Satoshi Kon

El martes 24 de agosto de 2010, a la edad de 46 años, murió Satoshi Kon, uno de los más grandes directores de animación japonesa, a causa de un cáncer pancreático. A raíz de su muerte los miles de blogs dedicados al anime han saturado la red con información sobre el trágico suceso. No pretendo escribir una reseña lamentando su fallecimiento, pues a pesar de ser un acontecimiento triste para el mundo del manganime, Kon se ha convertido ahora en una inmortal leyenda que vivirá en el recuerdo de su público. Sin embargo, considero adecuado dedicar un espacio para hablar de su vida, sus obras y su particular estilo que le permitió crear fantásticos y oníricos mundos sólo concebibles en la imaginación y los sueños.

SU VIDA Y CARRERA

Satoshi Kon (敏今) nació el 12 de octubre de 1963 en Kushiro, Hokaido, Japón. Estudió Diseño Audiovisual en la Universidad de Bellas Artes de Musashino. Su carrera empezó como mangaka a los 23 años y uno de sus primeros trabajos fue como artista y editor de la revista Young Magazine, publicación gracias a la cual ganó el premio Tetsuya Chiba por su obra Yoriko. Durante ésta etapa empezó a perfilarse por un trabajo enfocado en la Ciencia Ficción, más específicamente en la Ciencia Ficción Social, esto se puede apreciar en una de sus primeras obras, Kaikisen (1990).

En 1991 trabajó como diseñador de animación en Roujin Z, una pequeña película escrita por Katsuhiro Otomo que hace una crítica social al trato que reciben los ancianos en las futuristas y desarrolladas ciudades tecnocráticas. Este fue uno de los primeros acercamientos que Kon tuvo con Otomo, de quien recibió una fuerte influencia que puede apreciarse en la temática cyberpunk de muchas de sus obras. Otro de los trabajos que éste par de directores realizaron juntos fue World Appartmen Horror, una película con personajes reales en la que Kon trabajó como coguionista y que adaptó posteriormente al manga. La historia nos muestra los intentos de un yakuza por desalojar a un grupo de inmigrantes ilegales de un edificio. La película está plagada de crítica social, terror y paranoia, aspectos fundamentales en los posteriores trabajos de Satoshi.

En 1992 realizó los decorados de Hashire Meros (largometraje basado en la literatura japonesa) y Platabord 2, de Mamoru Oshii, director de Ghost in the Shell y uno de los máximos exponente —junto con Otomo, Rin Taro e incluso el propio Kon— del anime cyberpunk. Un año después, en 1993, tiene su primera experiencia como director en la serie Jojo no Kymiô na Bôken de la que dirigió el quinto episodio. Ese mismo año participó como guionista en uno de los episodios de Memories de Katsuhiro Otomo. Para 1994 realiza la adaptación al anime del manga Iria Zeiram, una novela futurista ambientada en el espacio exterior.

Además de Katsuhiro y Mamoru, Kon trabajó con Rin Taro (director de Metrópolis) como director de staff en diversos proyectos del estudio MadHouse. Fue también fundador y miembro del comité de la Japan Animation Creators Association. Murió el pasado 24 de agosto de 2010 mientras trabajaba en la realización de su más reciente anime, Yume Miru Kikai.

SU ESTILO

Sus obras generalmente están cargadas de múltiples referencias a la vida social del japonés contemporáneo y abordan aspectos muy oscuros de esa sociedad. Sus personajes son realistas y se apegan a un estereotipo mundano, por lo que habitualmente vemos a gente común atrapada en situaciones extremas. Además, todos ellos presentan una compleja estructura psicológica y en ocasiones una gran perturbación mental.

Satoshi maneja una intrincada estructura en todas sus obras, mezcla la realidad con los sueños, salta del inconsciente individual al colectivo y juega con el cambio de la realidad, la identidad y el espacio-tiempo. En sus trabajos generalmente nos sumergimos en la fantasía, la paranoia y en un mundo lleno de realidades alternas, las cuales son el principal elemento que engancha al espectador.

