Chicuarotes

Título Original: Chicuarotes.
Género(s): Drama.
Director: Gael García Bernal.
Emisión: 2019.
Duración: 96 minutos.
Extras:

El término Chicuarote hace referencia a los habitantes del barrio de San Gregorio Atlapulco en la alcaldía de Xochimilco en la Ciudad de México, una de las zonas más afectadas por los pasados sismos de septiembre de 2017, escenario en el cuál se desarrolla la segunda película dirigida por Gael García Bernal.

La película nos muestra la precaria vida de “el Cagalera” y “el Moloteco”, dos jóvenes que tratan de ganar algo de dinero con rutinas de payasos en los microbuses de la ciudad, sin embargo, ante el bajo apoyo que reciben de los usuarios su frustración por no tener dinero los lleva a asaltar a los pasajeros. Uno de sus amigos les cuenta que uno de sus tíos puede conseguirles una plaza en la compañía de luz, pero primero tienen que pagar 20 mil pesos, para tratar de salir de la miseria en la que viven, deciden aceptar las propuestas que les llegan para comer más delitos a fin de juntar dinero.

 

“El Cagalera” está harto de la vida que lleva, pues no tienen dinero para comprar ni siquiera comida decente, además de que la violencia familiar que vive en su casa está llegando a límite insoportables, sin hablar de la precariedad y el hacinamiento en que él, sus dos hermanos, su mamá y el alcohólico de su padre viven. Deseoso de conseguir el dinero para comprar su plaza y por fin salir de pobre, decide secuestrar al hijo del carnicero, el hombre más acaudalado del pueblo. Sin embargo, las cosas no salen como esperaba y su plan termina en un linchamiento público.

La película tiene dos elementos a destacar, en primera el grandioso desarrollo de los barrios lumpen que me hicieron recordar por un momento a la película Atroz, pues la marginación, la pobreza, la falta de recursos y el bajo nivel educativo son los ingrediente para que las personas queden atrapadas en una situación que se vuelve cada vez más difícil. La pobreza lleva a los hombres al alcoholismo y con ello a ejercer violencia hacia sus esposas e hijos, estos últimos replican esa violencia con otros niños y el círculo se vuelve infinito.

El aspecto de la violencia está muy bien desarrollado, pues no es que los chicos sean malos, sino que su situación precaria los lleva a un límite en el que sólo desean escapar de allí, salir de sus casas o de sus pueblos en busca de una vida mejor. Y muchas veces esos intentos los llevan a cometer delitos, caer en las drogas o involucrarse con personas muy peligrosas. Este aspecto, aunado a la perfecta selección de las locaciones logró un excelente desarrollo de esos barrios bajos de la ciudad de México, que adquieren un tono más rural al estar filmados en los canales de Xochimilco.

El segundo elemento importante es la construcción de los personajes, sobre todo por retratar perfectamente la diversidad de personalidades que es posible encontrar en un pueblo como este, así como los apodos, la forma de hablar, la forma de relacionarse entre ellos y los mecanismos mediante los cuales se reproduce la violencia.

El Cagalera” tenía como novia a una chica de su edad llamada Sugheili, quien vivía con sus padres y trabajaba en una estética atendida por dos transexuales. El Carnicero era un hombre adinerado (para los estándares del pueblo) y que tenía los medios para contratar a personas que lo apoyaran a buscar a su hijo, como “el Chillamil”, un loco y asesino. El padre del protagonista “el Baturro” era un alcohólico que empezaba a sufrir los estragos de la cirrosis, mientras que su mamá se muestra como la típica madre abnegada que soporta las golpizas de su marido pero que es capaz de hacer lo que sea por sus hijos.

Los hermanos del “Cagalera” también son interesante, su hermana es una chica de secundaria que anda de novia con un chavo de otra colonia, razón por la que su hermano se enoja pues anda de “fácil”. Su otro hermano es un homosexual de closet que trata de mostrar interés con el cine y la literatura, añorando, al igual que sus hermanos, salir de ese pueblo, pero sin el valor para hacer algo por lograrlo. Finalmente, “el Moloteco” fue mi personaje favorito, pues nos muestra a un joven leal y acomedido que la miseria le ha llevado a hacer lo que ha hecho, él no es malo, su situación no le ha dejado otra opción, de hecho tiene una personalidad bastante retraída y ya que viveo sólo es notoria la falta de afecto que debió padecer de niño.

