Mis sagas cinematográficas favoritas

Ya que hice mi top 5 de anime creo conveniente el hacer mi top de sagas cinematográficas favoritas, aquí no voy a considerar que tan buena sea una película individualmente, sino toda la saga en su conjunto, por esa razón algunas sagas famosas que muchos podrían considerar como mis favoritas no aparecen en la lista, así que considero pertinente mencionar algunas de esas sagas que no lograron ganarse un lugar en este top.

Las primeras menciones son Robocop y Star Wars, dos películas de géneros que me gustan pero de las cuales no he visto toda la saga, por lo que no puedo decir que soy un verdadero fan. De hecho con respecto a Star Wars recién me estoy poniendo al corriente, sólo me falta la película de Han Solo y la segunda de la más reciente trilogía, aunque de momento mis favoritas son Episodio IV y Rogue One.

Otras sagas no figuraron debido a que tuvieron una primera película maravillosa pero secuelas decepcionantes o que, a pesar de gustarme, tuvieron un nivel mucho menor. La primera entrega de Depredador fue maravillosa y la segunda no está mal, aunque no fue suficiente para subir al podio, lo mismo le pasó a Jurassic Park, una película sublime e insuperable pero cuyas secuelas han sido bastante malas. Y eso mismo pasa con Terminator, dos primeras entregas muy buenas y el resto muy por debajo.

Otra saga que se quedó en el límite de figurar en el listado fue The Dark Knight, pues si bien la interpretación del Joker es suficiente para considerar a toda la trilogía, no logró atraparme tanto como las sagas ganadoras. También ha habido otras sagas que me han gustado y me han entretenido pero de las que no soy totalmente fan, me gustan, las vería más veces pero sin que pasen de ser películas palomeras para mí, es el caso de Los Juegos del Hambre, la saga de X-Men o Harry Potter.

La Saga de Alien

Sin duda Alien debe figurar en el primer lugar, el Xenomorfo es quizá la forma de vida alienígena más letal que el séptimo arte nos ha regalado. Incluso a pesar de que no fue pensada para convertirse en saga desde su origen y que los cambios de director desviaron un poco su dirección en cada entrega, y que Prometeo o Covenant no estuvieron al nivel, sigue siendo muy buena. Para muchos fan de este universo sólo las primeras dos películas merecen la pena, siendo Aliens la más ovacionada, aunque mí preferida siempre será la película que lo inició todo. No obstante, disfruto mucho de la tetralogía original, cosa que no pasa con Terminator, por ejemplo.

La Saga de Riddick

Otra tetralogía que merece mucho la pena a pesar de ser un poco más underground, con una base de seguidores más pequeña pero no por ello menos entusiasta. El hostil mundo de Riddick nos presenta a un sanguinario asesino que tomará el papel de antihéroe y deberá buscar cómo sobrevivir en los planetas más inhóspitos del universo. Otra saga espacial se cuela a la lista, con tres películas de acción real y una película animada este universo me atrapó por la construcción de los planetas que nos presenta y por el carisma que Vin Diesel logra impregnar el personaje de Riddick. Mi favorita sin duda es Criaturas de la Noche.

La Saga de MadMax

Ponemos los pies es la tierra, o mejor dicho, en el acelerador. Los salvajes de la carretera se apoderan del tercer lugar, otra tetralogía (hasta el momento) que se cuela entre mis favoritas, y esta vez no por la Ciencia Ficción como en las anteriores, sino por ese mundo postapocalíptico y esa estética que marcara tendencia en el cine para siempre. Un inmenso páramo desolado en el desierto australiano se convierte en el escenario para que un hombre se aferre a sobrevivir en un mundo salvaje con locos motorizados acechando en los caminos. The Road Warrior es sin duda el clásico de clásico pero Fury Road fue un espectáculo impresionante y es mi favorita. Otra saga en donde la segunda entrega ha gustado más que la segunda.

