Soul Eater NOT!

soul-eater-not-anime-01

Título Original: ソウルイーターノット! (Sôru Îta Notto!).
Género(s): Slice of Life, Sobrenatural, Comedia, Ecchi.
Director: Masakazu Hashimoto.
Estudio: Bones.
Emisión: Abril – Julio 2014.
Duración: 12 Episodios.
Extras: Soul Eater.

La primera vez que vi Soul Eater, luego de que mi editor la recomendara, quedé muy complacido con el argumento, secuencias de acción y diseño de los personajes. Después me enteré que el anime termina de forma muy diferente a la historia original, pero ya no investigué más el asunto. Años más tarde llega a mi lista de recomendados Soul Eater NOT! y en lo personal, estaba muy interesado en regresar a ese mundo fantástico habitado por personajes tan extravagantes.

Pero no todo resultó como esperaba, pues esta nueva serie (adaptación de un manga spin-off del mismo autor) es una precuela a la serie original con un tono y ritmo muy diferentes. Las comparaciones entre ambas son inevitables. Mientras que Soul Eater es una aventura de acción en toda regla, NOT! es un apacible slice-of-life enfocado a la comedia y la vida escolar. Aunque ambas tienen lugar en el mismo universo, nos muestran dos extremos completamente opuestos.

maka-soul-not

La historia sigue a Tsugumi Harudori una joven cuya vida da un giro completo al descubrir que tiene la capacidad de trasformarse en un arma demoníaca. Para aprender a controlar sus nuevas habilidades decide enlistarse en el Shibusen, la escuela donde Armas y Técnicos se preparan para defender al mundo de todo tipo de amenazas. Una vez ahí, es asignada a la clase NOT, compuesta por estudiantes novatos, en contraste con la élite, perteneciente a la clase EAT.

Tsugumi también debe escoger a un Técnico para formar un equipo, pero en el primer día conoce a otras dos estudiantes Meme Tatane y Anya Hepburn, que buscan tomarla como compañera. Las tres chicas se vuelven buenas amigas y nuestra protagonista enfrenta la difícil decisión de dejar fuera a una de ellas. La serie sigue la vida diaria de las tres conforme inician su nueva vida juntas y tienen encuentros ocasionales con personajes de la serie original.

df

El apartado técnico es aceptable, aunque existen numerosos descensos en la calidad y fluidez de la animación. En comparación con Soul Eater, las limitadas secuencias de acción son notablemente inferiores, con movimientos toscos y lentos. El argumento se toma su tiempo al avanzar y no es hasta los episodios finales que existe un villano definido y un objetivo real para el grupo de protagonistas, aunque el desenlace es en cierta medida decepcionante.

Los personajes principales cumplen su cometido, es divertido ver sus peripecias diarias sobre todo con personalidades tan distintas, pero casi siempre son desplazadas por el cameo de algún protagonista del la serie original. El fan-service es constante, pero no lo suficiente para tomar un primer plano. La mayoría de los personajes nuevos no tienen esa extravagancia característica, salvo la antagonista principal, quien acapara las cámaras cada vez que aparece.

tumblr_n8483gbue21qbvovho8_1280

Por sí misma, NOT! es una serie entretenida que casi por casualidad está ambientada en el caótico mundo de Soul Eater; por su estilo, contenido y enfoque, es totalmente diferente a lo que ya vimos y estamos acostumbrados. A diferencia de su antecesora, que cuenta con más de 50 episodios, tiene la duración exacta para disfrutarse sin problemas. No llega a ser demasiado apresurada, ni redundante a tal grado que se vuelva letárgica o insufrible.

Puede que Soul Eater NOT! no satisfaga a todos los fans del Soul Eater original, pero si estás dispuesto a pasar por alto algunos detalles en la animación, es una experiencia divertida llena de referencias y con suficientes conexiones a la obra primigenia para ganarse su lugar como digna precuela. Es interesante adentrase en este universo desde un punto de vista distinto, más cotidiano y despreocupado, mientras disfrutamos de las interacciones entre estos nuevos personajes y como afrontan su día a día.

Slice of Life

little-miss-sunshine-blu-ray-cover-56

La vida diaria es uno de los elementos que con más frecuencia se plasma dentro del séptimo arte, ya sea en su modalidad animada o con acción real. Y si bien las historias sobre el día a día no suelen ser tan espectaculares como las películas de ficción y acción, se han ganado un cúmulo de seguidores muy fieles y nos han demostrado que incluso a través de la monótona rutina de la cotidianidad podemos aprender y cambiar.

Iniciaré con una definición personal de Slice of Life:

El Slice of Life (rebanada de vida) es un género cinematográfico en el cual se muestra la historia de un personaje en un momento determinado de su vida, el cual puede resultar trascendental o no. Pocas veces conocemos sobre su pasado y tampoco sabemos qué pasará con él en un futuro. Los argumentos se enfocan en la vida del personaje (y en menor medida en la vida de las personas que lo rodean) y prestan muy poca atención a los eventos externos y ajenos a él.

Pese a que el Slice of Life es un género cinematográfico, la gente suele olvidarse de ello y frecuentemente lo asocian únicamente con la animación, por lo que es común el uso del término en obras de anime pero no así en películas de acción real.

Para definir rápidamente el género, podemos decir que se trata de la biografía a detalle del personaje durante un momento determinado. Dicha biografía puede detallar distintos aspectos de su vida o enfocarse en uno sólo.

