Life: Vida Inteligente

Título Original: Life.
Género(s): Thiller, Survival-horror.
Director: Daniel Espinosa.
Emisión: 2017.
Duración: 103 minutos.
Extras: –

Existen numerosos iconos inolvidables del cine de ciencia-ficción que, aunque a su vez fueron reensayos o mezclan numerosos elementos de material anterior, consiguen sobrepasar a los originales para convertirse en obras de culto como Alien, La Mosca o Star Wars. Existen otras que por diversos factores no consiguen resaltar o que quizás llegaron demasiado tarde y de inmediato son catalogadas como copias descaradas que buscan colgarse de la fama de algún clásico.

En esta época donde presenciamos el resurgimiento de grandes series como las ya mencionadas, suelen aparecer otras películas que rápidamente pasan desapercibidas, muchas de ellas con justa razón. Life fue una de ellas, catalogada como otro intento de copiar Alien: El Octavo Pasajero y junto con el anticipado estreno de Alien: Covenant pronto pasó al olvido. El hype por Covenant desapareció rápidamente luego de un par de semanas en taquilla y entonces decidí darle una oportunidad a esta cinta.

Un grupo de científicos a bordo de la Estación Espacial Internacional tiene la misión de analizar muestras del suelo marciano recuperadas recientemente. Las muestras llevan consigo una forma de vida unicelular en aparente hibernación. Maravillados por el descubrimiento, consiguen reanimar al extraterrestre. La criatura crece rápidamente y resulta ser más inteligente de lo esperado. Pronto las cosas se salen de control, se cometen errores y ahora la tripulación está encerrada con un monstruo abordo.

El resto de la cinta toma muchos clichés del genero y de forma inevitable transcurre justo como lo esperamos. Los personajes no son memorables y toman una serie de decisiones cuestionables que nos hace perder toda esperanza en ellos; en fechas recientes esta ha sido una crítica recurrente hacia todo tipo de cintas ambientadas en el espacio, los fans analizan minuciosamente la película desde un punto de vista “científico” y terminan decepcionados.

Sin embargo, Life no busca ser una película con tintes realistas en el espacio como quizás lo fueron The MartianInterstellar, Gravity o (lo intentó ser) Alien: Covenant, sino una película de monstruos reminiscente de las clásicas Serie B de los noventas y eso lo consigue en todo momento. El argumento y los personajes son flojos, pero los escenarios, iluminación y sonido son bastante buenos, a pesar de que el CGI empleado para dar vida al antagonista disminuye en calidad por momentos.

La criatura es lo suficientemente original para mantenernos interesados en el filme. Comienza como una simple célula que va evolucionando hasta adquirir diversas formas; su batalla por la supervivencia contra los humanos es muy entretenida de observar, pues en varias ocasiones demuestra ser más racional y astuta que sus oponentes. Puede que su diseño no inspire horror a primera vista, pero funciona muy bien en los escenarios escogidos para las escenas en que aparece.

Life no es una de las mejores películas de ciencia-ficción en los últimos años, pero si un thriller espacial bastante entretenido que retoma muchos elementos clásicos, donde es más fácil aliarse con la criatura para ver como devora sin remordimiento a los ilusos que perturbaron su sueño. Aunque el argumento es predecible, o mejor dicho, inevitable, la cinta aporta suficiente variedad e incluso cuenta con un giro final al estilo de las viejas películas de monstruos.

Dejando a un lado las comparaciones, Life es una película palomera decente, fácil de digerir y sin muchas complicaciones que nos permite pasar un buen rato disfrutando del ataque imparable del intrigante calamar marciano, criatura que se gana el título de verdadero protagonista; y aunque el final queda abierto para poder desarrollar una secuela, quizás sea mejor dejarla como una única historia que vale la pena volver a vivir de vez en cuando.