La temática de los barrios lumpen en la ciudad de México es algo que siempre me ha llamado la atención, las condiciones de vida en las hacinadas y precarias vecindades que pululaban en la década de los 80 me resulta atractiva, pues me remite a una versión más real y contemporánea de lo que es el Ciberpunk, aunque sin la tecnología ni las extremidades biónicas, en el fondo la vida de las clases más desfavorecidas siempre está plagada de sufrimiento, violencia y desprecio por parte de quienes no deben soportar las mismas condiciones que ellos.

La película me gusto por sus personajes y la construcción del contexto social y urbano en el que se desarrolla, y aunque la historia no es la gran cosa creo que logra darnos un buen reflejo de los barrios bajos de la capital del país, sus problemáticas y las razones por las cuáles es muy difícil para sus habitantes salir de esa situación, pues finalmente el sistema sociopolítico genera un círculo que les impide escapar, como si a propósito buscaran mantener aisladas dentro de los barrios más desfavorecidos a las personas con menos capacidad adquisitiva.

Atroz

Título Original: Atroz.
Género(s): Thriller policiaco, Snuff, Found Footage, Gore.
Director: Lex Ortega.
Emisión: 2016.
Duración: 80 minutos.
Extras:

Sabemos que el cine mexicano vivió su época de oro a mediados del siglo pasado, por lo que no es de extrañarse que sean muy pocas las obras y los directores que están creando un cine nuevo, con un estilo propio y que no abogan por el humor absurdo y estúpido de la mayoría de las producciones naciones que se han estrenado en las últimas dos décadas. Entre ellos el cine fantástico y de ficción es el más olvidado, con uno que otro genio (como Isaac Ezban) creando cosas interesantes. Mucho menos podemos esperar que el cine ultraviolento tenga un lugar en la pantalla grande (ni en la chica, ni en ninguna otra), por lo que esto convierte a la opera prima de Lex Ortega, en efecto, en la película más violenta filmada en México.

La realidad mexicana de la marginación, la violencia, el desempleo y la falta de oportunidades en las que viven las clases más bajas del país (los famosos barrios lumpen) son el escenario de fondo en el cual surgen los monstruos, personas sin empatía, ética, moralidad ni escrúpulos que sólo viven para saciar sus más bajos instintos. Ese es el contexto en el cual son presentados nuestros protagonistas, dos asesinos seriales que se regodean en sus brutales y sádicos placeres, al amparo del olvido, la ineficacia y la corrupción de las autoridades, hasta que un accidente los pone en manos de un agente policiaco más brutal que ellos.

La historia sigue a Goyo y a su amigo Dax “Gordo”, quienes gustan de visitar burdeles y tener sexo con prostitutas y travestis. Sin embargo, no es el sexo lo que más disfrutan, sino la sádica tortura que infringen a sus víctimas cuando se salen de control, principalmente cuando algunas de las sexoservidoras no los complace como a ellos les gusta. Goyo gusta de practicar la asfixia erótica, la coprofagia, el travestismo e incluso, aunque no se dice abiertamente, probablemente la necrofilia. Su ola de crímenes llega a su fin cuando sufren un percance automovilístico y son detenidos por la policía.

Dentro de su vehículo, el comandante Juárez encuentra un video snuff donde los dos rufianes han filmado todas las atrocidades que le hicieron a una travesti; la tortura, mutilaciones y vejaciones con las que gozaron hasta hacer añicos su cuerpo. Los policías los capturan y para interrogarlos les propician una tortura tan brutal como la que ellos han ejercido a sus víctimas, lo que nos muestra que para cazar monstruos muchas veces hay que convertirse en uno.

Los videos que la policía va encontrando en su investigación se nos presentan como un found footage, y corresponden a los primeros cortometrajes que Lex hizo hace años y que ahora combina en su primer largometraje. La parte policiaca es sólo un pretexto para mostrarlos. Dichos videos son extremadamente explícitos y muy bien logrados en su aspecto técnico para mostrar un nivel de violencia grotesco, desgarrador e incómodo. Claro que por bien logrados no me refiero a que se vean bien o tengan gran calidad visual, de hecho se ven mal apropósito para simular justamente que son videos caseros como los snuff (videos de asesinatos y torturas aparentemente reales).

