Shigeru Tamura

VIDA Y OBRA

Shigeru Tamura (田村茂), nacido el 26 de noviembre de 1949 en el vecindario de Kamata, en Ôta (uno de los 23 barrios especiales que componen lo que hoy conocemos como la ciudad de Tokyo), es un prolífico ilustrador, artista de manga y uno de los referentes de la animación experimental e independiente del país del sol naciente.

Pasó su infancia, juventud y los inicios de su adultez en Katakura, Hachiôji (prefectura de Tokyo), hasta  que se graduó de la escuela de diseño Kuwasawa, tras lo cual se incorporó al sector laboral al sumarse a la empresa Toppan Idea en el área de diseño. Tras permanecer cuatro años en la empresa decidió emprender sus primeros pasos en la ilustración profesional, y en 1976 publicó de manera “Freelance” su primer libro de ilustraciones. Entre sus trabajos más reconocidos y que le permitieron darse a conocer en el panorama de la ilustración destacan: Dana, Space Skate, SOS Robot Land y Noches metafísicas, trabajo que le valió para hacerse con el Premio de Pintura de la editorial Shogakukan.

Su pasión por la ilustración sería el elemento que lo llevaría a participar, de manera fugas, como dibujante para una de las revistas más determinantes en la historia del manga y que sirvió como punta de lanza para el establecimiento y surgimiento de nuevas temáticas: Garo. Pero no sería sino hasta su incursión en el terreno de la animación que Tamura se daría a conocer fuera de Japón.

En 1993 comenzó oficialmente su andar por el mundo de la animación, y no lo pudo haber hecho de mejor manera, ya que su primer trabajo, una OVA de título Ginga no Sakana (Ursa minor Blue), fue galardona con un Premio Especial en el Festival de Cine de Montreal. Tras el éxito conseguido con su primer trabajo, volvió a experimentar con la animación y en 1995 nos brindo A Piece of Phantasmagoria, una OVA compuesta por 15 sencillos y deslumbrantes cortos basada en el libro ilustrado que el artista publicó en 1989; que como dato interesante y anecdótico, nos deja el hecho de haber sido transmitida en América Latina a través del mítico canal de cable “Locomotion”, en su bloque dedicado a la animación experimental: “Locotomia”.

Con apenas dos trabajos de animación a sus espaldas, en 1998 llegarían por igual su consolidación como director y despedida, ya que después de crear su trabajo más representativo, Glassy Ocean, Shigeru Tamura no ha vuelto a realizar trabajo alguno como animador.

Hoy día se dedica al Video-arte, a la realización de spots animados para TV-STATION de Tokio, a la ilustración y la creación de literatura infantil, así como a exponer en galerías de todo el mundo sus obras graficas y plásticas.

SU ESTILO Y SUS INFLUENCIAS

Para entender el trabajo de Tamura en la animación es necesario definir: ¿qué es la animación experimental?

La animación experimental está interesada en un público especializado y la técnica, narrativa y formato, están la mayoría de las veces sujetos al autor y su deseo de expresar con ello determinada cosa. Las técnicas pueden ser muy variadas al igual que la historia narrada. Puede o no haber un personaje, puede o no haber conflicto, en fin, el límite es la capacidad del artista para explorar y explotar al máximo un arte que está retomando su lugar como fundador del cine.

Shigeru Tamura como buen amante de eso que llamamos “experimental” y que se contrapone a lo comercial, concibe sus obras desde un profundo intimismo  y con el claro objetivo de llevarnos por un viaje hacia mundos totalmente insospechados, mágicos, deslumbrantes, donde lo real se vuelve fantástico. Y plasma sus mundos de fantasía a través de un estilo que tacharíamos de incompatible de no ser porque lo hemos palpado en sus 3 creaciones: el minimalismo.

El minimalismo visual —aunque también podríamos decir que de argumento— es el elemento clave que le da vida a toda la obra de Tamura, y de esta base se desprenden elementos recurrentes como son la utilización de tonos cálidos y colores planos, tonadas sencillas y pausadas, personajes —más europeos que asiáticos— ausentes de detalles estilísticos mayores y trazos un tanto vacilantes y toscos. Pero en contraste con este minimalismo que rige a simple vista su obra, tenemos la utilización de principio a fin del ordenador para dar vida a sus creaciones, una novedad si tenemos en consideración que para los 90 lo digital era apenas un apoyo para la creación de series y películas de anime.