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Pláticas de Ciencia Ficción 02: Extraterrestres no es igual a Ciencia Ficción

Partamos de un elemento muy sencillo. La ciencia acepta la probabilidad de que existan formas de vida en otros planetas, dicha hipótesis es comprobable y como tal es factible de generar una línea de investigación científica. Por ende, el tema de la vida extraterrestre no es ficción, incluso existe una disciplina científica que se dedica a estudiar la posibilidad de encontrar estas formas de vida, algunos la conocer como astrobiología, aunque también es llamada exobiología o bioastronomía. Si existe una ciencia para buscar vida extraterrestre, entonces un libro o una película con temática de alienígenas no precisamente será Ciencia Ficción.

De manera simple: una obra donde salgan extraterrestres sólo será Ciencia Ficción si existe una ciencia ficticia o, en dado caso de que no sean tan estrictos, una tecnología ficticia. Si la ciencia o la tecnología ficticia son humanas será Ciencia Ficción sin más, pero si la humanidad no presenta este avance y son los extraterrestres quienes tienen dichas tecnologías, la cosa se pone mucho más ambigua. No obstante, hay obras en las que ni los humanos ni los alienígenas presentan tecnologías o ciencias ficticias, esas obras no son Ciencia Ficción.

La Atadura Terrenal

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Titan AE

Hay un error común al ver películas o series de Ciencia Ficción y Fantasía, este consiste en creer que todos los “aparentes” humanos que salen en pantalla son en realidad eso, humanos. Las personas tratamos, quizás de manera inconsciente, de buscar una atadura terrenal en cada personaje antropomorfo que vemos. Sin embargo, ver humanos en un contexto totalmente ajeno a la tierra tiene dos posibilidades: (1) que en realidad sean humanos o (2) que no lo sean y su apariencia se deba a que los diseñadores de personajes no quisieron complicarse la existencia.

Cuando se trata de humanos reales los espectadores tratamos, en nuestra mente, de buscar una explicación de cómo llegó nuestra especie allí, sobre todo cuando la obra no lo especifica. En películas de fantasía es más sencillo, pues generalmente siempre se trata de humanos que conviven con otras especies que se extinguieron en antiguas eras; recordemos que la fantasía deriva en gran parte de los mitos y las leyendas creacionistas de cada pueblo. Así, por ejemplo, en El Señor de los Anillos, estamos viendo el pasado de la raza humana, que al pasar de los años fue la única que sobrevivió (terminaba la era del Elfo y comenzaba la del Hombre).

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La Comunidad del Anillo

Cuando hablamos de Ciencia Ficción la cosa se complica un poco más, pues los personajes antropomorfos pueden no ser humanos. En La Planete Sauvage se dice que son humanos, aunque muy primitivos y desdeñados, a la sombra de una civilización extraterrestre mucho más avanzada. No se especifica la temporalidad, visualmente parecen humanos de la prehistoria, pero lo más probable es que todo se desarrolle en el futuro. Al ver ese filme lo único que pude pensar fue: ¿cómo llegaron los humanos allí? El hecho de que sean humanos y compartan una cultura nos obliga a buscar un origen común con ellos.

Algo similar al caso anterior es lo que pasa con Titan AE. Allí si vemos cómo fue que los humanos terminaron dispersos por el espacio y es fácil generar esa atadura terrenal. Lo mismo con aquellas obras que sí explican el éxodo terrestre, como El Juego de Ender, Warhammer 40k o After Earth (M. Night Shyamalan, 1013). Si son humanos, la atadura terrenal es fácil, pues finalmente, sin importar lo mucho que se hayan expandido por el universo tenemos un origen común. Lo que a mí siempre me causa curiosidad es saber cómo y por qué abandonaron la tierra cuando esto no se explica en la obra.

Star Wars Episodio 4
Star Wars Episodio 4

Hay un ejemplo muy bueno sobre humanos en el espacio que en realidad no son humanos, pero que dado el desarrollo del filme muy pocas personas se habían puesto a analizarlo, me refiero a Star Wars. La introducción lo dice muy claro: “Hace mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana…”, o sea, que es anterior a la humanidad y se desarrolla fuera de nuestra galaxia, por lo que no pueden ser humanos. Aunque claro, como lucen exactamente iguales y su lengua, organización política y formas de comercio son idénticas, nunca nos pasa por la mente el hecho de que no hay humanos en toda la saga.

