Macario

Título Original: Macario.
Género(s): Sobrenatural, Drama.
Director: Roberto Gavaldón.
Emisión: 1960.
Duración: 90 minutos.
Extras:

Macario es mi película mexicana favorita, y quizás una de las principales razones de que lo sea se deba al hecho de abordar mi celebración mexicana favorita, el Día de Muertos. Calaveras, ofrendas y muerte junto a una grandiosa historia (basada en la novela homónima de B. Traven) que refleja de manera magistral el folclore mexicano en torno a tan peculiar tema, son sin duda elementos que me gustan, sobre todo por mostrar esa peculiar relación del mexicano y la muerte.

La película cumplió 60 años desde su estreno este 2020, año en el que nuestra cercanía con la muerte y la necesidad de una cura milagrosa para todo mal han sido más estrechas que nunca, o al menos más que en los últimos 100 años. Quien no desearía tener un poco de esa agua que la Muerte entrega a Macario como regalo para afrontar un de las mayores pandemias que ha enfrentado la humanidad o los diversos brotes de otras enfermedades que también han emergido este años de manera más aislada en diferentes países. Por esa razón creo que este año es el momento perfecto para hablar de este emblemático filme y digno representante del cine de la Época de Oro.

De la calidad del filme no es necesario hablar, la película ya es vieja y tanto la calidad de imagen como de audio no son precisamente las mejores, aunque algún usuario subió a YouTube una versión remasterizada y a color de la obra que resulta interesante de ver, aunque personalmente prefiero esos todos grises que la versión original en blanco y negro nos regalan y que le dan una estética a la película que el color no puede lograr y que nos permiten imagina un mundo donde el día y la noche no se distinguen con claridad pero cuyo juegos de luces y sombras nos remiten sin duda al oscuro y frio mundo de los muertos. Un mundo que no es de tortura ni sufrimiento como los inframundo de otras culturas, sino de pan, silencio y descanso.

La historia gira en torno a Macario, un humilde campesino que vive de cortar leña y venderla en el pueblo. El y su familia viven en el monte, lejos del centro, son pobre y sólo tienen una choza que funge de cocina, sala y dormitorio. Macario y su esposa se esfuerza por ganar el suficiente dinero para dar de comer a sus hijos, pero la mayor parte del tiempo su familia vive con hambre, sintiendo la escasez y la desesperación de no tener suficiente para saciar su apetito y con la constante incertidumbre de si es día de mañana también podrán comer.

Harto de su situación y de vivir su vida sintiendo hambre todo el tiempo, Macario decide no volver a comer y morirse de una vez, a menos de que pueda comerse un guajolote él sólo, sin compartirlo con nadie, sin tener la necesidad de quitarse en bocado de la boca para darse a otros. Comprendiendo su situación su esposa roba un guajolote y los prepara a escondidas de sus hijos para darle a Macario un gusto. En la mañana Macario sale rumbo al monte para cortar leña como siempre pero esta vez su esposa de la el tan anhelado regalo.

Mientras Macario busca un lugar adecuado para disfrutar su banquete se presenta el Diablo ante él y lo tienta para que le convide un poco, Macario se niega pues es un hombre de fe así que se marcha dejando el Diablo atrás. Más adelante se le presenta Dios, y le pide un gento de bondad convidándole de su comida, Macario se niega a pesar del dolor, porque saber que si lo hace sentirá culpa y no podrá comer nada. Al final Dios se marcha y Macario sigue en busca de un lugar para su almuerzo, pero antes de empezar a comer la Muerte se presente ante él y le pide un pedazo. Macario sabe que ya no tiene tiempo, que la muerte llega y no nos deja hacer nada más, así que le da la mitad del ave a su invitado y ambos comer felices hasta saciarse. Como agradecimiento la Muerte le da un valioso regalo y llega su guaje con un agua que puede curarlo todo y sanar a una persona aunque esté al borde de la muerte, siempre y cuando su destino fatal no haya sido sellado.

Macario comprueba que el regalo de la Muerte es real y sus nuevos poderes de sanación rápidamente se hacen del conocimiento público. Pobres y ricos acuden a Macario para que los cure y este se vuelve amado y querido por todos, pero algunos le tienen envidia y sospechan de algo diabólico en su magia, así que la Inquisición llega y lo juzga de brujo y hereje, acabando con la prosperidad que el regalo de la Muerte le había traído a él y su familia. Al final, un último encuentro entre Macario y la Muerte no deja un final con un giro argumental astuto e inesperado.

La película tiene muchos matices que se pueden abordar como la concepción de la muerte, las tradiciones mexicanas como el Día de Muertos, la pobreza y marginación de los indígenas, el hambre y la comida, la astucia y nobleza de aquellas personas que no anhelan riquezas ni abundancia, sólo lo suficiente para vivir sin preocupación, pero también el odio y el recelo de quienes sólo buscan el beneficio económico, sin olvidarnos de la típica (aunque a veces idealizada) astucia del indígena mexicano, y obviamente de la parte religiosa que se aborda con la inquisición. Como pienso algún día analizar la película a mayor profundidad hoy no ahondaremos al respecto en estos temas.

Una cosa que siempre me ha encantado y con la que coincido es la representación de la Muerte como un campesino, con zarape y sombrero (similar al cuento de “Francisca y la Muerte” que viene en el libro de lectura de la SEP). Si la muerte tiene un aspecto físico más que un esqueleto con guadaña seguro en una persona de campo, curtida por el sol y la sequedad de la tierra, fría e implacable pero tranquila y apacible. Igualmente, aquella representación del inframundo como una gruta y de las vidas como las llamas de una vela que se pueden apagar con un suspiro es maravillosa. La idea que se tiene en México (sobre todo en la herencia prehispánica) de un mundo de los muertos no es el de un cielo luminoso ni de un infierno el llamas y tormento, sino de una lugar oscuro y húmedo destinado al descanso de las almas y la gruta de la Muerte a donde llega Macario es una representación perfecta. La fragilidad de una vida representada con la fragilidad de una llama también es estupenda, pues muestra la fuerza interna de la vida de una persona al tiempo que deja en claro lo frágil que puede ser una vida.

La película es sencillamente maravillosa, es mi película mexicana favorita y es una de las obras más hermosas que puedan existir. No sólo es uno de los grandes exponentes de la Época de Oro del cine mexicano, sino que retrata las tradiciones ancestrales de nuestro país y es una recomendación obligada no sólo para cualquier cinéfilo, sino que es una película que todos los mexicanos deberíamos ver al menos una vez en la vida. El guion, la dirección, la ambientación, los simbolismos y la excelente actuación de Ignacio López Tarso en el papel principal con joyas del séptimo arte nacional que sin duda merecer ser difundidos siempre.

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