Cuéntame cómo pasó

Cuéntame 1

Título Original: Cuéntame cómo pasó.
Género(s): Drama.
Emisión: 2002-Actualidad.
Duración: 22 temporadas (hasta 2022)
Extras:

A finales de enero, tal vez, no lo recuerdo, me embarqué en la titánica tarea de ver todo Attack on Titan y todo iba bien hasta que mataron a Sasha, mi tercer personajes favorito, por lo que decidí darme un descanso antes de terminar la última temporada. Mientras lo hacía descubrí por casualidad que un canal estaba retransmitiendo una serie de la que fui muy fan hace más de una década, Cuéntame cómo pasó, enganchado de nuevo con la serie el algoritmo de YouTube me llevó a un canal que sube los capítulos resumidos, poco más de diez minutos cada uno, así que en cuestión de días llegue hasta la temporada ocho (porque ese canal sólo ha subido hasta allí).

Cuéntame cómo pasó ocupa un lugar especial en mi memoria, pues recuerdo verla en compañía de mi mamá al regresar por las tardes de mis clases de inglés, cuando la pasaban por Canal 22 allá por 2004-2007 tal vez. La serie me gustó tanto que se me quedó muy pegado el acento español y con algún amigo de la preparatoria solíamos jugar a imitar dicho acento, y cómo me había aprendido muchas frases me salía muy bien.

Cuéntame 3

Reencontrarme con la serie desbloqueó esos agradables recuerdos de un tiempo en mi vida en la que todo era muy tranquilo, con no más que los deberes de la escuela como preocupación. Y creo que eso es justamente la serie, una llave que desbloquea tus recuerdos, porque si bien ni soy español ni mucho menos me tocó vivir en la dictadura de Franco, la serie se volvió un elemento muy distintivo de esa etapa de mi vida, cuando apenas empezaba a conocer el internet, no tenía este blog y mucho menos sabía qué era el anime. Mi mamá ya vivía en esos años obviamente, y tendría la edad de Inés, la hija mayor de la familia Alcántara, y justo fue el uso de diferentes canciones de la época al final de cada episodio, cosa que justo acabo de recordar mientras escribo esto, lo que la engancho a ella.

Para nosotros, a principios de siglo, las series europeas eran algo nuevo, acostumbrados a consumir lo que la industria televisiva y cinematográfica de Estados Unidos nos daba resultó refrescante poder ver algo nuevo en un idioma que mayormente podíamos entender. Que por cierto, ir descubriendo la jerga castellana fui otro de esos efectos colaterales de ver la serie que nunca me había puesto a reflexionar. Cuando empezamos a verla lo primero que hicimos fue compararla con Los Años Maravillosos, donde un niño era el personaje principal y su versión de adulto narraba ese pasado que veíamos en pantalla y sí, Cuéntame cómo pasó es la versión española de Los Años Maravillosos, hasta coinciden en las décadas, pero obviamente, el Estados Unidos de la Guerra Fría era un mundo completamente diferente a la España franquista.

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En aquellos tiempo la serie me resultaba interesante por la parte familiar y en menor medida por los eventos históricos que mi mamá me comentaba al haberlos vivido también, la llegada del hombre a la luna, el asesinado de Carrero Blanco, la época hippie, vamos que en esos años hasta una familia de ingleses llegó al, en ese entonces aún pueblo, donde vivía mi mamá y ella les sirvió de guía. Para ella sí fue recordar una época de su vida, aunque desde una perspectiva muy distinta y a la vez no tanto, pues el México de finales de los sesenta y principios de los setenta también estuvo marcado de represión por parte del gobierno y crisis económica.

Para mí, ahora en esta segunda revisión de la serie fue revivir esa etapa de mi adolescencia, tan diferente al México de Ordaz y Echeverría así como a la España de Franco. Pero pude notar otras cosas, en primera la excelente actuación de todo el elenco, en segunda las similitudes con otras obras familiares exitosas como Malcolm el de en medio o Los Simpson, que si bien son muy diferentes tienen algo en común, el detonante de las desventuras de los protagonistas es siempre la carencia económica, motivo por el cual como latinoamericanos podemos identificarnos perfectamente con esa España, la que en esas décadas era para el resto de Europa tan tercermundistas como nosotros. Y el tercer aspecto es que, al menos para mí en esta segunda vez, identifiqué como temas principales la protesta y el cambio.

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Nunca había puesto tanta atención a Tony como ahora, con todo lo que protestó y luchó contra la represión del Caudillo, ese capítulo donde los vecinos de San Genaro protestan, a pesar de siempre haber estado en contra de cualquier acción política, para que no construyeran una carretera que destruiría su barrio. Hasta se enfrentan a la policía, algo que sólo se atribuía a rojos, reaccionarios y estudiantes de izquierda, no a los habitantes ya mayores de un barrio pobre. De la mano a eso va el cambio, desde la llegada de la televisión, la televisión a color, electrodomésticos, el fin de la censura, entre muchas otras cosas hoy tan propias de la modernidad, vamos, que una mujer en pantalones era considerado algo temerario, así como una mamá soltera un gran sacrilegio o un divorcio algo vergonzoso para la familia entera.

Qué si han cambiado las cosas… Y así como las personas mayores tenían miedo de protestar contra el gobierno como lo hacían sus hijos, pues les tocó vivir en persona el yugo de la llegada de Franco al poder, eventualmente, a regañadientes muchas veces, fueron cambiando y adquiriendo otras ideas, pero sobre todo adquiriendo el valor para protestar, algo que la guerra les había quitado. Ese instinto natural que tiene una generación al cambio es justo lo que yo hoy percibo con la actual hola feminista en América Latina, nos sigue costando trabajo, pero eventualmente, así como lo hicieron los españoles al caer la dictadura, creo que podríamos lograr cambiar.

