The Matrix y el autobús

Este año se cumplió el vigésimo aniversario del estreno de una de las películas cyberpunk más importantes de la historia, si no es que la película no animada más importante que hay (pues ahí tenemos a Ghost in the Shell y Akira). Para conmemorarlo en algunos cines se volvió a proyectar The Matrix, la primera obra de una saga que nos invitara a cuestionar el concepto de realidad y el peligro que la inteligencia artificial podrían representar en un mundo tan dependiente de las máquinas y la informática como lo es el nuestro.

Aún no el reseñado ninguna de las películas, solamente la serie de cortometrajes animados inspirados en el universo de, en ese entonces, los hermanos Wachowski, Animatrix nos regala valiosa información sobre el origen de la guerra en la que la humanidad terminó derrotada y sufrió el destino de convertirse en la fuente de energía de las máquinas.

Muchas cosas han cambiado desde entonces, excepto la apariencia de Keanu Reeves, quienes dirigieron la película en aquellos años del siglo pasado, Andy y Larry Wachowski, ahora conocidos como las hermanas Wachowski, Lilly y Lana respectivamente, han tenido posteriores éxitos en pantalla, como Cloud Atlas, pero ninguna de sus otras películas ha superado lo que lograron establecer con Matrix hace dos décadas.

Hoy les voy a contar en qué contexto vi por primera vez The Matrix allá por el año 2000 o 2001 si no mal recuerdo, cuando el VHS era lo que estaba de moda y las pantallas planas era una cosas de ciencia ficción como lo que vemos en esta película.

Por aquellos primeros años del presente siglo, yo vivía en otro estado y la familia de mi mamá vivía en la zona metropolitana de la Ciudad de México. Generalmente íbamos a visitar a mi abuelo y tías en vacaciones, sobre todo en semana santa o en las vacaciones de verano. El transporte en ese tiempo era el de los típicos camiones feos que ya ni existen, pero había una línea directa desde el pueblo donde vivíamos hasta la Ciudad de México llamada Ómnibus, que tenía mejores asientos, baño, televisión (de esas abultadas con pantalla cóncava que ya son difíciles de encontrar) y era de ruta directa.

Me gustaba viajar en ese tipo de autobuses porque tenían aire acondicionado, eran más amplios y me mareaba menos, pero sobre todo porque solían poner películas que al menos me ayudaban a distraerme en las tres horas que duraba el viaje, algo que para mis diez años de edad era una eternidad. Lo único malo es que las películas que pasaban generalmente eran películas viejas tan malas que la mayoría era directas a videocasete o fueron estrenadas en televisión.

En fin, entre el tedio del largo viaje y las películas malas la mejor manera para pasar el trayecto era dormirse y eso hacía yo casi siempre, pero en una ocasión empecé a ver la película, era rara, en tonos oscuros y no entendía casi nada, ni siquiera recuerdo si estaba doblada o con subtítulos. El chiste es que empecé a ver el inicio y al poco tiempo me dormí, despertándome un par de veces durante el transcurso del viaje y viendo de reojo aquel extraño filme.

Mi mamá veía la película pero tampoco prestándole demasiada atención, no tengo idea de si le estaba entendiendo y si le parecía entretenida. Cuando estábamos casi por llegar me desperté por completo y entre los vagos recuerdos que tengo está el haberle preguntado a mi mamá si todavía no terminaba la película y también que dicha obra estaba bien rara, a lo que ella me dio la razón.

No mucho tiempo después platicaba con algunos amigos de la escuela y creo que a uno le comenté de esa película rara, a lo que él respondió que se trataba de Matrix, que estaba muy buena y no sé qué. Yo no le presté más atención pero con el paso de los años dicho filme se fue ganando un lugar entre el público en general y su popularidad creció lo suficiente como para que yo, ya mayor y un poco más enterado sobre cuestiones de cine, me interesara por verlo, sobre todo cuando salieron las secuelas, ya estaba yo en secundaria.

Cuando ya fui más consiente de este universo creado por las Wachowski, caí en cuenta de que la primera vez que vi The Matrix había sido aquella ocasión en el autobús, y que me había parecido tan rara e inquietante que mejor me había puesto a dormir. Sin embargo, el recuerdo de una extraña película de Ciencia Ficción no desapareció de mi memoria, y aún hoy tengo pequeños flashazos de aquellas escenas que logré ver con los ojos entrecerrados por el sueño. Y la diferencia con otras de esas películas “raras” (hoy podría decir de culto) que mal vi en mi infancia fue que no me dejó perturbado como para querer olvidarla (como El Cubo, que si bien se me hizo muy rara cuando era niño este año la compré y la vi completa por primera vez), al contrario, eventualmente esos recuerdos despertaron mi interés por ver la película.

