Hey Arnold!, y así aprendí a apreciar el Jazz

Quitémonos las formalidades, pongámonos sentimentales, hablémonos de tu y con Stompin’ de fondo musical recordemos una serie que a muchos nos trae bellos recuerdos de la infancia, una historia con entrañables mensajes de amistar y bondad, con una banda sonora más allá de lo sublime y unos escenarios que a muchos nos atrapan y enamoran en cada escena. En esta ocasión no se trata de reseñar ni de analizar la magnífica obra de Craig Bartlett, sino de recordar y añorar los años en los que perdernos la trasmisión de Pokemón —a pesar de que era la décima vez que lo repetían— era lo peor que podía pasarnos en la vida. Y no, no voy a comenzar con “Arnold es idealista y siempre trata de ver lo mejor de los demás”, para eso mejor consulten cualquier otro blog porque en la mayoría tienen la misma reseña.

Recuerdo que cuando Hey Arnold! empezó a transmitirse por Canal 5 (yo nunca tuve televisión de paga cuando era niño) estaba cursando el 4to grado de primaria, el mismo grado en el cual se encontraban los personajes de ese “nuevo” programa. Aún desconocía que Gokú y otras series japonesas pertenecían a algo llamado Anime, ¡vamos!, que ni siquiera sabía que eran japonesas. Para mí, en esa primera década de vida, las caricaturas no tenían nacionalidad, sólo había unas mejores que otras. Y ahora que reconsidero cuáles era esas “mejores” me doy cuenta de que la mayoría fueron animaciones niponas. Sin embargo, dentro de la diversa programación infantil de finales de los 90 y principios de siglo, una serie cautivó mi atención por el extraño diseño de sus personajes. Una cabeza de balón, otra alargada como de bate, entre otras diversas deformidades, me resultaron algo curioso y distintivo, pero lo más interesante fue quizás el hecho de identificarme a plenitud con ese multicultural y diverso grupo de infantes.

Hace tan sólo algunos meses que tengo televisión de paga; gran oportunidad para ver obras tan geniales como South Park y Hora de Aventura, de las que ya hablaremos en el blog cuando llegue el momento. En una ocasión, cuando por alguna razón seguía despierto entre semana a la media noche y gracias a mi manía de cambiar de canal constantemente, llegue a Nick, en su barra nick@nite y me alegré al ver que en la programación se encontraba Hey Arnold!, aquella caricatura que yo solía ver de niño y que como principal recuerdo estaba el hecho de que los personajes de la serie cursaban el mismo año escolar que yo cuando en su momento fue televisada en el cinco. No le presté gran importancia pero me decidí a verla, según yo la serie siempre me había gustado, pero nunca había sido de mis máximas favoritas. Le seguí el paso con forme pasaban los días, desvelándome para escuchar la grandiosa canción final y deleitándome con la peculiar construcción urbana, aspectos que nunca había advertido de niño. Sin darme cuenta, me quedé enganchado una vez más con la serie, pero de una forma más férrea que hace diez años, me sumergí en las encantadoras tonadas de jazzista Jim Lang y me perdí en los recuerdos que la serie me produjo, la cual —casi literalmente— me trasportó a ese último año del siglo pasado.

LOS AÑOS DE ESCUELA

Lo que recuerdo con más cariño —y lo repito por tercera vez— es que los personajes estaban en 4to grado de primaria al igual que yo. Era un nivel en el cual uno pasaba totalmente desapercibido pues habíamos dejado de ser de los más chicos pero aún no éramos los más grandes. Independientemente de ello, hubo algo peculiar que siempre llamó mi atención pero que sólo recientemente pude notar: Hey Arnold! es una especie de Slice of Life y no hace más que narrarnos singularidades de la vida cotidiana de un peculiar niño de 10 años.

En aquellos años de escuela uno generalmente se juntaba con puros hombres, o con puras mujeres en el caso de ser niña. A la hora del recreo nunca faltaban las disputas y las pélelas entre ambos, que nunca pasaron de ser corretizas por ver quien tenía la razón en algo. En la escuela también vivimos nuestros primeros amoríos (amoríos en minúsculas obviamente) que si bien no eran tan poéticos como el de Helga con Arnorld si nos provocaban un nerviosismo incontrolable. En aquellos años, confesarles a nuestros amigos que cierta chica nos gustaba era la máxima proeza a la que uno podía aspirar, y qué decir de cuando nosotros le gustábamos a alguien, éramos la comidilla del salón, o cuando esa niña que a ti te gustaba-gustaba, tú sólo le gustabas.