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La serie se presta para hablar sobre los recuerdos, propios y de ajenos, sobre otros tiempos, tiempos en donde las cosas que hoy damos por normales no lo eran, tiempos donde el miedo y la ignorancia nos hacían agachar la cabeza y mantener el status quo, tiempos en donde el cambio dolía, justo como ahora, porque si bien los tiempo cambian, nuestra forma de enfrentar esos cambio parece seguir siendo la misma en todas partes y en todos los tiempos, con generaciones jóvenes empujando por posicionar una nueva forma de pensar y generaciones viejas luchando por mantener las prácticas culturales que ellos conocen.

Y para no perder la costumbre, aunque creo que esta entrada no lo necesita, la serie gira en torno a Carlos Alcántara, el hijo menor de Antonio y Mercedes, con quienes vive al lado de sus hermanos Inés y Tony y su abuela materna Herminia. Carlos nos narra, ahora como adulto, sus recuerdos de la infancia desde 1968 hasta que termine (porque sigue en emisión), qué es lo que vemos en pantalla, con el uso de la voz en off como narrador del Carlos adulto. La actuación es maravillosa, la recreación de la época me parece muy buena y esa sensación de nostalgia y añoranza que una serie de éste tipo debe lograr se supera con éxito. El gran problema de la serie es que debió terminar cuando murió Franco, era la idea ver la vida diaria de una familia durante la dictadura, en la temporada actual ya llegaron a 1994 y como pasa como todas las series que extiende de más su tiempo de vida, perdió el sentido. Aun así, es una de las series españolas más queridas en todo el mundo.

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Desdibujando fronteras lingüísticas con YouTube

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Si ustedes son latinoamericanos y nacieron en el siglo pasado como yo, probablemente tienen cierto conflicto al escuchar películas o serie dobladas en español de España. Para nuestra generación, donde el contenido internacional era difícil de obtener y cuando se lograba ver era ya tropicalizado, escuchar acentos ajenos siempre ha sido algo incómodo. Quienes vivimos en el continente americano tenemos mayor unidad lingüística debido al doblaje, el cual suele hacerse en un español neutro, generalmente en México, Chile o Argentina, pero que difiere mucho del doblaje ibérico.

Cuando uno entra en YouTube es frecuente ver peleas entre internautas ya sea defendiendo el doblaje de su región o atacando al doblaje extranjero; España contra Latinoamérica es lo más común. No obstante, la puerta al mundo que nos ofrece internet y la variedad de canales que podemos encontrar en YouTube está influyendo mucho en la desaparición de estas fronteras y conflictos lingüísticos, sobre todo en jóvenes menores de veinte años.

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Actualmente es difícil encontrar a algún usuario de YouTube que siga exclusivamente canales de su país, lo más común es que consuman contenido de diferentes países. Yo por lo menos consumo contenido de manera regular de mexicanos, chilenos, peruanos, guatemaltecos, españoles, estadounidenses, canadienses y japoneses. El gusto e interés por determinado tipo de videos nos lleva a visitar canales de personas extranjeras, pero no es sólo eso, las colaboraciones entre muchos de los Youtubers también te llevan a interesarte por los canales de personas que si bien hablan tu idioma lo hace de forma un tanto diferente.

Entre los Youtuberos gamers, por poner un ejemplo, tenemos que en un mismo gameplay pueden estar participando un mexicano, un español, un peruano y un inmigrante que redice en Estados Unidos y cuyo español está más cerca del spanglish que de su variante materna. Ya en algunas series para adolescentes que pasaban en esos canales de paga, hemos visto a mexicanos y sudamericanos interactuar, dando como resultado una mezcla de acentos que para esos tiempos resultaba algo incómodo. Sin embargo, la periodicidad con la que podemos escuchar esta mezcla de acentos en internet es tan frecuente que uno termina por acostumbrarse, o al menos eso me pasó a mí.

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Hubo un momento en mi vida de internauta que empecé a consumir mucho contenido de españoles, tanto que me dejó de parecer incómodo su acento, lo mismo ocurrió con las variantes léxicas de los diversos países de América del sur. El irme acostumbrado a sus acentos y regionalismos me permitió ver sin problemas un video en donde todos los participantes fueran de diferentes países, y eso mismo ha pasado con muchas otras personas, al grado de que las expresiones coloquiales están dejando de serlo, y frases o palabras que antes sólo se entendían en su país de origen ahora son comprendidas por gran parte de los hispanoparlantes que usamos internet.

Internet está generando una verdadera aldea global y la desaparición de las fronteras lingüísticas es prueba innegable de ello. Y no sólo en el español sucede esto, si ustedes saben hablar inglés probablemente estén acostumbrados al acento gringo, pero gracias a YouTube es posible tener acceso a canales ingleses, canadienses, australianos o de algún extranjero cuya lengua materna no es en inglés, pero que sabe hablarlo y con ello enriquece nuestro conocimiento en una segunda lengua. Es cierto que muchas de las palabras extranjeras no las usamos ni las usaremos en nuestro hablar diario, pero cuando prendamos nuestra computadora y leamos o escuchemos a alguien usarlas las podremos entender. Todo lo anterior sin contar los anglicismos que como internautas estamos prácticamente obligados a aprender.

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