The Devil Wears Prada 2006 - Anne Hathaway Meryl Streep

LA COTIDIANIDAD

Antes que nada hablemos de qué es lo cotidiano, pues de ello dependerá que podamos distinguir entre obras que nos muestran la vida diaria de las que no. En primer lugar recordemos que el género se denomina “rebanada de vida”, es decir, nos muestra los pormenores de la vida de un personaje en un momento determinado de su existencia.

Como la vida de una persona atraviesa por distintas etapas a lo largo de su vida, sean ésta etapas biológicas, laborales, intelectuales, económicas o emocionales, no podemos hablar de que exista una misma cotidianidad durante toda la vida de un individuo. Los cambios de residencia, escuela, trabajo, familia, entre muchos otros, modifican nuestra rutina diría varias veces a lo largo de nuestra vida.

Para saber qué rutina debemos esperar que nos muestre la historia, primero debemos contextualizar al personaje. Esto lo hacemos delimitando las actividades que le son factibles de realizar dado su género, sexo, edad, estado civil, de salud y económico, además de la ubicación y el contexto sociopolítico del lugar en que se encuentre. Por ejemplo, la vida diaria de un niño es muy distinta a la de un adulto, lo mismo que la de una persona soltera o un padre de familia, un pobre o un rico, un estado de paz y uno de guerra.

La cotidianidad será entonces todas aquellas actividades cuya ejecución resulte común dependiendo del contexto que rodé la vida del personaje en ese momento específico, sin importa cómo fue su vida antes o cómo pudiese ser en un futuro. Los eventos deben tener una secuencia lógica y repetitiva.

Lucky Star 5
Lucky Star

MOMENTOS, PERIODOS Y ETAPAS

Para poder catalogar perfectamente éste género resulta indispensable conocer los distintos manejos del tiempo de los que pueden hacer uso éstas obras. Los principales manejos de tiempo son tres: momentos, periodos y etapas.

Momentos. Los momentos son pequeños espacio de tiempo que nos habla de eventos muy concretos sucedidos en minutos, horas o quizás un par de días. Para que podamos hablar de un momento el evento debe ser consecutivo, es decir, no debe dar lugar a brechas temporales. Un excelente ejemplo es la película Little Miss Sunshine (Valerie Faris y Jonathan Dayton, 2006) la cual nos narra los altibajos en la vida de una familia durante un viaje a California a bordo de una combi; el viaje dura dos días.

Periodos. Los periodos son generalmente más largos que los momentos y nos hablan de eventos específicos que tienen lugar en días, semanas, meses o años. Durante ese lapso de tiempo la vida del personaje puede alterarse por otros factores ajenos al evento principal, el cual se mantendrá constante. Asimismo, el evento puede dar lugar a brechas temporales, es decir, no tiene por qué mostrarnos cada uno de los días de forma consecutiva.

El mejor ejemplo es (500) Days of Summer (Marc Webb, 2009), filme que nos narra las desventura amorosas de una pareja que estuvo junta durante 500 días, sin hacer énfasis en los demás aspectos de su vida y sin mostrarnos los 500 días uno a uno. Otro genial ejemplo es Lucky Star, pues nos muestra eventos mundanos en la vida de unas chicas pero que no ocurren de forma consecutiva y abarcan casi todo un año escolar.

500_Days_Summer

Etapas. Las etapas, a diferencia de los dos anteriores, no se pueden medir cronológicamente con el uso de reloj o calendario, pues muestran eventos importantes y generalmente introspectivos, cuya duración está dada en base al propio crecimiento del personaje. Es decir, son etapas que el personaje debe atravesar para madurar y durarán el tiempo necesario para que pueda asimilarlas.

Muchas veces éste tipo de obras recurren a las famosas crisis de la edad (la de los 20, 30, 40…), en las cuales las personas evalúan las metas y objetivos que se plantearon años antes. Ésta es la razón por la cual los diálogos y argumentos suelen ser muy introspectivos.

Dos geniales ejemplos son The Devil Wears Prada (David Frankel, 2006) —en el cual Anne Hathaway interpreta a una chica que debe elegir entre su trabajo actual en la moda y su pasión por la escritura— y Recuerdo del Ayer, en el cual una chica reflexiona sobre su vida cuando está próxima a cumplir treinta años. El primer ejemplo tiene lugar en varios meses, mientras que el segundo dura tan sólo unos pocos días.

Recuerdo del ayer 5
Recuerdos del ayer

TRASCENDENTE E INTRASCENDENTE

El Slice of Life puede dividirse en dos grandes rublos: aquellas historias que por su desarrollo y desenlace modificará para siempre la vida del personaje en cuestión, y aquellas en las que no ocurrirá ningún cambio en su vida.

La segunda modalidad es la más conocida y sus características radican en el hecho de que la obra únicamente nos muestra los eventos cotidianos de un personaje, sucesos que toman lugar en su vida diaria y que el personaje ya esperaba que ocurrieran. Ninguno de los eventos modificara su personalidad, existencia ni destino. Un perfecto ejemplo lo tenemos con la ya mencionada Lucky Star.

En_busca_de_la_felicidad-527305651-large

La primera modalidad, por su parte, en ocasiones muestra eventos tan impactantes que pueden significar un problema al momento de catalogar la obra. Por ejemplo, The Pianist (Roman Polański, 2002) nos muestra la supervivencia de Szpilman durante el holocausto, pero nos dice que pasó con él una vez terminada la guerra y también nos muestra cómo era su vida antes de ella. En La Tumba de las Luciérnagas se narra la vida de dos huérfanos tratando de sobrevivir a la guerra, pero como no tienen futuro, no puede considerarse una “rebanada” intermedia de su vida.