Tanto en nuestra vida como en la serie vemos que los villanos se hacen presentes, personificados por los niños de los grados superiores, aquellos que nos corrían de la cancha, que nos pateaban el balón y que si bien no nos arrojaba a los botes de basura si nos causaba algo de miedo toparnos a un grupito de los de sexto. Por otra parte, el ir en cuarto significaba que ya conocías todo sobre la escuela, que sabías qué maestros eran estrictos y con cuales era casi seguro que nunca recibirías un regaño. Este aspecto es lo que le da tanto juego a la serie, pues los personajes son atormentados por los brutos de quinto pero también pueden convertirse en los héroes personales de los niños de segundo, como en aquel capitulo en el que Eugene (Yuyin) se vuelve malvado.

Entre profesores locos, compañeros aún más raros, viejos amigos de toda la vida y muchos recuerdos dentro y fuera del salón, se encuentra nuestra escuela primaria, la etapa más tranquila de toda la vida escolar, sin la “punzada” de la secundaria, sin lo increíblemente genial de la preparatoria y sin las presiones de la universidad, la primaria representa los seis años más largos de nuestra infancia, época a la que muchos no quisiéramos regresar pero que no por ello no recordamos con un poco de cariño.

NIÑOS, VECINDADES Y PANDILLAS

A pesar de haber nacido en el DF nunca he vivido allí, mi infancia se desarrolló en un tranquilo pueblecito en el corazón del estado de Hidalgo. El vivir en una zona rural me permitió hacer cosas que resultan casi imposibles en la ciudad, como salir a andar en bicicleta, jugar fut o beis en la calle y reunirme cada tarde después de clases con mis amigos del barrio para hacer muchas de las cosas que Arnorld hacía con sus amigos. Y he aquí la principal disyuntiva de la serie, pues por una parte se desarrolla en un entorno urbano bastante hostil para los niños, pero por otra conserva mucha de la esencia de vecindad que hace varias décadas era posible encontrar en la capital de país; estoy seguro que los padres y abuelos de muchos de ustedes les habrán contado de cuando salían a jugar a las calles, sin el peligro del trafico ni la delincuencia.

Arnold y sus amigos, a pesar de vivir en la ciudad, aún salen a jugar después de clases, entablando amistades fuera del aula y aprendiendo sobre la vida en la gran ciudad a la vieja usanza: viviendo en carne propia las penurias y bondades de la urbe. Y esto es una de las cosas que más me gusta de los niños, pues si bien su entorno puede no ser el más propicio para sus juegos, ellos continúan vagando solos por la ciudad y apropiándose de los terrenos baldíos para hacer sus propios campos de béisbol.

Quién entre sus conocidos del barrio nunca tuvo al amigo gordo, al deportivo, al riquillo, al tosco grandulón o al despistado. Pues bien, en Hey Arnold! la multiculturalidad y la multiracialidad —más propia de los Estados Unidos que de México— se hacen presentes en el grupillo de infantes. Arnold y Helga son los típicos chicos rubios, Gerald es el indispensable amigo negro, Phoebe es la chica asiática, mientras que Lila es la pelirroja campirana, sin olvidar a Rhonda la riquilla del salón ni a Harold en gordo judío; que a pesar de estar bastante estereotipados funcionan. Y además de la diversidad racial también encontramos un constructo social fascinante, pues cada familia es distinta y apegada a nuestra realidad actual. Tenemos desde la familia tradicional hasta la familia compuesta (como la de Sr. Simmons), basta con recordar que Arnold es huérfano y en diversas ocasiones sufre por su situación.

A propósito, la independencia de los niños es algo muy característicos que ha permeado en muchas de las animación dirigidas al público infantil. Esto lo podemos observar en prácticamente todas las animaciones japonesas y en muchas de las producciones en general de todo el mundo. Si ejercitamos un poco la memoria y recordamos las caricaturas que veíamos de niños —sin ir más allá de los ochenta— será posible notar que en todas ellas los personajes eran niños que estaban sin la compañía ni tutela de adultos, lo que permite una identificación muy particular por parte de la audiencia infantil. Y a excepción de los abuelos de Arnold, sus inquilinos y algunos otros padres, los adultos prácticamente no tienen injerencia en la historia, lo que hace a la serie más atractiva para los niños, pues podíamos identificarnos directamente con los personajes y sus situaciones.

CALLES Y ASFALTO

Uno de los principales aspectos que siempre me gustó de la serie era la ciudad, toda la construcción urbana que parecía descuidada a propósito. Era una ciudad con basura, grafitis, contaminación, edificios abandonados, mucho asfalto y pocas áreas verdes; escenarios que fácilmente nos remiten a lugares como Brooklyn, Queens, Portland, Seattle y Nueva York. Hillwood, la ficticia ciudad que evoca los barrios bajos del norte de Estados Unidos.

Personalmente me fascina como toda la construcción urbana resulta en extremo opresiva para con las personas, con altos edificios obstaculizando la vista del horizonte, con vialidades elevadas que impiden ver el cielo y con calles de concreto que atentan contra la naturaleza, pero que a pesar de ello se han vuelto el nuevo paisaje de la ciudad. Mirar al horizonte por las tardes y ver un puente vehicular en lugar de la puesta de sol nos recuerda el costo que debemos pagar por vivir en una gran urbe con todos los servicios y comodidades.

