Japón se hunde: 2020

Título Original: 日本沈没 (Nihon Chinbotsu).
Género(s): Drama, Ficción Especulativa, Desastres Naturales, Seinen.
Director: Pyeong-Gang ho.
Estudio: Science Saru.
Emisión: 2020.
Duración: 10 episodios.
Extras:

Con el tema del desastre apocalíptico rondando en nuestras mentes debido a la pandemia de Covid-19, las series y películas con éste tipo de premisas se han hecho más solicitadas en los últimos meses y esa fue una de las razones por las que me interesó ver ésta serie.

Por muchos es conocido el cliché de que los japoneses son un pueblo con una gran capacidad para sobreponerse a los desastres naturales y las películas que el archipiélago ha exportado a occidente han promovido que tengamos esa creencia con respecto a ellos. Y en gran parte es cierto, pues en la personalidad de los japoneses podemos ver esa forma de lidiar con los desastres. Ya sea por los ataque nucleares que sufrieron durante la Segunda Guerra Mundial o los innumerables sismos y tsunamis que ha enfrentado debido a su localización geográfica, los desastres de éste tipo sí son recurrentes en aquella nación.

La calidad técnica del anime es buena pero no terminó de convencerme. Visualmente en un principio me agradó, pues tenía un estilo simple que me recordó a los primeros trabajos de Mamoru Hosoda, pero eventualmente esa simpleza termina por pesarle y no hacerle justicia a las grandiosas escenas de desastre que pudo haber logrado. El diseño de personajes, tanto a nivel visual como en sus personalidades, no está mal, pero tampoco terminó de gustarme. Lo que sí destaco y creo que es el mejor aspectos es la música, muy buena y perfectamente diseñada para generar la emoción necesaria en cada escena y ambientarla a la perfección.

La historia gira en torno a la familia Muto, integrada por Ayumu, la hermana mayor y practicante de atletismo que fungirá como personaje principal, Go, el hermano menor fanático de los videojuegos, Koichiro, el padre, y Mari, la madre que es de origen filipino. Los cuatro se encuentra realizando sus actividades cotidianas cuando una serie de terremotos golpean Tokio, como pueden, los cuatro regresan a su casa únicamente para encontrar que todo el vecindario está destruido, afortunadamente, logran reencontrarse en un templo cercano justo con otros vecinos sobrevivientes.

El sismo trae consigo un tsunami y la ciudad queda bajo el agua. Los sobrevivientes se refugian en un templo que está sobre un pequeña colina, pero a la mañana siguiente descubre que el agua no ha retrocedido, por el contrario, esta continua avanzado y amenaza con dejarlos varados en aquel lugar. Sin tener claro que pasa, las noticias de que todo el país se está hundiendo empiezan a difundirse, así que deciden abandonar su refugio y buscar tierras más altas antes de que el mar los rodee por completo.

La familiar y dos de sus vecinos emprenden camino hacia la parte rural de Japón cerca de las montañas huyendo del mar por si resultase ser cierto que la isla se está hundiendo. En su camino enfrentan más desastres y tragedias que no podrían haber previsto, tornando la serie por algunos momentos en algo muy crudo que incluso roza un poco lo gore. En su camino se encuentran con otros sobrevivientes, algunos de los cuales pondrán en peligro sus vidas mientras que otros les ayudarán en los momentos difíciles.

El inicio de la serie me gustó mucho pues en sus primeros capítulos apela a la narrativa clásica de un survival-horror, donde los personajes sólo pueden huir del mar, aunque al estar en una isla no hay un lugar donde puedan estar realmente a salvo. La crudeza de algunas escenas y la inevitable muerte de algunos personajes debido a los peligros del camino no se hacen esperar y de hecho logran tomarte por sorpresa, sin olvidar que algunas escenas llegan a ser más viscerales de lo que uno hubiese esperado, tanto que parecen incluso fuera de lugar, pero que dado el manejo narrativo que les dan, generan uno excelente cliffhanger que te enganchan para querer ver el siguiente capítulo.