Un evento trascendental y que cambió la vida del personaje lo tenemos en The Pursuit of Happyness (Gabriele Muccino, 2006) y Another Earth (Mike Cahill, 2011). En el primero Will Smith interpreta a Chris Gradner quien lucha por convertirse en un corredor de bolsa; en el segundo una joven brillante ve truncados sus sueños de ir a la universidad a causa de un accidente.

Another Earth
Another Earth (Mike Cahill, 2011)

PASADO Y FUTURO

Una de las características más evidentes en éste tipo de obras es el hecho de que nunca sabemos qué era del personaje antes de los eventos que nos muestra la obra y tampoco sabremos qué pasará con él después.

Lo más que lograremos conocer del pasado será por flash-backs que únicamente nos mostraran información muy específica y que resulta indispensable para que el espectador entienda los eventos actuales, pero lo que fue del personaje antes no resultará importante, pues la obra nos atrapará en el aquí y ahora. Lo mismo pasa con el futuro, pues estaremos tan ensimismados en el presente del personaje que, una vez resuelto el conflicto o evento sobre el cual gira la historia, no sentiremos la necesidad de saber qué le depara el futuro.

En resumen, un buen Slice of Life deberá atraparnos y hacernos sentir un gran interés por el presente del personaje, haciéndonos olvidar que tuvo un pasado y tendrá un futuro. Igualmente, deberá captar nuestra atención de tal modo que el evento presente nos resulte atractivo, pese a que a lo largo de su vida el personaje pueda vivir momentos más interesante.

Summer Wars 4
Summer Wars

DRAMA, ROMANCE, ACCIÓN Y MÁS

Éste género puede resultar muy versátil al momento de acoplarse con otros géneros, pues un evento cotidiano puede tener lugar en cualquier contexto. Sin embargo, lo más común es que las historias tengan tintes dramáticos o de romance, pues sus características permiten desarrollar historias lentas sobre eventos cotidianos; al contrario de la acción o la aventura, que surgen a partir de un evento inusual e inesperado.

En ocasiones estas obras pueden desplantar a partir de un trasfondo de ciencia ficción, como en el caso de Another Earth, Toki Wo Kakeru Shôjo o Summer Wars. Todas giran a partir de eventos que tienen un desarrollo cotidiano pero en un universo ficticio.

Toki wo Kakeru Shôjo 6
Toki wo Kakeru Shôjo

VIDA DIARIA vs VIDA REAL

Para finalizar, debemos tener muy en claro que éste género nos muestra la vida diaria, rutinaria, cotidiana, más no la vida real. Un evento ficticio e inverosímil puede dar lugar a una obra cuyo desarrollo nos muestre el día a día.

En Little Miss Sunshine, el evento sobre el cual gira la obra (el viaje) no es un fenómeno cotidiano, pero nos muestra todas las actividades que esperaríamos ver en un largo viaje por carretera con tu familia: escenas en el auto, paradas a comer, discusiones, descompostura del coche, hospedaje. En Suzumiya Haruhi No Yuuutsu todos los eventos son de naturaleza fantástica, pero se desarrollan a partir de la cotidianidad de unos estudiantes. En Summer Wars el evento principal es una reunión familiar y vemos todos los sucesos que se esperarían de dicha reunión: juegos con los primos, pelear de los tíos, la preparación de alimentos.

Haruhi (34)
Susumiya Haruhi no Yuuutsu

El ritmo de un Slice of Life en ocasiones es usado por series para enfatizar momentos específicos en la historia, con lo cual se reduce su velocidad y se pondera la descripción de actividades que se tornan cotidianas. En el capítulo 16 de Ergo Proxy, podemos ver éste caso. Dichas obras no son un Slice of Life como tal, pero el capítulo que hacer uso de ese ritmo sí lo es.

Para concluir, no debemos confundirnos con las obras que nos muestra una etapa de la vida pero sin la rutina diaria, es decir, sin una serie de actividades hechas de forma sistemática y repetitiva. Algunas obras de tinte dramático, como Kanojo to Kanojo no Neko, nos muestran momentos en la vida de ciertos personajes, pero no lo hacen con en día a día, sino dando grandes saltos temporales y exhibiendo pequeños instante que parecen cotidianos pero no son rutinarios pues no se muestran de nuevo.

Hey Arnold!, y así aprendí a apreciar el Jazz

Quitémonos las formalidades, pongámonos sentimentales, hablémonos de tu y con Stompin’ de fondo musical recordemos una serie que a muchos nos trae bellos recuerdos de la infancia, una historia con entrañables mensajes de amistar y bondad, con una banda sonora más allá de lo sublime y unos escenarios que a muchos nos atrapan y enamoran en cada escena. En esta ocasión no se trata de reseñar ni de analizar la magnífica obra de Craig Bartlett, sino de recordar y añorar los años en los que perdernos la trasmisión de Pokemón —a pesar de que era la décima vez que lo repetían— era lo peor que podía pasarnos en la vida. Y no, no voy a comenzar con “Arnold es idealista y siempre trata de ver lo mejor de los demás”, para eso mejor consulten cualquier otro blog porque en la mayoría tienen la misma reseña.

Recuerdo que cuando Hey Arnold! empezó a transmitirse por Canal 5 (yo nunca tuve televisión de paga cuando era niño) estaba cursando el 4to grado de primaria, el mismo grado en el cual se encontraban los personajes de ese “nuevo” programa. Aún desconocía que Gokú y otras series japonesas pertenecían a algo llamado Anime, ¡vamos!, que ni siquiera sabía que eran japonesas. Para mí, en esa primera década de vida, las caricaturas no tenían nacionalidad, sólo había unas mejores que otras. Y ahora que reconsidero cuáles era esas “mejores” me doy cuenta de que la mayoría fueron animaciones niponas. Sin embargo, dentro de la diversa programación infantil de finales de los 90 y principios de siglo, una serie cautivó mi atención por el extraño diseño de sus personajes. Una cabeza de balón, otra alargada como de bate, entre otras diversas deformidades, me resultaron algo curioso y distintivo, pero lo más interesante fue quizás el hecho de identificarme a plenitud con ese multicultural y diverso grupo de infantes.