De niño nunca le presté atención a la ciudad, pero quizás por vivir en el campo donde podía ver los cerros en el horizonte y las infinitas parcelas de cultivo, es que puedo percatarme de lo opresora que puede resultar la gran urbe, la cual pocas veces nos da la oportunidad de detenernos a respirar y apreciar nuestro entorno. A pesar de ello, por alguna razón me encanta la construcción urbana de la serie, es agresiva sí, pero amena y reconfortante cuando has aprendido a hacer tuyos los ajetreados espacios urbanos.

Y como en toda ciudad, Hillwood también tiene sus historias, leyendas y grandes personajes. Quizás en tu ciudad no haya una estación de trenes embrujada, pero seguro que una casa sí, posiblemente el Gran Cesar no acecha en el fondo del lago, pero seguro que algún otro animal extraño lo hará, y quizás el Hombre Mono no vendrá a rescatarte cuando estés en aprietos, pero seguramente algún buen hombre te tenderá la mano.

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JAZZ

Esto es lo que me llevó a escribir todo el ensayo (y el punto anterior también), el Jazz, esa música aburrida creada sólo para los intelectuales y que de bonito no tiene nada, o eso pensaba yo de niño, sin saber que era precisamente ese género musical el que amenizaba uno de mis programas favoritos. Y es que una construcción urbana tan particular sólo podía congeniar con tan fabulosas melodías musicales.

Cuando me reencontré con Arnold hace algunos meses me quedé atrapado con Stompin’, la canción que se escucha al final de la serie. Buscando en internet encontré todo el soundtrack y lo bajé, pero pasó bastante tiempo antes de decidirme a escuchar de corrido todo el álbum —en parte por el reciente gusto que le había adquirido al Jazz— y simplemente me quedé fascinado con cada pieza, sobre todo con las de Dino Spumoni, el personaje ficticio ícono de jazz que representa la mejor etapa del género en aquellos lejanos años 50 cuando los italoamericanos revolucionaron ese tipo de música.

La espectacular voz de Rick Corso (como Dino Spumoni) y el indiscutible talento de Jim Lang, otorgaron a Hey Arnold!, además de los puntos anteriormente mencionados, una esencia totalmente única y diferente del resto de animaciones que podíamos ver hacer más de diez años, pues quien no se ponga nostálgico con Goove Remote ni le den ganas de chasquear los dedos con Smashed es porque no ha escuchado el soundtrack con atención.

La agradable música, combinada con los peculiares escenarios y las historias que en ocasiones tenían tintes un poco nostálgicos y reflexivos, catapultaron a la serie en una dirección hasta entonces desconocida, la hicieron diferente y crearon esa esencia tan particular que nos invita a recordar y añorar un pasado que posiblemente nunca pasó. Todos esos elementos hicieron que la serie me resultara familiar pero al mismo tiempo distinta, los escenarios me hacían sentir en casa sin pertenecer a ellos y los recuerdos que vienen a mi memoria son más un producto de la serie que de la realidad.

EL MITO ADOLESCENTE

El tiempo pasa y tuvimos que crecer, entramos a la “edad de la punzada” y nuestra visión del mundo cambió, pero en el fondo seguíamos (y ojalá sigamos) siendo niños. Muchas de nuestras caricaturas preferidas ya nos perecían inmaduras para nuestros nuevos gustos, la música que nos gustaba antes ahora nos daba pena, queríamos nuestra independencia y un trato distinto, pero por alguna razón seguíamos añorando las viejas series. Quizás por eso empezó a gestarse una evolución en la temática infantil de la serie que hizo crecer a los pequeños protagonistas, creando toda una corriente ficticia sobre el desarrollo de la serie en la Escuela Secundaria y la exigencia de los fans para que se continuar el programa.

Estoy seguro que los fans más acérrimos habrán visto algunas de las viñetas sobre lo que estoy diciendo. En ellas vemos como las evidentes parejitas de la primaria terminaron por consolidarse, así como el inicio del despertar sexual en los chicos. Esas temáticas eran más adultas y provocadoras, y eso aseguraba que los ahora jóvenes se reengancharan con la historia. Afortunadamente nunca se continuó la serie, pues en lo personal considero que ésta representa la niñez y nos recuerda nuestra infancia con un dejo de nostalgia e inocencia. Para mí, la serie nos permite aferrarnos al pasado y a la parte de nosotros que nunca crecerá.Oye Arnold g3

 … Y VUELA HACIA EL SOL

Finalmente, estoy seguro de que Hey Arnold! nos dejó valiosas enseñanzas a todos los que lo veíamos, yo por lo menos recuerdo tres cosas que aprendí con la serie. Gracias a Harold aprendí lo que es el Bar Mitzvah, fue con ésta serie que conocí la existencia de algunas de las óperas más famosas, y fue gracias al “Hombre Paloma” que aprendí que la bondad de las personas no tiene nada que ver con su aspecto físico ni su comportamiento.

