte, en Mazinger Z tenemos a los mechas buenos del Profesor Kabuto enfrentar a los mechas malos del Dr. Hell.

The Giant Claw
The Giant Claw (Fred F. Sears, 1957)

Un caso curioso y mal interpretado es el de Evangelion. En dicha serie tenemos a los Evas (que no son mechas) enfrentando ángeles (kaijus). Como la naturaleza de los evas no es de robots —pues fueron creados a partir del ADN humano y el de Adam, que es un ser divino y eso los hace técnicamente semidioses— resulta incorrecto catalogarla como mecha. Neon Genesis pertenece únicamente al género de los Kaijus, pero se le denomina mecha porque (a excepción del origen de los evas) presenta todas características de dicho género, además, resulta mucho más atractivo para el público asociarlo como tal.

Mechas y kaijus son completamente distintos, aunque comparte un origen común; el primero pertenece a la Ciencia Ficción mientras que el segundo puede surgir de distintos géneros. A lo largo de la historia han ido de la mano jugando indistintamente el papel de buenos o malos, nos han aterrado y asombrado con su despliegue de poder, y nos han forzado a reevaluar nuestros miedos colectivos.