Ultramarines

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Título Original: Ultramarines: A Warhammer 40,000 Movie
Género(s): Ciencia Ficción, Sobrenatural, Fantasía Heróica.
Director: Martyn Pick.
Estudio: Codex Pictures.
Emisión: 2010.
Duración: 76 minutos.
Extras:

Basado en el juego de miniaturas Warhammen 40,000 (W40k), de la compañía Games Workshop, Ultramarines es el primer largometraje sobre la franquicia y nos narra una breve incursión de la segunda compañía de Ultramarines en una misión de rescate, permitiéndonos echar un vistazo desde la visión cinematográfica al infinito universo de W40k.

La calidad de animación es regular, pues el diseño de escenarios es adecuado aunque de baja calidad y los personajes no sobresalen visualmente hablando, son monótonos y poco imponentes. El manejo de luz es malo, hay escenas muy oscuras y con poca nitidez y los elementos que deberían otorgar ese entorno lúgubre al planeta donde trascurre la historia lo único que hacen es dificultar la visión. El manejo de cámaras, cuando son tomas en primera persona, es pésimo, pues semeja el video animado de un videojuego de hacer diez años. Finamente, la música complementa y ambiente de forma adecuada, convirtiéndose en el elemento más destacado del apartado técnico.

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La historia gira en torno a un grupo de rescate conformado por diez ultramarines, un capitán y un capellán, quienes reciben la misión de investigar una llamada de ayuda en un planeta a cargo de la quinta compañía de los Puños Imperiales. Los ultramarines arriban al lugar tan sólo para encontrase con un planeta azolado y corrompido por el Caos a manos de la Legión Oscura.

Los ultramarines buscan sobrevivientes pero son atacados por los demonios venidos de la Disformidad. Al final, el capitán es corrompido y los ultramarines, con ayuda de los dos sobrevivientes rescatados, deberán enfrentarse a un demonio del caos antes de que éste abra una puerta disforme para invadir Macragge.

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El ritmo de la historia es muy lento para todo aquel que no conozca al menos lo más básico del universo Warhammer, sin olvidar que algunos conceptos son difíciles de entender sin el conocimiento previo. Sin embargo, me parece que es un loable primer intento por extender la franquicia hacia el séptimo arte; aunque en éste caso el filme esté enfocado en un público específico.

Pese a la mala animación (de CGI), el enfoque hacia un mercado conocedor de W40k y el ritmo lento, el argumento central y la historia son por demás atractivos, sin mayor profundidad ni complejidad, pero desarrollados de una forma que lograrán entretener, al menos, a quien ya conoce sobre la franquicia. Sería estupendo que Games Workshop utilizara la animación para difundir el basto universo Warhammer, a mí por lo menos me encantaría ver una película basada en las guerras del Armagedón (aquel WAAAAAGH! liderado por Ghazghkull Thraka).

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Anime de media noche

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La industria del anime se ha convertido en años recientes en un fenómeno de la cultura pop que es difícil no notar. Desde las series televisadas y enfocadas en el público infantil, hasta las convenciones llenas cosplayers y actores de doblaje, sin olvidar los centros comerciales repletos de piratería donde muchos hemos comprado series, juegos y mercancía diversa. Pero ese fenómeno no es reciente, se ha vuelto evidente gracias al internet y la globalización en general, pero ha existido desde hace un par de décadas.

Los frikis (no me gusta el término Otaku y considero que friki engloba Gamers, Geeks y demás) han existido desde la segunda mitad de siglo pasado, principalmente desde las décadas de los 70 y 80. En aquellos años, para conseguir series e informarse de las noticias más recientes tenían que acudir a los puestos ambulantes, comprar revistas o asesorarse con amigos y proveedores más informados. Las noticias corrían más lento y muchos de los descubrimientos sobre cosas niponas (o estadounidenses) se hacían por mera casualidad.

Pues bien, pese a ser un nativo de 1990 he tenido la oportunidad de ser asombrado por casuales descubrimientos animisticos en la televisión abierta mexicana; series que realmente me da gusto que sean televisadas en nuestro país. El problema es que la programación y publicidad ha sido pésima, lo cual  ha hecho que para aquellos menos involucrados en el mundo del anime, descubrir dichas emisiones sea equiparable a descubrir una de aquellas viejas series de culto. Y pese a que esto puede sonar romántico y bueno, no lo es.