No obstante, al ser el primer largometraje de su director (logrado a partir de una campaña de crowdfunding) tiene ciertos errores, el principal es que la mezcla de lo snuff con lo policiaco no es del todo orgánica, aunque eso responde a las necesidades argumentales para que los videos snuff que componen la película se transformaran en parte de una historia policiaca con más trasfondo y no fuesen simple videos de violencia extrema.

Otro elemento débil es el flashback al pasado del protagonista, en donde se intenta explicar el origen de su sadismo, lo cual a mí no terminó de gustarme pues diluye muchísimo esa hiperviolencia que vemos en un inicio, pues nos muestra que fue abusado por sus padres y eso permite, hasta cierto punto, reivindicar la conducta del protagonista como una forma para desahogar la violencia sufrida en casa. Sus padres, en todo caso, eran los verdaderos monstruos.

Esa explicación sobre el pasado de Goyo nos genera una pregunta: ¿son las condiciones socioeconómicas quienes engendran a los monstruos de la sociedad? Yo creo que no del todo, los monstruos están allí, en todos nosotros, el contexto en que vivamos y nos desarrollemos únicamente servirá para desatar, o no, lo más brutal de cada uno. Aunque lo reafirmo, para mí, el reivindicar al malo con un pasado de abusos diluye mucho esa violencia inhumana que vemos al principio.

Y si bien para algunos la película podría hacer una apología de la violencia en una época en la que la violencia doméstica y los feminicidios cada vez están más lejos del control de las autoridades, el giro que le da al final nos demuestra que no hay personas maleadas por los golpes de la vida, que es la sociedad la que está podrida de raíz y es dentro de los núcleos familiares donde se gestan este tipo de abominaciones humanas. Claro, la película busca otorgar un motivo socialmente aceptable para las atrocidades cometidas por el protagonista, pero sin entrar a debatir el tema de la violencia social ni muchos menos tratar de explicar cuáles son sus orígenes.

Algunas escenas pudieron aprovecharse mejor, hacerlas todavía más violenta y abominables, quizás el propio director tiene sus límites, y por ello resulta curioso que las escenas de tortura y mutilaciones sean tan explícitas pero las escenas sexuales no lo sean. El filme pudo haber jugado de manera excelsa con la pornografía hardcore y retomar elementos estéticos del grindporn y el goregrind, pero realmente se suaviza mucho en la parte sexual. No obstante, no deja de ser tan violenta como el mismísimo infierno. Además de que algunos de esos “defectos de origen” en la cámara en mano se ven muy artificiales.

Sin duda no es una película para estómagos sensibles, es una recomendación para un tipo muy particular de consumidores que ya tengan una buena cantidad de horas recorridas en el mundo del gore, la hiperviolencia explícita y el snuff, pues inevitablemente se sentirán incómodos al ver este filme y no lo podrán valorar más allá de una grotesca cantidad de escenas violentas en pantalla. Para aquellos más experimentados, pasado el shock de la violencia inicial, la segunda mitad realmente no está tan fuerte. Y cabe destacar es que es el propio Lex quien interpreta al protagonista.

La importancia de este filme no radica en su tema ni en lo violenta que es, sino en el hecho de que un director mexicano se atreviera a hacer este tipo de cine tal vilipendiado por los cineastas y críticos más snob (no confundir con snuff) del medio. Y eso hace que ésta no sólo sea la película más violenta jamás filmada en México, sino el mejor y más digno representante de un género que ni siquiera existe como tal en el underground mexicano y tan sólo por esa razón el buen Lex Ortega ha pasado a la historia del cine nacional, la historia oculta de la que no se habla, pero a la historia al fin y al cabo.

Niños del Hombre

Título Original: Children of Men.
Género(s): Ficción Especulativa.
Director: Alfonso Cuarón.
Emisión: 2006.
Duración: 104 minutos.
Extras:

Considerada por algunos como unas de las mejores películas de todos los tiempos y premiada como mejor filme de Ciencia Ficción por The Academy of Science Fiction, Fantasy & Horror Films (a pesar de que técnicamente no es Ciencia Ficción), Children of Men es sin duda una película que no deja indiferente a ningún espectador. Es cruda, profunda, emotiva y podemos hacer un sin fin de lecturas sobre ella, sin olvidar la belleza de su fotografía y calidad visual, que en conjunto con la banda sonora y la historia logran un resultado poético.

