Mad Max 3: Beyond Thunderdome

Título Original: Mad Max: Beyond Thunderdome.
Género(s): Carsploitation, Dieselpunk.
Director: George Miller y George Ogilvie.
Emisión: 1985.
Duración: 107 minutos.
Extras: Mad Max, The Road Warrior, Fury Road.

Mad Max es una de esas pocas sagas en las que la segunda parte es la más famosa y mejor realizada de todas, aunque la cuarta entrega (Fury Road) vino a cambiar un poco eso. No obstante, The Road Warrior se convirtió en un clásico de la pantalla grande, principalmente por la estética punk de cuero y motocicletas en escenarios postapocalípticos, tanto que ese estilo que nutriera grandemente al Cyberpunk se ganó su propio nombre: la estética madmaxiana, que es sin duda alguna el mayor aporte de esta saga. Y aunque la tercera entrega no es la mejor de todas, logra mantener el estándar de calidad y continúa expandiendo el desierto australiano en el que Max trata de sobrevivir.

La tercera entrega tiene una calidad muy aceptable, la estética es un tanto variable pues pasa de algo medieval o cavernario a algo western, mostrando siempre a los salvajes guerreros ataviados con mohicanos y ropa de cuero. La música es por demás buena y los personajes cumplen muy bien sus roles. Mel Gibson vuelvo a estelarizar el filme y tiene como rival a Tia Entity, una fiera lideresa muy bien interpretada por Tina Turner.

La historia retoma a Max quien luego de ser robado por un aviador termina en una extraña ciudad llamada Truequelandia (Bartertown), donde hace un trato con la líder Aunt Entity para matar a un hombre que mantiene el control de la energía eléctrica de la ciudad. Debajo de ésta, una enorme granja de cerdos usa el estiércol de los animales para generar metano, con el que impulsan autos y demás maquinarias que mantienen viva a la ciudad. Sin embargo, un enano que se hace llamar Maestro y un gigante guerrero conocido como Destructor son quienes tienen el control de la energía y con ello el de toda la ciudad.

Max inicia una pelea con el dúo y acatando las leyes de la ciudad deberán resolver sus diferencias en una pela a muerte dentro de una jaula. Destructor y Max se enfrentan en una encarnizada batalla durante la cual el ex policía decide no matar a su oponente ganándose la enemistad de Aunt Entity y siendo condenado a morir en el desierto. Para su fortuna Max es rescatado al borde de la deshidratación por un grupo de niños que viven en un oasis.

El grupo de niños retoma muchos el manejo de los infantes en obras como El Señor de las Moscas. Los menores fueron dejados atrás por un grupo de adultos liderados por un piloto con la promesa de que algún día volverían por ellos para llevarlos a casa. Los niños confunden a Max y creen que es la persona a la que esperan, pero él les dice que afuera del oasis no hay nada salvo la muerte y que deben quedarse allí para siempre. Algunos pequeños no aceptan las palabras de Max y huyen al desierto en busca de su hogar. Max y tres niños más salen en su rescate.

De alguna forma el grupo termina en Truequelandia donde deben ayudar al enano a escapar mientras son perseguidos por los guerreros de la ciudad en una grandiosa, aunque corta, persecución plagada de los choques y autos modificados que son la esencia misma de esta saga. Si bien la persecución es buena y sus efectos se mantienen muy bien al día de hoy, ya que no es CGI, me parece que llega muy tarde y que los autos no juegan un papel tan importante en este filme como lo hacen en las otras tres películas que integran a la franquicia.

Y si bien no tiene esas épicas persecuciones, la única que vemos es bastante decorosa. Aunque lo más destacable de esta tercera entrega es que vemos una parte más humana en Max. Nuestro guerrero de la carretera podrá ser un salvaje lleno de rencor y preocupado por su propia supervivencia, pero siempre termina ayudando a los más desafortunados.

De manera personal esta fue la última película que vi de las cuatro que integran la saga, pero fue hasta Beyond de Thunderdome que pude notar el obvio papel social de la indumentaria madmaxiana, sobre todo en lo que respecta al orden jerárquico. Ese estilo punk de cuero y mohicanos no lo usa cualquiera, y de hecho debe ser tan incómodo como impráctico, y más tomando en cuenta que están en el sofocante desierto australiano. Pero a pesar de lo estrafalario y original que parezca, en realidad funge un papel en la organización social e incluso me atrevo a decir que la vestimenta tiene un lenguaje sociopolítico intrínseco, pues es parte del lenguaje jerárquico.

La estética a un nivel fisiológico también nos deja ver que los enanos y las deformidades corporales siempre han estado de manera presente en toda la saga, aunque más en la cuarta entrega. Sin embargo, los cuerpos blancos de los warboy que vemos en Fury Road tienen su origen en uno de los niños de este filme. De los tres filmes con estética madamaxiana (porque el primero todavía no la tiene ya que ocurre antes del apocalipsis nuclear) este es el más flojo de todos, pero sigue siendo bueno y manteniendo la esencia de Mad Max en cada momento, aun cuando la presencia de los autos se reduce bastante.