La Saga de El Señor de los Anillos

Pues sí, la fantasía épica merece un escaño en el top de mis sagas favoritas, pero no es como tal una saga, es una enorme historia dividida en tres películas, pensada desde su origen como un todo y hecha para funcionar así. The Lord of the Rings es uno de los máximos referentes de la fantasía de estilo medieval tanto en el cine como en la literatura. Personalmente me gusta más leer Fantasía que Ciencia Ficción y en el cine y la televisión es al revés, pero esta saga y Game of Thrones son sin duda maravillosas. The Hobbit me gustó, pero no tanto como El Señor de los Anillos, siendo Las Dos Torres mi favorita.

La Saga de Matrix

Si ya tenemos a un referente del Terror Espacial, a otro de la Fantasía, a uno más de la temática postapocalíptica era obvio que debíamos tener a un referente de mi género audiovisual favorito, el Cyberpunk. Matrix es una de las sagas más importantes en su género, básicamente puso en el mapa del consumidor no especializado este tipo de temáticas, la realidad virtual, los robots y el futuro. Y no es que fuera la primera en abordar estos temas, pero sí se convirtió en la saga más popular al respecto. Ahora, la razón por la que está en el último lugar del top es porque si bien he visto todas las películas no lo he hecho a conciencia, salvo con la primera, aún me falta sentarme a mirar con ojo crítico el resto de la saga, que bien podría tener como resultado el considerar que no son tan buenas.

Existen otras sagas clásicas, sobre todo del terror, que me gustaría ver completas y después hacer un top de mis sagas de terror favoritas, tenemos, por mencionar a algunas, Pesadilla en la Calle de Infierno, Hellraiser o Viernes 13.

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Los tres pilares de la Fantasía

No digo que estos tres escritores sean los mejores ni los primeros ni los más grandes, pero muchos lectores y amantes de la fantasía por todo el mundo los han puesto en un pedestal muy alto, por encima del resto de autores. Tolkien, Le Guin y Martin pueden ser considerados como los autores clásicos de la Fantasía literaria o al menos como los indispensables que todos los amantes del género deberían leer, así como para cualquiera que desee iniciarse en este mundo de la magia, los caballeros y los dragones. Tres autores por leer, tres mundos por descubrir y cientos de aventuras por experimentar es lo que espera a todo aquel que decida darse un tiempo para conocer las que yo considero son las tres sagas clásicas dentro de la Alta Fantasía.

Tolkien

El primero de ellos incluso ha recibido el mote de “el padre de la Alta Fantasía”, me refiero a John Ronald Reuel Tolkien, mejor conocido como J. R. R. Tolkien. Tolkien nació el 3 de enero de 1892 en Bournemouth, hoy Sudáfrica, estudió Lingüística Inglesa y participó en la Primera Guerra Mundial luego de la cual empezó a escribir sus primeros relatos que más tarde derivaría en El Hobbit y El Señor de los Anillos. La grandeza de Tolkien y su Tierra Media radican en la minuciosa creación de un mundo fantástico lleno de novedosas criaturas, un complejo y solido trasfondo que daba coherencia y solides tanto a los personajes como a los eventos, y los lenguajes inventados que hacían más creíble la existencia de ese mundo. Con la llegada de Tolkien la brecha que separaría a la Fantasía de la Alta Fantasía inició su construcción.

Tokien

Le Guin

Si Tolkien es el padre de la Alta Fantasía, nuestro segundo personaje bien podría ser la madre de esta. Nacida un 21 de octubre de 1929 en Berkeley, California, hija de un antropólogo y una escritora, Úrsula Kroeber Le Guin, o simplemente Úrsula K. Le Guin, lo tenía todo para convertirse en uno de los máximos referentes dentro de la literatura fantástica y de la Ciencia Ficción. Úrsula tiene dos sagas importantes, la saga de Ekumen, de Ciencia Ficción, y Terramar, de Fantasía. Sus textos se caracterizan por ahondar en el aspecto social de las civilizaciones ficticias que protagonizan sus historias lo que conlleva críticas y reflexiones muy dura sobre nuestra propia sociedad.