Hace tan sólo algunos meses que tengo televisión de paga; gran oportunidad para ver obras tan geniales como South Park y Hora de Aventura, de las que ya hablaremos en el blog cuando llegue el momento. En una ocasión, cuando por alguna razón seguía despierto entre semana a la media noche y gracias a mi manía de cambiar de canal constantemente, llegue a Nick, en su barra nick@nite y me alegré al ver que en la programación se encontraba Hey Arnold!, aquella caricatura que yo solía ver de niño y que como principal recuerdo estaba el hecho de que los personajes de la serie cursaban el mismo año escolar que yo cuando en su momento fue televisada en el cinco. No le presté gran importancia pero me decidí a verla, según yo la serie siempre me había gustado, pero nunca había sido de mis máximas favoritas. Le seguí el paso con forme pasaban los días, desvelándome para escuchar la grandiosa canción final y deleitándome con la peculiar construcción urbana, aspectos que nunca había advertido de niño. Sin darme cuenta, me quedé enganchado una vez más con la serie, pero de una forma más férrea que hace diez años, me sumergí en las encantadoras tonadas de jazzista Jim Lang y me perdí en los recuerdos que la serie me produjo, la cual —casi literalmente— me trasportó a ese último año del siglo pasado.

LOS AÑOS DE ESCUELA

Lo que recuerdo con más cariño —y lo repito por tercera vez— es que los personajes estaban en 4to grado de primaria al igual que yo. Era un nivel en el cual uno pasaba totalmente desapercibido pues habíamos dejado de ser de los más chicos pero aún no éramos los más grandes. Independientemente de ello, hubo algo peculiar que siempre llamó mi atención pero que sólo recientemente pude notar: Hey Arnold! es una especie de Slice of Life y no hace más que narrarnos singularidades de la vida cotidiana de un peculiar niño de 10 años.

En aquellos años de escuela uno generalmente se juntaba con puros hombres, o con puras mujeres en el caso de ser niña. A la hora del recreo nunca faltaban las disputas y las pélelas entre ambos, que nunca pasaron de ser corretizas por ver quien tenía la razón en algo. En la escuela también vivimos nuestros primeros amoríos (amoríos en minúsculas obviamente) que si bien no eran tan poéticos como el de Helga con Arnorld si nos provocaban un nerviosismo incontrolable. En aquellos años, confesarles a nuestros amigos que cierta chica nos gustaba era la máxima proeza a la que uno podía aspirar, y qué decir de cuando nosotros le gustábamos a alguien, éramos la comidilla del salón, o cuando esa niña que a ti te gustaba-gustaba, tú sólo le gustabas.

Tanto en nuestra vida como en la serie vemos que los villanos se hacen presentes, personificados por los niños de los grados superiores, aquellos que nos corrían de la cancha, que nos pateaban el balón y que si bien no nos arrojaba a los botes de basura si nos causaba algo de miedo toparnos a un grupito de los de sexto. Por otra parte, el ir en cuarto significaba que ya conocías todo sobre la escuela, que sabías qué maestros eran estrictos y con cuales era casi seguro que nunca recibirías un regaño. Este aspecto es lo que le da tanto juego a la serie, pues los personajes son atormentados por los brutos de quinto pero también pueden convertirse en los héroes personales de los niños de segundo, como en aquel capitulo en el que Eugene (Yuyin) se vuelve malvado.

Entre profesores locos, compañeros aún más raros, viejos amigos de toda la vida y muchos recuerdos dentro y fuera del salón, se encuentra nuestra escuela primaria, la etapa más tranquila de toda la vida escolar, sin la “punzada” de la secundaria, sin lo increíblemente genial de la preparatoria y sin las presiones de la universidad, la primaria representa los seis años más largos de nuestra infancia, época a la que muchos no quisiéramos regresar pero que no por ello no recordamos con un poco de cariño.

NIÑOS, VECINDADES Y PANDILLAS

A pesar de haber nacido en el DF nunca he vivido allí, mi infancia se desarrolló en un tranquilo pueblecito en el corazón del estado de Hidalgo. El vivir en una zona rural me permitió hacer cosas que resultan casi imposibles en la ciudad, como salir a andar en bicicleta, jugar fut o beis en la calle y reunirme cada tarde después de clases con mis amigos del barrio para hacer muchas de las cosas que Arnorld hacía con sus amigos. Y he aquí la principal disyuntiva de la serie, pues por una parte se desarrolla en un entorno urbano bastante hostil para los niños, pero por otra conserva mucha de la esencia de vecindad que hace varias décadas era posible encontrar en la capital de país; estoy seguro que los padres y abuelos de muchos de ustedes les habrán contado de cuando salían a jugar a las calles, sin el peligro del trafico ni la delincuencia.

Arnold y sus amigos, a pesar de vivir en la ciudad, aún salen a jugar después de clases, entablando amistades fuera del aula y aprendiendo sobre la vida en la gran ciudad a la vieja usanza: viviendo en carne propia las penurias y bondades de la urbe. Y esto es una de las cosas que más me gusta de los niños, pues si bien su entorno puede no ser el más propicio para sus juegos, ellos continúan vagando solos por la ciudad y apropiándose de los terrenos baldíos para hacer sus propios campos de béisbol.