Y al final de todo esto, al final de cada recuerdo, me da gusto de que ya sea de 9 o de 22 años, puedo disfrutar de las mismas caricaturas, entendiendo y notando cosas distintas, pero pasándola bien con programas que si bien fueron pensados para los niños no dejan de llevar un buen mensaje y varios gratos recuerdos a los adultos (y a los que aún no somos adultos ni tenemos prisa por serlo).

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Recuerdos del Ayer

Título Original: おもひでぽろぽ (Omohide poro poro).
Género(s): Romance, Drama, Slice of Life, Josei.
Director: Isao Takahata.
Estudio: Studio Ghibli.
Emisión: 1991.
Duración: 118 minutos.
Extras:

Basada en el manga homónimo de Hotaru Okamoto y Yuko Tone, Recuerdos del Ayer es la segunda película dirigida por Yakahata y una producción muy particular dentro de Ghibli debido a su temática y género. La obra puede catalogarse como un drama adulto enfocado al público femenino, lo que contrasta con el estilo infantil y fantástico presente en las demás obras del estudio.

La animación conserva, como ya es costumbre, la técnica artesanal que ha hecho famoso a Ghibli, pero en esta ocasión con un diseño de personajes más serio y maduro, al menos visualmente. La animación es muy fluida y los escenarios son bellísimos, quizás de los mejores que he visto en las películas de este estudio. La música es bastante peculiar pero logra generar una buena ambientación, que al conjugarse con los escenarios, logra que el espectador entienda que está viendo cómo era ese país hace 40 años aunque no sea japonés.

La historia gira en torno a Taeko Okajima, una joven de 27 años que viaja a la casa de campo de su cuñada para pasar las vacaciones, pero durante el trayecto regresan a su mente los recuerdos de su infancia en el año de 1966 que la harán reflexionar sobre su futuro. La historia nos relata, en pocas palabras, la infancia del personaje a partir del personaje adulto —como lo han hecho algunas series de televisión como Los Años Maravillosos y Cuéntame cómo pasó— y nos permite apreciar algunos de los sucesos más emblemáticos para Japón, pero específicamente para el personaje, como la llegada de The Beatles, las primeras minifaldas, los desayunos escolares, la guerra de Vietnam y demás sucesos ocurrido en la década de los 60.

El filme nos cuenta una doble historia, pues desarrolla simultáneamente la vida de adulta de Taeko y los recuerdos de su infancia, lo que resulta un poco confuso en los primeros minutos ya que pareciera que se trata de dos historias diferentes. Sin embargo, en la primera parte de la película la infancia de Taeko se convierte en el escenario principal y nos cuenta cosas típicas y triviales de la infancia con las que nos identificaremos, como las competencias deportivas en la escuela, los berrinches, la primera vez que nos gustó alguien, las primeras clases de sexualidad o el inicio del ciclo menstrual en las niñas.

Además de las cosas personales, el hecho de ver en retrospectiva la vida de un personaje nos permite apreciar cosas propias de la cultura japonesa, como los viajes al campo, la estructura familia (sobre todo porque el personaje es la menor de tres hermanas) e incluso la fruta exótica que no es típica de esas latitudes (hay una escena muy graciosa de cuando comen piña por primera vez). En la segunda parte del filme nos centramos en la Taeko actual, quien reflexiona sobre su pasado, su trabajo y su vida sentimental, contraponiendo su vida citadina con la ruralidad del campo que le presenta Toshio, un joven agricultor por el cual ella siente un gran cariño.

Algo que me gustaría destacar es la cromática de las escenas y el diseño visual en general. En las escenas de recuerdos los colores se ven más deslavados y antiguos, como si estuviéramos frene a la viñeta de un viejo manga, mientras que en las escenas del presente los colores son más fuertes y serios, lo cual facilita al espectador diferenciar el manejo de tiempos. Y hablando de cronología, a pesar de estar viendo los recuerdos de un personaje, dichas escenas no puede considerarse como flash backs.

Recuerdos del Ayer es una hermosa obra que nos invita a recordar nuestro propio pasado, a reflexionar sobre nuestro presente y a imaginar nuestro futuro. Rememorar las cosas que nos producían pesares o felicidad en nuestra infancia es una forma de viajar en el tiempo, pues al final nada de lo que poseemos es nuestro, sólo nuestros recuerdos lo son.

Finalmente, debemos admitir que esta historia no es para todo público, principalmente por estar enfocada a un público femenino maduro y llevar un ritmo realmente lento en algunas escenas. A pesar de ello, es una historia que realmente nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vida, sobre lo que hacemos y lo que queremos o quisiéramos hacer. Es un Slice of life como pocos, porque no sólo se enfoca en el ahora, sino en el ayer, y nos demuestra que los personajes comunes viviendo vidas comunes también tienen historia interesantes que contar.