Cuando iba en preparatoria, un tipo bastante raro que quería estudiar para director de cine me recomendó esta película. Él me había preguntado cuáles eran mis películas favoritas en ese tiempo y luego de mi respuesta me recomendó esta, haciendo énfasis en que de seguro me gustaría mucho. Pasaron muchos años antes de que decidiera comprarla y verla, y a pesar de haber pasado tanto tiempo aquel sujeto tenía razón. La película es sin duda una de las mejores obras de temática postapocalíptica que he visto, ya que tiene todo lo que me gusta, escenarios hacinados llenos de pobreza y marginación, una historia profunda y compleja, actuaciones maravillosas y escenas largas que nunca aburren.

La historia toma lugar en Londres de 2027, luego de 18 años de completa infertilidad. El humano más joven ha sido asesinado y el caos reina en el mundo, mientras Londres trata de mantener el control ante la desbordante oleada de inmigrantes que diariamente llega a su territorio. Theo Faron, un hombre común y ex activista se ve involucrado con los Peces, un grupo armado pro derechos de los migrantes, allí se reencuentra con su ex esposa Julian, quien le pide ayuda para conseguir papeles de tránsito para una jovencita llamada Kee.

Theo consigue los papeles pero están a su nombre, por lo que se ve obligado a escoltar a la chica. Mientras los Peces los llevan al punto de encuentro, un grupo de pandilleros los atacan y Julian resulta herida muriendo casi en el acto. Theo y Kee son ocultados en una granja de seguridad de los Peces, allí Theo descubre que la chica está embarazada y que los Peces planean usarla como arma política contra el gobierno británico. Theo, Kee y Miriam, una partera que cuida de la chica, escapan de la granja y buscan llegar a la costa para aborda un barco hospital propiedad del “Proyecto Humano”, un grupo de científicos que buscan curar la infertilidad.

La historia tiene dos lecturas principales. La primera de ellas es obviamente el escenario postapocalíptico en que se desarrolla la historia. Es interesante e irónico observar cómo algo tan sencillo como la infertilidad humana lleva a nuestra sociedad al borde de la extinción. En un mundo donde la sobrepoblación es un problema brutal, la ausencia de nacimientos no parece ser una solución, por el contrario, el filme nos permite reflexionar sobre lo mucho que la estabilidad de nuestra sociedad depende de que siga naciendo gente. Tan sólo con enumerar la cantidad de trabajos y productos que dependen de la existencia de niños es suficiente para darse cuenta de que si nadie nace la sociedad se desmoronaría. Con ese hecho ya ni siquiera haría falta mencionar la inminente extinción por falta de población, la sociedad perecería antes de que el último humano muriera.

La segunda lectura es obviamente el facto político y la crisis humanitaria que viven los migrantes. Inglaterra se volvió un estado militar que trata a los refugiados peor que escoria, los golpea, los pone en jaulas y coarta sus derechos de manera reprobable. Aunque por otro lado, ante una crisis mundial tu única alternativa es garantizar la seguridad y el bienestar de los tuyos antes que el resto. El fenómeno de la migración es obviamente algo muy familiar para un mexicano como Alfonso Cuarón, pero aquí se retrata más la problemática entre África y Europa.

La chica embarazada es un obvio símbolo del origen humano y de la diferencia social, pues es negra, refugiada y posiblemente menor de edad. Tres problemas cotidianos producto de la marginación, pero también el hecho de que la humanidad renazca en una mujer negra es sumamente significativo. La cuna de nuestra especia es África, la madre de la humanidad es una Eva negra y esta película lo retrata de forma magistral, pues si bien hay un leve trasfondo religioso, la religión en muchas ocasiones no deja de ser una forma de política. La lucha de los Peces por recuperar a la chica es porque el gobierno nunca aceptaría que la esperanza viniera de un inmigrante.

La película es simplemente grandiosa. Los temas que pueden desglosarse más allá del apocalíptico y el político son numerosos. La calidad visual y el manejo de cámaras son asombrosos, y aunque no ganó el Oscar a mejor fotografía, creo que este es uno de los mejores trabajos de Lubezki. La marginación de los migrantes y el freno tecnológico se unen para generar escenarios exquisitos, de esos que reflejan problemáticas sociales que me encanta ver en pantalla y que no están lejos de la realidad que enfrentan muchas personas incluso en sus propios países.