Canal 22 se ha lucido con sus espectadores en los últimos años al traer algunas series de anime que difícilmente podríamos ver fuera del mentado canal cultural, pero muchas de ellas no recibieron la difusión debida y los televidentes las pasaron por alto, más aún cuando los horarios rondaban “el filo de la media noche”, como incluso fueron publicitadas.

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El primer anime que vi en Canal 22 fue A Tree of Palme, una excelente versión de Pinocho que no tenía la fortuna de conocer. Pero no la vi por gusto, sino porque extrañamente mi televisor se encendió justo en ese canal cuando la película tendría unos 20 minutos de haber empezado (y sí, así ocurrió aunque suene poco creíble). Aquella peculiar aunque afortunada falla de mi televisor rondó las once de la noche y algunos minutos, y como vi el resto de la película me dormí pasada la media noche.

Las siguientes cuatro serie que vi fueron con toda la intención. La publicidad en ésta ocasión fue oportuna (aunque restringida a un horario nocturno), pero los horarios nuevamente me hicieron trasnochar. Sin embargo, más por fetichismo que por otra cosa, no iba a perderme la emisión de Evangelion, Hellsing, Ghost in the Shell. Las dos primeras las conocía a la perfección, la tercera la conocía pero no la había visto y la cuarta era nueva para mí.

Luego de un tiempo sin series nuevas, me desligue del 22, opero ocasionalmente pasaba por allí al cambiar de canal. Fue en éstas ocasiones cuando me topé con Fantastic Children y Orphen, que no tenía idea que estaban siendo televisadas. Había escuchado sobre Orphen pero no la había visto y de Fantastic Children no sabía nada. Seguí las series por un par de capítulos pero las abandone, en parte por el poco interés que tenía de verlas y también porque es difícil interesarse en una seria ya empezada.

Hace un par de días (en realidad fue ayer para el momento en que escribo esto) me quedé viendo Cómo entrenar a tu dragón en uno de esos servicio de paga. La película —que de hecho disfruté mucho— terminó pasada la media noche. Como Hey Arnold! ya había terminado, revisé la programación por mera ociosidad antes de apagar la tele y me detuve cuando leí la palabra “Lain” en la sección de Canal 22.

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Mi primer pensamiento en ese momento fue: “¿Serial Experiments Lain en Canal 22?”. Y en efecto, Experimetal Lain (como la anunciaban) iniciaría en tan sólo 20 minutos, a la 1:00am. Por simple idolatría decidí esperarme para verla, sabría que no resistiría verla toda, pero me conformaba con ver el opening en TV abierta y escuchar la que por seis años ha estado en mi top 3 de canciones de anime favoritas, «Duvet» (sólo superada por «Kiri» de Ergo Proxy y «Uninstall« de Bokurano).

La mendiga serie inició con más de cinco minutos de retraso. Mientras esperaba, hacía cuentas de hace cuánto tiempo vi por primera vez SE Lain, al tiempo que me fascinaba el hecho de que el máximo representante de Wirepunk se estuviese emitiendo en México y por televisión abierta. Pero en ese momento comprendí que gracias al menú de la televisión de paga me reencontré con esa serie, de no haber revisado la programación nunca habría sabido que Lain se estaba emitiendo en México, como tampoco me enteré (hasta que escribí ésta entrada) que Petshop of Horrors también fue emitida por el 22. Sin embargo, lo que más me consternó fue que la serie ya estaba en el episodio 8.

Vi el opening, los primeros minutos del episodio y apague la televisión. Y mientras conciliaba el sueño reflexionaba sobre la labor de Canal 22 al traer éste tipo de series. Obviamente la oferta del canal en cuestión de anime ha sido muy buena, pero el intento es totalmente infructífero. Aquellos que sintonicen el canal a esa hora serán frikis apasionados que seguramente ya vieron dicha serie pero que por simple masoquismo desean verla en televisión, con comerciales y a altas horas de la noche. La serie no llegará al público en general, se quedará estancada en una teleaudiencia especializada y la labor por difundir la animación japonesa quedara en un loable pero inútil esfuerzo.

Pese  a ello, debemos alegrarnos pues ya empiezan a abrirse los primeros espacios en la televisión abierta para series de culto que no son para todo público pero que resultan ser pilares esenciales de la animación japonesa, pues han aportado elementos argumentales, le han incorporado elementos al género y se han consolidado como marcas de peso en el mercado asociado a la animación.