Un trágico día de verano, Hiroshima

Título Original: 夏服の少女たち (Natsufuku no Shôjo-tachi).
Género(s): Drama, Documental, Shôjo.
Director: Mitsuko Ono (autor).
Estudio: MadHouse, NHK.
Emisión: 1988 [1990].
Duración: 25 minutos.
Extras:

En raras ocasiones Canal 11 nos ofrece dentro de su programación algunas emisiones que usa para rellenar su tiempo al aire. Quizás hayan tenido la oportunidad de ver, ya entrada la noche, un programa japonés de la década de los ochenta (creo) sobre el cuerpo humano y su funcionamiento. Pues bien, el siguiente documental ha sido televisado por el mentado canal cultural un par de veces, generalmente como intermedio.

Este especial fue realizado para conmemorar el 43 aniversario del desastre nuclear causado por la bomba atómica en Hiroshima. El video nos cuenta la historia de un grupo de niñas de secundaria que fallecieron a causa del bombardeo. La historia inicia en abril de 1945, primer día de labores en la escuela, y continúa hasta el 6 de agosto, fecha del fatídico suceso, tiempo durante el cual nos muestra cómo vivieron los civiles el conflicto armado y cómo su rutina diaria se vio radicalmente afectada por la guerra.

El documental es en realidad una narración sobre la vida de las niñas, al estilo de lo que ahora clasificaríamos como Slice of life, en la que se van puntualizando los hechos históricos más relevantes de la Segunda Guerra Mundial. Nos muestra elementos muy crudos de la vida cotidiana, pero contados de manera tan elocuente que en lugar de remitirnos a la tragedia o vendernos lástima, nos invitan a reflexionar. Vemos aspectos como la organización y las reglas que las niñas debían seguir en caso de ataque aéreo, la falta de alimentos, la desintegración familiar y la escasez de recursos tan aparentemente convencionales como la tela, asimismo, nos ayuda a comprender por qué Hiroshima era un blanco militar estratégico.

Podríamos describir el corto como un reportaje histórico basado en los diarios escolares de unas niñas de secundaria. Dichos diarios son fieles testigos de cómo se vivía la guerra en las ciudades japonesas y de la forma en que las niñas interpretaban aquel conflicto. Uno de los aspectos más rescatables es el hecho de que podemos ver todas las implicaciones sociales que provocó el conflicto armado, como la ausencia de hombres en las labores del campo, lo que obligó a muchas niñas y mujeres a realizas dichos trabajos.

Un factor que hace extremadamente atractivo al documental, es el hecho de presentar la versión japonesa del conflicto, lo que resulta novedoso para nosotros que estamos acostumbrados a la versión americana. El reportaje nos muestra —como lo hace gran parte de la animación japonesa de la postguerra— la impresionante capacidad de organización, obediencia y paternalismo del pueblo nipón; obviamente quizás existe una excesiva exaltación de valores, pero no es algo que podamos criticar puesto que es la finalidad del reportaje.

Realizar un documental de la segunda guerra mundial será siempre un tema de discusión pues resulta difícil deshacernos de nuestros prejuicios para dar una visión neutral de los hechos, sin embargo, éste pequeño filme logra apartarse de tales problemas ya que se limita a rendir tributo a las niñas muertas. En otras palabras, el video no es un reportaje ni un documental como tal, sino una especie de semblanza o reseña histórica sobre la vida de un grupo de pequeñas durante la guerra. El tema principal es la vida de las niñas y el entorno bélico es únicamente el desafortunado contexto histórico en el que les tocó vivir.

Sin duda es un excelente ejercicio que realmente refleja la utilidad de la animación más allá de un mero entretenimiento o un elemento artístico, pues la animación genera una ambientación más agradable de lo que hubiera logrado cualquier dramatización con actores reales, además de que el anime se ha convertido en todo un icono de la cultura pop japonesa que realza el valor simbólico de hablar de un evento tan trágico.

El reportaje no es únicamente animación, también integra escenas reales y entrevistas con familiares y sobrevivientes de aquel fatídico 6 de agosto. La conjunción del trabajo periodístico y la animación hace de esta obra la mejor forma, al menos para mí, de llamar la atención del público joven y educarlo sobre este tipo de temas que debido a su crudeza muchas veces son evitados.

Lucky Star OVA

Título Original: らき☆すた (Raki ☆ Suta).
Género(s): Comedia, Slice of life, Shôjo.
Director: Yasuhiro Takemono.
Estudio: Kyoto Animation.
Emisión: Septiembre 2008.
Duración: 45 minutos.
Extras: Lucky Star.

El OVA de Lucky Star se compone de una serie de historias cortas que nos cuentan distintos eventos a partir del punto de vista de un personaje en particular. La calidad de animación y el audio mantienen la misma calidad de la serie y las referencias al estilo de vida otaku y japonés siguen siendo la base cómica. El OVA no puede ubicarse temporalmente dada la falta de elementos, aunque puede desarrollarse en cualquier momento a partir del episodio 17 aproximadamente, pero lo más probable es que se desarrolle después del capítulo final.