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Obras de las que no planeaba escribir

Ya había mencionado en una entrada previa que algunas de las películas o series que veo me resultan tan buenas que decido no escribir sobre ellas, al menos no luego de la primera vez, pues me gusta darme un tiempo para disfrutarlas sin la necesidad de tener que compartirlas. Pues bien, hay otras obras de las que originalmente deseaba o tenía planeado hablar pero luego de verlas resultó que no eran tan buenas, me terminaron decepcionando o simplemente no me generaron esa motivación para escribir al respecto.

Hoy decido mencionar una de esas series y un par de películas de las que había decidido no escribir, pero que al menos pueden apoyar al incremento de las visitar en este blog al figurar sus nombres en el buscador.

LA QUINTA OLA

Cuando leí la reseña de La Quinta Ola me pareció muy interesante, el concepto de una invasión extraterrestre por etapas usando elementos de la naturaleza para aniquilarnos era prometedora, pero el resultado en pantalla fue decepcionante. No me gustó para nada, la trama es sosa, las actuaciones simplonas y los efectos muy malos. El intento de giro argumental donde usan a los niños para atacar a la resistencia es muy de literatura juvenil y ese engaño ya lo hemos visto antes, así que no aporta nada nuevo a las obras sobre invasiones extraterrestres, tema que por cierto ha sido más que sobre explotado últimamente.

Lo mejor de esta película es de hecho el inicio, esos primeros minutos en donde se nos explica cuáles fueron las primeras cuatro olas, algo que considero hubiese sido más interesante de ver que la última etapa donde todo está plagado de lugares comunes.

BERSERK 2016

Tal vez mi error fue tener demasiadas expectativas sobre la serie, detonadas por innumerables personas que me había recomendado verla y también por no fijarme en qué versión de Berserk estaba viendo, como cuando vi Terraformars en sentido opuesto, simplemente la encontré en Crunchyroll y le di clic.

Berserk es una de esas series que siempre figuran en los tops de “Series de Anime más violentas” y estoy seguro que la versión de 1997 lo es, pues ese estilo ruido que tanto me gusta en el anime Seinen tuvo sus mejores momentos en las décadas de 1980 y 1990, con animes como Genocyber, por ejemplo, pero la constante, inevitable e incluso desesperante tendencia por estilizar todo hicieron que la versión de 2016 resultará algo muy lejano a lo que esperaba ver en pantalla.

Y no me malinterpreten, sí hay violencia, desnudos y elementos sexuales, pero tan censurados que es deprimente ver algo con tan poca sangre siendo que la historia es un referente del anime violento, aunque obviamente el manga debe ser más brutal (pero como no soy de leer mangas no tengo intensiones de leerlo). ¿O tal vez la versión que yo vi es una versión censurada y exista otra sin censura? De cualquier forma, ese fenómeno de hiperestilizar el anime es algo de lo que pienso hablar a futuro.

NO MANCHES FRIDA

El cine mexicano actual es sumamente criticado, sobre todo las comedias pues suelen ser una reverenda porquería, pero en este caso no escribo de No Manches Frida porque me haya parecido mala, que tampoco es buena, de hecho sí es mala y llena de lugares comunes, incoherencia y errores de continuidad, pero me gustó por la única y sencilla razón de que la premisa y el personaje de Ezequiel Alcántara, interpretado por Omar Chaparro, es un calco de Eikichi Onizuka, del anime GTO. Por esa razón disfruté la película, bueno y porque la verdad se me hizo atractiva la faceta nerd de Martha Higareda en este filme.

La película es una mezcla de la típica película de comedia mexicana, aunque sin los típico albures vulgares (lo cual se agradece) y un toque de las típica películas gringas de adolescentes, elementos tan distinto que para mi gusto no terminan de encajar. El personajes de Lucy vive en un mundo rosa e inocente, Ezequiel es el delincuente que se redime al encontrar su vocación como profesor, los alumnos son unos malditos desgraciados que debería ser azotados a golpes para corregirlos y la escuela es tan gringa que no cuadra con la deficiente educación mexicana (o quizás las escuelas privadas sí son así y como yo siempre fui a escuela pública no tengo punto de comparación). Lo peor de todo es el personaje de Adal Ramones pues resulta insufrible, innecesario y totalmente estereotipado.