La incursión de la animación por ordenador en sus creaciones tiene su momento culminante durante Glassy Ocean, en donde el efímero salto de una ballena se convierte en un majestuoso espectáculo visual, y en el cual la cámara mayormente estática toma tintes insospechados tornándose fugazmente dinámica y brindándonos un deleite visual en secuencias de casi 360º.

La obra de Tamura está claramente bañada en un surrealismo, pero no en un surrealismo a lo David Lynch: pesado, denso, muy oscuro… en fin, de ese que ahuyenta a la mayoría, sino que se acerca —quizá por su fuerte pasión a la pintura— al surrealismo más pictórico, como el desplegado por un personaje de la talla de Salvador Dalí, aunque mucho más accesible, llegando incluso a poder encontrar similitudes con algunos de los trabajos del pintor español.

Con todo el conjunto de técnicas e influencias, inexorablemente sus creaciones nos llevan a una experiencia visual sobrecogedora, pero de igual forma nos invitan abiertamente a la reflexión y la contemplación. En todos sus trabajos nos exhorta a apreciar las cosas sencillas y pequeñas de la vida, a verlas como sucesos dignos y esplendorosos; quizá una posible crítica a la pérdida de la capacidad para maravillarnos y para darle sentido a las pequeñas cosas.

Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche. (Edgar Allan Poe)

Los personajes que han calado hondo en la persona de Shigeru Tamura, más que ser personalidades de casa —con excepción de Hayao Miyazaki y el gran poeta y literato infantil, Kenji Miyazawa—, se decantan bastante hacia la animación de origen Estadounidense. El pionero del cine de animación Winsor McCay, la clásica serie Félix el Gato, Walt Disney y Mickey Mouse, y la exitosa Betty Boop, son algunos de los nombres que el director remarcó durante una entrevista en el Festival de Animación, Laputa, en 2003.

Pero no sólo la animación clásica y la creada por ordenador roban su atención, el Stop Motion (técnica de animación que consiste en aparentar el movimiento de objetos estáticos por medio de una serie de imágenes fijas sucesivas) es la técnica utilizada en algunas de sus películas favoritas: Street of Crocodiles (Brothers Quay), Alice (Jan Švankmajer), Wallace and Gromit: A Grand Day Out (Nick Park) y King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1993).

EL TIEMPO Y EL MURO DE LO COMERCIAL

Hace ya unos largos 14 años desde que Shigeru Tamura nos deleitó por última ocasión la pupila y los sentidos con una de sus hermosas poesías audiovisuales, pero ¿es este extenso lapso de tiempo y sólo 3 obras en su haber lo que ha hecho que sus trabajos sean mezquinamente conocidos? Evidentemente el paso del tiempo hace mella sin discriminar a nadie, sin embargo, ni el paso del tiempo tiene una pegada tan contundente como la que tiene el mundo de la animación comercial para mantener en el anonimato a obras de autor.

Lamentablemente en el actual panorama de la animación Japonesa, la mayoría de los foros, blogs, revista impresas y digitales, entre otros medios, han formado una filosofía de consumir lo popular, lo que está de moda, y desdeñar lo diferente. Un claro ejemplo lo tenemos en Osamu Tezuka —el llamado “Mangaka no Kami-sama”—, creador de la animación limitada y gran impulsor de la animación para la pantalla chica, quien pese al paso del tiempo sigue vigente como figura, pero que lamentablemente muchos de los llamados “aficionados” al Anime, rehúsan visionar sólo por estar ante una estilo narrativo y visual totalmente ajeno a los cánones predominantes. Y si esto le pasó a la figura más determinante del manga y el anime, con mayor razón le sucede a artistas como Shigeru y a varios más.

Aún con toda esta corriente en contra, la animación experimental e independiente ha encontrado su nicho en la mente y corazón de aquellos aficionados que han tomado la interesante y gratificante tarea de descubrir ese lado oculto en el abanico temático y narrativo que comprende el mundo de la animación Nipona.  Y es en este mundo en donde el arte de este señor cobra vida, pues no importa el tiempo ya que su estilo visual y narrativo será visto como una autentica joya siempre vigente y no como una reliquia que vale sólo por su antigüedad.

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