La historia continúa mostrándonos eventos cotidianos como lo hizo en la serie, pero no proporciona ningún aporte sobresaliente, así que es como si viéramos un capitulo de 45 minutos. El aspecto más significativo es la parodia en vivo que los seiyûs de Akira Kogami y Minoru Shiraishi hacen de Lucky Channel. Una gran recomendación para quien disfrutó la serie.

Lucky Star

Título Original: らき☆すた (Raki ☆ Suta).
Género(s): Comedia, Slice of life, Shôjo.
Director: Hiroshi Yamamoto.
Estudio: Kyoto Animation.
Emisión: Abril 2007 – Septiembre 2007.
Duración: 24 Episodios.
Extras: Un OVA.

Basado en el 4-koma (manga en 4 viñetas) homónimo de Kagami Yoshimizu, Lucky Star es una de las series más cómicas y críticas de la industria, pues su extraño sentido del humor busca referenciar y hacer burla de otras series, patrones de conducta dentro de los fans, estereotipos en los personajes de anime y la vida de las figuras públicas de la cultura pop.

Podríamos decir que Lucky Star busca denunciar de manera muy sarcástica el modo de vida de los seguidores del anime y los productores de estos contenidos, los cuales se ven ensimismados en sus pasatiempos y olvidan desarrollarse en otros aspectos de su vida. Asimismo, busca evidenciar la falta de tolerancia que puede llegar a existir por parte de las personas que no tienen los mismos gustos o aficiones, pero que muchas veces se apasionan por cosas no convencionales.

La calidad de animación es regular, pues los escenarios no sobresalen en nada y ni siquiera actúan como un verdadero fondo ambientador. La música es simple y muy repetitiva, a pesar de tener un opening fuera de lo común con un para-para (baile) bastante atractivo. Y aunque la banda sonora no sobresale, sirve para referencia e incluso homenajear series japonesas de antaño, esto en el caso de los ending.

El aspecto de los personajes es el mejor logrado, pues ellos desarrollan la serie por completo, ya que el anime se basa únicamente en la vida cotidiana de sus personajes, por lo que la buena construcción de estos era indispensable para obtener los resultados deseados. Las personalidades están creadas a partir de una gama muy amplia de elementos totalmente estereotipados, que a pesar de ello logran actitudes originales.

La extrema cantidad de elementos moe (otaku, tsundere y yandere) de cada personaje sirven para criticar al vacío de nuevas ideas en la construcción de estos, pues hoy en día es muy común encontrar al menos a un personaje con los siguientes rasgos: tierna, tímida, torpe, intelectual ode pechos grandes. Lucky Star toma todos esos elementos y los pone dentro de sus personajes, por lo que cada uno de ellos tiene al menos tres o cuatro de estas características.

La apariencia física también es muy particular, pues a pesar de que los personajes tienen 17 años, su aspecto corporal parece de niñas de secundaria o menores. Ésta aparente burla al desarrollo se debe a que en la mayoría de los animes actuales las chicas de secundaria ya presentan cuerpos muy desarrollados que no corresponden a su edad, por lo que la serie busca hacer una denuncia de ello. Igualmente, el personaje de Patricia Martin, refleja el cerrado interés y conocimiento que los occidentales tenemos de la cultura japonesa, pues fuera del anime pocas veces nos interesamos por algo diferente.

La historia gira en torno a la vida cotidiana de Konata Izumi y sus amigas Kagami, Tsukasa y Miyuki, quienes están en el segundo año del bachillerato. En el trascurso de los capítulos veremos los problemas, distracciones y vivencias a los que deberán enfrentarse.

La historia avanza a un ritmo lento —pese a que cada capítulo es aproximadamente un mes de la vida real y un día puede estar representado en una escena de pocos segundos— ya que en ningún momento se presentan eventos sobresalientes que destruyan la rutina diaria. A pesar del lánguido desarrollo, no resulta una serie monótona o aburrida, por el contrario, la vida diaria resulta especialmente atractiva.

Lucky Star 3

Las características cómicas de la serie se basan justamente en la vida diaria y presentan situaciones comunes en las que todos hemos estados alguna vez y que al identificarnos con ellas resultan graciosas. Sin olvidar que toda esta gama de referencias se basa principalmente en anime, manga, videojuegos y relaciones personales.

Además de las referencias cómicas también hay una crítica a ciertos patrones sociales propios de la industrial, como la sarcástica alusión a la vida de una idol, la indirecta mención de los seiyûs o la parodia de los vendedores de anime y manga. En lo personal considero que Lucky Star intenta definir un estilo de comedia propio para los japonenses, por lo que hace referencia a cosas comunes que son naturalmente graciosas para ellos, pero que para el público extranjero son difíciles de apreciar.