Por cierto que incluso el tráiler de la secuela recién estrenada me recuerda a los capítulos finales cuando Onizuka se lleva a todos sus alumnos a la playa.

Super 8

Título Original: Super 8.
Género(s): Ciencia Ficción, Suspence.
Director: J. J. Abrams.
Emisión: 2011.
Duración: 112 minutos.
Extras:

No había tenido la oportunidad de ver esta película completa desde su estreno hace ocho años, pero sí había escuchado numerosos comentarios con respecto a lo buena que era y había visto en más de una ocasión algunos minutos de la parte final del filme, los cuales me había parecido buenos y por ende siempre tuve la inquietud de ver la película completa.

Debo confesar que tengo un cierto gusto por las películas estadounidenses ambientadas en los años 60 y 70, como si la estética del lugar me recordara una época que de hecho ni siquiera me tocó vivir, pero que refleja parte de la idiosincrasia del pueblo norteamericano y Super 8 cumple muy bien al momento de remontarnos a finales de la década de 1970. Ese estilo un tanto retro me obliga a compararla con películas como It (2017) cuya ambientación también me gustó mucho y cuyos estereotipos en los chicos protagonistas es similar.

La historia gira en torno a Joe, un chico cuya madre falleció recientemente en un accidente laboral mientras cubría a un compañero y cuyo padre es el comisario del pueblo pero con quien lleva una relación distante. Él y su grupo de amigos ayudan a Charles, su amigo más cercano, a filmar una película de zombis para entrar a un festival (película que me remite a las obras de George A. Romero). Pensando en incrementar el valor de producción de su película, Charles invita a Alice a interpretar a la esposa del protagonista y juntos viajan hasta la estación del tren a media noche para rodar una de las escenas.

Mientras los chicos están filmando, un accidente de tren toma lugar frente a ellos. El tren se descarrila ante los ojos de los muchachos quienes a penas logran escapar con vida. La causa del accidente fue la camioneta de uno de sus profesores, quien al parecer ha causado el accidente a propósito. A partir de ese momento extraños sucesos empiezan a ocurrir en el pueblo, perros y personas desaparecen, objetos electrónicos y cables de luz son robados y la presencia de los militares inquieta a la población.

Mientras todos se pregunta qué está pasando los chicos tratan de continuar su película, pero Alice y Joe terminan enamorándose, lo cual causa conflicto entre los chicos y, sobre todos, entre los padre de estos, pues el padre de Alice era el compañero que la madre de Joe cubría el día del accidente. Los conflictos se interponen hasta que la desaparición de Alice obliga a todos a trabajar juntos para encontrarla. Tal parece que lo que viajaba en el tren y ha estado robando cosas es una criatura extraterrestre que el profesor de los chicos estaba ayudando a escapar.

La película si bien no pertenece el universo de Cloverfield bien podría ser parte de este de una manera mucho mejor que la forzada Paradox. Sobre todo por el manejo del suspenso, en el que la criatura nunca es mostrada de forma directa y su aparición se va dosificando como solían hacer las películas de antaño. Ese manejo del suspenso es, a mi parecer, uno de los elementos más destacados del filme.

Además del matiz que le otorga del renombre de Abrams, el hecho de que entre los productores tengamos a Steven Spielberg nos da más tela de dónde cortar. Un extraterrestre que quiere regresar a casa y que al final es comprendido por los niños protagonistas es una clara alusión a E. T. (1982). Pero más que las referencias a películas previas de aclamado director, lo que destaca es la forma en que la historia está contada y armada, pues está hecha mediante la fórmula del Blockbuster que Spielberg popularizada desde Jaws (1975). En cierta forma esta película es un homenaje al pasado de Spielberg y además tiene todos los elementos para ser una película exitosa, entretenida y profunda sin ser compleja.

Ese aspecto es lo que más me gustó del filme, pues es una obra para pasar un buen rato sin quebrarse la cabeza tratando de entender un complejo trasfondo, es divertida, emocionante, emotiva y muy bien producida, sí es para ver un fin de semana y entretenerse, pero es mucho más que la típica película palomera que ponemos de fondo cuando no tenemos nada más que ver y eso es justamente lo que define a un Blockbuster y lo que la hace una película por demás recomendable.