Le Guin

Martin

El último de estos tres personajes es el escritor de moda, tanto en el ámbito literario como en el televisivo. Nacido el 20 de septiembre de 1948 en Bayonne, Nueva Jersey, George Raymon Richard Martin o G. R. R. Martin es hoy por hoy el más reconocido escritor de Fantasía Épica. Su saga Canción de Hielo y Fuego no sólo ha refrescado el género, sino que ha denotado la formidable capacidad que tiene este autor para crear una obra por demás titánica, tanto en su calidad literaria como en la cantidad de elementos que contienen sus novelas, que si bien no son tan fantasiosas como las de Tolkien, reflejan la cruda y violenta realidad de la condición humana cuando está en juego el poder.

Martin

La Pseudo Indignación Fantástica

En lo que va de este siglo el cine de fantasía ha tenido un resurgimiento, potenciado por franquicias como El Señor de los Anillos, Harry Potter o Juego de Tronos, que al igual que el resto de filmes estrenados en años recientes se basan en libros con mucho éxito. El éxito de tales novelas se debe a tres principales factores: el primero es que se trata de clásicos que ayudaron a forjar el género, como ocurre con los libros de J. R. R. Tolkien, quien básicamente definió la Fantasía Épica, el segundo se debe a que son obras mercadotécnicamente exitosas y muy poderosas que atrapan la atención de un público específico, como la saga de J. K. Rowling, mientras que el tercer factor se debe a que son obras que ofrecen algo nuevo al género y al mismo tiempo resultan sumamente redituables, que es lo que pasa con la obra de G. R. R. Martin (espero pronto veamos una adaptación decente de la saga Terramar de Ursula K. Leguin).

Recientemente el cine ha llevado a la gran pantalla novelas como Las Crónicas de Narnia (C. S. Lewis), Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll) y El Hobbit (J. R. R. Tolkien), sin olvidar las múltiples adaptaciones de los cuentos clásicos de los Hermanos Grimm como Maléfica (Robert Stromberg, 2014), Hansel y Gretel: Cazadores de Brujas (Tommy Wirkola, 2013) o Blanca Nieves y el Cazador (Rupert Sanders, 2013), todo eso sin mencionar las versiones animadas de Disney y la tan criticada Crepúsculo de Stephenie Meyer. Y justamente con esta última novela y saga cinematográfica es que empezamos este post.

Muchos de quienes nos decimos conocedores de la ficción, tanto en su versión científica como en su versión fantástica o sobrenatural, criticamos duramente sagas como Crepúsculo por deformar elementos clásicos e icónicos de la ficción, que en este caso son los tan mentados vampiros. Desde Nosferatu, aquella vieja película de 1922 dirigida por F. W. Murnau, pasando por todas las versiones de Drácula, como la protagonizada por Béla Lugosi  en 1931 o el genial Drácula-rockstar de Van Helsing (Stephen Sommers, 2004), la figura del vampiro siempre ha sido la del señor de las sombras sediento de sangre, inmortal y protegido por el amparo de la noche. Todo eso cambió en 2005 cuando se publicó la primera novela de la saga Crepúsculo, pero la indignación de los seguidores más puristas de la fantasía detonó hasta 2008 tras el estreno de la primera película.

Si los clásicos son clásicos es precisamente porque los elementos que los constituyen han tardado muchos años en consolidarse y establecerse en el inconsciente colectivo como elementos aceptados por tradición popular. El ajo y las estacas de madera para combatir vampiros, las balas de plata en contra de los hombres lobo, el disparo en la cabeza para matar a los zombi y el fuego para exterminar al monstruo creado por el doctor Víctor Frankenstein son de conocimiento popular, como el que los vampiros no pueden salir de día ni entrar a una casa sin ser invitados o que los hombres lobo se transforma en luna llena. Cuando esos elementos que otorgar su esencia a los monstruos y criaturas de los que son parte son modificados, indudablemente se creará un conflicto en aquellas generaciones que siempre prescribieron a dichos seres como monstruos de ultratumba a los que debemos temer y no como guapos adolescentes que sufren por amor.