Quién entre sus conocidos del barrio nunca tuvo al amigo gordo, al deportivo, al riquillo, al tosco grandulón o al despistado. Pues bien, en Hey Arnold! la multiculturalidad y la multiracialidad —más propia de los Estados Unidos que de México— se hacen presentes en el grupillo de infantes. Arnold y Helga son los típicos chicos rubios, Gerald es el indispensable amigo negro, Phoebe es la chica asiática, mientras que Lila es la pelirroja campirana, sin olvidar a Rhonda la riquilla del salón ni a Harold en gordo judío; que a pesar de estar bastante estereotipados funcionan. Y además de la diversidad racial también encontramos un constructo social fascinante, pues cada familia es distinta y apegada a nuestra realidad actual. Tenemos desde la familia tradicional hasta la familia compuesta (como la de Sr. Simmons), basta con recordar que Arnold es huérfano y en diversas ocasiones sufre por su situación.

A propósito, la independencia de los niños es algo muy característicos que ha permeado en muchas de las animación dirigidas al público infantil. Esto lo podemos observar en prácticamente todas las animaciones japonesas y en muchas de las producciones en general de todo el mundo. Si ejercitamos un poco la memoria y recordamos las caricaturas que veíamos de niños —sin ir más allá de los ochenta— será posible notar que en todas ellas los personajes eran niños que estaban sin la compañía ni tutela de adultos, lo que permite una identificación muy particular por parte de la audiencia infantil. Y a excepción de los abuelos de Arnold, sus inquilinos y algunos otros padres, los adultos prácticamente no tienen injerencia en la historia, lo que hace a la serie más atractiva para los niños, pues podíamos identificarnos directamente con los personajes y sus situaciones.

CALLES Y ASFALTO

Uno de los principales aspectos que siempre me gustó de la serie era la ciudad, toda la construcción urbana que parecía descuidada a propósito. Era una ciudad con basura, grafitis, contaminación, edificios abandonados, mucho asfalto y pocas áreas verdes; escenarios que fácilmente nos remiten a lugares como Brooklyn, Queens, Portland, Seattle y Nueva York. Hillwood, la ficticia ciudad que evoca los barrios bajos del norte de Estados Unidos.

Personalmente me fascina como toda la construcción urbana resulta en extremo opresiva para con las personas, con altos edificios obstaculizando la vista del horizonte, con vialidades elevadas que impiden ver el cielo y con calles de concreto que atentan contra la naturaleza, pero que a pesar de ello se han vuelto el nuevo paisaje de la ciudad. Mirar al horizonte por las tardes y ver un puente vehicular en lugar de la puesta de sol nos recuerda el costo que debemos pagar por vivir en una gran urbe con todos los servicios y comodidades.

De niño nunca le presté atención a la ciudad, pero quizás por vivir en el campo donde podía ver los cerros en el horizonte y las infinitas parcelas de cultivo, es que puedo percatarme de lo opresora que puede resultar la gran urbe, la cual pocas veces nos da la oportunidad de detenernos a respirar y apreciar nuestro entorno. A pesar de ello, por alguna razón me encanta la construcción urbana de la serie, es agresiva sí, pero amena y reconfortante cuando has aprendido a hacer tuyos los ajetreados espacios urbanos.

Y como en toda ciudad, Hillwood también tiene sus historias, leyendas y grandes personajes. Quizás en tu ciudad no haya una estación de trenes embrujada, pero seguro que una casa sí, posiblemente el Gran Cesar no acecha en el fondo del lago, pero seguro que algún otro animal extraño lo hará, y quizás el Hombre Mono no vendrá a rescatarte cuando estés en aprietos, pero seguramente algún buen hombre te tenderá la mano.

Oye Arnold 34

JAZZ

Esto es lo que me llevó a escribir todo el ensayo (y el punto anterior también), el Jazz, esa música aburrida creada sólo para los intelectuales y que de bonito no tiene nada, o eso pensaba yo de niño, sin saber que era precisamente ese género musical el que amenizaba uno de mis programas favoritos. Y es que una construcción urbana tan particular sólo podía congeniar con tan fabulosas melodías musicales.

Cuando me reencontré con Arnold hace algunos meses me quedé atrapado con Stompin’, la canción que se escucha al final de la serie. Buscando en internet encontré todo el soundtrack y lo bajé, pero pasó bastante tiempo antes de decidirme a escuchar de corrido todo el álbum —en parte por el reciente gusto que le había adquirido al Jazz— y simplemente me quedé fascinado con cada pieza, sobre todo con las de Dino Spumoni, el personaje ficticio ícono de jazz que representa la mejor etapa del género en aquellos lejanos años 50 cuando los italoamericanos revolucionaron ese tipo de música.

La espectacular voz de Rick Corso (como Dino Spumoni) y el indiscutible talento de Jim Lang, otorgaron a Hey Arnold!, además de los puntos anteriormente mencionados, una esencia totalmente única y diferente del resto de animaciones que podíamos ver hacer más de diez años, pues quien no se ponga nostálgico con Goove Remote ni le den ganas de chasquear los dedos con Smashed es porque no ha escuchado el soundtrack con atención.

La agradable música, combinada con los peculiares escenarios y las historias que en ocasiones tenían tintes un poco nostálgicos y reflexivos, catapultaron a la serie en una dirección hasta entonces desconocida, la hicieron diferente y crearon esa esencia tan particular que nos invita a recordar y añorar un pasado que posiblemente nunca pasó. Todos esos elementos hicieron que la serie me resultara familiar pero al mismo tiempo distinta, los escenarios me hacían sentir en casa sin pertenecer a ellos y los recuerdos que vienen a mi memoria son más un producto de la serie que de la realidad.