Megalo Box

Título Original: メガロボクス (Megaru Bakusu).
Género(s): Spokon, Drama, Seinen.
Director: Yô Moriyama.
Estudio: TMS Entertainment.
Emisión: 2018.
Duración: 13 episodios.
Extras:

Hacía mucho que no veía una obra adulta y fuerte que fuese actual, la mayoría de este anime rudo y sin la excesiva estilización y delicadeza del anime actual murió a principios de este siglo, por lo que ver un anime como Megalo Box me resultó sencillamente estupendo, pues tiene violencia en la medida justa, una trama atractiva, peles y acción suficientes y una banda sonora formidable.

La calidad técnica es muy buena, pues si bien tiene los rasgos del anime actual aún conserva cierta esencia de esa rudeza propia de antaño. En mi opinión un diseño de personajes más ochentero le hubiese ido perfecto, pero el resultado actual es igualmente bueno y las escenas de peleas siguen luciendo muy bien, con la medida justa de sangre. La música por su parte es espectacular, de los mejores soundtracks que he escuchado, pues esas canciones de Hip-Hop le dan un toque distinto y urbano bastante undeground, pero no sólo en la música destaca, también en la ambientación y los sonidos de fondo.

Además de la parte sonora y el diseño de personajes, el diseño de escenarios fue otras de las cosas que me gustaron. En primera tenemos un claro ejemplo de Centro-Periferia, donde los ciudadanos viven en opulenta ciudades mientras aquellos sin identificación viven en las afueras, las cuales son páramos desolados sin buenos servicios. Las calles de la parte externa son una ecléctica mezcla entre lo rural y lo urbano donde el abandono se hace evidente, se notan la falta de servicios, la extrema pobreza y la violencia constante propias del Cyberpunk.

El diseño de la parte decadente de la ciudad me recuerda a obras como Akira, mientras el estilo del protagonista y la música me remiten a obras como Afro Samurai y me recuerdan a personajes como Spike de Cowboy Bebop. Además, el cyberware que usan para pelear (tecnología gear) le da ese toque cienciaficcionero que tanto me encanta, además del hecho de que se desarrolla en un futuro no especificado.

La historia gira en torno a Junk Dog, un peleador de Magalobox que se dedica a las peleas clandestinas junto a su manejador Nanbu. Juntos venden las peleas al mejor postor viviendo de lo que sus apuestas fraudulentas les generan. A pesar de ello, Junk Dog en realidad tiene un talento innato sobre el ring. El Megalobox es un tipo de box donde los peleadores usan un equipo mecánico llamado Gear para mejorar sus habilidades, estos equipos han avanzado tecnológicamente hasta convertirse en verdaderas proezas científicas.

Shirato es una de las compañías más poderosas de la ciudad y la principal desarrolladora del Gear más avanzando de todos, un Gear integrado unido quirúrgicamente a su portador. Intentando demostrar que ellos son la mejor opción para proveer de estos Gear al ejército, Yukiko Shirato, líder de la empresa, ha decidido organizar un torneo de Megalobox donde todos pueden participar, sólo cuatro llegarán a Megalonia, la gran final, donde tendrán la oportunidad de desafiar a su campeón, Yuri.

Por azares del destino Yuri y Junk Dog tienen un altercado y terminan enfrentándose, Yuri derrota a Junk Dog y le dice que si quiere la revancha deberá ganarse una reputación y llegar a su ring en Megalonia. Con esa motivación Junk Dog decide entrar al torneo, pero Nanbu, su entrenador, usará esa oportunidad para saldar sus deudas con la mafia. Así ambos se embarcan en una travesía para pasar de las peleas clandestinas al boxeo profesional donde sólo llegan los más grandes.

Junk Dog no tiene una ciudadanía, así que la mafia les ayuda a conseguir una identificación falsa para que pueda inscribirse al torneo. Joe, como ahora se llama, inicia en el último lugar del ranking y deberá escalar lugares para llegar a los cuatro primeros y poder enfrentar a Yuri nuevamente, para ello Nanbu tiene un plan, Joe peleará sin Gear, pues además de no tener dinero para conseguir uno resulta una excelente estrategia para volverlo popular rápidamente. Nace así “Gearless” Joe el primer peleador de Megalobox en luchar sin Gear.