Indudablemente la obra de Meyer transfigura lo que por tradición popular esperamos ver en las criaturas de ficción y les deja a las nuevas generaciones una idea errónea que dista mucho del origen de tales seres. Ahora bien, ¿por qué se generó tal indignación con la saga de Crepúsculo pero no con otras obras que igualmente han modificado de forma radical la esencia de las brujas, los monstruos y la magia o que al menos los han sacado de su contexto original para situarlos en nuestra consumista, capitalista y moderna realidad?

Si nos remontamos a la década de los sesenta tenemos una de las series de televisión sobre monstruos más clásica de todos los tiempos, La Familia Munster, integrada por Herman (monstruo de Frankenstein), Lily (vampiresa), el abuelo (Drácula), Eddie (hombre lobo), y Marilyn (humana normal). La Familia Munster es una serie de comedia familiar muy querida por la generación de nuestros padres, pues fue una de las series que vieron durante su infancia. Los personajes de esta serie mantienen todos los elementos tradiciones de los monstruos a quienes representan, pero su contexto es un Estados Unidos en plena Guerra Fría con la extinta Unión Soviética.

Para nuestra generación, nacida entre los ochenta o principio de los noventa, la comedia familiar mágica está representada en Sabrina, La Bruja Adolescente. Sabrina era una joven de dieciséis años mitad mortal y mitad bruja que asistía a la preparatoria y sufría todas las desventuras propias de su edad, pero además tenía que estudiar para obtener su licencia de bruja y aprender todo sobre “el otro reino”, un mundo habitado por brujas y hechiceros. Sabrina fue la serie para adolescentes que inauguró la llegada de los seres mágicos al mundo humano, idea que recientemente fue retomada en programas como Los Hechiceros de Weverly Place.

Sabrina fue una modificación muy radical del tradicional concepto que se tenía de las brujas, aunque sí había calderos, pociones y un gato negro (Salem era genial). La mayoría de las personas que he visto que crítica Crepúsculo son gente de mi edad que de niños seguramente les tocó ver Sabrina, y seguramente disfrutaron con dicha serie como yo hacía. Entonces, ¿por qué la obra de Meyer es tan menospreciada por nuestra generación y tan defendida por las niñas que han leído los libros y visto todas las películas? La respuesta es simple: la brecha generacional y el bombardeo mediático del que hemos sido presas. Nuestra indignación por esas obras sólo surge porque no están destinadas para nosotros pues nosotros también hemos consumido obras que seguramente han indignado a quienes les tocó consumir otro tipo de fantasía.

Cuando se entrenó Harry Potter y la Piedra Filosofal yo tenía la misma edad que Harry (once años), al igual que la mayoría de niños de mi generación. Esa empatía con el joven mago hizo que muchos jóvenes que hoy están en sus veintes se quedaran enganchados a la saga, principalmente porque fueron creciendo con él. Yo vi hasta la cuarta película en el cine y luego le perdí interés (aunque sí he visto todas las películas) pero muchos de los amigos y compañeros que he tenido desde entonces son grande fanáticos de dicha franquicia. El éxito de Harry Potter se debió a que resultaba algo novedoso para la generación de quienes éramos niños en aquel entonces y al bombardeo mediático que recibimos por toda esa publicidad y productos derivados.

A quienes les tocó consumir esa fantasía pulp de Moebius que era publicada en fanzines y tenía una estética mucho más cruda, tosca y espacial (como He-Man o Heavy Metal, por ejemplo), que son las generaciones de los setenta y principios de los ochenta, encontrarán obras como Harry o Sabrina en extremo sosas y muy apartadas a los estándares de lo que ellos perciben debe ser la fantasía, que es lo mismo que nos pasa a nosotros con las obras de ficción más recientes. Para una generación que consume a Justin Bieber y One Direction y con quienes la violencia publicitaria ha tenido menos compasión que la que tuvo con nosotros, es entendible que consuman fantasía como la de Crepúsculo. Afortunadamente, aún hay autores que hacen cosas de calidad por el deseo de renovar a la fantasía y no por el de volverse millonarios captando a un masivo público de jovencitos.