50 Sombras de Grey y la doble moral sexual

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Aceptémoslo, cualquier cosa publicada en Internet en estos momentos con la palabra sombras, el número 50 y el apellido Grey va a llamar la atención, y muchos internautas conocedores de la viralización están sabiendo aprovecharlo (como este post por ejemplo); aunque para quienes llevamos varias horas recorridas en ese género cinematográfico que muestra prácticas sexuales explícitas, el Grey siempre estará asociado al nombre Sasha.

En estas últimas semanas lo que se ha convertido en trending topic dentro de las redes sociales es el reciente estreno de 50 Sombras de Grey, la mayoría atacando al filme y encasillándolo como vil “pornografía para señoras”, como si eso tuviera algo de malo. No digo que la novela sea buena, de hecho es todo lo contrario, es vil literatura de bolsillo mercadotécnicamente trabajada para atraer a un público específico y la película no es sino una forma de aprovechar esa fama para generar más ganancias (como Harry Potter, Los Juegos de Hambres y muchas películas más), porque ya sea por morbo o por gusto muchos la va a ir a ver, si no es que ya la vieron.

El problema es toda esa gente que quizás sin quererlo ha pecado de egolatría intelectual e inconscientemente ha estado coartando el derecho que tienen las señoras de más de cuarenta años de ejercer su sexualidad como a ellas les plazca; si es fantaseando con un millonario perverso es muy su gusto. Allí es justamente donde entra la doble moral que tiene la sociedad mexicana en torno a la sexualidad, pues si bien es recriminado que un adolescente vea porno, que lo haga está dentro de los parámetros que cabría esperar de su “comportamiento normal”, y lo mismo pasa cuando un hombre de cualquier edad ve porno, el grito en el cielo surge cuando son mujeres y más aún señoras (injustamente acusadas de calenturientas) quienes pagan $60.00 para fantasear algunos minutos y vivir en la oscuridad de la sala una sexualidad desbordada que en la vida real nunca les fue posible disfrutar.

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En algún momento, mucho antes de que supiéramos sobre la película, un amigo comentaba en Facebook que el libro no era otra cosa que pornografía para señoras, a lo que yo le contesté que las señoras que no sabían usar internet también tenían derecho de consumir pornografía. Claro está, eso de “pornografía” debe ir con letras chiquitas, porque les aseguro que sin importar que tan fuerte o explicito sea el filme, la mayoría de nosotros hemos visto cosas cien veces más enfermas en RedTube o Xvideos y los miles de practicantes del BDSM en todo el mundo incluso las han llevado a cabo.

La película podrá se pésima, el libro podrá ser malo, pero las mujeres que han ido gustosas a verla no tienen nada de qué avergonzarse, las personas que las han tachado de “viejas puercas” no son más que gente que está repitiendo ese discurso machista tan recurrente en México, ¿o han visto algún comentario donde se acuse a los hombres de lujuriosos por ir a ver 50 Sombras de Grey?, claro que no, porque los hombres vemos porno en Internet y aunque hubiese sido en aquellas lejanas épocas del Cine Teresa no era algo que pudiese recriminarse porque un buen macho debe ver culos y chichis.

Si queremos leer una novela erótica de calidad hay varios clásicos, como Las Edades de Lulú de Almudena Grandes o cualquiera de las muchas novelas del Marques de Sade, lo mismo en el cine, donde Calígula (Tino Brass, 1979) ostentó por muchos años el título de “la película erótica”, claro que nada de eso lo podríamos ver en HD. Y si bien criticar una obra musical, literaria o cinematográfica es sano y hasta necesario, no creo que debamos meternos con sus consumidores, pues al fin y al cabo para todo hay gustos.

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