Como podemos imaginar la serie tiene la estructura típica del Shônen, donde nuestro protagonista irá subiendo en el ranquin con forme enfrenta a tipos cada vez más fuertes y mejora sus habilidades naturales ante la falta de quipo. Sin embargo, hay mucho más que solo peleas, pues el trasfondo dramático y los secretos empresariales de Shirato le dan un interesante toque de complejidad. El propio Megalobox no es sólo un deporte, sino un marcador social, en donde los ricos y poderosos se enfrentan en peleas oficiales mientras los pobres sin ciudadanía sólo pueden aspirar a peleas clandestinas.

Hay muchos detalles sobre el boxeo que también me parecen buenos, sobre todo en esa relación que Nanbu tiene con Joe y la forma en que le enseña a compensar su falta de Gear mediante técnica y estrategia. Como era de esperar, es obvio que nuestro héroe llegará a la final a pesar de sus desventajas y las intenciones de Shirato por no dejar que un peleador ilegal se corone con el campeonato.

La historia en general es muy predecible y resulta ser la típica historia de boxeo al estilo Rocky, aunque no deja de ser entretenida, además de que todos los personajes se vuelven entrañables y tienen un enorme crecimiento. No obstante, como en todo buen Shônen, los protagonistas deberán enfrentar obstáculos que no dejarán que lleguen fácilmente a la final, los giros y las complicaciones son simples, pero uno se encariña tanto con los personajes que realmente desea verlos triunfar.

En cuanto a los personajes el más interesante es Yuri, pues si bien en el antagonista no es para nada un enemigo, de hecho es el personaje más noble y honorable de todos, a pesar de ser el estereotipo del peleador ruso, fuerte, muy técnico y serio. Aunque en general todos los países con mayor tradición boxística están representados, tenemos al peleador japonés, al ruso, al estadounidense y al mexicano. El final es algo abierto pero muy decoroso para ambos boxeadores, lo que hace de la serie una gran obra que es absolutamente recomendable, incluso si, como yo, no son grandes fans de boxeo.

Final Space

Título Original: Final Space.
Género(s): Ciencia Ficción, Space Opera, Drama, Comedia.
Creador: Olan Rogers.
Estudio: TBS.
Emisión: 2018.
Duración: 10 episodios.
Extras:

Desde que vi Cowboy Bebop me quedó un peculiar gusto por las aventuras espaciales, aunque ya me gustaban desde antes gracias a las obras de Leiji Matsumoto. No obstante, encontrar una buena aventura espacial es difícil, pero el diseño que mostraba Final Space me resultó lo suficientemente atractivo y agradable como para decidirme a verla.

Siendo honesto no esperaba mucho de la serie, tenía expectativas muy bajas, pues su diseño la hacía lucir como la típica serie cómica llena de humor gringo y aventuras exageradas sin mayor complejidad, sin embargo, fue totalmente diferente y mucho mejor de lo que yo esperaba. Sobre todo por la enorme cantidad de referencias a otras obras con temática de ciencia ficción espacial, sobre todo de las películas Moon y 2001: Odisea del Espacio (Stanley Kubrik, 1968).

La calidad técnica es buena, la animación me recuerda programas estadounidenses como Futurama y Hora de Aventura, aunque su estilo es diferente. Los escenarios me gustaron mucho puesto que logran sumergirnos en el profundo del espacio como toda buena Opera Espacial debe hacer. El diseño y desarrollo de los personajes también es bueno, aunque un par de ellos son algo insoportables, como el robot KVN y el protagonista, que en ocasiones se hace el gracioso de una forma algo frustrante. Fuera de esto, el resto de personajes es muy bueno, sobre todo HUE, cuyo tono de voz (al menos en el doblaje latino) me recuerda al Hall 9000.

Lo más destacable, además de los escenarios es la música. Realmente me gustó mucho la banda sonora, pues no sólo ayuda en la ambientación del espacio profundo o las entretenidas escenas de acción, sino que logra darle ese toque dramático y nostálgico que algunas escenas requieren, sobre todo cuando hay muchos momentos de comedia tonta.

La historia gira en torno a Gary Goodspeed, un joven que fue sentenciado a cinco años de prisión en una nave espacial luego de causar estragos en la flota de la Guardia Infinity al intentar suplantar a un capitán para tratar de impresión a Quinn, una chica de la que se enamoró. Mientras cumple su condena en una nave donde todos sus compañeros son robots, un extraño y amistoso extraterrestre verde choca con su nave. Gary nombra al pequeño Mooncake, en recuerdo a una mascota que su difunto padre le regaló.