OBRAS

Perfect Blue (1997): El primer trabajo de Satoshi como director de anime. Su obra nos muestra un thriller psicológico ambientado en la paranoia que una joven cantante sufre a partir de que un perturbado admirador empieza a matar gente a su alrededor.

Millennium Actress (2001): Es la segunda obra que dirigió y lo ayudó a consagrarse y consolidarse como director. La película nos cuenta la vida de Chiyoku Fujiwara, una actriz de la edad de oro del cine japonés. El largometraje fue galardonado con los premios a Mejor Película de Animación y Película más Innovadora en el Fantasia Film Festival Montreal 2001. También obtuvo el premio Orient Express en Sitges 2001 y el Ofuji Noboru en el Mainichi Film Concours 2003.

Tokio Godfahters (2003): La historia nos muestra los intentos de tres rechazados sociales (una chica, un vagabundo y un travesti) por regresar a un niño a los brazos de su madre luego de encontrarlo en la basura justo en la víspera de navidad. Esta película fue premiada en la Japan Media Art Festival del 2003 en la que ganó el Premio a la Excelencia en la categoría de animación y es la obra más idealista, ligera y cómica de sus creaciones.

Paranoia Agent (2004): Un anime enclavado en la paranoia e histeria colectiva, en la que Satoshi hacer una fuerte crítica a los problemas de la sociedad japonesa (y no sólo japonesa) de la época actual, abordando temas como la obsesión, la perdida de la identidad, el estrés laboral, la competitividad escolar y las nuevas relaciones sociales a través de internet. La serie tiene como base diversas ideas que Kon no logró utilizar en sus trabajos previos.

Paprika (2006): Sin duda la obra más representativa, o al menos la más conocida, en la que Satoshi se adentra en el onírico mundo de los sueños y nos muestra toda una gama de realidades que se mezclan en un sin fin de mundos alternos.

The Dreaming Machine (2011): La animación en la que Kon se encontraba trabajando justo antes de su muerte. La animación estará dedicada a un público infantil y se desarrollará en un contexto futurista pero un tanto alejado de su estilo  clásico.

Genocyber

Título Original: ジェノサイバー (Jenosaiba).
Género(s): Gore, Ciencia Ficción/Cyberpunk/Biopunk, Psicológico, Seinen.
Director: Koichi Ohata.
Estudio: ARTMIC.
Emisión: 1993.
Duración: 5 OVA.
Extras:

Genocyber es una de las más raras, perturbadoras y sangrientas series que he visto. Sin embargo, no es sólo muerte y destrucción lo que la hacen atractiva, son sus extrañas gráficas, sus anticuados escenarios y su forma de mostrar el Gore lo que realmente cautivan a los amantes del género.

El extraño efecto que se produce al usar escenas de acción real con animaciones crudas llenas de cuerpos destrozados brutalmente, genera en el espectador una verdadera incomodidad, pues la obra no sólo se enfoca en la sangre, sino en crear un verdadero temor en el televidente.

La calidad de animación es pobre, lenta y con algunas fallas, aunque con forme avanzan los capítulos parece mejorar. El estilo en el diseño de personajes y escenarios es muy propio de finales de los 80, cuando algunas producciones japonesas tenían un estilo similar a la animación norteamericana. Sin embargo, en los episodios finales es posible observar algunas características más afines al típico estilo japonés actual.

La música no es del todo sobresaliente, por momentos es buena y por momentos mala. En ocasiones algunas escenas carecen de fondo musical y resultan algo tediosas, o por el contrario, el soundtrack no se adecúa totalmente con la temática. La excepción podrían ser los ending que, en lo personal, me parecen muy buenos.

La historia gira en torno a Elaine y su hermana Diana, ambas dotadas con asombrosos poderes psíquicos y gracia a los cuales pueden convertirse en Genocyber, una extraña arma producto de la ingeniería biológica. Después de fusionarse con su hermana, Elaine tiene que enfrentarse a distintas amenazas y luchar como Genocyber durante varios años hasta que se da cuenta de que el mundo no es lugar para ella ni su poder, por lo que decide entrar en estado vegetativo hasta el momento de regresar a luchar.