Cuestionarse y teorizar sobre el origen de esos humanos en el espacio o si esos personajes que lucen como humanos en realidad lo son es algo que me parece muy interesante, sobre todo porque permite dar rienda suelta a la imaginación e inventar explicaciones que o bien pueden promover el crecimiento de la obra en general o, al menos, motivar a los fans para desarrollar su propios universos basados en posibles explicaciones de los cabos sueltos que este tipo de obras suelen tener.

Monstruos: Zona Infectada

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Título Original: Monsters.
Género(s): Survival-Horror, Ciencia Ficción, Drama.
Director: Gareth Edwards.
Emisión: 2010.
Duración: 94 minutos.
Extras:

En el amplio repertorio cinematográfico, existen algunas obras que pese a ser de Ciencia Ficción no parecen pertenecer al género, pues sus argumentos y el desarrollo de su historia nos permiten apreciar que no son ni los efectos especiales, ni la tecnología futurista lo que hace de un filme un buen filme, sino las múltiples lecturas que los espectadores pueden realizar de él. Zona infectada nos demuestra que no se requiere de un despliegue visual impresionante para contar una historia por demás interesante sobre un tema realmente álgido.

Monsters parece más un Mockbuster o una película de Serie B que se aprovecha del furor generado por las grandes producciones donde vemos monstruos gigantes asolar alguna afamada ciudad de Estados Unidos. Y en esencia es un poco eso, es una película con un presupuesto limitado, filmada con un equipo mínimo y que recurre a cutres efectos por computadora. No obstante, el desarrollo de sus personajes y el contexto en que se desarrollan los eventos hacen diferente y sobresaliente a esta humilde producción.

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La historia gira en torno a Andrew Kaulder, un fotógrafo que debe escoltar a Samantha Wynden, la hija de su jefe, fuera de la zona infectada. Dicha zona surgió seis años antes cuando una sonda de la NASA con muestras de vida extraterrestre se perdió en algún lugar de México, generando un área repleta de gigantescos monstruos. Para evitar su propagación, tanto los Estados Unidos como México decidieron aislar la zona y construyeron muros fronterizos para mantener a los extraterrestres alejados de las poblaciones vecinas.

Durante su travesía por México, Andrew y Samantha descubren la cruda realidad de las personas que viven cerca de la frontera, la corrupción de las autoridades encargadas de vigilar los muros, los daños colaterales a los que las poblaciones vecinas se veían expuestas y algunos aspectos sobre la desconocida naturaleza de aquellos peligrosos seres.

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Gareth Edwars no sólo dirigió y escribió la película, también realizó todos los efectos de la misma. Si a eso le sumamos el hecho de que sólo contó con dos actores profesionales, que muchos de los extras eran personas que pasaban por el lugar y que el equipo de filmación era de unas cuantas personas, tenemos una película de bajo presupuesto que resulta espectacular y no por su calidad final, sino por el trasfondo y el subtexto que vamos descubriendo a lo largo del filme pero que en apariencia no son la intención principal.

Durante una conferencia en la Comic-con del 2011, Gareth habló sobre cómo le surgió la idea de hacer Monsters, de la influencia que recibió de otras producciones de bajo presupuesto como The Blair Witch Project (Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, 1999) y de cómo Cloverfield modificó la visión que él tenía sobre hacer una película de este género en cuanto a los efectos visuales. En esa misma conferencia el director aseguró que lo que él quería era contar una historia de lo que pasaba cuando al cabo de varios años conviviendo con extraterrestres la gente ya empezaba a ver la situación como algo normal, pero enfocándose en el desarrollo de sus personajes, sin embargo, al ser británico tal vez no alcanzaba a contemplar que lo que en realidad estaba filmando era una película sobre el problema de la migración que existe entre México y Estados Unidos.