Rápidamente una flota de piratas espaciales llega hasta su nave reclamando a E351, el nombre real de la pequeña bola verde que Gary ha adoptado como su nuevo amigo. Gary se reúsa a entregarlo y escapa, pero uno de los bandidos, Avocato, se cuela en la nave, aunque es capturado. Luego de algún tiempo como prisionero Avocato y Gary se hacen amigos, y nuestro protagonista decide ayudar a su nuevo compañero a recuperar a su hijo, quien estaba secuestrado por Lord Comandante, un pequeño pero poderoso ser que desea a Mooncake para abrir el Final Space y obtener la inmortalidad.

Mientras Avocato y Gary inician su rescate, una capitana de la Guardia Infinity se topa con ellos, esa chica es Quinn, la mujer de la que Gary ha estado enamorado todo este tiempo. Quinn les explica que ha encontrado una fisura en el espacio que si no es cerrada devorará a toda la Tierra, así que Avocato y Gary se unen a ella para tratar de salvar al universo.

La premisa inicial es muy simple, pues tenemos al malo que es poderoso y busca algo que casualmente nuestro protagonista tiene, hay un peligro que amenaza a la humanidad y sólo nuestros héroes son capaces de detenerlo. Sin embargo, con forme avanzan los capítulos la trama se va complejizando agradablemente, vemos que el villano no es el típico ser maligno ni que los protagonistas son totalmente infalibles. Pero lo más interesante es cuando se revela lo que hay en el Final Space, al otro lado de la fisura que está por destruir a la Tierra.

Además de los viajes espaciales tenemos viajes en el tiempo y sobre todo un grupo de criaturas cuyo poder es inconmensurable, los Titanes, que son la verdadera amenaza. Lamentablemente sólo conocemos un poco sobre ellos en esta temporada, pero esperemos que en el futuro se les dé mayor participación.

En lo personal me encantó que los protagonistas no fueran los típicos héroes que sobreviven a cualquier peligro, sino que de hecho sufrieran bajas y el final de temporada quedara en un desenlace dramático que esperemos no se resuelva a futuro de manera poco creíble, sino que mantenga en dramatismo que vimos en lo últimos capítulos. Las siguientes temporadas pueden prometer mucho si no caen en los típicos clichés. Y algo como esto es justo lo que me encantaría ver de The Ricochet Splendid y espero algún día alguna productora vea el potencial que el pequeño corto argentino tiene para convertirse en una magnifica Opera Espacial.

El niño y la bestia

Título Original: バケモノの子 (Bakemono no Ko).
Género(s): Fantasía, Sobrenatural, Drama.
Director: Mamoru Hosoda.
Estudio: Studio Chizu.
Emisión: 2015.
Duración: 120 minutos.
Extras:

Mamoru Hosoda es uno de mis directores de anime favoritos desde que vi Tokikake, ahora con El niño y la bestia reafirmo por qué me gustan tanto sus películas, pues esa mezcla de mundos fantásticos, hermosos escenarios, drama y aventura junto con un trasfondo que o bien reflejan la vida moderna pero rural de Japón, o bien lo hacen de su folclor y tradiciones más ancestrales.

Bekemono no Ko es hasta ahora mi película favorita de este director a nivel visual, pues tan sólo el poder ver todo lo que nos muestra en pantalla es un verdadero deleite, algo que no había experimentado desde hace mucho y que sólo podría compáralo con los escenarios de Ghibli o el extremo detalle de obras como Tekkonkinkreet. Además de la animación tenemos una historia increíble y una banda sonora formidable.

La calidad de animación es impresionante como ya mencioné, los escenarios urbanos son una belleza pues muestran una enorme cantidad de elementos y detalles que nunca generan contaminación visual. Hay momentos en los que la calidad de los escenarios es tan realista que bien podríamos estar viendo una fotografía tomada en las calles de Shibuya. Pero no sólo es la urbe nipona la que destaca en su recreación, sino la construcción del mundo de las bestias, sobre todo la ciudad de Jutengai y su mercado que con tan sólo verlo uno puede inferir que ese mundo está lleno de historia, tradición y mucho folclor. Sin olvidar que las escenas de acción son increíbles.