EL MITO ADOLESCENTE

El tiempo pasa y tuvimos que crecer, entramos a la “edad de la punzada” y nuestra visión del mundo cambió, pero en el fondo seguíamos (y ojalá sigamos) siendo niños. Muchas de nuestras caricaturas preferidas ya nos perecían inmaduras para nuestros nuevos gustos, la música que nos gustaba antes ahora nos daba pena, queríamos nuestra independencia y un trato distinto, pero por alguna razón seguíamos añorando las viejas series. Quizás por eso empezó a gestarse una evolución en la temática infantil de la serie que hizo crecer a los pequeños protagonistas, creando toda una corriente ficticia sobre el desarrollo de la serie en la Escuela Secundaria y la exigencia de los fans para que se continuar el programa.

Estoy seguro que los fans más acérrimos habrán visto algunas de las viñetas sobre lo que estoy diciendo. En ellas vemos como las evidentes parejitas de la primaria terminaron por consolidarse, así como el inicio del despertar sexual en los chicos. Esas temáticas eran más adultas y provocadoras, y eso aseguraba que los ahora jóvenes se reengancharan con la historia. Afortunadamente nunca se continuó la serie, pues en lo personal considero que ésta representa la niñez y nos recuerda nuestra infancia con un dejo de nostalgia e inocencia. Para mí, la serie nos permite aferrarnos al pasado y a la parte de nosotros que nunca crecerá.Oye Arnold g3

 … Y VUELA HACIA EL SOL

Finalmente, estoy seguro de que Hey Arnold! nos dejó valiosas enseñanzas a todos los que lo veíamos, yo por lo menos recuerdo tres cosas que aprendí con la serie. Gracias a Harold aprendí lo que es el Bar Mitzvah, fue con ésta serie que conocí la existencia de algunas de las óperas más famosas, y fue gracias al “Hombre Paloma” que aprendí que la bondad de las personas no tiene nada que ver con su aspecto físico ni su comportamiento.

Y al final de todo esto, al final de cada recuerdo, me da gusto de que ya sea de 9 o de 22 años, puedo disfrutar de las mismas caricaturas, entendiendo y notando cosas distintas, pero pasándola bien con programas que si bien fueron pensados para los niños no dejan de llevar un buen mensaje y varios gratos recuerdos a los adultos (y a los que aún no somos adultos ni tenemos prisa por serlo).

Oye Arnold 37

Recuerdos del Ayer

Título Original: おもひでぽろぽ (Omohide poro poro).
Género(s): Romance, Drama, Slice of Life, Josei.
Director: Isao Takahata.
Estudio: Studio Ghibli.
Emisión: 1991.
Duración: 118 minutos.
Extras:

Basada en el manga homónimo de Hotaru Okamoto y Yuko Tone, Recuerdos del Ayer es la segunda película dirigida por Yakahata y una producción muy particular dentro de Ghibli debido a su temática y género. La obra puede catalogarse como un drama adulto enfocado al público femenino, lo que contrasta con el estilo infantil y fantástico presente en las demás obras del estudio.

La animación conserva, como ya es costumbre, la técnica artesanal que ha hecho famoso a Ghibli, pero en esta ocasión con un diseño de personajes más serio y maduro, al menos visualmente. La animación es muy fluida y los escenarios son bellísimos, quizás de los mejores que he visto en las películas de este estudio. La música es bastante peculiar pero logra generar una buena ambientación, que al conjugarse con los escenarios, logra que el espectador entienda que está viendo cómo era ese país hace 40 años aunque no sea japonés.

La historia gira en torno a Taeko Okajima, una joven de 27 años que viaja a la casa de campo de su cuñada para pasar las vacaciones, pero durante el trayecto regresan a su mente los recuerdos de su infancia en el año de 1966 que la harán reflexionar sobre su futuro. La historia nos relata, en pocas palabras, la infancia del personaje a partir del personaje adulto —como lo han hecho algunas series de televisión como Los Años Maravillosos y Cuéntame cómo pasó— y nos permite apreciar algunos de los sucesos más emblemáticos para Japón, pero específicamente para el personaje, como la llegada de The Beatles, las primeras minifaldas, los desayunos escolares, la guerra de Vietnam y demás sucesos ocurrido en la década de los 60.

El filme nos cuenta una doble historia, pues desarrolla simultáneamente la vida de adulta de Taeko y los recuerdos de su infancia, lo que resulta un poco confuso en los primeros minutos ya que pareciera que se trata de dos historias diferentes. Sin embargo, en la primera parte de la película la infancia de Taeko se convierte en el escenario principal y nos cuenta cosas típicas y triviales de la infancia con las que nos identificaremos, como las competencias deportivas en la escuela, los berrinches, la primera vez que nos gustó alguien, las primeras clases de sexualidad o el inicio del ciclo menstrual en las niñas.

Además de las cosas personales, el hecho de ver en retrospectiva la vida de un personaje nos permite apreciar cosas propias de la cultura japonesa, como los viajes al campo, la estructura familia (sobre todo porque el personaje es la menor de tres hermanas) e incluso la fruta exótica que no es típica de esas latitudes (hay una escena muy graciosa de cuando comen piña por primera vez). En la segunda parte del filme nos centramos en la Taeko actual, quien reflexiona sobre su pasado, su trabajo y su vida sentimental, contraponiendo su vida citadina con la ruralidad del campo que le presenta Toshio, un joven agricultor por el cual ella siente un gran cariño.