So・Ra ・No・ Wo・ To

Título Original: ソ・ラ・ノ・ヲ・ト (Sora no wo to).
Género(s): Militar, Drama, Comedia, Retrofuturismo, Shôjo.
Director: Mamoru Kanbe.
Estudio: A-1 Pictures.
Emisión: Enero 2010 – Marzo 2010.
Duración: 12 Episodios.
Extras: 7.5, 13.

Con música muy emblemática, conceptos artísticos propios del modernismo, ambientación militar y una extraña combinación de elementos europeos, Sora no wo to es uno de los animes más encantadores que he visto, pues la mezcla de ternura que se opone a la crueldad de la guerra logra un resultado sobresaliente. Además, su simpleza y nula pretensión la convierten en una serie tranquila y digerible, que si bien no busca consagrarse como la gran revelación, sí nos ofrece un lindo mensaje sobre la igualdad.

La calidad de animación es impecable, los escenarios están finamente detallados y los gráficos son en extremo nítidos, al igual que la ambientación que hace alusión a las provincias europeas. La ciudad de Seize —lugar donde trascurre la serie— es una copia casi fiel del poblado de Cuenca, España, principalmente de las Casas Colgantes y el Puente de San Pablo. También nos presenta elementos propios de folclor Alemán, Francés, Español, Austriaco, Suizo y Japonés, como el Obon (Fiesta des Lumieres), algo así como el Día de Muertos, y referencias a la Tomatina que se celebra en Valencia, España.

Sora no wo to 8

Todas esas referencias culturales y folclóricas crean un contexto novedoso a la vez que familiar, pues la mezcla de elementos orientales con tradiciones europeas y parafernalia militar, hacen que la serie adquiera un toque retro, pues los escenarios nos remiten a la región franco-cantábrica, mientras que el elemento militar nos remonta a las revoluciones previas a la Primera Guerra Mundial.

Además de las referencias ya mencionadas, en el opening se hace alusión a Gustav Klimt, pintor austriaco que creó obras como El Beso y que ha sido retomado por otros animes como Elfen Lied. No podemos olvidar las referencias a los Calvados (vinos) franceses ni melodías como el himno cristiano Amazing Grace, canción que ya ha sido usada por animes como Eureka 7.

La historia se desarrolla en un mundo postapocalíptico en el que una cruenta guerra destruyó toda la tecnología existente y acabó con la vida en los océanos, obligando a los ejércitos a regresar a la vieja tecnología del siglo XX. Kanata Sorami es una joven recluta que se enlistó en el ejército con el fin de aprender a tocar la trompeta, instrumento con el cual se dan las órdenes militares. Para su fortuna, es asignada al pelotón 1121 en la ciudad de Seize, provincia de Helvetia (Suiza).

En el pelotón, integrado sólo por mujeres, conocerá a otras reclutas y compañeras, con las cuales tendrá que entrenar, proteger a los habitantes de la ciudad y evitar que se desate la guerra contra Roma (que de hecho es Alemania pues el idioma que los “romanos” hablan es alemán). Para ello deberán desafiar a la mafia, conseguir otros trabajos con los cuales ganar dinero y enfrentar sus miedos y traumas del pasado para dejar de ser una tropa menospreciada.

La historia nos muestra un poblado un tanto medieval, con fortalezas, castillos, mercados, talleres artesanales y monopolios manejados por la mafia como en la época de la Gran Depresión (1929). También hace alusión a la guerra bacteriológica, con virus como la muerte invisible, que es una probable referencia a la peste negra o a la viruela. Además, nos muestra que las diferencias entre el estado gobernante y la religión son por lo general a causas de intereses personales, porque ambas buscan —al menos en teoría— el bienestar del pueblo. Esto lo podemos apreciar en la ayuda mutua entre pelotón 1121 y la Iglesia Ortodoxa.

El desarrollo de la serie es muy particular, pues se maneja como un Slice of life hasta la mitad de la serie, ya que en los primeros capítulos únicamente vemos el día a día en el cuartel. En la segunda mitad se introducen elementos mucho más dramáticos, pero sin dejar la indiscutible ternura que los personajes le aportan. Y para el final nos otorga un excelente ejemplo sobre igualdad, partiendo del hecho de que la música es universal, y que sin importar a que país o batallón pertenezcamos o que idioma hablemos, siempre podremos entender y disfrutar las notas musicales.

Aunque la historia es muy ligera y se maneja de forma muy sencilla, el trasfondo histórico del que parte el conflicto militar tiene un origen realmente complejo y sombrío; a lo largo de los capítulos es posible observar algunas referencias al viejo mundo. Esto hace que la historia tenga una gran solides y permita la posterior creación de precuelas o secuelas de igual o mayor complejidad.