En cuanto a la construcción de personajes, ésta también me gustó mucho. A nivel visual su diseño es simple, lo que contrasta con el nivel de detalle de los escenarios pero resulta totalmente congruente con el estilo característico de Hosoda, el cual se ha convertido en su sello particular. Las personalidades también son interesantes, pues si bien todas caen en los típicos clichés, logran crecer y no se quedan estancadas. Ren y Kumatetsu, los protagonistas, son los típicos personajes Shônen, fuertes y obstinados, y el villano en cuestión surge del típico trauma de la infancia por ser diferente.

Si la parte visual es impresionante la banda sonora no que queda atrás. Todas las canciones son muy buenas, sumamente agradables y aportan muchísimo a la ambientación, desde las partes cómicas y llenas de emoción y venturas, hasta las partes más sombrías y tristes. Todos los elementos en su conjunción hacen de esta obra una verdadera obra de arte. Y si en la parte técnica es buena, la historia es igualmente sobresaliente.

La historia gira en torno a Ren, un niño de nueve años que se quedó huérfano por parte de su madre y cómo sus padres se habían divorciado la familia materna se quedó con la custodia del chico pues al ser el único varón estaba destinado a ser el heredero del clan. Ren, abandonado por su padre y ante la frialdad de su familia adoptiva decide escapar y empieza a vagar por las calles de Shibuya.

En otro mundo, uno ajeno al nuestro y oculto, viven las bestias, seres con apariencia de animales antropomorfizados que tienen la capacidad de trascender y alcanzar la divinidad convirtiéndose en dioses. En la ciudad de Juntengai, el líder ha decidido que es momento de retirarse y trascender, para ello necesita un sucesor. Dos bestias se disputan el cargo, el noble y respetado Iozen, padre de dos chicos y maestro de muchos discípulos, y Kumatetsu, un necio y arrogante oso que si bien es fuerte no tiene la personalidad para ser líder. Ambos deben enfrentarse para ganar el puesto, pero antes de que la batalla ocurra Kumatetsu deberá encontrar un aprendiz y aprender a ser el guía que un verdadero líder debe ser.

Desesperado porque ninguno de sus pupilos soporta el trato que les da, Kumatetsu decide que está dispuesto a aceptar a un humano como aprendiz sin con ello puede entrar a la contienda contra Iozen. Mientras caminaba por las calles de Shibuya encuentra a Ren llorando en el suelo y le ofrece ser su maestro, sin saber realmente cómo, Ren logra seguir ha Kumatetsu hasta Jutengai e inicia así su camino como el aprendiz de una bestia.

Esa parte mitología y folclórica de dos mundos totalmente separados pero al mismo tiempo influenciados el uno por el otro me gustó mucho, aunque no es algo novedoso en el cine en esta ocasión la hermosa construcción de ese otro mundo y todos los aspectos culturales vertidos en él me fascinaron. Jutengai era un pueblo vibrante, con tradiciones, costumbres e historia, tanto o más ricas que el mundo humano. La razón de mantener separados ambos mundos era porque los humanos pueden llegar a albergar tal odio en su corazón que podrían terminar consumidos por la oscuridad.

Ren, al convertirse en aprendiz de Kumatetsu, fue visto en un inicio como alguien despreciable, al ser un humano no tenía las habilidades innatas de las bestias, pero tenía una formidable capacidad para aprender. Pero más que la existencia de dos mundos y la parte fantástica, lo que en verdad es importante es ver el crecimiento que tanto Ren como su maestro tuvieron al aprender el uno del otro, esa relación de maestro-aprendiz trascendió a tal grado que bien podría compararse con la de padre e hijo.

En todo el filme hay un evidente mensaje sobre la labor docente, pues nos demuestra que un buen maestro es aquel que tiene la habilidad y sencillez para aceptar que puede aprender más de los alumnos que ellos de él. Antes de tomar a Ren como aprendiz nadie quería entrenar con Kumatetsu, pero luego de ver lo fuerte que el humano se había vuelto todos quisieron ser sus aprendices. Una entrañable relación entre un maestro y su discípulo es aquella en la que ambos crezcan a la par, enseñar no sirve de nada si al final del curso el único que aprendió y mejoró sus habilidades fue el alumno.

Sin duda, una obra magnifica, con un maravilloso mensaje sobre el valor de los lazos afectivos en la enseñanza y la forma en que ésta puede hacernos mejores personas. Una recomendación obligada pues tiene los elementos para atrapar a cualquiera, acción, peleas, un mundo fantástico lleno de bestias, folclor, poderes, drama, un muy leve toque de romance y una entrañable historia sobre la relación de un maestro y su alumno.

