La Princesa Mononoke

Título Original: もののけ姫 (Mononoke Hime).
Género(s): Fantasía/Fantasía Heróica, Kemono.
Director: Hayao Miyazaki.
Estudio: Studios Ghibli.
Emisión: 1997.
Duración: 134 minutos.
Extras:

La Princesa Mononoke es uno de los más representativos proyectos de Ghibli y una de las mejores animaciones japonesa que existen. Su fama y éxito son bien merecidos, pues mezclan una historia increíble, llena de simbolismos y folclore, con un trabajo de animación tan minuciosamente detallado que resulta impresionante al verlo en pantalla, además, la calidad musical es otra de las maravillas que posee. Todos estos aspectos le han valido ser una de las películas más taquilleras en Japón y uno de los animes más reconocidos y admirados por los fanáticos de todo el mundo.

En el aspecto técnico, Mononoke requirió de avanzadas tecnologías en animación por computadora, a pesar de que sólo el 10% de la película está animada con esta técnica, el resto mantiene el método clásico de dibujar y animar a mano cuadro por cuadro. Fue un arduo trabajo que valió la pena, pues se logró una fluidez tan natural en los movimientos que ni siquiera las escenas de mayor rapidez o acción se ven entorpecidas con movimientos toscos o bruscos cambios de cámara.

La música es otro de los aspectos relevantes en la película, pues además de crear un ambiente medieval y fantástico logra imprimir la emotividad necesaria en cada una de las escenas, desde las más delicadas hasta las más aguerridas. Los personajes también son estupendos ya que sus acciones están acorde con sus metas personales, por las que lucharán independientemente de que estén o no en lo correcto. Y aunque la película no es tan larga, permite que cada personaje se desarrolle lo suficiente para que podamos conocer sus verdaderas intenciones, personalidad y objetivos.

La historia está llena de tradiciones y mitos del folclore japonés, tanto en las costumbres que tiene cada personaje como en la creencia en los distintos espíritus que habitan y protegen los bosques y las montañas. Además de esto, la película nos muestra un mundo real que muchas veces es crudo y violento, lleno de masacres y muertes que pudieran parecer injustas pero que muchas veces son la única forma que tienen los humanos para mantener su forma de vida y subsistencia, incluso a costa de la propia naturaleza.

La historia nos narra la odisea de Ashitaka, un joven príncipe que se ve envuelto en una guerra entre dioses y humanos después de ser maldecido por un dios jabalí que atacó su aldea. Ashitaka emprenderá un viaje al oeste en busca de una solución, en su camino llegará a la ciudad de Tatara Ba, una pequeña fortaleza en la montaña que se dedica a la fundición de hierro para la fabricación de armas, lo que ha provocado la tala y destruido su entorno. La ciudad constantemente se ve atacada por los dioses lobo que protegen el bosque y los clanes de samuráis que intentan apoderarse de la industria. En ese lugar conocerá a Eboshi-sama, guerrera y líder de la ciudad.

Más tarde Ashitaka conocerá a San, una joven princesa que fue criada por los dioses lobo y que busca a toda costa expulsar a los humanos para evitar la destrucción del bosque. Mientras Ashitaka intenta proteger la cuidad y evitar que Eboshi-sama y sus tropas maten a Shishi Gami, el máximo dios del bosque, los clanes de lobos y jabalíes se enfrentan en una sangrienta batalla contra los humanos por el control del lugar.

La película tiene un ritmo rápido y acción constante, más no acelerada, pues da el suficiente tiempo para que podamos entender a la perfección la historia. Cabe destacar el énfasis que Ghibli pone en sus personajes femeninos, sobre todo en Eboshi-sama y San, pues ambas presentan una fortaleza muy superior al del resto de los personajes masculinos. Eboshi es una mujer ruda e imponente pero con la suficiente bondad como para trata a las personas como seres humanos, mientras que San es un una  guerrera determinada capaz de luchar a toda costa por mantener a salvo su hogar.

Si bien éste anime nos da un mensaje ecológico, la historia va más allá, pues nos muestra que tanto las criaturas del bosque como las personas que intentan destruirlo tienen motivos para hacer lo que hacen. Ninguno es bueno o malo, simplemente luchan por su subsistencia, aunque para ello deban destruir algunas cosas en el proceso.

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