En lo personal me parece que es la conjunción de todos esos elementos de distintas épocas y ámbitos lo que hace tan peculiar y atractiva a la serie, pues es difícil encontrar una historia que compagine ambientes tan distintos de forma natural, y, sobre todo, que logre una gran armonía y desarrollo con tan amplia gama de referencias.

Summer Wars

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Título Original: サマーウォーズ (Sama Wôzu).
Género(s): Ficción Especulativa, Comedia, Drama, Slice of life.
Director: Mamoru Hosoda.
Estudio: MadHouse.
Emisión: Agosto de 2009.
Duración: 114 minutos.
Extras:

Dirigida por Mamoru Hosoda, director de películas como Toki wo Kakeru Shôjo y Digimon Adventure Our War Game (1999), e inspirada en el clásico War Games de John Badham (1983), Summer Wars es uno de los largometraje más impresionantes y enternecedores de la actualidad, pues su calidad la hizo ser considerada como prenominada al Oscar 2011 como mejor animación.

El filme contó con la participación de Youji Takeshige como diseñador artístico y retoma el estilo de animación utilizado en Tokikake, combinándolo con escenarios muy similares a los que pudimos apreciar en la película de Digimon Adventure. El diseño de personajes corrió a cargo de Yoshiyuki Sadamoto quien respetó la simpleza en los rasgos físico. Finalmente, la preciosa música crea una ambientación perfecta al generar la tensión necesaria en los momentos dramáticos o la espontaneidad de los momentos cómicos.

Summer Wars 2

La historia gira en torno a Kenji Koiso, un joven estudiante genio de las matemáticas pero con dificultad para relacionarse con los demás. Para su fortuna, es invitado a pasar unos días con la familia de Natsuki Shinohara, una compañera de la escuela que es de un grado superior. Lo que Kenji no sabe es que Natsuki pretende hacerlo pasar por su novio y presentarlo a su familia.

Durante su estadía en casa de la Familia Jinnai, Kenji recibe un mensaje que intenta descifrar, dicho mensaje contenía los códigos de acceso para OZ, un mundo virtual a manera de red social que controla prácticamente todos los negocios y servicios en el mundo. Una vez descifrado el código, la cuenta de acceso de Kenji es hackeada por un extraño virus que empieza a absorber otras cuentas, con lo que obtiene el dominio de OZ e inicia el colapso de todos los sistemas controlados por Internet. En el caos, Kenji y la Familia Jinnai intentan retomar el control de OZ y acabar con el virus que pone en riesgo la estabilidad de la raza humana.

Summer Wars 5

La historia hace una muy inteligente crítica a la dependencia que actualmente tenemos de Internet, donde las redes sociales se han convertido en un espacio más dónde desenvolvernos, y cualquier colapso en el sistema virtual se verá reflejado en un colapso del sistema social real. Además, Summer Wars nos plantea la desaparición de esa frontera que nos permite diferenciar entre el mundo real y el virtual, ya que actualmente es muy difícil separar nuestra vida cotidiana de nuestras relaciones en la red.

Además del aspecto tecnológico, avatares y gadgets, Summer Wars nos presenta una construcción familiar muy entrañable, pues la estructura de la Familia Jinnai, además de ser tierna, es muy realista, sobre todo en el papel que juegan las mujeres como cabeza de familia. Y no sólo eso, la película también nos muestra cómo los problemas, secretos y conflictos consiguen superarse mediante la unión familiar, unión que muchas veces sólo se logra cuando las familias sufren una tragedia.

Summer Wars 4

La amplia gama de personalidades en la familia es sin duda uno de los aspectos que le otorgan originalidad a la obra, pero que al mismo tiempo la hacen universal, pues sin importar de donde seamos, los valores familiares estarán presentes en nuestra sociedad. Esto propicia que pueda internacionalizarse con facilidad, sobre todo en países donde la ideología de la unión familiar aún es muy fuerte.

El filme también nos enseña que la modernidad no debe significar la pérdida de las costumbres, pues cuando la tecnología nos falle sólo nos quedaran las viejas tradiciones (aspecto que me recuerda el tema que aborda Honey Tokyo). El cambio cultural causado por el gran desarrollo tecnológico es un aspecto que nos hace vulnerables, pues confiamos tanto en la tecnología que es difícil saber qué hacer cuando no podemos contar con ella.

Summer Wars 3

Summer Wars es una obra muy emotiva, que abarca numerosos temas dentro de su historia, desde el tierno y puro romance hasta el dominio que Internet tiene en las relaciones humanas, sin olvidar la importancia de la familia como la más básica e indispensable institución social.

Ésta película nos deja el mensaje de que la unión de la humanidad pude darse a través de las redes social si tiene como base a la familia. Mensaje que si bien no es original —pues ya lo habíamos visto en la película de Digimon— sí hace eco en la sociedad actual, pues las redes sociales ocupan un lugar cada vez más importante para la humanidad pero no han logrado sustituir los lazos afectivos de las relaciones familiares.