No obstante hay dos elementos que no me gustaron para nada. El primero de ellos es la explicación que se le da al hundimiento de Japón, si bien sabemos que el archipiélago está sobre el cinturón de fuego del Pacífico y por esa razón es susceptible a constantes temblores, al igual que pasa en otras naciones donde los sismos son recurrentes como Chile o México, creo que la serie podría haber funcionado incluso sin la necesidad de explicar absolutamente nada, simplemente se empezó a hundir y ya, aunque eso puede ser porque a mí me encantan las obras sobre desastres apocalípticos donde no se da una explicación.

El otro aspecto que destroza la serie por completo, y para mí después de esto ya se pudo recuperar, fue al hacer uso de ese cliché sobreexplotado en las películas de desastres donde eventualmente resulta que los humanos son un peligro mayor que el propio desastre, algo súper común y que ha echado a perder muchas de las obras sobre Zombis más recientes. Aquí hay algunos capítulos donde los protagonistas llegan a una especie de comuna que es la típica sociedad distópica donde todo parece seguro y alegre pero que oculta algo peligroso en realidad. El uso de este elemento tira la serie por completo, en primera porque de hecho está mal desarrollado, no tiene pies ni cabeza en lo que pasa allí y podríamos saltarnos esos capítulos sin que se pierda el más mínimo sentido de la historia, una verdadera pérdida de tiempo. Mantener a los personajes huyendo de los sismos y los tsunamis era suficiente para generar emoción, no se necesitaba dejarlos varados por dos o tres episodios en una comuna rara con devotos creyentes que nunca aportar nada a la trama.

En fin, esos capítulos me hicieron perder el hype que los primeros episodios lograron, y ya para la parte final, donde se da una explicación sobre los hundimientos, todo parece artificial y forzado, y es allí donde la simpleza de la animación le empieza a pesar. El final trata de darnos un mensaje emotivo que sí llega a ser enternecedor pero hasta allí. Creo que la serie tenía una premisa brutalmente buena pero el desarrollo que le dan y los elementos inútiles que integra le hacen perder todo el potencial que tenía, además de que el niñito hablando ingles me desespero, aunque eso sí, fue interesante ver esa parte xenófoba que tienen los japoneses y que rara vez suele abordarse en los animes, aquí sí vemos que el extranjero (gaijin) suele ser visto con recelo (sobre todo por la gente mayor) cuando se trata de enaltecer el orgullo nipón. En conclusión, una serie con buenos elementos que no supo aprovechar y malos elementos que nunca debió usar, pero que para pasar el rato viendo una serie sobre desastres naturales está muy bien.

7:19

Título Original: 7:19
Género(s): Drama.
Director: Jorge Michel Grau.
Emisión: 2016.
Duración: 94 minutos.
Extras:

México es un país que sufre tragedias desde distintos flancos, desde la corrupción de las autoridades y la propia sociedad civil, hasta la violencia causada por el crimen organizado, pero son sin duda los desastres naturales los que han golpeado con más fuerza a la nación, tanto que han logrado unir a la sociedad para ayudarse entre sí, cosa que ningún programa social podrá logran jamás.

Entre estos fenómenos los más comunes son tres: los huracanes que golpean por el Atlántico y el Pacífico, los sismos causado por estar sentados dentro del Cinturón de Fuego de Pacífico y las erupciones volcánicas originadas por la misma causa. Los sismos han sido sin duda los eventos más catastróficos y frecuentes, sobre todo para el centro de la república y los estados del suroeste. México es uno de los países más sísmicos del mundo, junto a Chile, Japón e Indonesia.

Tres han sido los terremotos más devastadores para la capital, al menos en la época moderna. El de 1957, el de 1985 y el de 2017. Este último aún no había ocurrido cuando se estrenó la película, pero el hecho de que ocurriera el mismo día que el sismo de 1985 y tan sólo unas horas después de realizar al simulacro que se lleva a cabo cada año en conmemoración del sismo fue un golpe muy fuerte, no sólo para la infraestructura que resultó dañada, sino para la salud mental de muchos capitalinos que por semanas durmieron con los zapatos puestos en caso de tener que salir corriendo.

A mí sólo me ha tocado vivir el más reciente, pero quienes nacimos después de 1985 hemos crecido escuchando las anécdotas de nuestros padres, tíos y abuelos sobre lo que pasó aquel fatídico 19 de septiembre a las 7:19 am. Sobre todo esos relatos en los que las personas de manera espontánea empezaban a ayudarse unas a otra de una manera más organizadas que el gobierno o el ejército. Aquella mañana de septiembre la sociedad civil demostró una solidaridad nunca antes vista, solidaridad que las nuevas generaciones aprendimos a partir de los relatos. Si volvía a temblar sabíamos qué teníamos que hacer, ayudar era como un contrato social que ya estaba intrínseco en nuestras mentes.