El Cubo

Título Original: Cube.
Género(s): Ciencia Ficción, Suspence, Terror.
Director: Vincenzo Natali.
Emisión: 1997.
Duración: 91 minutos.
Extras: Cube 2, Cube Zero.

El Cubo es una de esas primeras películas de culto que conocemos quienes gustamos de la Ciencia Ficción. Con una premisa interesante y aún original para la fecha de su estreno, este filme sin duda se ha convertido de uno de los más conocidos en esos círculos especializados en las temáticas intrincada de la ficción y el terror, esas que juegan con la mente de las personas y las torturan tanto física como psicológicamente, dejándoles como única forma de salida el uso del análisis y el conocimiento.

La calidad técnica es buena aunque ya se aprecia cómo los años le han pasado factura, algunos efectos de las trampas mortales ya lucen viejos, pero la calidad en cuanto a escenarios sigue siendo buena, al igual que las actuaciones. Además, el uso del espacio confinado, pese a no ser algo nuevo para finales de los 90, luce bien y mantiene el suspenso durante toda la obra.

La historia gira en torno a seis personas que despiertan en una extraña habitación con forma cúbica. Rápidamente descubre que dicha habitación está interconectada con otras, tanto en los cuatro lados de las paredes como arriba y abajo. Con forme los protagonistas avanzan se van encontrando con más personas y descubren que en algunas habitaciones hay trampas mortales, tratando de sobrevivir empiezan a trabajar juntos, hasta que el cansancio, el hambre y la sed hacen estragos en sus cuerpos y mentes y la paranoia se empieza a apoderar de ellos.

Quentin, un policía afroamericano; Leaven, una joven estudiante de matemáticas; Worth, un arquitecto; Holloway, una doctora; Kazan, un chico autista, y Rennes, un convicto conocido por fugarse de las cárceles de mayor seguridad, deberán trabajar junto para sortear las trampas y descubrir cómo poder salir de allí. Cada uno posee habilidades únicas que les permitirán ir armando el rompecabezas a fin de salvar sus vidas.

Como es de esperar, algunos personajes mueren y desde un principio los protagonistas comprenden que deben trabajar juntos con las habilidades particulares de cada uno. Es interesante que algunos personajes no tengan clara su función sino hasta casi el final de la película, pero se torna atractivo ver cómo la situación a la que se enfrentan va revelando las verdaderas personalidades de cada uno. Al principio algunos parecen más proactivos que otros y necesarios, pero todos en algún momento juegan un papel fundamental para lograr salir de allí, incluso estos murieron antes de escapar, hicieron un aporte al grupo o dejaron una enseñanza que será vital para sobrevivir.

Debo confesar que esta es una de esas películas que la primera vez que la vi me dio algo de miedo y me generó cierta incomodidad, además de que como era yo niño tampoco le entendí, pero se quedó grabada en mi mente tanto que hace una semanas decidí comprarla para verla completa por primera vez. Y el lograr generar esas sensaciones en el espectador es justamente lo que la han hecho de culto, además de que es una de las obras de Ciencia Ficción precursoras en la que un grupo de victimas deben enfrentar un juego siniestro.

La temática de gente atrapada en una sala de torturas en donde deberán usar su ingenio para lograr salir se ha vuelto un tema popular en las películas de terror, pero El Cubo tiene un excelente desarrollo de sus personajes y sobre todo, complemente perfectamente las habilidades o conocimientos de cada uno sin que parezca forzado. Aunque sin duda tiene algunos defectos en el desarrollo de la trama, como que desde el principio tienen muy claro que deben hacer. Aunque la forma en la que la paranoia se va apoderando de ellos es muy buena, lo que termina por regalarnos un final que a mí no me gustó, aunque el resto de la película es muy bueno.

Además de lo aparente también hay un trasfondo por demás complejo y es el origen del cubo. Algunos personajes divagan sobre quién lo creó, si en gobierno o los extraterrestres; al final uno de ellos da una interesante opinión, nadie creo el cubo, éste es resultado de una inercia de cientos de trabajos individuales que las propias singularidades del destino dieron como resultado, es decir, no hay una cabeza al mando, únicamente es el resultado de una peculiar anomalía, lo que me recuerda a un SCP. Al final no se dan mayores explicaciones de su origen y razón de ser, dejando sin respuestas al televidente y convirtiendo al filme en una verdadera obra de culto.