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De acuerdo con los mapas que se muestran durante el filme, la supuesta zona infectada corresponde a los estados fronterizos de México con los Estados Unidos, aunque nuestros protagonistas inician su viaje en Costa Rica, pues supuestamente tanto México como Centroamérica se encontraban plagados por los extraterrestres. Lo que encontramos aquí es una grandiosa analogía, en primera, los países infectados son países tercermundistas de los que cada año salen miles de personas con la intención de llegar a los Estados Unidos para encontrar trabajo. A esos migrantes suelen llamarlos “Aliens”, pero acertadamente ese término nunca es usado durante toda la película.

Los extraterrestres son pues la representación de dos cosas: (1) los migrantes, pues en más de una ocasión escuchamos decir que estos migran hacia los Estados Unidos, que lo hacen por temporadas y que cada vez migran más, y (2) los problemas de pobreza, insalubridad, violencia y corrupción que afectan a los países latinoamericanos. Los extraterrestres son un peligro para las ciudades asentadas cerca de los muros que tratan de contenerlos, pero al mismo tiempo son seres incomprendidos a los que no se les da un lugar, pues si bien su origen es extraterrestre, ellos ya nacieron aquí, así que son residentes de este mundo igual que nosotros, aunque no nos guste, justo como pasa con los mexicoamericanos en el vecino país del norte.

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Los muros que tratan de contener a los monstruos son obviamente una referencia al muro fronterizo que nos separa de Estados Unidos y los problemas a los que están expuestas las ciudades colindantes son los mismos que tienen Ciudad Juárez o Tijuana. Los polleros y la corrupción de la autoridades también se hacen presentes, pues si bien hay formas legales para cruzar la zona infectada y llegar a salvo a los Estados Unidos estas son muy caras, por lo que la única alternativa para las personas pobres es cruzar caminando de forma ilegal y con el peligro de encontrarse a una de esas criaturas. No obstante, si vemos esa “zona infectada” desde el punto de vista de los centroamericanos que tratan de llegar al norte, los monstruos somos los mexicanos, pues para ellos el mayor peligro está en el abuso de poder de las autoridades mexicanas y la delincuencia organizada y no en el desierto que deben cruzar para alcanzar el sueño americano.

Algo que me gustó mucho fueron los elementos folclóricos que reflejan esa mexicanidad que está presente incluso en los pueblos asentados junto al peligroso muro. La típica fiesta mexicana de un pueblo fronterizo en cuyo horizonte se despliega una gigantesca valla que pretende frenar el avance de gigantescos monstruos es algo que sin duda me gustaría ver más a menudo. Aunque en la realidad, para nosotros lo mexicanos, esos monstruos gigantes y peligrosos son los Estados Unidos. Otro detalle que me encantó fueron las expresiones populares que hacen evidente la convivencia con los extraterrestres y que hasta cierto punto se acepta como normal, o mejor dicho, como la realidad que debemos afrontar.

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La película no pretende ser un documental, pero sin en la vida real existieran extraterrestres gigantes entre México y USA bien podría serlo. El reflejo, aunque breve, de la realidad fronteriza se hace evidente en más de una ocasión, al igual que las pobres condiciones de vida que fuerzan a muchas personas a migrar en busca de algo mejor, sin olvidar las repercusiones que deben soportar los mexicanos de la frontera a causa de los ataques químicos que los gringos llevan a cabo para evitar que las criaturas lleguen a su territorio. Y pese a todos esos ataques y muros, las criaturas —como los migrantes— logran ingresar a ese país.

Si bien todo el análisis sociopolítico que podemos hacer sobre la migración en muy extenso y hace de la película una obra destacable, tiene muchos elementos que le restan calidad. En primer lugar tenemos la incongruencia geográfica, pues prácticamente en ningún momento las locaciones coinciden con los mapas que se muestran. Si se supone que los protagonistas caminan hasta la frontera Mexicana con los Estados Unidos, no deberían hacerlo entre una selva que nos remite al suroeste mexicano. Otra cosa mala es que muchos de los elementos que impulsan la historia son muy débiles, lo que hace que la calidad en cuanto a guion disminuya bastante. Y finalmente, hay escena de noche que son tan oscuras que resulta imposible ver algo, y si bien dichas escenas son con el fin de ahorrarse los efectos, las pudieron haber omitido, pues de todas maneras no se ve nada.