El filme nos narra la odisea que un grupo de oficinistas de alguna secretaría del gobierno tienen que enfrentar luego de que el terremoto derrumbara el edificio donde se encontraban trabajando. El protagónico corre a cargo de Demian Bichir, quien encarna a un licenciado jefe del departamento, y que a mi parecer hace un muy buen trabajo. Además del jefe, tenemos a un grupo de empleados muy variado, un velador (Héctor Bonilla), un mensajero, un típico oficinista y una señora de limpieza. Todos ellos logran sobrevivir al derrumbe y quedan atrapados entre los escombros, a la espera de que alguien los vaya a rescatar.

La película me gusta porque va directo al grano. Antes de los diez minutos ocurre el sismo y en los 80 minutos de película restante sólo vemos a Demian Bichir y a Héctor Bonilla atrapados entre vigas, varillas retorcidas y toneladas de concreto, al resto de personajes sólo los escuchamos. Tal escenario podría parecer aburrido, pero no lo es, porque si bien es letárgico por momentos, logra generar muy bien la tensión de estar atrapado entre los escombros. El que los actores logren eso sin siquiera poder moverse habla del buen trabajo que hicieron.

No obstante, me parece que no es una película para todo público, es más que nada para aquellas personas de la capital a quienes les haya tocado vivir algún sismo fuerte, de otra forma es un poco difícil sentirse identificado. Además de que sólo vemos a esos actores y nunca sabemos qué pasa afuera en la ciudad, lo cual si bien ayuda a generar ese sentimiento de claustrofobia y desesperación, puede hacer que esas escenas sean algo aburridas para algunas personas.

Las cosas que me gustaron y caben destacar son, por una parte, la excelente ambientación de los ochenta, desde el tipo de ropa, el uso del bigote y hasta la forma de hablar de los personajes más jóvenes. Sin olvidar la recuperación y uso de algunos audios y videos originales del día del sismo. Además, muchos de esos actores debieron haber vivido el sismo, tal vez no en carne propia, pero al menos sí siguiendo su desarrollo en directo.

Otro elemento a destacar es el reflejo social del momento, desde el acoso sexual socialmente aceptado que los jefes tenían hacia las secretarias, hasta la forma déspota con la que trataban a sus subordinados; algo que no precisamente ha cambiado. También la reconstrucción tanto digital como de utilería de los escombros es muy buena, visceral por momentos y que junto a la excelente ambientación sonora logran situarnos debajo de toneladas de escombros que amenazan con caernos encima y sepultarnos para siempre.

La forma en que quedan atrapados, las dolorosas posiciones en que algunos quedan prensados, los gritos de terror, el miedo, la desesperación, el desconcierto, la sed y la oscuridad nos ayudan a imaginarnos allí abajo atrapados a la espera de morir o ser rescatados, incluso sin haber estado nunca en tal situación. Hay elementos clásicos como la famosa réplica que ocurrió en la noche y que vino a dar una estocada final a muchas vidas y que sí está presente en el filme, lo cual se agradece mucho pues le aporta realismo.

El punto más débil es cuando hablan de corrupción. Todos sabemos que muchos de los edificios se cayeron debido a la corrupción de las autoridades y constructoras, quienes usaron por años materiales de mala calidad para ahorrar dinero, lo que causó que los edificios no pudieron soportar el embate del sismo. A raíz de esa tragedia las políticas de construcción se endurecieron, aunque la corrupción volvió a hacer de las suyas e hizo que muchos edificios nuevos se cayeran hace dos años. Esa parte es introducida de forma algo forzada y le quita algo de drama al terror que viven los sobrevivientes.

Considero que la película es buena, está destinada a un público en específico y tiene momentos algo lentos que podrían aburrir a algunos, pero es un excelente relato de lo que cientos de personas debieron haber vivido al quedar sepultados por los edificios. Vivir en un país donde seguirá temblando nos obliga a mantener vivía en nuestra memoria esta clase de eventos, sobre todo en las nuevas generaciones que todavía no les ha tocado vivir uno.