Un filme obligado si eres fan de la saga. Y aunque las películas no tiene una secuencia directa lineal, más bien son historias auto oclusivas independientes, sí van develando poco a poco más sobre el origen que llevó a la humanidad a esas condiciones, el cual fue un apocalipsis nuclear. Y es allí donde radica la única debilidad que le veo a la saga, pues hay demasiada involución social para el poco tiempo que ha pasado desde el apocalipsis. Aunque obras como The Road (2009) o Children of Men también nos muestra lo rápido que puede irse a la mierda la sociedad.

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Mad Max 2: The Road Warrior

Título Original: The Road Warrior.
Género(s): Dieselpunk, Carsploitation.
Director: George Miller.
Emisión: 1981.
Duración: 96 minutos.
Extras: Mad Max, Mad Max 3, Mad Max 4.

En la historia del cine, muchas han sido las producciones que se han convertido en obras de culto, pero sólo un puñado lo han hecho a partir de elementos innovadores que desde ese momento se convertirían en referentes obligados para todo aquel que quisiera hacer una obra del mismo género. En 1981,  Mad Max: El Guerrero de la Carretera llegó a imponer una estética visual nunca ante vista y que desde ese momento sería bautizada como estética madmaxiana.

Violentos hombres ataviados con ropa de cuero, cadenas, mohicanos y máscaras estrafalarias, montados en autos y motocicletas modificados sedientos de sangre y gasolina es al aporte que Mad Max 2 le hizo al cine. Ver a una horda de salvajes motorizados recorrer las postapocalípticas carreteras de Australia en busca de combustible es algo que no se había visto hasta ese momento en obras que abordaran un futuro desolador. El regreso al salvajismo con una estética motorizada fue puesto por primera vez en pantalla grande con este filme.

La historia es muy sencilla. Max, el antiguo patrullero que perdiera a su familia a manos de una banda de motociclistas en la primera película, han logrado sobrevivir en un mundo cada vez más salvaje. Durante su viaje se topa con un extraño sujeto que tiene un ultraligero, él le cuenta de un lugar donde todavía hay petróleo y refinan gasolina. Intrigado por las palabras de aquel hombre decide ir a investigar. Al llegar a la refinería observa como las personas que trabajan extrayendo el valioso combustible son acosadas por una banda de guerreros comandados por el imponente Humungus.

El grupo de refinadores trata de buscar una forma de escapar y llevarse su preciado combustible, pera ello hacen un trato con Max; él conseguirá un transporte adecuado si  a cambio lo abastecen con todo el combustible que pueda cargar. El grupo acepta y Max se pone manos a la obra, pero Humungus y sus hombres no permitirán que escapen con el preciado botín, por lo que da inicio una espectacular persecución llena de choques, muertes y explosiones.

El argumento es sumamente sencillo y el desarrollo de la historia lo es igualmente. De hecho la cantidad de diálogos es mínima y cuando un personaje habla se limita a hacerlo con un par de frases. El trasfondo apocalíptico tampoco es sobresaliente, se plantea la inevitable caída de la civilización cuando las fuentes de energía se terminaron y ello obligo a los sobrevivientes a vivir en el camino moviéndose constantemente en busca de más combustibles y despojos que rapiñar.

La historia conecta con la primera película ya que se trata del mismo protagonista, pero está muy alejada de lo que vimos el Mad Max. En ese primer filme la historia toma lugar antes de la debacle social, pero aquí parece que ya ha pasado mucho tiempo desde que la sociedad como la conocemos desapareció. La transición entre ambas películas luce algo forzada debido a que la diferencia entre ambas es abismal, la primera es una Road Movie violenta y la segunda prácticamente definió la estética de un género.

Lo destacable de The Road Warrior es precisamente su estética, entendida como la parafernalia (herramientas, gadgets y demás artilugios), el vestuario, los escenarios (que incluyen los medios de trasporte) y la arquitectura. Todos esos elementos los impuso está película y los convirtió en un referente obligado para todos los posteriores filmes donde se abordara un futuro postapocalíptico. Está estética punk se convirtió prácticamente en la pauta visual de las películas Dieselpunk e incluso terminó por influenciar a la estética del Cyberpunk.

Pero no sólo fue el aspecto visual el gran aporte de esta obra, también el hecho de mostrar una involución social que había retrocedido hasta la organización en hordas salvajes relacionadas con los grupos tribales. Aunque las escenas de acción son algo igualmente asombroso que competirán para siempre con cualquier CGI, porque aquí sí tenemos autor reales explotando. Esas escenas de acción dentro de los autos en movimientos acompañadas de una bien pensada banda sonora son otro de los logros que le debemos aplaudir a esta película, la cual se ha convertido en un referente obligado que nunca pasará de moda.