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A pesar de sus carencias, la película es buena, la música es en extremo agradable y los argumentos de fondo son muy ricos. La precariedad con que está hecha no le resta méritos, por el contrario, nos demuestra que una buena película de Ciencia Ficción no requiere de grandes efectos cuando aborda temas tan densos y sobre todo tan familiares para los espectadores latinos como lo es la migración. Lo extraterrestres son un mero pretexto.

Para finalizar, vale la pena decir que el personaje principal es en realidad la situación de los habitantes que habitan en los lugares por los que pasan Andrew y Samantha. La pareja es únicamente el medio por el cual podemos ver la situación del migrante en carne propia. Como lo dice Andrew en un diálogo mientras observa el muro defensivo: “es diferente ver a los Estados Unidos desde afuera hacia dentro”, y eso es justamente lo que esta película nos muestra.

Invasión del Mundo: Batalla Los Ángeles

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Título Original: Battle: Los Ángeles.
Género(s): Ciencia Ficción, Bélico.
Director: Jonathan Liebesman.
Emisión: 2011.
Duración: 116 minutos.

De entre la enorme variedad del filmes que existen en el mundo del cine de ficción donde una fuerza extraterrestre intenta invadir nuestro planeta y un puñado de soldados luchan para defenderlo, muy pocos filmes logran convencer al público y adentrarlo en la historia más allá de sus escenas de acción, pero al mismo tiempo estas películas buscan únicamente eso, la taquilla fácil y engancharte con trepidantes efectos visuales.

Batalla los Ángeles tiene un poco de ambas: formidables efectos y una historia simple plagada de clichés, pero también tiene algo difícil de definir que nos permite ver más allá del marketing taquillero y profundizar en elementos del género que resultan, hasta cierto punto, un novedoso aporte a la Ciencia Ficción.

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La historia gira en torno al sargento Michael Natz (Aaron Eckhart), un veterano Marín con un pasado oscuro que le hizo ganarse el desprecio de su tropa. Natz ha decidido renunciar, pero antes de que sea oficialmente cesado un extraño evento toma lugar en la costa de California, extraños meteoritos cae por todo el globo sobre las ciudades más importantes. Con este preámbulo es fácil inferir qué pasará luego, Natz comandará su tropa, se ganará su afecto y juntos derrotarán, con alguno que otro sacrificio heroico, a los extraterrestres, porque es obvio que esos meteoritos son naves espaciales. Y en efecto, todo ocurre de esa manera.

Una ventaja en el arranque de esta predecible historia es que te pone casi al instante en el campo de batalla, pues no se trata de un grupo de marines que esperan la invasión, sino de uno que entran a rescatar civiles rezagados luego de que la ciudad cayera a manos de los recién llegados. Es decir, se entra de lleno en la acción sin discutir ni explicar, al menos de momento, las intenciones alienígenas. A lo largo del filme un científico, que parece más un presentador de Discovery Channel que un verdadero investigador, explica el porqué de aquella invasión (como si al público no le quedara claro o si quiera le importara), el agua. El vital líquido que cubre gran parte de la superficie terrestre resulta ser el combustible de los bélicos extraterrestres.

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Mientras nuestro grupo de marines recorren las calles en busca de sobrevivientes, un contingente de enemigos les cortan el paso, comienzan así larguísimas escenas de acción llenas de disparos y explosiones. Dichas escenas son quizás la joya máxima de esta obra, pues llega un momento en que la acción dura tanto que debe ser cortada por momentos de tensión que simplemente resultan en un pequeño preámbulo para más acción. Sin embargo, no se trata de una lucha encarnizada entre ambos, pues el director hábilmente reúsa el ya olvidado desarrollo del terror setentero, donde el malo aparecía hasta el final y durante la primera mitad, al menos, todo el peso y la tensión dramática caían en los actores.