La historia puede resultar complicada pues cada OVA tiene una temática y un ritmo diferente. En las primeras Genocyber y Elain ocupan el papel principal, mientras que en las últimas el género cambia de un Gore-Biopunk a una temática más psicológica y enfocada en la Ciencia Ficción Social.

A pesar del inquietante desarrollo de la serie, de las fuertes escenas y de la peculiar mezcla de géneros, Genocyber es una gran recomendación para quien gusta de trabajos un tanto surrealistas, llenos de sangre y temáticas extrañas.

Es un trabajo que resultará atractivo para los amantes de la Serie B y para quien guste del género Ero-guro, pero definitivamente no es una obra para todo público, pues quienes no estén acostumbrados a éste tipo de contenidos podrían encontrarla muy perturbadora.

Armitage III: Dual Matrix

Título Original: アミテージ ザ サード (Armitêji za Sâdo).
Género(s): Ciencia Ficción/Cyberpunk, Drama, Seinen.
Director: Katsuhito Akiyama.
Estudios: Pioneer.
Emisión: 2002.
Duración: 90 minutos.
Extras: Armitage III, Armitage III: Poly-Matrix.

Armitage III: Dual Matrix es la secuela de la película Armitage III: Poly-Matrix, ambas se basan en la serie original de cuatro OVA Armitage III. Sin embargo, a pesar de ser una secuela, Dual Matrix puede verse sin necesidad de haber visto alguna de sus precuelas, pues la trama es sólida y se entiende fácilmente.

Si bien el trasfondo general de la historia tiene su origen en los trabajos previos de Armitage, esta película se enfoca en la parte sentimental y emotiva de los personajes más que en el desarrollo tecnológico y sus consecuencias sociales.

La calidad de animación no siempre es buena, pues los gráficos lucen acartonados por momentos y algunas escenas son notablemente oscuras, lo que impiden apreciar adecuadamente las principales escenas de acción. Por el contrario, existen momento en que la calidad visual es sobresaliente, pues los escenarios tienen gran nitidez, están bien detallados y la iluminación es adecuada.

El aspecto del audio es mucho más acertado, pues la música se adecua muy bien, genera una buena ambientación y entra justo en los momentos de mayor emotividad. Sin embargo, algunas escenas resultan un poco estériles pues carecen totalmente de soundtrack. Los personajes, aunque están bien diseñados, no resaltan del todo y muchos caen en los estereotipos de los personajes de este género (el científico loco, el militar sanguinario o el político poderoso).

La historia gira en torno a Naomi Armitage, una avanzada androide que tiene la enigmática capacidad de concebir y dar vida a humanos con capacidades superiores. Mientras Naomi investiga la masacre perpetrada por los militares en un centro de investigación, su esposo Ross y su hija Yoko viajan a la tierra con el fin de representar a Marte en una asamblea en la que se decidirá por dar, o no, derechos a los robots. Naomi y Ross tendrán que hacer frente a los intereses políticos que busca eliminar cualquier derecho en los robots para salvar a su hija de un científico que busca apoderarse de la habilidad de Armitage.

Sin bien la historia nos plantea los típicos conflictos entre la robótica, las leyes naturales y las leyes humanas, lo que en realidad busca mostrarnos es cómo una madre puede dar todo para salvar a su hija, pues no hay nada más poderoso que el amor maternal, e independientemente de que Naomi fuera robot, sus sentimientos hacia su hija superaron las barreras tecnológicas.

Dual Matrix es catalogada como Cyberpunk —y de hecho sí puede considerarse dentro de este género— pero yo no la recomendaría a quienes gustan de un Cyberpunk clásico, pues no contiene ni la parte psicológica ni la estética industrial y decadente que a muchos nos gusta.

El filme es una interesante propuesta de Ciencia Ficción ya que contiene dos elementos totalmente diferentes: por una parte tenemos las discusiones sobre el trato a los robots y los derechos que les corresponden, y por otra tenemos la temática del amor maternal, que dota a la obra de un útil factor dramático.