Algo que me gustaría destacar es la cromática de las escenas y el diseño visual en general. En las escenas de recuerdos los colores se ven más deslavados y antiguos, como si estuviéramos frene a la viñeta de un viejo manga, mientras que en las escenas del presente los colores son más fuertes y serios, lo cual facilita al espectador diferenciar el manejo de tiempos. Y hablando de cronología, a pesar de estar viendo los recuerdos de un personaje, dichas escenas no puede considerarse como flash backs.

Recuerdos del Ayer es una hermosa obra que nos invita a recordar nuestro propio pasado, a reflexionar sobre nuestro presente y a imaginar nuestro futuro. Rememorar las cosas que nos producían pesares o felicidad en nuestra infancia es una forma de viajar en el tiempo, pues al final nada de lo que poseemos es nuestro, sólo nuestros recuerdos lo son.

Finalmente, debemos admitir que esta historia no es para todo público, principalmente por estar enfocada a un público femenino maduro y llevar un ritmo realmente lento en algunas escenas. A pesar de ello, es una historia que realmente nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vida, sobre lo que hacemos y lo que queremos o quisiéramos hacer. Es un Slice of life como pocos, porque no sólo se enfoca en el ahora, sino en el ayer, y nos demuestra que los personajes comunes viviendo vidas comunes también tienen historia interesantes que contar.

Un trágico día de verano, Hiroshima

Título Original: 夏服の少女たち (Natsufuku no Shôjo-tachi).
Género(s): Drama, Documental, Shôjo.
Director: Mitsuko Ono (autor).
Estudio: MadHouse, NHK.
Emisión: 1988 [1990].
Duración: 25 minutos.
Extras:

En raras ocasiones Canal 11 nos ofrece dentro de su programación algunas emisiones que usa para rellenar su tiempo al aire. Quizás hayan tenido la oportunidad de ver, ya entrada la noche, un programa japonés de la década de los ochenta (creo) sobre el cuerpo humano y su funcionamiento. Pues bien, el siguiente documental ha sido televisado por el mentado canal cultural un par de veces, generalmente como intermedio.

Este especial fue realizado para conmemorar el 43 aniversario del desastre nuclear causado por la bomba atómica en Hiroshima. El video nos cuenta la historia de un grupo de niñas de secundaria que fallecieron a causa del bombardeo. La historia inicia en abril de 1945, primer día de labores en la escuela, y continúa hasta el 6 de agosto, fecha del fatídico suceso, tiempo durante el cual nos muestra cómo vivieron los civiles el conflicto armado y cómo su rutina diaria se vio radicalmente afectada por la guerra.

El documental es en realidad una narración sobre la vida de las niñas, al estilo de lo que ahora clasificaríamos como Slice of life, en la que se van puntualizando los hechos históricos más relevantes de la Segunda Guerra Mundial. Nos muestra elementos muy crudos de la vida cotidiana, pero contados de manera tan elocuente que en lugar de remitirnos a la tragedia o vendernos lástima, nos invitan a reflexionar. Vemos aspectos como la organización y las reglas que las niñas debían seguir en caso de ataque aéreo, la falta de alimentos, la desintegración familiar y la escasez de recursos tan aparentemente convencionales como la tela, asimismo, nos ayuda a comprender por qué Hiroshima era un blanco militar estratégico.

Podríamos describir el corto como un reportaje histórico basado en los diarios escolares de unas niñas de secundaria. Dichos diarios son fieles testigos de cómo se vivía la guerra en las ciudades japonesas y de la forma en que las niñas interpretaban aquel conflicto. Uno de los aspectos más rescatables es el hecho de que podemos ver todas las implicaciones sociales que provocó el conflicto armado, como la ausencia de hombres en las labores del campo, lo que obligó a muchas niñas y mujeres a realizas dichos trabajos.

Un factor que hace extremadamente atractivo al documental, es el hecho de presentar la versión japonesa del conflicto, lo que resulta novedoso para nosotros que estamos acostumbrados a la versión americana. El reportaje nos muestra —como lo hace gran parte de la animación japonesa de la postguerra— la impresionante capacidad de organización, obediencia y paternalismo del pueblo nipón; obviamente quizás existe una excesiva exaltación de valores, pero no es algo que podamos criticar puesto que es la finalidad del reportaje.

Realizar un documental de la segunda guerra mundial será siempre un tema de discusión pues resulta difícil deshacernos de nuestros prejuicios para dar una visión neutral de los hechos, sin embargo, éste pequeño filme logra apartarse de tales problemas ya que se limita a rendir tributo a las niñas muertas. En otras palabras, el video no es un reportaje ni un documental como tal, sino una especie de semblanza o reseña histórica sobre la vida de un grupo de pequeñas durante la guerra. El tema principal es la vida de las niñas y el entorno bélico es únicamente el desafortunado contexto histórico en el que les tocó vivir.

Sin duda es un excelente ejercicio que realmente refleja la utilidad de la animación más allá de un mero entretenimiento o un elemento artístico, pues la animación genera una ambientación más agradable de lo que hubiera logrado cualquier dramatización con actores reales, además de que el anime se ha convertido en todo un icono de la cultura pop japonesa que realza el valor simbólico de hablar de un evento tan trágico.

El reportaje no es únicamente animación, también integra escenas reales y entrevistas con familiares y sobrevivientes de aquel fatídico 6 de agosto. La conjunción del trabajo periodístico y la animación hace de esta obra la mejor forma, al menos para mí, de llamar la atención del público joven y educarlo sobre este tipo de temas que debido a su crudeza muchas veces son evitados.