En efecto, los invasores de otro mundo que vienen por nuestra agua salen muy poco en los primeros 60 o 70 minutos, aparecen sí, pero como simples blancos a distancia que disparan a nuestros héroes. Este manejo incrementa la calidad de actuación y hace lucir a los personajes, pues llega un momento en que parece más una película de cine bélico que una de Ciencia Ficción, aunque en esencia es ambas. Con todos los conflictos armamentistas de los últimos años en los que Estados Unidos se ha visto inmerso, no es de extrañarse que cada vez las obras de temática militar sean más creíbles, y tanto las actuaciones como la parafernalia sean cada vez mejores. Batalla los Ángeles es una buena película bélica y una decente película de Ciencia Ficción, que en su conjunto logran una formidable película palomera para ver por las tardes en la comodidad de tu hogar.

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Ni la trama ni una compleja explicación sobre los aliens son el objetivo central del filme, sólo la acción pura y dura lo es. Aunque durante su desarrollo tengamos que chutarnos las personalidades y los conflictos existenciales de cada miembro del escuadrón, cuya cantidad de clichés es inmensa. Tenemos al jefe (Natz) que es un prodigio a quien todos odian porque dejo morir a sus hombres, está la típica latina marimacha, interpretada por la indispensable Michelle Rodríguez, que pone el sabor latino al contingente, aunque de hecho la variedad étnica y racial es un reflejo muy fiel del estado actual de la milicia norteamericana, pues hay negros, asiáticos, latinos por montones y uno que otro blanco.

Además de los estereotipos militares —que hemos tenido que ver desde Depredador, donde sí, un grupo de soldados llenos de testosterona enfrentan extraterrestres— tenemos ciertos excesos un tanto curiosos, como la veterinaria (Bridget Moynahan) que, junto al médico nigeriano que trata de ganarse su nacionalidad, hace una vivisección a un enemigo capturado para saber cómo matarlo. Sorprendentemente es disparándole en donde, haciendo un símil con la anatomía humana, debiera esta su corazón. No faltan las muertes heroicas donde un soldado herido decide sacrificarse para salvar al resto, o el padre, latino por cierto, que muere salvado a su hijo. Estos civiles rescatados se convierten en un lastre para el contingente, pero funcionan muy bien como un elemento que empuja la historia hacia delante, generando peripecias que entorpecen el avance de la tropa y la obligan a enfrentar nuevos peligros, que logran solventar por las genialidades de su líder. Al final los militares que sobreviven descubren una forma para vencer, de un jalón, a todos los malos, para ello deberán destruir su sistema de comunicaciones.

Batalla Los Ángeles 4

Si bien es una película para pasar el rato, tenemos dos temas muy rescatables que nos permiten profundizar en la estrecha relación que la Ciencia Ficción tiene los problemas sociales. La primera es el tema de la colonización, que como ocurrió con las invasiones europeas al resto del mundo, tienen la intención de obtener recursos aún a costa de la población nativa. Ver una invasión extraterrestre desde el punto de vista antropológico, aunque sea sólo en un diálogo de toda la película, nos da juego para hablar y teorizar sobre lo que pasaría si eso ocurriera de verdad, pues una cosa es enfrentar humanos con mejores armas y otra alienígenas con rayos laser.

El otro tema es lo que yo he denominado como “el cameo latino”, pues si han prestado atención, en básicamente todas las obras de Ciencia Ficción (literarias, plásticas o audiovisuales) no existe Latinoamérica más que como simple mención fugaz. En este filme es lo mismo, pero la gran cantidad de latinos que viven en Estados Unidos está impactando tanto es su sociedad que es, actualmente, casi imposible no tener esa presencia latinoamericana en cualquier película gringa, porque, lo quieran o no, somos una realidad, muchas veces molesta, para su país. Y si bien Latinoamérica no existe en la Ciencia Ficción, salvo en la que se hace en nuestra parte del continente, que es muy poca, el peso que tiene nuestra comunidad en el vecino país del norte termina por hacerla presente aunque sea de forma involuntaria.