Metrópolis

Título Original: メトロポリス (Metoropurisu).
Género(s):Ciencia Ficción/Ciencia Ficción Social/Ciencia Ficción Libertaria/Cyberpunk, Distopía.
Director: Rin Taro (Hayashi Shigeyuki).
Estudio: MadHouse.
Emisión: 2001.
Duración: 109 minutos.
Extras:

Basado en el manga homónimo de Osamu Tezuka y con la colaboración de Katsuhiro Ôtomo como guionista, Metrópolis es uno de los animes de Ciencia Ficción más ambiciosos e impresionantes que existen, tanto por su calidad en el aspecto técnico como por su contenido argumental.

El estilo retro que le dan su peculiar banda sonora y la parafernalia de sus personajes crean una ambientación que lo aleja del contexto clásico del Cyberpunk industrial y tecnológico, y lo acercan más al cine de detectives, que aderezado con los movimientos sociales que nos muestra logran un resultado sobresaliente.

La calidad de animación es impactante, aunque por momentos hay un poco de contaminación visual debido a que la cantidad de elementos que aparecen en pantalla son tantos que resulta casi imposible apreciar cada uno de ellos, muchos de los cuales explican algunos elementos de la historia. El grado de detalle es impresionante y nunca se pierde nitidez ni siquiera en los escenarios más oscuros.

La música es muy buena, es una mezcla de Jazz y tonadas lentas que contrastan totalmente con el ambiente futurista y altamente tecnológico. El diseño y desarrollo de los personajes es muy acertado, a pesar de que algunos caen en los estereotipos propios del papel que representan. Los personajes mejor logrados son los robots, pues poseen características y “personalidades” que simbolizan algunos de los sentimientos que los humanos han perdido debido a la excesiva industrialización, pero que aún subsisten en la imponente ciudad.

La historia de desarrolla en Metrópolis, una ciudad que refleja el poderío humano, llena de tecnologías y robots de toda clase. Sin embargo, estos avances han causado estragos entre la gente más pobre, quienes eventualmente han sido relegados hacia los sectores olvidados de la ciudad. Zona 1 es un submundo que se encuentra bajo la urbe, un lugar sin ley ni autoridad, lleno de gente necesitada, delincuentes y miseria.

En Zona 1, tanto los humanos como robots sufren la opresión de las élites sociales, pues se les impide vivir en la superficie y mezclarse con el resto de la población. Pero bajo las luces y la opulencia de la gran ciudad, en las sucias y abandonadas calles de aquel submundo, empieza a gestarse una revolución, una revolución en la cual los hombres defenderán sus derechos y los robos, su libertad.

Mientras en Metrópolis se lleva a cabo una celebración por la construcción de la Torre Zigurat, el detective Shunsaku Ban y su sobrino Kenichi investigan el posible tráfico de órganos por el Dr. Laughton, científico que trabaja en la construcción de un extraño androide llamado Tima. Tras la muerte del doctor, Kenichi y Tima son perseguidos por el partido anti-robots Marduk y se ocultan en Zona 1, donde conocen las difíciles condiciones en que viven sus habitantes, quienes cansados de la opresión han decidido levantarse en armas.

La película no sólo nos muestra la típica distopía tecnológica, sino que se adentra en las condiciones sociales de discriminación que viven las personas y los robots. Dichas condiciones no representan sino la discriminación racial que actualmente se vive en muchos países, sobre todo en aquello que sufrieron del Apartheid. El odio a los robots no es más que una referencia al racismo y al desprecio que muchos tienen por todo aquel que no comparte su cultura, costumbres, creencias o posición social.

Metropolis 10

Una característica que me gustaría resaltar es el aspecto revolucionario, pues en distintos carteles podemos ver el rostro del “Che” Guevara, además de que las escenas de lucha y manifestaciones son en ejemplo fidedigno de las protestas que actualmente podemos ver en las calle de todo el mundo, desde las pancartas con consignas hasta las bombas molotov.

Sin duda, Metrópolis es una película asombrosa, pues mezcla un futuro moderno con movimientos sociales del presente e ideales revolucionarios del pasado, y nos plantea una interesante cuestión: ¿es necesario llegar tan lejos en los avances científicos?