Lucky Star OVA

Título Original: らき☆すた (Raki ☆ Suta).
Género(s): Comedia, Slice of life, Shôjo.
Director: Yasuhiro Takemono.
Estudio: Kyoto Animation.
Emisión: Septiembre 2008.
Duración: 45 minutos.
Extras: Lucky Star.

El OVA de Lucky Star se compone de una serie de historias cortas que nos cuentan distintos eventos a partir del punto de vista de un personaje en particular. La calidad de animación y el audio mantienen la misma calidad de la serie y las referencias al estilo de vida otaku y japonés siguen siendo la base cómica. El OVA no puede ubicarse temporalmente dada la falta de elementos, aunque puede desarrollarse en cualquier momento a partir del episodio 17 aproximadamente, pero lo más probable es que se desarrolle después del capítulo final.

La historia continúa mostrándonos eventos cotidianos como lo hizo en la serie, pero no proporciona ningún aporte sobresaliente, así que es como si viéramos un capitulo de 45 minutos. El aspecto más significativo es la parodia en vivo que los seiyûs de Akira Kogami y Minoru Shiraishi hacen de Lucky Channel. Una gran recomendación para quien disfrutó la serie.

Lucky Star

Título Original: らき☆すた (Raki ☆ Suta).
Género(s): Comedia, Slice of life, Shôjo.
Director: Hiroshi Yamamoto.
Estudio: Kyoto Animation.
Emisión: Abril 2007 – Septiembre 2007.
Duración: 24 Episodios.
Extras: Un OVA.

Basado en el 4-koma (manga en 4 viñetas) homónimo de Kagami Yoshimizu, Lucky Star es una de las series más cómicas y críticas de la industria, pues su extraño sentido del humor busca referenciar y hacer burla de otras series, patrones de conducta dentro de los fans, estereotipos en los personajes de anime y la vida de las figuras públicas de la cultura pop.

Podríamos decir que Lucky Star busca denunciar de manera muy sarcástica el modo de vida de los seguidores del anime y los productores de estos contenidos, los cuales se ven ensimismados en sus pasatiempos y olvidan desarrollarse en otros aspectos de su vida. Asimismo, busca evidenciar la falta de tolerancia que puede llegar a existir por parte de las personas que no tienen los mismos gustos o aficiones, pero que muchas veces se apasionan por cosas no convencionales.

La calidad de animación es regular, pues los escenarios no sobresalen en nada y ni siquiera actúan como un verdadero fondo ambientador. La música es simple y muy repetitiva, a pesar de tener un opening fuera de lo común con un para-para (baile) bastante atractivo. Y aunque la banda sonora no sobresale, sirve para referencia e incluso homenajear series japonesas de antaño, esto en el caso de los ending.

El aspecto de los personajes es el mejor logrado, pues ellos desarrollan la serie por completo, ya que el anime se basa únicamente en la vida cotidiana de sus personajes, por lo que la buena construcción de estos era indispensable para obtener los resultados deseados. Las personalidades están creadas a partir de una gama muy amplia de elementos totalmente estereotipados, que a pesar de ello logran actitudes originales.

La extrema cantidad de elementos moe (otaku, tsundere y yandere) de cada personaje sirven para criticar al vacío de nuevas ideas en la construcción de estos, pues hoy en día es muy común encontrar al menos a un personaje con los siguientes rasgos: tierna, tímida, torpe, intelectual ode pechos grandes. Lucky Star toma todos esos elementos y los pone dentro de sus personajes, por lo que cada uno de ellos tiene al menos tres o cuatro de estas características.

La apariencia física también es muy particular, pues a pesar de que los personajes tienen 17 años, su aspecto corporal parece de niñas de secundaria o menores. Ésta aparente burla al desarrollo se debe a que en la mayoría de los animes actuales las chicas de secundaria ya presentan cuerpos muy desarrollados que no corresponden a su edad, por lo que la serie busca hacer una denuncia de ello. Igualmente, el personaje de Patricia Martin, refleja el cerrado interés y conocimiento que los occidentales tenemos de la cultura japonesa, pues fuera del anime pocas veces nos interesamos por algo diferente.

La historia gira en torno a la vida cotidiana de Konata Izumi y sus amigas Kagami, Tsukasa y Miyuki, quienes están en el segundo año del bachillerato. En el trascurso de los capítulos veremos los problemas, distracciones y vivencias a los que deberán enfrentarse.

La historia avanza a un ritmo lento —pese a que cada capítulo es aproximadamente un mes de la vida real y un día puede estar representado en una escena de pocos segundos— ya que en ningún momento se presentan eventos sobresalientes que destruyan la rutina diaria. A pesar del lánguido desarrollo, no resulta una serie monótona o aburrida, por el contrario, la vida diaria resulta especialmente atractiva.

Lucky Star 3

Las características cómicas de la serie se basan justamente en la vida diaria y presentan situaciones comunes en las que todos hemos estados alguna vez y que al identificarnos con ellas resultan graciosas. Sin olvidar que toda esta gama de referencias se basa principalmente en anime, manga, videojuegos y relaciones personales.

Además de las referencias cómicas también hay una crítica a ciertos patrones sociales propios de la industrial, como la sarcástica alusión a la vida de una idol, la indirecta mención de los seiyûs o la parodia de los vendedores de anime y manga. En lo personal considero que Lucky Star intenta definir un estilo de comedia propio para los japonenses, por lo que hace referencia a cosas comunes que son naturalmente graciosas para ellos, pero que para el público extranjero son difíciles de apreciar.